"Una defensa del Estado sostiene que el hombre es un "animal social", que debe vivir en sociedad, y que individualistas y libertarios creen en la existencia de "individuos atomizados" sin influenciar y sin guardar relación con sus semejantes. Pero no, los libertarios nunca han celebrado individuos aislados como los átomos, por el contrario, todos los libertarios han reconocido la necesidad y de las enormes ventajas de la vida en sociedad, y de participar en la división social del trabajo. La gran non sequitur cometido por los defensores del Estado, incluidos los filósofos aristotélicos y tomistas clásicos, es saltar de la necesidad de la sociedad a la necesidad del Estado." Murray Rothbard.
27 de septiembre de 2015
12 de agosto de 2014
By Alberto Fernández
In: agricultores, capitalismo, economía, españa, estado, europa, gobierno, impuestos, intervencionismo, liberal, liberalismo, mercado, política
No comments
Luego se quieren llamar liberales
27 de mayo de 2014
By Alberto Fernández
In: bienestar, elecciones, europa, individuo, liberal, liberalismo, política, politología, sociología
No comments
Entre todos la mataron...
1 de abril de 2009
Liberalismo para no liberales
Pero antes un juego, y no hagan trampas. Adivinen de quien es la cita siguiente (la respuesta en el vídeo);
"El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización"
24 de marzo de 2009
By Alberto Fernández
In: capitalismo, liberal, liberalismo, literatura, semprún
No comments
Carlos Semprún Maura: In Memoriam
21 de enero de 2009
By Alberto Fernández
In: comunismo, cultura, democracia, elite, francia, idea, ideología, intelectuales, liberal, liberalismo, occidente, política, politología, postmodernismo, socialismo
2 comments
Pensadores liberales franceses I: Jean-François Revel
Tengo el placer de inaugurar en Reflexiones para perder el tiempo una serie corta de post sobre intelectuales y pensadores franceses liberales. Francia se ha caracterizado siempre por ser uno de los centros más importantes de pensamiento y ciencia en el mundo; sin embargo, y esto es algo que los propios franceses empiezan a admitir, parece ser que poco a poco esa importancia está en declive. Cada uno tendrá sus motivos y explicaciones, yo opino que durante mucho tiempo han vivido bajo el yugo asfixiante de corrientes estructuralistas y marxistas (con todas sus variantes), olvidando a otros pensadores clave como Bastiat, Tocqueville, Raymond Aron, J. F. Revel, Guy Sorman, etc.
Sirva este intento humilde para recuperar la figura y las ideas de estos grandes hombres.
Jean François-Revel
Se pueden decir muchas cosas de Revel pero si hay algo que caracterice su obra y su pensamiento es su intento de hacernos ver la importancia de los hechos, pero sobre todo, del sentido común. Sentido que a pesar de su supuesta generalidad, es como suele decirse, el menos común de todos los sentidos, más si cabe en el terreno de la política.
Revel era un intelectual, un pensador pero ante todo era una persona dotada con la capacidad de hacer claros y evidentes los hechos que de por si eran claros y evidentes, pero que se encontraban ocultos en una niebla de mentiras y servilismos. La demostración de esa virtud comienza ya con su obra “La tentación totalitaria” (1976) donde realiza lo que podía haber hecho cualquiera, una denuncia con datos y hechos que estaban a disposición de todos, del régimen totalitario comunista en la antigua URSS. Revel nos dice que el principal escollo que tiene el socialismo para triunfar es el propio comunismo, ya que bajo el comunismo el socialismo y la izquierda caen en el olvido de la autocrítica, la fascinación por el totalitarismo, el gusto por la crueldad y el servilismo al Partido Comunista. La vía de solución para Revel está en el giro hacia la socialdemocracia (aunque él termine en posiciones liberales).
Sin embargo, es en “Ni Marx ni Jesús” (1970) uno de sus escritos que más revuelo levanta entre aquellos que consideraban a la izquierda y el socialismo como el lugar político originario de los cambios y las revoluciones sociales. En esta obra defiende la tesis de que no son los partidos de izquierdas ni es en los países donde ha triunfado el socialismo ni el comunismo donde se llevan a cabo los cambios revolucionarios. Son los jóvenes de los países capitalistas los que se cuestionan – porque tiene la libertad para hacerlo – instituciones como la familia, el poder, el dinero, la empresa, el sistema político y económico, etc. También es donde se llevan a cabo las revoluciones feministas y la importancia cada vez mayor de la mujer, donde se cuestiona su papel y status social.
La publicación de “Cómo terminan las democracias” (1983) fue una explosión intelectual en las bases ideológicas de las democracias y de Occidente. Su tesis era que el comunismo había triunfado sobre Occidente, destruyéndole psicológica y moralmente, dejándole en un estado de esclerosis avanzada y parálisis profunda. ¿Cómo? Introduciendo unas series de ideas en el imaginario del pensamiento occidental que el propio Occidente no se cuestionó y acabo aceptando sin debate ninguno.
El intervencionismo imperialista de Occidente era mal visto incluso dentro de las propias sociedades occidentales, ya que se acusaba tales intervenciones de favorecer una posible guerra nuclear. Sin embargo, los juegos de poder soviéticos no eran cuestionados e incluso eran vistos como auténticos procesos de libertadores por parte de la opinión pública occidental. Ahí están Afganistán, Angola, Cuba, Etiopía o Vietnam.
Ese movimiento contrario a las intervenciones militares de Occidente era sobre todo llevado a cabo por un movimiento social exclusivo de las democracias: los pacifistas. En la carrera armamentística,
En 1988 publica “El conocimiento inútil” que no levanta tanto revuelo, pero que no deja indiferente a nadie que lo lea. Defiende que la verdadera fuerza que mueve las sociedades no es la verdad, sino la mentira. En un momento histórico donde la información destaca tanto cuantitativamente como cualitativamente, los dirigentes e intelectuales siguen cometiendo errores y todo ello gracias a un fallo tan absurdo como vital: ignorar
Su crítica se centra sobre todo en la “intelligentsia”. En sus páginas acusa a los medios de comunicación de masas y a las élites culturales e intelectuales de atacar todo lo que “oliese” a derecha, sobre todo si estas medidas provenían de figuras políticas como Reagan, Thatcher, Kohl o Chirac. Su batalla ideológica se llevaba a tal extremo que no importaba mentir.
Gramsci llamó a los intelectuales a recoger el testigo de la clase obrera en la revolución. Pero no fue en los países comunistas donde estos tomaron el papel, ya que este papel lo ejercía de forma autoritaria y despótica el Partido y el Estado. Fue en las sociedades que Popper llamó “abiertas” donde más caló el discurso gramsciano.
¿Por qué ese cambio de agente revolucionario? Porque Gramsci y sobre todo los comunistas de libro, se daban cuenta de que las tesis de Marx y el marxismo estaban agotadas y vacías ya de contendido válido. Se hacía necesario que los creadores de ideas e ideologías, los creadores de opinión pública, en definitiva, los legitimadores de verdad, insuflaran nuevos aires al cadáver teórico del marxismo. Era necesario que alguien pensase, y como los pensadores marxistas de
Pero no toda crítica de Revel era de contenido político, sino que también dirigió sus ataques contra la cultura y las artes. En un alarde intelectual visionario, criticaba las teorías intelectuales que vaciaban de contenido toda ciencia para llenar ese vacío con un discurso hermético y todavía más vacío. Supuestos intelectuales como Lacan, Althusser, Teilhard de Chardin, Jacques Derrida, Deleuze, Slavoj Zizek, teóricos postmodernistas (Bauman, Lyotard, Vattimo, Baudrillard, Bataille, Laclau etc). Son autores de trabajadas teorías y discursos retóricos llenos de un hermetismo que únicamente oculta banalidad y vacío. Son disciplinas que se visten de ropajes de charlatanería pomposa para convertirse en, como dice Vargas Llosa, “ciencia humada de moda.”
Comprendemos ahora porque Revel fue un faro de luz en la intelectualidad francesa, un “rara avis” en esa hegemonía cultural y científica que el estructuralismo, el post-estructuralismo y el marxismo con todas sus variantes (neo, post y demás sufijos y prefijos) ejerce en Francia. Si ya es difícil encontrar liberales en Europa, la tarea se vuelve ardua en el país vecino, y Revel era un liberal con mayúsculas. Provocador, instigador, polemista pero sobre todo franco y claro con sus ideas, su magisterio sigue vigente más que nunca a pesar de su olvido en las Universidades.
11 de agosto de 2008
By Alberto Fernández
In: economía, estado, liberal, liberalismo, mercado, política, sociologia
No comments
El Estado odia al Mercado, ¿por qué será?
En “El malestar de la democracia” Víctor Pérez – Díaz uno de los sociólogos más sugerentes del panorama ya no nacional sino internacional dice: “La dificultad para superar esta ambivalencia puede tener que ver con la falta de costumbre de operar en órdenes libres y abiertos, donde no cabe desplazar la responsabilidad por los actos propios, y donde cada cual tiene que pagar un precio por sus propios errores. En efecto, no es raro que las experiencias formativas de varias generaciones de ciudadanos de las democracias de hoy se hayan realizado en el seno de organizaciones e instituciones que les han entrenado sólo a medias en el ejercicio de las competencias cognitivas, retóricas y morales que están en la base de esta competencia cívica.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 195). Hace referencia al autor en la dualidad que suele darse en las democracias liberales actuales entre el rechazo a lo político (“son unos ladrones”, “sólo quieren nuestros votos”, etc.) y la total confianza que luego se deposita en los políticos para la resolución de los problemas que a uno le afectan (creencia en la necesidad imperiosa de la existencia de un Estado del Bienestar). Así, el amor y el odio hacia lo político busca la comodidad, la no implicación, la dejadez de aquel que nunca ha estado acostumbrado a participar activamente en el juego democrático. Los ciudadanos dejan de ser miembros activos de la civis, para convertirse en sujetos pasivos que calculan los costes de esfuerzo que esa implicación necesita y deciden no llevarla a cabo.
¿La solución? Pérez – Díaz apunta dos caminos principalmente: la educación y el mercado.
La educación como la etapa formativa que favorezca “la maduración cognitiva y moral de los ciudadanos.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 201). No se habla de una simple asignatura de educación para la ciudadanía, sino hacer volver al mundo académico una serie de valores que conforman los pilares básicos de la democracia liberal. Y si hacemos caso a las encuestas sobre los problemas de la educación pública en España por ejemplo, nos damos cuenta de que se le achacan problemas como: la dejadez, la falta de interés, la poca constancia, la inexistencia de capacidad de compromiso y sacrificio. Se llena a los alumnos de actividades extra-escolares pero no se les carga de deberes, se les imponen asignaturas como educaciones para la ciudadanía[1]1 pero se eliminan horas de filosofía, historia, etc. Por supuesto, en los programas curriculares se hace evidente la ausencia y total olvido de pensadores de la corriente liberal (mencionando si acaso a Smith como liberal y padre de la economía, pero ignorando todo el pensamiento político de Locke o Hume de los cuales sólo se estudia su sistema epistemológico mientras se deja bien patente las ideas políticas de pensadores como Karl Marx).
El mercado entendido como un mercado conversacional, en palabras del autor: “ver los mercados como procesos de intercambios qua comunicaciones entre agentes individuales situados en redes sociales. Estos agentes son lo suficientemente racionales y morales como para comprenderse unos a otros y confiar los unos de los otros, al menos lo bastante como para realizar tales intercambios, y reiterarlos. Ese sistema de intercambios es al tiempo un sistema de comunicación que incluye elementos lingüísticos y extralingüísticos.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 215). Donde esos intercambios en el mercado son (PÉREZ – DÍAZ 2008, 215-216):
- “actos de una conversación orientada hacia un asunto concreto.”
- “parte de un arte de la conversación: de una conversación uno de cuyos objetivos fundamentales es simplemente el de estar juntos y seguir hablando.”
- “son parte de una conversación en la que se dan procesos creativos, deseos, aspiraciones, descubrimientos e innovaciones.”
- “este despliegue de oratorias de persuasión, acompañadas de las justificaciones morales correspondientes, implica debates en los que no se alcanza un punto final de equilibrio. La conversación es continua.”
Los mercados como conversaciones exigen sujetos activos y participativos, formando una moral de la participación, “Lo que estos mercados hacen, si funcionan correctamente, al cabo del tiempo, es educar a las gentes que participan en ellos. Es decir, funcional como una forma de paideia, y como tal ayudan a formar miembros activos y responsables de la sociedad.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 216)
Ante estas conclusiones podemos preguntarnos, ¿desea realmente el Estado unos sujetos activos en la vida política? Evidentemente no. El instinto de supervivencia y conservación del poder del Estado es algo innato a su existencia, y por lo tanto no puede permitirse el que los ciudadanos participen activamente de la res publica. Y para ello crea la gran mentira del Estado de Bienestar.
El EdB no es más que la herramienta para mantener contentos y callados, es decir, en el papel de sujeto pasivo, a los ciudadanos de una democracia liberal. Al inmiscuirse el Estado a través de las llamadas políticas sociales en todos los aspectos de nuestra vida, en nuestras casas bajo la idea de Carlos Rodríguez Braun; el estado lo que logra es que nos acostumbremos a la inactividad, la pasividad, la contemplación y la dejadez a la hora de tomar nuestras decisiones vitales más importantes y dejemos esas decisiones en mano del Estado. Con ello está claro que el Estado aumenta su poder y control sobre nosotros, controlando nuestro ciclo vital desde que nacemos (incluso antes dictando la legalidad del aborto o no) hasta nuestra muerte (cobrando impuestos por la herencia que dejamos a nuestros descendientes).
Así no es de extrañar que el gran enemigo para el Estado sea el Mercado. Es claro es este aspecto Pérez – Díaz. “La experiencia del mercado impulsa una forma de vida moral no de modo teórico sino práctico: no mediante un río de palabras, como una ethica docens, sino mediante una avalancha de actividades e interacciones. Va involucrada en costumbres o hábitos, y cristaliza en el desarrollo de capacidades y disposiciones, y la formación de un carácter moral. ¿Con qué contenido? Básicamente, uno que reúne la moral de los grupos pequeños y la de los ordenes extensos, que hace compatible el compromiso de cada cual en los unos y en los otros, pero de tal forma que se mantenga cierta unidad narrativa de la propia vida.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 218).
Se entiende así el odio acérrimo del Estado por el mercado, porque es el mecanismo por el cual los sujetos de una democracia adquieren todo lo necesario para transformarse en ciudadanos activos. Lo hacen porque ponen a disposición de la sociedad una serie de recursos, limitando los excesos de la política sobre nuestras vidas. Esta activación de la democracia liberal produce también un descenso del nivel de violencia que todo sistema democrático contiene, en palabras de Pérez – Díaz: “Los mercados requieren y fomentan la civilidad en su sentido más estricto, el de reducir el nivel de violencia. Hay dos modelos de interpretar la experiencia de la lucha política. Uno la observa contra el telón de fondo de un modelo de experiencias compartidas, lo que reduce el grado de animosidad entre los adversarios. Otro ve la vida política organizada en torno a la tensión entre amigos y enemigos. El mercado está sesgado a favor de la primera interpretación de la política, mientras que la difusión de una visión de la política en términos de amigos y enemigos es un síntoma de una influencia reducida del mercado en la vida política. Una sociedad impregnada de los valores de una economía de mercado tiende a reducir el despliegue de la hostilidad en el debate público.” (PÉREZ – DÍAZ 2008, 219).
BIBLIOGRAFÍA
PÉREZ – DÍAZ, Víctor: El malestar de la democracia. Editorial Crítica. Colección Noema. Barcelona. 2008.
RODRÍGUEZ BRAUM, Carlos: Diez ensayos liberales. Editorial LID. Biblioteca de Carlos Rodríguez Braun. Madrid. 2008.
[1] Asignaturas donde su carga curricular está impregnada en casi todas las publicaciones usadas en los colegios, de ideas contra la globalización, el sistema capitalista, el mercado, la competencia, la responsabilidad. Y por supuesto dejan bien claro los maravillosos beneficios del Estado de Bienestar. Todo ello sin la posibilidad de abrir un debate claro de ideas.
12 de enero de 2007
By Alberto Fernández
In: bienestar, capitalismo, economía, estado, liberal, liberalismo, mercado
5 comments
Cuando el Gobierno me toca la cartera
Bajo esa política, los defensores del Estado de Bienestar (EdB de aquí en adelante) se armaron de un modelo económico que defendía sus tesis y apoyaba la necesidad de la redistribución de la renta.
La filosofía redistributiva dice que como el mercado no es capaz de asignar y recompensar de manera eficaz y justa a todos los actores económicos, el Estado debe encargarse de corregir ese fallo. Mediante una serie de acciones se intenta compensar a los perdedores del sistema de mercado; hablamos de sanidad , educación, pensiones, prestaciones por desempleo, etc.
¿Y cómo lo hacemos? Vía impuestos. Y éstos no son más que una forma coactiva de castigar a los que han tenido éxito en el mercado. La cosa es así: como has comprendido las exigencias del sistema de mercado, te has adaptado y esforzado, el Estado te castiga mediante impuestos para compensara a:
Los que han fracasado
Los que no se han enterado de las exigencias y condiciones
Los que prefieren no hacer nada y esperar que le solucionen los problemas
¿Y qué obtenemos a cambio? Una intromisión en nuestra libertad a cambio de un servicio pésimo, ineficaz y sobre todo carísimo. Sin embargo, el aspecto más crítico desde mi punto de vista no es el anterior, sino la filosofía moral que el modelo intervencionista nos vende.
Hablo de la imagen de un individuo irresponsable, incapaz, fracasado y necesitado de ayuda, que es negligente para gestionar su libertad. Nos dice que nos quedemos quietos y escuchemos los cantos de sirena del Estado, porque ellos si saben como deben asignar nuestros recursos, nosotros no. Su discurso es el de papa, Papa Estado, que se niega a dejarnos crecer, desarrollarnos como adultos asumiendo responsabilidades, pues prefiere niños dóciles y sin aspiraciones.
18 de febrero de 2006
Liberalismo de John Gray
Introducción: La unidad de la tradición liberal
A pesar de que los historiadores han descubierto elementos de la perspectiva liberal en el mundo antiguo, y más particularmente en
Existe una concepción definida del hombre y la sociedad, moderna en su carácter, que es común a todas las variantes de la tradición liberal. ¿Cuáles son los elementos de esta concepción? Es individualista en cuanto que afirma la primacía moral de la persona frente a las exigencias de cualquier colectividad social; es igualitaria porque confiere a todos los hombres el mismo estatus moral y niega la aplicabilidad, dentro de un orden político o legal, de diferencias en el valor moral entre los seres humanos; es universalista, ya que afirma la unidad moral de la especia humana y concede una importancia secundaria a las asociaciones históricas específicas y a las formas culturales; y es meliorista, por su creencia en la corregibilidad y las posibilidades de mejoramiento de cualquier institución social y acuerdo político. Es esta concepción del hombre y la sociedad la que da al liberalismo una identidad definida que trasciende su vasta variedad interna y complejidad. Sin duda, esta concepción liberal tiene fuentes distintas, e incluso contrapuestas, en la cultura europea, y se ha materializado en diversas formas históricas concretas. Debe algo al estoicismo y al cristianismo, se ha inspirado en el escepticismo y en una certeza fideísta de revelación divina, y ha exaltado el poder de la razón aun cuando, en otros contextos, haya buscado apagar las exigencias de la misma. La tradición liberal ha buscado validación o justificación en muy diversas filosofías. Las afirmaciones políticas y morales liberales se han fundamentado en teorías de los derechos naturales del hombre con la misma frecuencia con la que han sido defendidas invocando alguna teoría utilitaria de la conducta, y han buscado el apoyo tanto de la ciencia como de la religión. Por último, al igual que cualquiera otra corriente de opinión, el liberalismo ha adquirido un sabor diferente en cada una de las diversas culturas nacionales en las que ha tenido una vida duradera. A lo largo de su historia, el liberalismo francés ha sido notablemente diferente del liberalismo en Inglaterra; el liberalismo alemán se ha enfrentado siempre con problemas singulares, y el liberalismo norteamericano, aunque en deuda con las formas de pensamiento y prácticas inglesas y francesas, muy pronto adquirió rasgos propios por completo nuevos. En ocasiones, el historiador de ideas y movimientos quizá tenga la impresión de que no existe un solo liberalismo, sino muchos, vinculados entre sí sólo por un lejano aire de familia.
No obstante la rica diversidad que el liberalismo ofrece a la investigación histórica, sería un error suponer que las múltiples variedades de liberalismo no pueden ser entendidas como variantes de un reducido conjunto de temas precisos. El liberalismo constituye una tradición única no dos o más tradiciones ni un síndrome difuso de ideas, justamente en virtud de los cuatro elementos antes mencionados que integran la concepción liberal del hombre y de la sociedad. Estos elementos ha sido perfeccionados y redefinidos, sus relaciones se han visto reordenados, y a su contenido se ha enriquecido en las diversas fases de la historia de la tradición liberal y en una amplia variedad de contextos culturales y nacionales en los que con frecuencia han recibido una interpretación muy específicas. Pese a su variabilidad histórica, el liberalismo sigue siendo una perspectiva integral, cuyos componentes principales no son difíciles de especificar, más que una débil asociación de movimientos y perspectivas entre las cuales puedan detectarse algunos parecidos de familia. Únicamente así resulta posible identificar a John Locke y Emmanuel Kant, John Stuart Mill y Herbert Spencer, J. M Keynes y F. A. Hayek, y John Ralws y Robert Nozick como representantes de ramas separadas de un mismo linaje. El carácter del liberalismo como una tradición única, su identidad como una concepción persistente, aunque variable, del hombre y la sociedad son válidos aun cuando, como se sugerirá más adelante, el liberalismo haya estado sujeto a una importante ruptura, cuando en los escritos de John Stuart Mill el liberalismo clásico abrió las puertas al liberalismo moderno o revisionista de nuestros días.
Extracto el libro John Gray (1986): Liberalismo. Alianza Editorial. Madrid.



