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27 de septiembre de 2015

Hoy ya hemos perdido todos, pero aún nos queda mañana.

"Yo represento para ti todos los pecados que no has sido capaz de cometer." Lord Henry,
 El retrato de Doriam Gray de Oscar Wilde


Da igual que gane el si o el no, no hay bando ganador, todos somos perdedores a dia de hoy. Perdedores porque hemos asistido a una de las peores demostraciones del uso de la democracia en este país y solo, lamentablemente, la tergiversación que se da en otros países como Venezuela, no nos permite aspirar a la cima del podium por muy poco. La plata en esta ocasión, quizás no tenga ese sabor tan amargo que suele tener en otros terrenos más deportivos.

Pocas veces he asistido en el circo de unas elecciones, a un nivel tan despreciable, pobre y ofensivo para el ciudadano por parte de los políticos de todos los partidos. Ya no es el hecho de convertir lo que son en sí unas elecciones a formar el parlamento autonómico de una comunidad, en un plesbiscito sobre la independencia, lo cual es usar un martillo para atorinllar; sino también el uso de un discurso del miedo, el desprecio, el insulto, la vanalidad, la ignorancia por bandera y la bravuconería por himno. E insisto, lamentablemente, por parte de todos los candidatos.

Aristóteles afirmaba aquello del animal político, pero aquí, dados a verter nuestra esencia a todo, lo hemos convertido en el político animal, de donde han salido a la palestra las más bajas pasiones humanas. La cita que encabeza este artículo lo dice todo, ellos representan para todos nosotros, los pecados que no  hemos sido capaces de cometer, pero que estamos desando llevar a cabo. Por eso los permitimos, por eso le seguimos el juego. Otra cita de la obra mencionada de Wilde dice "Hay cosas peores que la derrota", es cierto, es el escenario que queda después de ella. Un escenario dividido, tragicómico, que rezuma como la herida pestilente y putrefacta un pus de rencor, odio e incomprensión. El rey Salomón decidió partir en dos al recién nacido para saber quién era la madre, pero en nuestro cuento las dos madres se han callado y han preferido quedarse cada una con su parte de infante muerto. Así, ambas pueden decirle a sus votantes que cada una de ellas ha ganado.

Quizás hayamos perdido el hoy, pero nos queda el mañana y ese futuro debemos empezar a construirlo, paradojicamente, hoy. Porque ahora, entre el pasado y el futuro, estamos aún inmersos en el pasado, en negarse a olvidar las rencillas y los agravios, en ver quién a perdido y ganado cuando, repito, todos hemos perdido. Si queremos un futuro, saquemos al pasado de hoy y dejemos que el mañana se traslade al ahora.

Y el primer acto va a ser despertar para descubrir que las necesidades de todos, no la de los políticos, están fuera de las soluciones que nos ofrecen, su bálsamo de Fierabrás es un embuste como lo es el de Don Quijote. La solución no está en salir de un estado que todo lo controla para meterse de lleno en otro estado que todo lo quiere controlar, porque en ambos casos, el bienestar será del estado, no de los ciudadanos que los forman.

Para votar hay que tener mayoría de edad, y para botar hay que dejar de estar inmersos en la minoría de edad perpetua en la que ellos nos quieren mantener. Necesitamos desparender sus lecciones de que los necesitamos y que sin ellos, sin él, sin Estado, no podemos alcanzar nuestros fines. Todo lo contrario, solo sin su constante presencia y coacción, lograremos realizar nuestras metas. Debemos hoy, decirles que no queremos más de lo mismo, que no deseamos más estado, porque nos hemos percatado de que más sociedad, no es más estado, sino todo lo contrario.

Somos nosotros los que debemos recordarles cuáles son sus funciones y no que ellos nos digan cuáles son nuestras tareas. Así, desde el ciudadano libre y responsable, podremos salir del triste escenario en que el Estado nos ha metido. Hoy ya hemos perdido, pero aún nos queda el mañana, y ese mañana no es del Gobierno todopoderoso, sino de cada uno de nosotros en libertad y sin coaccón, eligiendo lo mejor para cada uno de nosotros.

"Una defensa del Estado sostiene que el hombre es un "animal social", que debe vivir en sociedad, y que individualistas y libertarios creen en la existencia de "individuos atomizados" sin influenciar y sin guardar relación con sus semejantes. Pero no, los libertarios nunca han celebrado individuos aislados como los átomos, por el contrario, todos los libertarios han reconocido la necesidad y de las enormes ventajas de la vida en sociedad, y de participar en la división social del trabajo. La gran non sequitur cometido por los defensores del Estado, incluidos los filósofos aristotélicos y tomistas clásicos, es saltar de la necesidad de la sociedad a la necesidad del Estado."   Murray Rothbard.

12 de agosto de 2014

Luego se quieren llamar liberales

Dos noticias acaecidas entre este lunes y la semana pasada han llamado mi atención por como han demostrado el lado interventor, socialistas y liberticida de nuestros políticos. Y no me refiero al programa de PODEMOS y su iniciativa de renta básica universal.

La primera ha sido la noticia proveniente desde Rusia de la prohibición de importar productos de la Unión Europea, sobre todo agrícolas. La medida ha desatado la alarma entre los agricultores españoles, ya que el país ruso es uno de los principales importadores sobre todo de frutas y hortalizas nacionales. No han tardado mucho por tanto los agricultores españoles en pedir ayudas para evitar esa medida. Ahora muchos dirán que eso en un sistema menos liberal y con menos comercio libre no ocurriría. Lo que parecen no darse cuenta es que la medida es producto de una respuesta política a las medidas de bloqueo económico por parte de otros políticos y sus estados.

Los sindicatos agrícolas no han perdido el tiempo y ya han solicitado que la Unión Europea compre el excedente producido para que los precios se mantengan y no caigan ¡Fantástico! Empleados el dinero de los ciudadanos de la unión para comprar excedente y que los precios de nuestra cesta de la compra nos sigan saliendo igual de caros cuando podrían salirnos más baratos. Una lógica política de libro, si señor.

La nota cómica la ha dado como no, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (sic) en boca de la dueña de su cartera, la ministra Isabel García Tejerina que defiende el uso del dinero de todos para comprar el excedente debido a la situación inesperada provocada por Rusia y su prohibición pero también, a las extraordinarias condiciones medio ambientales actuales, es decir, que debido a que la climatología ha sido perfecta para la producción, el excedente es mayor y por tanto, hay que mantener artificialmente el precio a toda costa.

La otra noticia también tiene como protagonista a España y la Unión Europea, ¡como no!, pero se le suman dos actores más, Gibraltar y el Reino Unido. Resulta que el organismo europeo, ante una reclamación por parte de los comerciantes del otro lado del Peñón, ha decidido investigar si se producía algún tipo de fraude fiscal. Sus conclusiones, comunicadas a través de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude. OLAF (sic),  son que si, sobre todo en lo referente a blanqueo de capitales y mercado negro del tabaco. Las estimaciones que se manejan cifras entorno a los 1.200 millones de euros.

Bajo la óptica estatal, los malos son los individuos que se dedican al contrabando de tabaco, sin pararse a pensar ni un segundo, como se ha llegado a la situación en la cual, una serie de personas deciden ejercer dichas actividades porque las consideran muy lucrativas. Y si, ya digo ahora mismo que la culpa es de esa manía intervencionista del Estado.

El mercado del tabaco en toda la Unión Europea está excesivamente regulado con medidas que incluyen desde los lugares de venta y adquisición de licencias, etiquetado de los paquetes hasta los altos impuestos que este tipo de producto padece. La imposición fiscal al tabaco alcanza en España un 50% del precio de venta del producto, es decir, de cada 10 euros que pagamos por cartón, 5 son producto de impuestos. Teniendo en cuenta que la media del precio de un cartón en España ronda los 40 euros, estamos hablando de que 20 euros son impuestos.

Al otro lado de España, en Gibraltar, el precio del mismo es mucho más barato, unos 20 o 25 euros. No hace falta ser un experto en economía para darse cuenta de que mantener el precio de un producto por encima del precio de mercado que oferentes y demandantes pedirían, ocasiona un mercado negro y por tanto, contrabando. El estado crea las condiciones y luego no admite que se ocurran los hechos, otra magistral forma de actuación muy en línea con su forma de pensar.

Como no, la nota de color la vuelven a dar los políticos españoles, en este caso Carlos Floriano, diputado del Partido Popular, que en unas declaraciones en Onda Cero dice que "hay motivos para creer que se cometen delitos de contrabando de tabaco y blanqueo de capitales." Señor Floriano, ya se lo digo yo, si, se comente actividades de contrabando y blanqueo de capitales y se seguirán cometiendo, porque mientras la presión fiscal de este país sea como es y sus regulaciones mantengan el alto el precio de forma artificial, habrá siempre quien decida correr ese riesgo a cambio de las sustanciales ganancias que le esperan. ¿Quiere acabar con ello? Pues no regule más, sino menos y deje actuar al mercado de forma libre, verá que sorpresa.

Luego dirán algunos políticos que ellos son los liberales de verdad.

27 de mayo de 2014

Entre todos la mataron...

Ahora que estamos en plena resaca de las Elecciones Europeas al Parlamento del 2014 y a petición popular de muchos de vosotros que habéis querido conocer mi opinión, vuelvo a este blog para hacer pública y permitir que cualquiera que lo desee, averiguar lo que pienso al respecto.

Resumiría mi postura con un refrán español, "entre todos la mataron y ella sola se murió". Y la víctima es la libertad. Mientras que la mayoría de los expertos y tertulianos de uno u otro lado, se asustan e intentan asustar por el auge de los extremos, derecha o izquierda, dependiendo de si ellos se sientan a diestra o siniestra. Yo lo que veo es que, o rojo o azul, la única que sale perjudicada en todos los casos, es la libertad.

Me da igual quien me ponga los grilletes estatales y coarte mi libertad. Me es indiferente quien decida meterme la mano bien en la cartera bien en la bragueta. Me duele igual que me obliguen a pagar impuestos para mantener un estado paternalista excesivo, como hacerlo para defender el mismo estado paternalista excesivo preocupado por salvar mi alma de un castigo divino del más allá. Me da igual quien sea mi carcelero, pues a mi libertad, lo único que le ocupa es que le ponen grilletes y no quiere que sea así.

El discurso común a la mayoría de los partidos, hay dignas excepciones incluso en España como es el P-LIB, es primero creer en el Estado y luego en una Europa de los estados. La mayúscula en lo primero y la minúscula en lo segundo no son un fallo, sino algo escrito a conciencia. Sin embargo, ambas ideas tienen en común aquello del calor del establo, no sé si el mismo que mencionaba Nietzche, pero seguro que muy parecido. Por cierto, quiero dejarlo claro, el establo es esa gran mentira magníficamente vendida como Estado del Bienestar, que realmente es el Bienestar del Estado.

Lo divertido cuando uno no está casado con nadie, es ver como todos ponen en sus bocas, la misma peligrosa idea, aunque disfrazada de forma diferente. Nadie de los partidos, incluso lo más radicales de las extremas de ambos brazos, rechaza en erguirse en el defensor de los ciudadanos y los derechos sociales de los mismos. El matiz está en el enemigo, y por ende el culpable, de los males que nos atenazan.

La izquierda y su extrema, buscarán al malo en el sistema económico capitalista. La diferencia radica en que mientras que uno quiere reformarlo por completo y de una forma rápida por soluciones comunistas, los segundos buscan engendros híbridos tan peligrosos como el primero, pero que mantienen vivo al enfermo a base de medicamentos que ellos, supuestamente, saben perfectamente recetar y administrar. Por otro lado, todo aquello que implique una elección religiosa que no acompañe sus valores éticos y morales, o bien será exterminada o bien, denigrada e incluso discriminada.

La derecha y su extrema, buscarán al malo en el sistema económico capitalista. La diferencia radica en que mientras que uno quiere reformarlo por completo y de una forma rápida por soluciones más tradicionalistas, los segundos buscan engendros híbridos tan peligrosos como el primero, pero que mantienen vivo al enfermo a base de medicamentos que ellos, supuestamente, saben perfectamente recetar y administrar. Por otro lado, todo aquello que implique una elección ética y moral individual que no acompañe sus valores éticos y morales, o bien será exterminada o bien, denigrada e incluso discriminada.

No me he vuelto loco, son los mismos carceleros con distinto disfraz, por lo tanto, sus grilletes son grilletes, igual de fríos, pero con colores distintos y puestos por nuestro bien, para defendernos de enemigos distintos, pero usando las mismas herramientas, el enardecimiento y absoluta pleitesía del individuo libre al Estado.

Y esto es así porque nos hemos dejado infantilizar y con sumo gusto, dejarnos colocar las cadenas que nos atan y esclavizan de forma muy fina y subversiva, al estado de bienestar. Años y años bajo las faldas o los pantalones, pues el Estado no tiene ni sexo ni género, han originado en nosotros, una dependencia de las prebendas estatales. Y lo que es peor, hemos aprendido e instaurado en nuestro fuero más interno, como un credo de fe, que nuestra vida fuera del calor del establo del bienestar, sería no mala, sino terrible. Con ello, nos hemos olvidado de la capacidad de realización del individuo, de sus virtudes y capacidades. De hecho, todos los adjetivos positivos los representa el Estado, mientras que los epítetos más negativos se vierten en el individuo, egoísta, insolidario, avaricioso.

Lo curioso, al igual que cierto rey que pensaba que llevaba los mejores y más bellos ropajes, es que nos vemos como seres completos, maduros, responsables y solidarios, cuando en realidad, estamos desnudos con el chupete en la boca, esperando que el Estado rellene nuestro biberón. Y los males de los estados por separado, los hemos trasladado y multiplicado en la Unión Europea.

¿Qué es Europa? Europa es el sueño de unos niños, a los cuales no les dejan jugar mientras les rellenan los biberones y les cambian los pañales, esperando que jamás crezcan. ¿Quienes son esos seres perversos? Nosotros mismos, nadie más.

1 de abril de 2009

Liberalismo para no liberales

Navegando por YouTube he encontrado en siguiente vídeo que quiero compartir con ustedes. ¡Espero que lo disfruten!

Pero antes un juego, y no hagan trampas. Adivinen de quien es la cita siguiente (la respuesta en el vídeo);

"El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización"


24 de marzo de 2009

Carlos Semprún Maura: In Memoriam


Ha fallecido Carlos Semprún Maura, dramaturgo, escritor, periodista y liberal. Aunque la mezcla pueda parecer de literatura fantástica, no lo es. Se ha ido uno de nuestros liberales más lúcidos. Descanse en Paz.

"Soy liberal y un fanático del capitalismo." Carlos Semprún Maura (1926 - 2009)

21 de enero de 2009

Pensadores liberales franceses I: Jean-François Revel


Tengo el placer de inaugurar en
Reflexiones para perder el tiempo una serie corta de post sobre intelectuales y pensadores franceses liberales. Francia se ha caracterizado siempre por ser uno de los centros más importantes de pensamiento y ciencia en el mundo; sin embargo, y esto es algo que los propios franceses empiezan a admitir, parece ser que poco a poco esa importancia está en declive. Cada uno tendrá sus motivos y explicaciones, yo opino que durante mucho tiempo han vivido bajo el yugo asfixiante de corrientes estructuralistas y marxistas (con todas sus variantes), olvidando a otros pensadores clave como Bastiat, Tocqueville, Raymond Aron, J. F. Revel, Guy Sorman, etc.

Sirva este intento humilde para recuperar la figura y las ideas de estos grandes hombres.


Jean François-Revel

Se pueden decir muchas cosas de Revel pero si hay algo que caracterice su obra y su pensamiento es su intento de hacernos ver la importancia de los hechos, pero sobre todo, del sentido común. Sentido que a pesar de su supuesta generalidad, es como suele decirse, el menos común de todos los sentidos, más si cabe en el terreno de la política.


Revel era un intelectual, un pensador pero ante todo era una persona dotada con la capacidad de hacer claros y evidentes los hechos que de por si eran claros y evidentes, pero que se encontraban ocultos en una niebla de mentiras y servilismos. La demostración de esa virtud comienza ya con su obra “La tentación totalitaria” (1976) donde realiza lo que podía haber hecho cualquiera, una denuncia con datos y hechos que estaban a disposición de todos, del régimen totalitario comunista en la antigua URSS. Revel nos dice que el principal escollo que tiene el socialismo para triunfar es el propio comunismo, ya que bajo el comunismo el socialismo y la izquierda caen en el olvido de la autocrítica, la fascinación por el totalitarismo, el gusto por la crueldad y el servilismo al Partido Comunista. La vía de solución para Revel está en el giro hacia la socialdemocracia (aunque él termine en posiciones liberales).


Sin embargo, es en “Ni Marx ni Jesús” (1970) uno de sus escritos que más revuelo levanta entre aquellos que consideraban a la izquierda y el socialismo como el lugar político originario de los cambios y las revoluciones sociales. En esta obra defiende la tesis de que no son los partidos de izquierdas ni es en los países donde ha triunfado el socialismo ni el comunismo donde se llevan a cabo los cambios revolucionarios. Son los jóvenes de los países capitalistas los que se cuestionan – porque tiene la libertad para hacerlo – instituciones como la familia, el poder, el dinero, la empresa, el sistema político y económico, etc. También es donde se llevan a cabo las revoluciones feministas y la importancia cada vez mayor de la mujer, donde se cuestiona su papel y status social.


La publicación de “Cómo terminan las democracias” (1983) fue una explosión intelectual en las bases ideológicas de las democracias y de Occidente. Su tesis era que el comunismo había triunfado sobre Occidente, destruyéndole psicológica y moralmente, dejándole en un estado de esclerosis avanzada y parálisis profunda. ¿Cómo? Introduciendo unas series de ideas en el imaginario del pensamiento occidental que el propio Occidente no se cuestionó y acabo aceptando sin debate ninguno.


El intervencionismo imperialista de Occidente era mal visto incluso dentro de las propias sociedades occidentales, ya que se acusaba tales intervenciones de favorecer una posible guerra nuclear. Sin embargo, los juegos de poder soviéticos no eran cuestionados e incluso eran vistos como auténticos procesos de libertadores por parte de la opinión pública occidental. Ahí están Afganistán, Angola, Cuba, Etiopía o Vietnam.


Ese movimiento contrario a las intervenciones militares de Occidente era sobre todo llevado a cabo por un movimiento social exclusivo de las democracias: los pacifistas. En la carrera armamentística, la URSS fue siempre mucho más allá que sus rivales y sus inversiones superiores (tanto es así que su declive proviene de no haber podido seguir dedicando cantidades ingentes a la industria militar). Sin embargo, en el seno de su sociedad no tenía que lidiar con un sector de la población descontento con su militarización, ya que no existía un movimiento pacifista.


En 1988 publica “El conocimiento inútil” que no levanta tanto revuelo, pero que no deja indiferente a nadie que lo lea. Defiende que la verdadera fuerza que mueve las sociedades no es la verdad, sino la mentira. En un momento histórico donde la información destaca tanto cuantitativamente como cualitativamente, los dirigentes e intelectuales siguen cometiendo errores y todo ello gracias a un fallo tan absurdo como vital: ignorar la Razón.

Su crítica se centra sobre todo en la “intelligentsia”. En sus páginas acusa a los medios de comunicación de masas y a las élites culturales e intelectuales de atacar todo lo que “oliese” a derecha, sobre todo si estas medidas provenían de figuras políticas como Reagan, Thatcher, Kohl o Chirac. Su batalla ideológica se llevaba a tal extremo que no importaba mentir.


Gramsci llamó a los intelectuales a recoger el testigo de la clase obrera en la revolución. Pero no fue en los países comunistas donde estos tomaron el papel, ya que este papel lo ejercía de forma autoritaria y despótica el Partido y el Estado. Fue en las sociedades que Popper llamó “abiertas” donde más caló el discurso gramsciano.

¿Por qué ese cambio de agente revolucionario? Porque Gramsci y sobre todo los comunistas de libro, se daban cuenta de que las tesis de Marx y el marxismo estaban agotadas y vacías ya de contendido válido. Se hacía necesario que los creadores de ideas e ideologías, los creadores de opinión pública, en definitiva, los legitimadores de verdad, insuflaran nuevos aires al cadáver teórico del marxismo. Era necesario que alguien pensase, y como los pensadores marxistas de la URSS no eran más que marionetas en manos del Estado, era en los países capitalistas donde debía surgir esa nueva clase social. Nuevos revolucionarios cuya misión no era cambiar el estado real de la Unión Soviética, sino continuar la lucha abandonada por los trabajadores en los países libres para conducir a esos mismos países a la situación de la URSS.


Pero no toda crítica de Revel era de contenido político, sino que también dirigió sus ataques contra la cultura y las artes. En un alarde intelectual visionario, criticaba las teorías intelectuales que vaciaban de contenido toda ciencia para llenar ese vacío con un discurso hermético y todavía más vacío. Supuestos intelectuales como Lacan, Althusser, Teilhard de Chardin, Jacques Derrida, Deleuze, Slavoj Zizek, teóricos postmodernistas (Bauman, Lyotard, Vattimo, Baudrillard, Bataille, Laclau etc). Son autores de trabajadas teorías y discursos retóricos llenos de un hermetismo que únicamente oculta banalidad y vacío. Son disciplinas que se visten de ropajes de charlatanería pomposa para convertirse en, como dice Vargas Llosa, “ciencia humada de moda.”


Comprendemos ahora porque Revel fue un faro de luz en la intelectualidad francesa, un “rara avis” en esa hegemonía cultural y científica que el estructuralismo, el post-estructuralismo y el marxismo con todas sus variantes (neo, post y demás sufijos y prefijos) ejerce en Francia. Si ya es difícil encontrar liberales en Europa, la tarea se vuelve ardua en el país vecino, y Revel era un liberal con mayúsculas. Provocador, instigador, polemista pero sobre todo franco y claro con sus ideas, su magisterio sigue vigente más que nunca a pesar de su olvido en las Universidades.

11 de agosto de 2008

El Estado odia al Mercado, ¿por qué será?

En “El malestar de la democracia” Víctor Pérez – Díaz uno de los sociólogos más sugerentes del panorama ya no nacional sino internacional dice: “La dificultad para superar esta ambivalencia puede tener que ver con la falta de costumbre de operar en órdenes libres y abiertos, donde no cabe desplazar la responsabilidad por los actos propios, y donde cada cual tiene que pagar un precio por sus propios errores. En efecto, no es raro que las experiencias formativas de varias generaciones de ciudadanos de las democracias de hoy se hayan realizado en el seno de organizaciones e instituciones que les han entrenado sólo a medias en el ejercicio de las competencias cognitivas, retóricas y morales que están en la base de esta competencia cívica.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 195). Hace referencia al autor en la dualidad que suele darse en las democracias liberales actuales entre el rechazo a lo político (“son unos ladrones”, “sólo quieren nuestros votos”, etc.) y la total confianza que luego se deposita en los políticos para la resolución de los problemas que a uno le afectan (creencia en la necesidad imperiosa de la existencia de un Estado del Bienestar). Así, el amor y el odio hacia lo político busca la comodidad, la no implicación, la dejadez de aquel que nunca ha estado acostumbrado a participar activamente en el juego democrático. Los ciudadanos dejan de ser miembros activos de la civis, para convertirse en sujetos pasivos que calculan los costes de esfuerzo que esa implicación necesita y deciden no llevarla a cabo.

¿La solución? Pérez – Díaz apunta dos caminos principalmente: la educación y el mercado.

La educación como la etapa formativa que favorezca “la maduración cognitiva y moral de los ciudadanos.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 201). No se habla de una simple asignatura de educación para la ciudadanía, sino hacer volver al mundo académico una serie de valores que conforman los pilares básicos de la democracia liberal. Y si hacemos caso a las encuestas sobre los problemas de la educación pública en España por ejemplo, nos damos cuenta de que se le achacan problemas como: la dejadez, la falta de interés, la poca constancia, la inexistencia de capacidad de compromiso y sacrificio. Se llena a los alumnos de actividades extra-escolares pero no se les carga de deberes, se les imponen asignaturas como educaciones para la ciudadanía[1]1 pero se eliminan horas de filosofía, historia, etc. Por supuesto, en los programas curriculares se hace evidente la ausencia y total olvido de pensadores de la corriente liberal (mencionando si acaso a Smith como liberal y padre de la economía, pero ignorando todo el pensamiento político de Locke o Hume de los cuales sólo se estudia su sistema epistemológico mientras se deja bien patente las ideas políticas de pensadores como Karl Marx).

El mercado entendido como un mercado conversacional, en palabras del autor: “ver los mercados como procesos de intercambios qua comunicaciones entre agentes individuales situados en redes sociales. Estos agentes son lo suficientemente racionales y morales como para comprenderse unos a otros y confiar los unos de los otros, al menos lo bastante como para realizar tales intercambios, y reiterarlos. Ese sistema de intercambios es al tiempo un sistema de comunicación que incluye elementos lingüísticos y extralingüísticos.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 215). Donde esos intercambios en el mercado son (PÉREZ – DÍAZ 2008, 215-216):

- “actos de una conversación orientada hacia un asunto concreto.”

- “parte de un arte de la conversación: de una conversación uno de cuyos objetivos fundamentales es simplemente el de estar juntos y seguir hablando.”

- “son parte de una conversación en la que se dan procesos creativos, deseos, aspiraciones, descubrimientos e innovaciones.”

- “este despliegue de oratorias de persuasión, acompañadas de las justificaciones morales correspondientes, implica debates en los que no se alcanza un punto final de equilibrio. La conversación es continua.”

Los mercados como conversaciones exigen sujetos activos y participativos, formando una moral de la participación, “Lo que estos mercados hacen, si funcionan correctamente, al cabo del tiempo, es educar a las gentes que participan en ellos. Es decir, funcional como una forma de paideia, y como tal ayudan a formar miembros activos y responsables de la sociedad.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 216)

Ante estas conclusiones podemos preguntarnos, ¿desea realmente el Estado unos sujetos activos en la vida política? Evidentemente no. El instinto de supervivencia y conservación del poder del Estado es algo innato a su existencia, y por lo tanto no puede permitirse el que los ciudadanos participen activamente de la res publica. Y para ello crea la gran mentira del Estado de Bienestar.

El EdB no es más que la herramienta para mantener contentos y callados, es decir, en el papel de sujeto pasivo, a los ciudadanos de una democracia liberal. Al inmiscuirse el Estado a través de las llamadas políticas sociales en todos los aspectos de nuestra vida, en nuestras casas bajo la idea de Carlos Rodríguez Braun; el estado lo que logra es que nos acostumbremos a la inactividad, la pasividad, la contemplación y la dejadez a la hora de tomar nuestras decisiones vitales más importantes y dejemos esas decisiones en mano del Estado. Con ello está claro que el Estado aumenta su poder y control sobre nosotros, controlando nuestro ciclo vital desde que nacemos (incluso antes dictando la legalidad del aborto o no) hasta nuestra muerte (cobrando impuestos por la herencia que dejamos a nuestros descendientes).

Así no es de extrañar que el gran enemigo para el Estado sea el Mercado. Es claro es este aspecto Pérez – Díaz. “La experiencia del mercado impulsa una forma de vida moral no de modo teórico sino práctico: no mediante un río de palabras, como una ethica docens, sino mediante una avalancha de actividades e interacciones. Va involucrada en costumbres o hábitos, y cristaliza en el desarrollo de capacidades y disposiciones, y la formación de un carácter moral. ¿Con qué contenido? Básicamente, uno que reúne la moral de los grupos pequeños y la de los ordenes extensos, que hace compatible el compromiso de cada cual en los unos y en los otros, pero de tal forma que se mantenga cierta unidad narrativa de la propia vida.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 218).

Se entiende así el odio acérrimo del Estado por el mercado, porque es el mecanismo por el cual los sujetos de una democracia adquieren todo lo necesario para transformarse en ciudadanos activos. Lo hacen porque ponen a disposición de la sociedad una serie de recursos, limitando los excesos de la política sobre nuestras vidas. Esta activación de la democracia liberal produce también un descenso del nivel de violencia que todo sistema democrático contiene, en palabras de Pérez – Díaz: “Los mercados requieren y fomentan la civilidad en su sentido más estricto, el de reducir el nivel de violencia. Hay dos modelos de interpretar la experiencia de la lucha política. Uno la observa contra el telón de fondo de un modelo de experiencias compartidas, lo que reduce el grado de animosidad entre los adversarios. Otro ve la vida política organizada en torno a la tensión entre amigos y enemigos. El mercado está sesgado a favor de la primera interpretación de la política, mientras que la difusión de una visión de la política en términos de amigos y enemigos es un síntoma de una influencia reducida del mercado en la vida política. Una sociedad impregnada de los valores de una economía de mercado tiende a reducir el despliegue de la hostilidad en el debate público.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 219).

BIBLIOGRAFÍA

PÉREZ – DÍAZ, Víctor: El malestar de la democracia. Editorial Crítica. Colección Noema. Barcelona. 2008.

RODRÍGUEZ BRAUM, Carlos: Diez ensayos liberales. Editorial LID. Biblioteca de Carlos Rodríguez Braun. Madrid. 2008.



[1] Asignaturas donde su carga curricular está impregnada en casi todas las publicaciones usadas en los colegios, de ideas contra la globalización, el sistema capitalista, el mercado, la competencia, la responsabilidad. Y por supuesto dejan bien claro los maravillosos beneficios del Estado de Bienestar. Todo ello sin la posibilidad de abrir un debate claro de ideas.

12 de enero de 2007

Cuando el Gobierno me toca la cartera

Eran los 60 y el capitalismo estaba bajo los efectos soporíferos y calmantes de Keynes y su política económica. El economista inglés ofreció una teoría económica basada en lo fiscal que permitía a los gobiernos aumentar la demanda de una economía mediante el déficit y el consumo público. Consecuencia de ello era el postulado de que para que una economía funcione necesita de un Estado que la regule, controle y gestione, dejando de lado al libre mercado y sus fallos.
Bajo esa política, los defensores del Estado de Bienestar (EdB de aquí en adelante) se armaron de un modelo económico que defendía sus tesis y apoyaba la necesidad de la redistribución de la renta.
La filosofía redistributiva dice que como el mercado no es capaz de asignar y recompensar de manera eficaz y justa a todos los actores económicos, el Estado debe encargarse de corregir ese fallo. Mediante una serie de acciones se intenta compensar a los perdedores del sistema de mercado; hablamos de sanidad , educación, pensiones, prestaciones por desempleo, etc.
¿Y cómo lo hacemos? Vía impuestos. Y éstos no son más que una forma coactiva de castigar a los que han tenido éxito en el mercado. La cosa es así: como has comprendido las exigencias del sistema de mercado, te has adaptado y esforzado, el Estado te castiga mediante impuestos para compensara a:
Los que han fracasado
Los que no se han enterado de las exigencias y condiciones
Los que prefieren no hacer nada y esperar que le solucionen los problemas

¿Y qué obtenemos a cambio? Una intromisión en nuestra libertad a cambio de un servicio pésimo, ineficaz y sobre todo carísimo. Sin embargo, el aspecto más crítico desde mi punto de vista no es el anterior, sino la filosofía moral que el modelo intervencionista nos vende.
Hablo de la imagen de un individuo irresponsable, incapaz, fracasado y necesitado de ayuda, que es negligente para gestionar su libertad. Nos dice que nos quedemos quietos y escuchemos los cantos de sirena del Estado, porque ellos si saben como deben asignar nuestros recursos, nosotros no. Su discurso es el de papa, Papa Estado, que se niega a dejarnos crecer, desarrollarnos como adultos asumiendo responsabilidades, pues prefiere niños dóciles y sin aspiraciones.

18 de febrero de 2006

Liberalismo de John Gray

Presento aquí al completo la introducción al libro de John Gray Liberalismo, publicado por Alianza Editorial.

Introducción: La unidad de la tradición liberal

A pesar de que los historiadores han descubierto elementos de la perspectiva liberal en el mundo antiguo, y más particularmente en la Grecia y la Roma clásicas, estos elementos, más que componentes del movimiento liberal moderno, son parte de la prehistoria del liberalismo. Como corriente política y tradición intelectual, como un movimiento identificable en la teoría y la práctica, el liberalismo no es anterior al siglo XVII. De hecho, el epíteto “liberal” aplicado a un movimiento político no se usa por primera vez hasta el siglo “XIX”, cuando en 1812 lo adopta el partido español de los “liberales”. Antes de esta fecha, el sistema de pensamiento del liberalismo clásico surgido, ante todo, en el periodo de la Ilustración escocesa, cuando Adam Smith se refirió al “plan liberal de igualdad, libertad y justicia”, pero el término “liberal” seguía funcionando básicamente como un derivado de liberalidad, la virtud clásica de humanidad, generosidad y apertura de mente. En consecuencia, para una comprensión correcta de liberalismo es esencial un discernimiento claro de su historicidad, de sus orígenes en circunstancias políticas y culturales definidas y de sus antecedentes en el contexto del individualismo europeo en el período moderno temprano. La razón de ello es que, si bien el liberalismo no tiene una esencia o naturaliza única y permanente, sí presenta una serie de rasgos distintivos que dan prueba de su modernidad y, al mismo tiempo, lo diferencian de otras tradiciones intelectuales modernas y de sus movimientos políticos asociados. Todos estos rasgos no son sólo plenamente inteligibles en la perspectiva histórica que proporcionan las diversas crisis de la modernidad: la disolución del orden feudal en Europa en los siglos XVI y XVII, los acontecimientos en torno de las revoluciones francesa y norteamericana en la última década del siglo XVIII, el surgimiento de los movimientos socialistas y democráticos durante la segunda mitad del siglo XIX y el eclipse de la sociedad liberal por los gobiernos totalitarios de nuestros tiempos. De esta manera, los rasgos distintivos que marcaron en sus principios la concepción liberal del hombre y la sociedad en la Inglaterra del siglo XVII se han visto alterados y readaptados –pero no hasta el punto de hacerse irreconocibles –, a medida que las sociedades individualistas que dieron vida a las ideas liberales se han ido enfrentando a diversos y renovados retos.

Existe una concepción definida del hombre y la sociedad, moderna en su carácter, que es común a todas las variantes de la tradición liberal. ¿Cuáles son los elementos de esta concepción? Es individualista en cuanto que afirma la primacía moral de la persona frente a las exigencias de cualquier colectividad social; es igualitaria porque confiere a todos los hombres el mismo estatus moral y niega la aplicabilidad, dentro de un orden político o legal, de diferencias en el valor moral entre los seres humanos; es universalista, ya que afirma la unidad moral de la especia humana y concede una importancia secundaria a las asociaciones históricas específicas y a las formas culturales; y es meliorista, por su creencia en la corregibilidad y las posibilidades de mejoramiento de cualquier institución social y acuerdo político. Es esta concepción del hombre y la sociedad la que da al liberalismo una identidad definida que trasciende su vasta variedad interna y complejidad. Sin duda, esta concepción liberal tiene fuentes distintas, e incluso contrapuestas, en la cultura europea, y se ha materializado en diversas formas históricas concretas. Debe algo al estoicismo y al cristianismo, se ha inspirado en el escepticismo y en una certeza fideísta de revelación divina, y ha exaltado el poder de la razón aun cuando, en otros contextos, haya buscado apagar las exigencias de la misma. La tradición liberal ha buscado validación o justificación en muy diversas filosofías. Las afirmaciones políticas y morales liberales se han fundamentado en teorías de los derechos naturales del hombre con la misma frecuencia con la que han sido defendidas invocando alguna teoría utilitaria de la conducta, y han buscado el apoyo tanto de la ciencia como de la religión. Por último, al igual que cualquiera otra corriente de opinión, el liberalismo ha adquirido un sabor diferente en cada una de las diversas culturas nacionales en las que ha tenido una vida duradera. A lo largo de su historia, el liberalismo francés ha sido notablemente diferente del liberalismo en Inglaterra; el liberalismo alemán se ha enfrentado siempre con problemas singulares, y el liberalismo norteamericano, aunque en deuda con las formas de pensamiento y prácticas inglesas y francesas, muy pronto adquirió rasgos propios por completo nuevos. En ocasiones, el historiador de ideas y movimientos quizá tenga la impresión de que no existe un solo liberalismo, sino muchos, vinculados entre sí sólo por un lejano aire de familia.

No obstante la rica diversidad que el liberalismo ofrece a la investigación histórica, sería un error suponer que las múltiples variedades de liberalismo no pueden ser entendidas como variantes de un reducido conjunto de temas precisos. El liberalismo constituye una tradición única no dos o más tradiciones ni un síndrome difuso de ideas, justamente en virtud de los cuatro elementos antes mencionados que integran la concepción liberal del hombre y de la sociedad. Estos elementos ha sido perfeccionados y redefinidos, sus relaciones se han visto reordenados, y a su contenido se ha enriquecido en las diversas fases de la historia de la tradición liberal y en una amplia variedad de contextos culturales y nacionales en los que con frecuencia han recibido una interpretación muy específicas. Pese a su variabilidad histórica, el liberalismo sigue siendo una perspectiva integral, cuyos componentes principales no son difíciles de especificar, más que una débil asociación de movimientos y perspectivas entre las cuales puedan detectarse algunos parecidos de familia. Únicamente así resulta posible identificar a John Locke y Emmanuel Kant, John Stuart Mill y Herbert Spencer, J. M Keynes y F. A. Hayek, y John Ralws y Robert Nozick como representantes de ramas separadas de un mismo linaje. El carácter del liberalismo como una tradición única, su identidad como una concepción persistente, aunque variable, del hombre y la sociedad son válidos aun cuando, como se sugerirá más adelante, el liberalismo haya estado sujeto a una importante ruptura, cuando en los escritos de John Stuart Mill el liberalismo clásico abrió las puertas al liberalismo moderno o revisionista de nuestros días.

Extracto el libro John Gray (1986): Liberalismo. Alianza Editorial. Madrid.

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