11 de enero de 2006

Fundamentalismos (y VI)

ANEXO: GRUPOS TERRORITAS EN EL MUNDO SEGÚN EL DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE UU

ANEXO: GRUPOS TERRORITAS EN EL MUNDO SEGÚN EL DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE UU[1].

AFGANISTÁN

· Al Qaeda

ARGELIA

· Grupo Islámico Armado (GIA)

· Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC)

COLOMBIA

· Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)

· Ejército de Liberalización Nacional (ELN)

· Paramilitares –AUC – Autodefensas Unidas de Colombia

EGIPTO

· Gamáa Islamiya (Grupo Islámico, IG)

· Al Jihad

ESPAÑA

· ETA

FILIPINAS

· Grupo Abu Sayyaf (ASG)

· Nuevo Ejercito del Pueblo (NPA)

GRECIA

· Organización Revolucionaria 17 de Noviembre

· Revolucionay Nuclei (RN)

INDONESIA

· Yemáa Islamiya

IRAK

· Ansar al Islam (AI)

IRÁN

· Organización Muyahidin Jalq (MEK or MKO)

IRLANDA

· IRA Auténtico (RIRA)

ISRAEL

· Kahane Chai (Kack)

JAPÓN

· Aum Suprema Verdad (Aum)

LIBANO

· Hezbolá (Partido de Dios)

· Asbat al Ansar

PAKISTÁN

· Harakat ul Muyahidin (HUM)

· Yaish e Mohamed (Ejercito de Mahoma)

· Lashkar e Tayiba (Ejercito del Justo)

· Lashkar i Yangvi

PALESTINA

· Brigadas de los Mártires de Al Aqsa

· La Yihad Palestina Islámica (PIJ)

· Frente de Liberalización Palestina (PLF)

· Frente Popular para la Liberalización de Palestina (PFLP)

· Cdo. Gral. del Frente Popular para la Liberalización de Palestina (PLFP-GC)

· Organización Abu Nidal (ANO)

· Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica)

PERÚ

· Sendero Luminoso

TURQUÍA

· Partido Revolucionario de Liberalización Popular/Frente (DHPK/C)

· Kongra-Gel (Antiguo Partido de los Trabajadores del Kurdistán)

UZBEKISTÁN

· Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU)


BIBLIOGRAFÍA

ALÍ, T. (2002): El choque de los fundamentalismos: Cruzadas, yihads y modernidad. Alianza Editorial. Madrid.

Barber, B. (1995): Jihad vs. McWorld: How globalism and tribalism are reshaping the World. Randomhouse, New York.

Bruce, S. (2003): Fundamentalismo. Alianza Editorial. Madrid.

CAHEN, C. (1992): El Islam: I. Desde los orígenes hasta el comienzo del Imperio Otomano, en Historia Universal Siglo XXI Tomo 14. Alianza Editorial. Madrid.

E. VON GRUNEBAUM, G. (1992): El Islam: II. Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días, en Historia Universal Siglo XXI Tomo 15. Alianza Editorial. Madrid.

ELORZA, A. (2002): Umma: El integrismo en el Islam. Alianza Editorial. Madrid.

ÉTIENNE, B. (1996): El islamismo radical. Siglo XXI de España Editores. Madrid.

GARAUDY, R. (1991): Los integrismos: Ensayo sobre los fundamentalismos en el mundo. Gedisa Editorial. Barcelona.

GELLNER, E. (1994): Postmodernismo, razón y religión. Paidós Studio. Barcelona.

Huntington, S. (1997): El choque de las civilizaciones, Paidos, Barcelona.

KEPEL, G. (2001): La Yihad: Expansión y declive del islamismo. Editorial Península Atalaya. Barcelona.

Kienzler, K. (2000): El fundamentalismo religioso. Alianza Editorial, Madrid.

MISES, L. VON (1995): Sobre liberalismo y capitalismo. Unión Editorial. Madrid.



[1] Departamento de Estado de Estados Unidos cit. en EL PAÍS, jueves 10 de marzo de 2005

Fundamentalismos (V)

Kienzler propone una serie de características generales del fundamentalismo religioso: se trata de un movimiento que nace en América (S. XIX y XX); se consiguió establecer una serie de fundamentos inmutables basados en la religión; fue C. L. Laws quien en 1920 estableció su nombre; el enfrentamiento sin cuartel se hace contra la modernización, la secularización de lo social y la ciencia (sobre todo la darvinista);...

4.- Principales características del fundamentalismo religioso: fundamentalismo islámico

Kienzler propone una serie de características generales del fundamentalismo religioso: se trata de un movimiento que nace en América (S. XIX y XX); se consiguió establecer una serie de fundamentos inmutables basados en la religión; fue C. L. Laws quien en 1920 estableció su nombre; el enfrentamiento sin cuartel se hace contra la modernización, la secularización de lo social y la ciencia (sobre todo la darvinista); la Biblia es el referente universal; se organizan, realizan congresos, fomentan la conciencia de comunidad entre sus miembros, es normal la aparición frecuente de divisiones, cismas y fragmentaciones en distintos grupos. (Kienzler, K. 2000, 19-20)

Por su parte Steve Bruce establece los siguientes rasgos característicos: “los fundamentalismos se basan en el principio de que hay alguna fuente de ideas, normalmente un texto, que es infalible y perfecta [...] Al tiempo que proclaman la existencia de un texto carente de errores, los fundamentalistas se remiten a una perfecta encarnación social de la auténtica religión en el pasado. [...] los fundamentalismos son reactivos. Su conservadurismo no tiende a la conservación, sino a una reformulación creativa del pasado para propósitos actuales.” (BRUCE, S. 2003: 26-27)

Quizás pueda sorprendernos leer que el fundamentalismo tiene origen Occidental, si bien quizás hay que tener reservas en denominar fundamentalismo cristiano a la religión de la Edad Media y las Cruzadas, sin duda si podemos afirmar que es fundamentalismo lo que rige las ideas de los cuákeros americanos y los primeros colonos del continente americano, no tenemos más que recordar para todos los presidentes americanos es importante que “Dios nos guarde” y en el dólar su leyenda es “In God we Trust”. Tampoco podemos quizás olvidarnos de trozo de la historia de nuestro país y recordar que nuestro Franco era “caudillo por la gloria de Dios”. La diferencia estriba en que la religión en estos casos no suplanta otras instituciones como el estado, la familia, etc.

Expongamos ahora las características del fundamentalismo islámico: “Hay dos rasgos del Islam especialmente importantes para comprender el fundamentalismo. El primero es la falta de una división clara entre los poderes espirituales y político. [...] Lo segundo es la centralidad de la ley. Las revelaciones del Profeta, codificadas en el Corán y en los hadices, colecciones de historias sagradas relacionadas con Mahoma, conjugan tanto la fe como la moral; son a un tiempo doctrina y ley. En sentido estricto, el Islam no tiene clero, sino que está dirigido por juristas que se especializan en la ley o sharía” (BRUCE, S. 2003: pág. 62)

Antonio Elorza al respecto opina: “alcanzar el poder para el dios y para la comunidad de sus creyentes. Por encima de otros credos, en el Islam no se da una proyección política a partir de la religión: la religión misma es política y nada lo expresa mejor que la trayectoria vital del Profeta”

Resumiendo, hay una verdad sagrada que influye en todas las instituciones de la vida, o del mundo de la vida según los frankfurtianos; verdad recogida en un texto sagrado (Corán), que recoge las enseñanzas y vivencias del Profeta de Alá. Esta verdad recogida y escrita es ley, y todos los seres deben ser creyentes, los no creyentes están fuera de la verdad y por tanto deben ser combatidos para que no corrompan la unidad de la comunidad; pues es palabra y mensaje de Alá enseñar la Verdad a todo el mundo y glorificar la grandeza de Alá, el único dios.

Garaudy comenta que “uno de los teóricos más influyentes del islamismo integrista es el paquistaní Mawdudi, muerto en 1979, quien definió la política “islámica” según cuatro principios: poder fuerte para los doctores de la ley, sumisión del pueblo a este poder, sistema de pensamiento moral impuesto por ese poder, retribución y recompensa a quienes aplican sus reglas.” (GARAUDY, R. 1991, 85). E incluso afirma que existe un denominador común para los diferentes tipos de fundamentalismos e integrismos islámicos que existen en el mundo: “¿Cuál es el denominador común de las variantes actuales del integrismo? Todas ellas se inspiran en tres “modelos”: los Hermanos Musulmanes en su segunda versión, es decir el paradigma integrista de Arabia Saudí; la “comunidad islámica” de Mawdudi; y la “revolución islámica” de Irán. Todas exigen el respeto por la tradición: la sunna.” (GARAUDY, R. 1991, 89). Y que significa sunna: “sunna: ortodoxia” (ÉTIENEE, B. 1996: 310). Seguir en definitiva, el camino recto marcado por Alá.

Fundamentalismos (IV)

Este acontecimiento no es la primera ni la última vez que los Estados Unidos intervinieron en la zona, desde el apoyo armamentístico a Irán primero, para después armar y ser aliado de Sadam Husein en la guerra Irán-Irak (1980), donde “ Siete años más tarde,

Este acontecimiento no es la primera ni la última vez que los Estados Unidos intervinieron en la zona, desde el apoyo armamentístico a Irán primero, para después armar y ser aliado de Sadam Husein en la guerra Irán-Irak (1980), donde “ Siete años más tarde, la marina de los Estados Unidos y las de otros países occidentales intervinieron en la guerra para apoyar a Irak” (BRUCE, S. 2003, 77)

Pero no sólo los Estados Unidos, tomemos el caso del Líbano y Francia, como bien comenta Bruce: “Francia [...] creó un Estado mediante la adicción de diversas áreas colindantes habitadas por musulmanes suníes y shiíes” (BRUCE, S. 2003, 77)

Sin olvidar por supuesto el gran aliado de los Estados Unidos en Oriente Medio, Israel, torreón desde su creación el gobierno americano dispone de un lugar privilegiado para estudiar, analizar, provocar y socavar cualquier tipo de movimiento de los países de la zona.

La pregunta que puede surgir en este momento es: ¿qué puede haber en una zona como Oriente Próximo y Medio, para que atraiga tanto la atención de todos los gobiernos americanos indiferentemente de si se trata de republicanos o demócratas? Evidentemente además de la belleza natural del desierto, la riqueza cultural y artística, este lugar del globo es unos de los epicentros mundiales en recursos naturales energéticos, es decir, petróleo y gas natural. Si a todo ello unimos el canal de Suez, que permite comunicar el Mediterráneo con el Golfo Pérsico y el Océano Indico en menos tiempo que rodeando el continente africano, podemos llegar a entender un poco los intereses americanos y occidentales en general.

Las mayores reservas de petróleo están repartidas entre Arabia Saudí e Irak, los gasoductos atraviesan todo Oriente Medio e Israel es dueña de las mayores reservas de agua en la zona, esto del agua puede parecernos poco serio, pero si tenemos en cuenta que nos encontramos en zonas desérticas, el agua supone un recurso casi tan precioso como el petróleo, pues sin el líquido elemento no es posible la agricultura en la zona, ni el abastecimiento de las ciudades de agua potable.

Este es el panorama histórico y el contexto político económico que ha favorecido el nacimiento de un movimiento como el fundamentalismo. Siguiendo la tesis de Bruce: religión como fundamento de un nacionalismo étnico, que ve a Occidente como el gran enemigo, como el causante de sus males, y la manifestación más significativa de Occidente, aparte de su poder militar, es la influencia cada vez mayor de su cultura laica, transgresora y poco respetuosa con la tradición de lo único que sienten como verdadero los musulmanes, la grandeza y la superioridad de las Revelaciones de Ala en boca de Mahoma.

Una visión distinta ofrece Huntington, donde habla de un “resurgimiento” del sentir religioso, lo que Gilles Kepel denominó La revancha de Dios; un renacer no sólo en el sentir religioso del Islam, sino de todas las religiones del mundo desde el cristianismo al hinduismo. ¿Cómo se puede explicar este resurgimiento religioso? Veamos la respuesta que ofrece Huntington:

“La causa más obvia, destacada y profunda del resurgimiento religioso mundial es precisamente lo que supuestamente había de provocar la muerte de la religión: los procesos de modernización social, económica y cultural que se difundieron por todo el mundo. [...] Fuentes de identidad y sistemas de autoridad existentes desde mucho tiempo atrás se rompen. [...] Necesitan nuevas fuentes de identidad, nuevas formas de agrupación estable y nuevos conjuntos de preceptos morales...” (HUNTINGTON, S. 1997, 115)

El cambio se está produciendo demasiado rápido para unas sociedades no acostumbradas a la rapidez de la evolución social, “Lo que en Occidente sucedió a lo largo de 200 años o más está sucediendo aquí en 50 años o menos”.[1]

Otro factor importante para Huntington: “la retirada de Occidente y el final de la Guerra Fría [...] el FMI y el Banco Mundial, [...] la gente ve el comunismo únicamente como el último dios laico que ha caído, y a falta de nuevas deidades laicas convincentes, se vuelve con alivio y pasión a lo auténtico. La religión se ha tomado el relevo a la ideología, y el nacionalismo religioso reemplaza al nacionalismo laico” (HUNTINGTON, S. 1997, 118)

Resulta claro que Occidente no puede olvidarse de su parte de culpa, la mayoría de los autores antes citados dan muestras claras para ello. Sin embargo, me gustaría resaltar algunos puntos que cita Tariq Alí también como culpables y con los que no estoy de acuerdo. El discurso anticapitalista al que recurre para explicar los males que padece el mundo en general es bastante errado, pues parece que debemos recordar que capitalismo y democracia van cogidos de la mano, el capitalismo es imposible de llevar a cabo completamente en sociedades donde no exista un sistema democrático. También me parece demasiado aventurado expresar: “El éxito del capitalismo en China...” (ALÍ, T. 2002, 355), este país aún está muy lejos de ser un auténtico estado capitalista, pues para poder hablar de capitalismo necesitamos manejar conceptos como capital privado, propiedad privada, derechos y libertades personales (es decir democracia) y esto en China es una realidad bastante lejana. China está utilizando una variante moderna de las ideas políticas económicas de la NEP de Lenin: permitir la entrada de algún capital privado extranjero, supresión de algunos aranceles, etc.

Personalmente también se equivoca cuando afirma que tanto EE.UU. como la U.E. tienen la misma visión del mundo y de sus problemas, la realidad nos muestra más bien todo lo contrario.

Llega incluso en su fanatismo anticapitalista Tariq Alí a afirmar: “Los liberales incluyen en la categoría de fascistas a quienes les parece oportuno y después analizan si realmente encajan en ella. Por el contrario, la perspectiva socialdemócrata y, en general, la marxista, derivan de la experiencia. Estas corrientes de pensamiento explicaron que el ascenso del fascismo en Italia, Alemania, España y Francia fue el resultado de la dinámica general de la sociedad capitalista. A su juicio, el fascismo era el último recurso de una clase dirigente que se enfrentaba a la crisis económica y a la amenaza de un movimiento sindicalista revolucionario; dos factores a todas luces presentes en varias regiones de Europa de entreguerras.” (ALÍ, T. 2002, 373-374) Si realmente el marxismo derivara de la experiencia, esta no les parece muy favorable con las dictaduras comunistas en Europa, Asia y Cuba. Pensar que capitalismo y liberalismo permitieron el ascenso de los fascismos en Europa es haber leído un libro de historia contemporánea del revés.

En la crítica que hace de la escuela austriaca de economía me parece realmente exagerado tachar de fundamentalistas a pensadores como Menger, Mises o Schumpeter; el propioVon Mises dice: “El liberal se rebela contra tales afirmaciones. Reclama la libertad para todos los seres humanos por motivaciones de otra índole. Al postular aquella, no invoca ni a Dios ni a la Naturaleza; primero de todo, porque humildemente reconoce ignorar cuáles pudieran ser los designios de Dios o de la Naturaleza [...] y, en segundo lugar, porque lo único que afirma y prueba es que el trabajo libre es más productivo que el servil...” (MISES, L. VON 1995, 38-39). O para que quede más claro: “al liberal le repugna el conflicto armado; [...], pues parte del supuesto de que no es la guerra, sino la paz, el origen de todas las cosas. La cooperación social –arguye – hace avanzar a la humanidad, distinguiendo el hombre de las bestias.” (MISES, L. VON 1995, 40). Poco más puedo añadir yo humildemente.

Roger Garaudy piensa que el fundamentalismo, sobre todo el islámico es fruto de una serie de factores: el colonialismo, que explicaría el fundamentalismo argelino; la decadencia de occidente, que es el origen del fundamentalismo iraní; el fundamentalismo israelí, causa explicativa de los fundamentalismos del Cercano Oriente y finalmente; el fundamentalismo saudí y los Hermanos Musulmanes.

Régis Debray dice: la religión no es “el opio del pueblo, sino las vitaminas de los débiles”.[2]



[1] Farred Zakira: Culture is Destiny: A conversation whit Lee Kuan Yew, en Foering Affaire nº 73 (marzo/abril de 1994), pág. 118 cit. en Huntington, S. (1997): El choque de las civilizaciones, Paidos, Barcelona, pág. 115.

[2] Régis Debray: God and the Political Planet, New Perspectivas Quarterly 11 (primavera de 1994), pág. 14 cit. en Huntington, S. (1997): El choque de las civilizaciones, Paidos, Barcelona, pág. 119.

8 de enero de 2006

Fundamentalismos (III)

Otro hecho destacado es la crisis de 680-692, donde a la muerte del Califa, le sucede su hijo mayor Yazīd, bien visto por los hombres cultivados pero no así por los pietistas; “y de todas formas no dependía de él el que desapareciesen las pretensiones de los que sostenían tener derechos que hacer valer y encontraban que una sucesión era una buena ocasión para ello.

Otro hecho destacado es la crisis de 680-692, donde a la muerte del Califa, le sucede su hijo mayor Yazīd, bien visto por los hombres cultivados pero no así por los pietistas; “y de todas formas no dependía de él el que desapareciesen las pretensiones de los que sostenían tener derechos que hacer valer y encontraban que una sucesión era una buena ocasión para ello. Hasan (hijo mayor de `Alī, comprado por el califa) había muerto, pero en Medina estaba todavía su hermano menor, el segundo hijo de Fātima, Husayn (= el pequeño de Hasan)” (CAHEN, C. 1992: 30). La revuelta fracaso ya que el joven Husayn no tenía dotes de general y llevado más por sus ideales, halló la muerte sorprendido en Kerbela. Actualmente los chiies rememoran el sufrimiento del joven Husayn y toda la familia de ´Alī por la lucha contra los usurpadores, con ritos parecidos a los Misterios de la Edad Media cristiana.

Durante los siglos siguiente, la expansión del Islam se hace imparable, llegan a la Península Ibérica, con el ascenso de los sŷluquíes se consolidan los turcos, sufren el acoso del Imperio Mongol, nace el Imperio Otomano y cae Constantinopla y por tanto el Imperio Bizantino, Europa deja de controlar el Mediterráneo Oriental, con la caída del Imperio Otomano se produce una desfragmentación de los territorios del imperio, hasta que en 1914 cae el Imperio Turco, después de la cruenta Iª Guerra Mundial.

Es a partir de finales del siglo XIX y principios del XX donde los territorios antiguamente musulmanes empiezan a ser colonizados por las potencias Europeas como Gran Bretaña, Francia, Alemania; llevando consigo sus credos e ideas, los avances de la Revolución Francesa y la Industrial, pero sobre todo, la explotación que significó para la población nativa el sometimiento a las potencias de Occidente, que saquearon sus recursos naturales y económicos y utilizaron la mano de obra de forma totalmente esclavista.

Después de la descolonización y el reparto de las colonias como un tablero geográfico perfecto sin tener en cuenta etnias y religiones, ha provocado tensiones internas, luchas étnicas, guerras civiles y sobre todo, un sentimiento de rabia, impotencia y dolor entre la población que observa que cualquier influencia extranjera se convierte siempre en algo negativo.

El mundo bipolar de la Guerra Fría convirtió Oriente Próximo y la Península Arábiga en el tablero de ajedrez de los Estados Unidos y la URRS por la supremacía mundial.

“Los años setenta estuvieron marcados por la irrupción de los movimientos islamistas militantes en la mayor parte de los países del mundo musulmán, y culminaron con el triunfo de la revolución iraní, en febrero de 1979, destruyendo el Estado impío del sha y edificando sobre sus ruinas una república islámica que aplicó los preceptos establecidos por el ayatolá Jomeinei a principios de la década. Los acontecimientos que tuvieron lugar en Irán trastornaron las representaciones comunes del Islam en su conjunto: lo que se consideraba una religión más bien conservadora y retrógada, cuya pertenencia social y política estaba en declive al tiempo que progresaba la modernización, súbitamente se convirtió en el punto de mira de todas las atenciones, todas las esperanzas y todos los temores. El propio movimiento islamista, cuya existencia era desconocida para mucha gente, fue asociado a una revolución de un perfil impreciso pero cuya naturaleza parecía tan radical como anti-occidental.

Ahora bien, la politización del Islam durante esta década no se redujo a la revolución iraní, aunque ésta fue el caso más espectacular de ésta. Cinco años antes, en la época que siguió a la guerra de octubre de 1973, se consolidó el poder financiero saudí, lo que permitió que la corriente wahabita-islamista, puritana y socialmente conservadora, se extendiera por todas partes y conquistara una posición de fuerza en la expresión internacional del Islam. Su representación era menos visible que la del Irán jomeinista, pero era más profundo y podía tener una vida más duradera. Esta corriente aventajó al nacionalismo progresista que había triunfado en la década de los sesenta, reorganizando el ámbito religioso favoreciendo las asociaciones y a los ulemas que se inscribían en su obediencia y, al inyectar unos flujos financieros considerables en el ámbito islámico, se ganó a una gran parte de adeptos. Aunque se oponía claramente la virtuosa civilización islámica a la corrupción de Occidente, Arabia Saudí, de donde procedía la mayor parte de los fondos, siguió siendo aliado esencial de Estados Unidos y de Occidente frente al bloque soviético. En el mismo año 1979 se inició en Teherán la victoria de la revolución islámica al grito de ¡Abajo América! y se acabó con la invasión soviética de Afganistán, que tuvo como consecuencia la implicación masiva de la CIA en el bando de los luchadores de la yihad afgana. La ayuda americana y saudí a los muyahidín pasó en gran parte por el Pakistán del general Zia ul Haqq, ferviente admirador de Mawdudi, del que varios colaboradores suyos fueron ministros en Islamabad.” (KEPEL, G. 2001, 87-88)

27 de diciembre de 2005

Fundamentalismos (II)

Para Steve Bruce el fundamentalismo tiene su origen en lo que podíamos denominar el triangulo del fundamentalismo, veámoslo gráficamente:3.- FUNDAMENTALISMOS: OCCIDENTE, ¿CULPABLE O NO?
Para Steve Bruce el fundamentalismo tiene su origen en lo que podíamos denominar el triangulo del fundamentalismo, veámoslo gráficamente:


Steve Bruce mantiene que los fundamentalismos (sobre todo el islámico actual), mantiene el anterior esquema, típico de las sociedades feudales de la Edad Media europea; pero mientras Europa encontró una salida al triangulo fundamentalista, que fue la creación de un Estado laico y la democracia, producto de la sustitución de la religión por la razón: en el Islam, este proceso se encuentra aún en vida.
Las características de la historia pasada del Islam provocan la supervivencia de la religión como centro fundamental de cohesión de la sociedad islámica, siendo esta el lazo para el nacionalismo y la etnicidad; es decir, la idea de nación y etnia para el mundo islámico viene determinada por la pertenencia a una religión común, la pertenencia del grupo de los Imān (creyentes). Hagamos una breve referencia a la historia del Islam para comprender mejor este papel de la religión.
El Islam se encuentra relacionado en sus primeros momentos con el contexto histórico de la Península Arábiga.
Arabia estaba constituida en su principal mayoría por nómadas (camelleros que recorrían en desierto en largas marchas) y núcleos de población asentada, en zonas agrarias unas y comerciales las otras.
Los beduinos se organizaban en tribus, cuyo poder recaía sobre un šayj (jeque) elegido, rodeado de notables, los beduinos amaban la libertad, pero ello no era problema para demostrar una solidaridad tribal que los lanzaba pequeñas guerras tribales, por necesidades de venganza o de necesidad alimenticia. Su religión, “muy pobre, tenía vagas relaciones con las viejas creencias semíticas: su rasgo más destacado era el temor a toda clase de demonios; el culto, que era elemental, incluía algunas reuniones en torno a piedras sagradas, peregrinaciones que podían combinarse con ferias, como en el caso de las que se hacían entorno a la Ka´ba, en La Meca.” (CAHEN, C. 1992, 4)
Sin embargo, en las zonas costeras de Arabia existían pequeñas comunidades situadas en lo que hoy es el actual Yemen; o el nabateo de Petra, al este del Mar Muerto; o el de Palmira, al oeste del Eúfrates; más tarde podemos hablar de los gassaníes y los lajmies, que desarrollaron una actividad comercial en Siria con Constantinopla el primero y con Ctesifón el segundo, la capital sasánida situada sobre el Tigres. Sin embargo, lo más destacado fue que “el hecho de que la tribu de Kinda hubiese logrado en la misma Arabia en el siglo V, agrupar bajo su égida una verdadera federación, primer signo de un cambio. Por otra parte, en algunas ciudades existían «repúblicas» aristocráticas rudimentarias de grandes mercaderes ambulantes; en particular en La Meca, donde estaba establecida la tribu Qurayš.” (CAHEN, C. 1992, 4)
En este contexto nace Mahoma (Muhammad), cuyos datos biográficos se conocen principalmente por el Qur´ān (Corán) y los hadīt, la tradición; palabras o hechos del profeta transmitidos por sus compañeros.
Mahoma logra gracias a su principal meta, dotar a la religión de una mayor estado sagrado, la unificación de las tribus y la primera idea de un estado del Islam, cohesionado por las creencias reveladas de Ala.
A la muerte de Mahoma, cogen su testigo los denominados jalīfa (califa), los cuales tienen el poder religioso y político, pero ya no son profetas ni mensajeros de la Revelación, lo cual provoca unos pequeños intentos por parte de algunas tribus de volver a su amada libertad, pues el pacto de unión había sido realizado con Mahoma; estas distensiones iniciales son pronto resueltas.
Un hecho fundamental para el Islam surge con el asesinato de `Umar, que provocará una crisis interna debido al nombramiento de `Utmān, de descendencia directa con el Profeta, perteneciente a la aristocracia qurayší.
`Utmān se vio enfrentado a una serie de problemas de fidelidad entre sus lugartenientes más alejados, opto por una política de concesiones familiares, lo cual provocó disidencias entre las familias cada vez más ricas gracias al comercio y la expansión, que acusaban al califa de nepotismo. “Entre sus enemigos se encontraban en Medina, Ayša, la viuda aún joven del Profeta, y el primo y yerno de éste, `Alī; en Egipto, `Amr y otros. Una coalición se formó entre los emisarios de unos y otros, que concluyó, sin que sea posible separar la parte de responsabilidad, intención o azar que en ello hubo, con el asesinato, en condiciones bastante sombrías del viejo califa mientras rezaba” (CAHEN, C. 1992, 22)
`Alī se presenta por tanto como nuevo califa, sin embargo los problemas no van a parar de surgir, pues había sido impuesto por un partido, el de los victoriosos contra el anterior califa, por lo tanto no era aceptado por todos, de este ruptura proviene la primera fitna de la comunidad. Se producen revueltas tanto por parte de los que no aceptan al nuevo califa como por parte de los que antes le habían apoyado, como la viuda del Profeta, al cual no caía nada bien la persona de Àlī. Después de las batallas del Camello y la que tuvo lugar en el Medio Eufrates, se produce un hecho curioso. Las parte beligerantes deciden ver si el asesinato podía ser admitido, lo cual provoco más divisiones en torno al Islam: “De este modo se perfilaban los tres partidos que, durante siglos, debían compartir el Islam: los šī`íes (partidarios de `Alī), los jāriŷies (los salientes, descontentos con la idea de dudar sobre la legitimidad o no del asesinato del califa, pues ello implicaba romper la ley del Corán), y aquellos, por el momento agrupados detrás de Mu`āwiya (el caudillo familia del anterior califa y dirigente de Siria), son en cierta medida los antepasados de los que, más tarde se denominaran sunníes.” (CAHEN, C. 1992, 24)
Con el período de los califas comienza una expansión del Islam de manera fulgurante por todo el Medio Oriente, llegando en su máximo esplendor con el denominado califato Omeya, en el cual se produce un cambio estratégico-geográfico pues Damasco comienza a adquirir poder frente a las ciudades de Arabia, que si bien no pierden su significado religioso, sino lo hacen económica y políticamente. Este cambio se debe a las necesidades que tiene el califato de contar con el comercio que se desarrolla en el Mediterráneo, sobre todo con el Imperio Bizantino.

22 de diciembre de 2005

Fundamentalismos (I)

Occidente parece haber descubierto un nuevo enemigo, una sombra que acecha en la noche y que espera los momentos de distracción para atacar de forma rápida y contundente. A ese nuevo miedo lo ha identificado con el nombre de Fundamentalismo y lo ha acusado de algo también nuevo: el terrorismo internacional.

1.- Introducción

Occidente parece haber descubierto un nuevo enemigo, una sombra que acecha en la noche y que espera los momentos de distracción para atacar de forma rápida y contundente. A ese nuevo miedo lo ha identificado con el nombre de Fundamentalismo y lo ha acusado de algo también nuevo: el terrorismo internacional.>

Sin embargo, no todos los movimientos fundamentalistas son culpables de terrorismo internacional ni todos los grupos terroristas que operan a nivel mundial tienen un origen en ideologías fundamentalistas.

El desconocimiento sobre los fundamentalismos provoca este tipo de errores y otros como pensar que sólo son fundamentalismos los islámicos y se olvidan que también existen de tipo protestante, judío, hindú; pero no sólo religioso sino también político como los nacionalismos extremos; o los fundamentalismos científicos como fue el positivismo y su influencia durante mucho tiempo en las ciencias.

El presente trabajo, realizado después de la lectura del libro El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad de Tariq Alí; intentará en primer lugar ofrecer una definición sobre el fundamentalismo; una vez establecidas unas ideas claras, abordaremos como los fundamentalismos son producto de una serie de variables donde Occidente no puede ignorar su parte de culpabilidad, pero tampoco podemos olvidar la parte correspondiente a la propia sociedad musulmana; finalmente más tarde veremos las características principales del fundamentalismo religioso, en concreto el fundamentalismo islámico.

2.- Fundamentalismos: una definición.

Son varios los autores que han intentado dar una definición sobre los fundamentalismos, expongo aquí las que he considerado como las más acertadas:

Steve Bruce piensa que: “es una respuesta racional que dan personas tradicionalmente religiosas a las transformaciones sociales, políticas y económicas que reducen y condicionan el papel de la religión en el mundo público”. (BRUCE, S. 2003: 155)

Para Riesebrodt: el fundamentalismo es una reacción contra: “la drástica reducción de las posibilidades que tiene el entorno tradicionalista de reproducirse culturalmente cuando la urbanización, la industrialización y la secularización avanzan con rapidez”[1]

Ernest Gellner piensa al respecto que: “la idea fundamental es que una fe determinada debe sostenerse firmemente en su forma completa y literal, sin concesiones, matizaciones, reinterpretaciones ni reducciones” (GELLNER, E. 1994:14) El fundamentalismo es la reacción a lo nuevo, a la interpretación de la tradición, de lo inmutable.

Klaus Kienzler por su parte ofrece varias definiciones recogidas por él y expuestas en su obra El fundamentalismo religioso, veamos algunas: “El fundamentalismo es un movimiento de exclusión arbitrario, una tendencia opuesta, aunque inherente, al proceso de apertura general del pensamiento, a la toma de iniciativas, una tendencia enemiga de las formas de vida particulares y sociales que caracterizan a la modernidad; frente a ello, el fundamentalismo pretende ofrecer, en la medida en que condena toda posible alternativa, certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable”[2].

“El concepto de fundamentalismo designa, en primer lugar, la variante americana de una actitud antimodernista que se manifiesta de forma diversa en la teología de los siglos XIX y XX. El movimiento fundamentalista interpreta la secularización como expresión de una decadencia originada por el darwinismo y el pensamiento científico-natural. Frente a éstos, el fundamentalismo se guía por los principios que emanan de las Sagradas Escrituras, de inspiración verbal divina.

Los movimientos y las agrupaciones fundamentalistas, que difieren entre sí, intentan sentar a través de los denominados congresos bíblicos una base común que les permita mantenerse en estado de guerra permanente contra toda forma de modernismo. En esta lucha por la ortodoxia se acaban produciendo, sin embargo, procesos inquisitoriales y cismas [...]”[3]

Huntington en su imprescindible obra El choque de las civilizaciones ofrece la siguiente visión sobre los fundamentalismos: son “un modo de afrontar la experiencia de caos, la pérdida de identidad, sentido y estructuras sociales seguras, circunstancias generadas por la rápida introducción de los modelos sociales y políticos modernos, el laicismo, la cultura científica y el desarrollo económico”. Los movimientos [fundamentalistas] que importan, coincide William H. McNeil, “... son los que reclutan sus adeptos en la sociedad en general y se difunden porque responden, o parecen responder, a necesidades humanas experimentadas de forma nueva (...) No es casualidad que todos estos movimientos están asentados en países donde la presión de la población sobre el país está imposibilitando a la mayoría de la población continuar con sus viejas costumbres aldeanas, y donde los medios de comunicación de masas, afincados en las ciudades, han comenzado a deteriorar una estructura secular de vida campesina al penetrar en los pueblos”[4]

Roger Garaudy piensa que el integrismo consiste en “identificar una fe religiosa o política con la forma cultural o institucional que pudo revistir en una época anterior de su historia. Creer, pues, que se posee una verdad absoluta e imponerla”. (GARAUDY, R. 1991: 13)

Por su parte Benjamín R. Barber en su obra Jihad vs. McWorld: How globalism and tribalism are reshaping the world, ofrece la siguiente definición del fundamentalismo: “[...] Marty and Appleby take fundamentalist religions to be engaged in militancy, in a kind of permanent fighting: they are militant, whether in the use of words an ideas or ballots or, in extreme cases, bullets.”[5] “They fight back, struggling reactively against the present in the name of the past; they fight for their religious conception of the world against secularism and relativism; they fight whit weapons of every kind, sometimes borrowed from the enemy, carefully chosen to secure their identity; they fight against others who are agents of corruption; and they fight under God for cause that, because it is holy, cannot be lost even when it is not yet won.” (BARBER, B. 1995: 206)

Bruno Étienne en su obra El islamismo radical: “Se plantean varios problemas en la cualificación de los islamistas como integristas o fundamentalistas. [...] El fundamentalismo debe ser entonces entendido en el sentido preciso de un retorno absoluto a la Escritura como único fundamento de toda crítica y de toda renovación, mientras que el integrismo no es de orden hermenéutico: es el rechazo de las adaptaciones de la acción de la Iglesia y sus creyentes en materia litúrgica, pastoral, social y política. En este sentido, sería fundamentalista todo musulmán que quisiera volver tan sólo al Corán y sería integrista el que rechazara, por ejemplo, la introducción de los altavoces y de la banda magnética automática con un reloj electrónico para sustituir al muaddin (muecín) a la hora de la llamada a la oración”. (ÉTIENEE, B. 1996: 160-161).

Por ultimo, Antonio Elorza opina al respecto: “El mensaje es al mismo tiempo grandioso y simple, siempre sobre el viejo telón de fondo de la superioridad esencial de la umma[6]. Una cadena muy firme de oposiciones legitima la radicalidad del proyecto integrista y alienta la movilización: unicidad de Dios frente al politeísmo, Islam frente a yāhiliyya occidental, orden religioso –cuyo emblema es la moralidad de una mujer bien tapada – frente a corrupción siempre occidental, soberanía de Alá frente a democracia impregnada de paganismo. Es suma, ensalzamiento de la propia comunidad, a la que es asignada una proyección universal, frente a la maldad intrínseca del otro. Sólo falta que éste proporcione las justificaciones accesorias con una política económica que da la espalda a la miseria y con una estrategia internacional de intereses a corto plazo ante el drama palestino.” (ELORZA, A. 2002: 403-404)

Podemos comprobar que en todas las definiciones expuestas, a pesar de los diversos enfoques ofrecidos por sus autores, podemos extraer unos puntos en común, con los cuales ofrecer una nueva definición de fundamentalismo: podemos entender el fundamentalismo como un movimiento reaccionario de una comunidad o grupo, ante un cambio en las formas tradicionales de vida (lo que Schutz o Habermas denominan mundo de la vida; lo que Goffman denomina el frente), ante los cuales sus miembros se muestran contrarios, debido al gran peso de la tradición y su importancia para el mantenimiento de la cohesión de esa sociedad, tradición que defenderán incluso mediante el uso de la fuerza y las armas.



[1] Riesebrodt, M (1993): Picus Passion: The Emergence of Modern Fundamentalist in the United State an Iran. Berkeley y Los Ángeles. University of California Press. Cit. en Bruce, S. (2003): Fundamentalismo. Alianza Editorial. Madrid. Pág. 89.

[2] Thomas Meyer (1989): Fundamentalismus – Aufstand gegen die Moderne. Rowohlt. Hamburgo citado en Klaus Kienzler (2000): El fundamentalismo religioso. Alianza Editorial, Madrid. Pág. 11.

[3] Wörterbuch der Philosophie (Diccionario de Filosofía) tomo 2, col. 1133 cit. en Klaus Kienzler (2000): El fundamentalismo religioso. Alianza Editorial, Madrid. Pág. 18-19.

[4] Bernad Lewis, Islamic Revolution, en New York Review of Books, 21 de Enero de 1988, pág. 47; cit. en Huntington, S. (1997): El choque de las civilizaciones, Paidos, Barcelona, pág. 116.

[5] Martin E. Marty and R. Scout Appleby (1991): Fundamentalisms Observed, Vol. 1 of the Fundamentalism Project (Chicago: University of Chicago Press, 1991), pp. viii-x. cit. en Benjamin Barber (1995): Jihad vs. McWorld: How globalism and tribalism are reshaping the World. Randomhouse, New York, pp. 205-206.

[6] Umma: Toda comunidad que recibe su cohesión de una creencia o un origen. Por antonomasia ummat al-Islām o ummat al-nabí, la comunidad de los creyentes.

16 de diciembre de 2005

Los EE. UU. y la U.E: un amor en la OMC

En estos tiempos donde las relaciones transatlánticas no parecen encontrarse en sus mejores momentos, la Sexta Conferencia Ministerial de la OMC (www.wto.org ) que se está celebrando en Hong Kong, China, del 13 al 18 de diciembre de 2005, ofrece un marco incomparable para que estos amantes deseosos de volver a reconciliarse puedan hacerlo. La Unión Europea y los Estados Unidos, más allá de las diferencias bélicas y los vuelos espías, tienen un tórrido romance en lo referente a las barreras proteccionistas al comercio, sobre todo en los productos manufacturados, que dejan patente en todas las reuniones de las OMC. A desgracia de los países pobres y menos desarrollados.

Desde Hong Kong llega la noticia de que los dos amantes han decidido aumentar sus donaciones a los países pobre, el Representante de Comercio de EEUU, Rob Portman, anunció que su país duplicará sus contribuciones al programa global de ayuda al comercio desde 1.300 millones de dólares este año a 2.700 millones en 2010. Japón y la UE hicieron pública ayer su pretensión de aumentar esas ayudas. Este buen clima entre ambos que parece a la par beneficiar a todo el mundo, sobre todo a los países menos favorecidos, pero no nos engañemos, la limosna que ambas potencias conceden sólo tienen una intención clara: retrasar la libertad de comercio total en materia de productos agrícolas y manufactureros.

Hagamos cuentas, para ver quien sale ganando: comenta Guillermo de la Dehesa: “ El reciente estudio realizado conjuntamente por el FMI y el Banco Mundial (2002) sobre liberalización de la protección agrícola, textil y de confección, tanto en términos arancelarios y de cuotas como de subvenciones, que es la que más afecta a los países en desarrollo, calcula que la liberalización total de la agricultura supondría una reducción de las pérdidas de renta e ingresos por exportaciones o, lo que es lo mismo, un aumento de la renta disponible de unos 566.000 millones de dólares anuales y que la liberalización total de la producción de textil y confección supondría una reducción de las pérdidas de renta y de ingresos por exportaciones de unos 136.000 millones de dólares anuales. En total, más de 700.000 millones de dólares para el conjunto de los países.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 184).

La realidad se muestra tan clara que no hacen falta más comentarios, sólo añadiré que a pesar de este abrumador dato, aún existen personas en el mundo que piensan que lo mejor que puede ocurrirle a los países pobres es menos globalización y menos liberalización. Para los incrédulos, un genial texto de Xavier Sala i Martín, no exento de humor y crudeza: “ ¿Cómo es posible que sea más barato comprar leche holandesa que leche tanzana en Tanzania? La explicación es bien simple: los productores europeos disfrutan de obscenas subvenciones, lo que les permite competir (deslealmente) con los países pobres. Los contribuyentes europeos y americanos pagamos más de mil millones de euros diarios (repito, diarios) en subvenciones y protecciones agrícolas. Con esa extravagante cantidad se podría invitar a cada una de las vacas europeas a pasar un mes de vacaciones en un hotel de cinco estrellas en las Bahamas, con viaje de ida y vuelta en avión de primera clase. ¡Quien está loco no son las vacas, sino nuestras autoridades!” (SALA I MARTÍN, X. 2005, 174).

Bibliografía

Guillermo de la Dehesa (2003): Globalización Desigualdad y Pobreza. Alianza Editorial. Madrid.

Xavier Sala i Martín (2005): Economía liberal para no economistas y no liberales. De bolsillo. Barcelona.

6 de diciembre de 2005

El pensamiento social español, un fantasma en las universidades de España


Quizás la anterior afirmación, que a su vez sirve de título para este comentario, sorprenda a más de uno, pero se trata de una realidad patente y contrastable. En las Universidades españolas existe una especie de urticaria a la hora de exponer el pensamiento social español, sea este sociológico, económico, politológico, filosófico, etc. Las teorías y figuras destacadas de las ciencias sociales que se enseñan actualmente a los estudiantes universitarios españoles olvidan y dejan de lado, consciente o inconscientemente, la ciencia que se hace y se hizo en España.
En el caso concreto de mis estudios, la sociología, la mayoría de mis compañeros desconocen los más mínimos cocimientos sobre sociólogos y pensadores sociales españoles, defecto que evidentemente el aquí presente también comparte. A punto de finalizar la licenciatura, únicamente en dos asignaturas concretas se han visto de manera breve el pensamiento social español, a saber, sociología del conocimiento, cuyo programa guarda un tema dedicado al menester que aquí nos ocupa bajo el título: PENSAMIENTO Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA MODERNA. El krausismo y la sociología española en la transformación cultural de finales del XIX y principios del XX. ORTEGA Y GASSET en el debate de las ideas. El individuo y la sociedad. Ciencia y pensamiento. La segunda materia es Técnicas de Investigación Social, donde la bibliografía que se maneja en su mayoría pertenece a sociólogos españoles: Carlos Moya, Jesús Ibáñez, Miguel Beltrán o Enrique Lamo de Espinosa entre otros.
Ante este panorama no resulta extraño por tanto, que los alumnos desconozcan a figuras tan destacadas como Ibn Jaldún, Averroes, Avicena, toda la Escuela de Salamanca (con figuras de renombre internacional como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta), Bartolomé de las Casas, Juan Ginés de Sepúlveda, Benito Jerónimo Feijoo, Miguel Servet, Luís Vives, Jaime Balmes, toda la escuela krausista (desde Julián Sanz del Río, Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcarate), Adolfo Posada, el protestante José Blanco White o incluso filósofos de la talla de García Morente, Julián Besteiro, José Gaos, Unamuno, Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, María Zambrano, Julián Marías y tantos otros que se quedan en el tintero.
La falta de todo conocimiento del pensamiento social español es tal que resulta preocupante, incluso insultante para los alumnos, debido a que se espera que reciban la mejor educación posible con unos niveles de calidad decentes. Y ante esta mancha, mejor dicho, este tremendo agujero negro, en el desarrollo de cualquier pensador social español, nos caben varias dudas y preguntas. Se imaginan a los estudiantes franceses no estudiando a Descartes, Rousseau, Voltaire, Durkheim, Comte, Alexis de Tocqueville, etc.; se ven a los ingleses ignorando a Hume o Guiddens o a los alemanes a Tönnies, Kant, Weber, Beck, etc. etc., pues en España si.
La pregunta que debe plantearse entonces es clara: ¿por qué esta situación?, desconozco los motivos, pero si puedo plantear, desde mi humilde opinión, quizás algunas pistas:
  • En esta España de lo plurinacional, lo multinacional, lo “varionacional”, lo “estatucional”, etc. parece que desde que el franquismo hizo un uso tan nefasto de lo español, hacer referencias a España y su cultura es inmediatamente catalogado y etiquetado como fascismo, nacional-catolicismo, derecha ultraconservadora, etc. A pesar de que Descartes opinaba que la razón era lo más común entre los humanos, algunas veces parece que es la estupidez lo mayoritario.
  • Envidias personales, manías profesionales, preferencias intelectuales, que muy respetables cuando afectan a la persona que así desee escoger sus cánones intelectuales, no deben impregnar de ignorancia a las personas que deben aprender y formarse su propia opinión.
  • El desprecio histórico por lo nacional y el aprecio siempre grandilocuente por lo extranjero, a pesar muchas veces, de ser lo patrio mejor que lo foráneo.
  • La dejadez de los profesores y doctores de universidad por solucionar las deficiencias en los centros donde imparten clases, más preocupados por sus investigaciones y sus bienios, trienios, sexenios, quinquenios, publicaciones, etc.
El resumen es claro, los perjudicados: hoy los alumnos y estudiantes españoles, en el futuro, la ciencia social española y España misma. Le pondrán solución, yo por si acaso, he empezado a leer por mi cuenta, en este país, por lo visto, cada uno debe cuidar sus propias espaldas sin preocuparse por lo que ocurre al vecino. Bendita patria.

28 de noviembre de 2005

El sistema electoral en la IIª República y su culpabilidad como factor en la Guerra Ciivl (y III)

El sistema de listas de la II ª República impide que el elector conozca a todos los candidatos, todo lo contrario de las listas uninominales donde el elector conoce al candidato y es más probable que se den caso de corrupción e influencias (caciquismo). En el caso de las listas uninominales puede parecer que implican más al elector, ya que conoce al candidato, dotando de una falsa confianza el resultado; sin embargo al largo plazo eso se descubre falso, pues no todos se sentirán identificados con los elegidos, provocando una falta de legitimidad. En el caso del sistema de listas republicano, en el corto plazo puede inducirnos a pensar que el elector no tiene nada en común con el candidato, provocando una falta de interés y legitimización; sin embargo a largo plazo muchas personas pueden verse representadas en los diferentes candidatos de la lista, dotando al sistema de una legitimidad mayor.

En lo que nos concierne a la formula electoral de la República y su capacidad legitimadora, debemos entender que se trata de un sistema mayoritario a una vuelta, donde los participantes pueden pensar que su voto es inútil, pues muchos de los candidatos pueden no conseguir el resultado deseado. “Existe, pues, la probabilidad de que el ciudadano, cuyo candidato o partido predilecto tiene pocas posibilidades de triunfo, se abstenga de emitir su voto al considerarlo inútil por adelantado”: (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 196-197)

Ahora que tenemos una visión un poco más clara de cómo estaba configurado el sistema electoral y los partidos de la República, intentaremos explicar como se radicalizó la sociedad española, provocando el fin del régimen republicano y el comienzo de uno de los episodios más tristes de nuestra historia: la Guerra Civil.

Imaginémonos que el sistema electoral y de partidos de la República es un balancín donde juegan todos los españoles, en un primer momento todos se muestran atraídos por el nuevo columpio del parque y se sitúan en la izquierda y el centro para jugar y son pocos los que se dirigen a la derecha, pero a medida que pasa el tiempo se dan cuenta de que el columpio no funciona como debería funcionar, entonces deciden que deben cambiar de posiciones, en el centro vuelve a situarse casi la misma gente, pero en la derecha esta vez hay más participantes, quedando la izquierda un poco vacía; pero como siguen sin funcionar, vuelven a cambiar las posiciones, desapareciendo los del centro y ocupando casi todos la derecha y la izquierda; después de tanto tiempo cambiando e intentando jugar, se dan cuenta de que el columpio no sirve y deciden romperlo y culparse mutuamente los unos a los otros por el fracaso del juguete.

Pues algo parecido reflejan las elecciones que se realizaron durante la Segunda República en España. En el momento de la proclamación de la República las posiciones políticas se encuentran en gran mayoría repartidas entre el centro y la izquierda, más tarde, los resultados siguen dando un porcentaje aceptable al centro, pero esta vez la derecha se muestra más votada; al final el centro desaparece y los partidos más votados pertenecen a la derecha y la izquierda, reflejando la división y la radicalización que se vive en la sociedad española de 1936, antes del estallido de la Guerra Civil.

Los gráficos siguientes pueden mostrarnos mejor lo que pretendemos expresar:







FUENTE: MONTERO, J. R. ; LLERA, F. J. y TORCAL, M. (1992): Sistemas electorales en España: Una recapitulación en REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas)nº 58/92, Madrid, pág. 13

Podemos comprobar si nos fijamos en las líneas de tendencia como en un primer momento la tendencia hacia el centro y la izquierda, como en 1933 la tendencia de centro aunque menor, sigue manteniéndose pero varia de la izquierda hacia la derecha; para en 1936 romper con el centro y polarizarse claramente hacia la izquierda y la derecha.

Las explicaciones de por qué ocurre esto pueden realizarse desde diferentes ópticas. Nosotros mantendremos que el sistema electoral no sólo es el reflejo de las tensiones que vive la sociedad española durante esta época, sino que también ayudó por su propio mecanismo interno a la polarización y la división política.

El sistema electoral y de partidos republicano basado, como ya hemos visto en las mayorías, que además eran premiadas por el propio sistema que intentaba favorecerlas, permitía que los partidos en un primer momento en vez de presentar candidaturas conjuntas, viesen la posibilidad de obtener un número de votos significativo y por lo tanto, daban la esperanza a los pequeños partidos de ocupar parte del gobierno mediante alianzas y coaliciones.

De 1931 a 1934, periodo conocido por el Bienio Reformador, dentro de los problemas sociales, adquirió gran protagonismo la reforma agraria, debido a las grandes expectativas que creaba entre anarquistas y socialistas. Debemos señalar que por aquel entonces el gobierno de Azaña no contaba con el respaldo ni de los izquierdistas (socialistas, comunistas y anarquistas) ni de la derecha (agrarios, Renovación Española, Acción Popular, monárquicos, tradicionalistas) sin olvidar, por supuesto, los grupos fascistas (Falange y las JONS). A todo ello debemos unir las tensas relaciones Iglesia-Estado y la reforma del sistema educativo mediante el modelo laico de la Institución Libre de Enseñanza.

El vuelco electoral hacia la derecha, que marca la etapa del conocido como Bienio Negro (1934-1936), da el gobierno a una derecha que no había dado su apoyo a la República y que se encuentra con una situación de gran conmoción social: agitaciones libertarias, huelgas, las actuaciones del gobierno en Cataluña y Asturias. A todo ello debemos unir la mala situación económica española y mundial, la inestabilidad mundial por el auge de los fascismos italiano y alemán. Todo esto provoca que en 1936, la victoria vuelva a la izquierda, bajo el signo político del Frente Popular.

El sistema electoral permitía que todas estas tensiones fuesen transmitidas al Congreso de los Diputados, pues los partidos políticos se fueron cada vez más radicalizando, tanto en sus formas como en sus contenidos políticos, que a su vez permitieron que los españoles viesen en ellos sus aspiraciones representadas. La desaparición del centro político es la muestra de cómo todo el mundo empezaba a tomar posiciones determinadas ante como debían plantearse los problemas de España.

La incapacidad del Presidente de la República de controlar la radicalización de los partidos, la incapacidad de los partidos de controlar sus vertientes más extremistas, el cada vez más creciente apoyo que reciben los grupos falangistas que se aprovechan de un sistema que premia las mayorías para acceder al Congreso y la perdida de paciencia de un ejercito que comprueba como la República no es capaz de mantener el orden, provocan lo que desde luego era inevitable; la situación de disparidad y pocos puntos en común de acuerdo entre la clase política y la sociedad solo podía resolverse mediante un cambio radical, ese cambio fue la Guerra Civil.

BIBLIOGRAFIA

DE CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M. (1977): Las elecciones. Apéndice: Ley para la reforma política y Ley electoral comentada. Editorial Blume. Barcelona.

JULIA, S.; GARCÍA DELGADO, J. L.; JIMENEZ, J. C.; FUSI, J. P. (2003): La España del siglo XX. Alianza Editorial. Madrid.

LINZ, J. J. (1979): El sistema de partidos en España. Narcea S. A. de Ediciones. Madrid.

MONTERO, J. R. ; LLERA, F. J. y TORCAL, M. (1992): Sistemas electorales en España: Una recapitulación en REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas) nº 58/92, Madrid.

ROMÁN, P. (coord.) (2001): Sistema político español. McGraw-Hill. Madrid.

TAMAMES, R. (1986): La república. La era de Franco en ARTOLA, M. (1988): Historia de España, Alianza Editorial. Madrid. Volumen 7.

VALDEÓN, J.; PERÉZ, J. y JULÍA, S. (2003): Historia de España. Espasa Calpe. Madrid.

VILLARROYA, J. T. (1997): Breve historia del constitucionalismo español. Centro de Estudios Políticos. Madrid.

26 de noviembre de 2005

El sistema electoral en la IIª República y su culpabilidad como factor en la Guerra Civil (II)

A efectos de esquema práctico y para visualizar mejor este punto de fragmentación política de la sociedad, considero que el inventario siguiente puede aclarar nuestras ideas:

PARTIDOS Y ORGANIZACIONES DE IZQUIERDA

Partidos Republicanos
Acción Republicana e Izquierda Republicana
Partido Radical-Socialista
Unión Republicana

Partidos Autonomistas Regionales
Esquerra Catalana (y Estat Catalá)
Organización Regional Gallega Autonomista (ORGA)
Partido Nacionalista Vasco (PNV)

Partidos y Organizaciones obreristas
Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unión General de Trabajadores (UGT)
Partido Comunista de España (PCE)
Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM)
Partido Sindicalista
Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y Federación Anarquista Ibérica (FAI)


PARTIDOS Y ORGANIZACIONES DE DERECHA

Partidos Republicanos
Partido Radical
Derecha Liberal Republicana, Partido Progresista y Partido Republicano Conservador
Partido Agrario
Partido Liberal Demócrata
Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Acción Popular y Derecha Regional Valenciana

Partidos Autonomistas
“Lliga” Regional de Cataluña

Partidos Monárquicos
Renovación Española
Comunión Tradicionalista
Acción Española

Partidos Autoritarios
Partido Nacionalista Español
Juntas Ofensivas Nacionalsindicalistas (JONS)
Falange Española (FE), y FE de las JONS

FUENTE: TAMAMES, R. (1986): La república. La era de Franco en ARTOLA, M. (1988): Historia de España, Alianza Editorial. Madrid. Volumen 7, pág. 24

Comprobamos con este simple esquema como los partidos que actúan en la política de la II ª República son una mezcla entre los supervivientes de la Restauración, los supervivientes de la Dictadura de Primo de Rivera y la eclosión de toda una serie de nuevos partidos de toda índole ideológica. Aunque las explicaciones de esta situación pueden ser diversas, lo que aquí pretendo demostrar es que fue el propio sistema electoral y de partidos de la República el que favoreció indirectamente esta situación; y que también de una forma no voluntaria, provocó la radicalización de la sociedad y la política del país con el paso del tiempo, provocando en 1936 el estallido de las tensiones que acabaran encendiendo la mecha de la Guerra Civil.

Como bien hemos indicado en la introducción del presente trabajo, los sistemas electorales tienen una extraordinaria importancia para el desarrollo de las democracias, pues influyen tanto positivamente como negativamente sobre las élites políticas y los partidos políticos, pues determinan las reglas del juego por las cuales tiene que discurrir la vida democrática de un país.

Podemos definir el sistema electoral como “el conjunto de normas, instituciones y prácticas que configuran los procesos electorales de una sociedad dada” (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 99).

Para el análisis del sistema electoral de la II ª República seguiremos el siguiente esquema:
I. El sistema electoral y la representatividad de los elegidos
· Distritos y representatividad
· Formula electoral y representatividad
II. El sistema electoral y la formación y estabilidad de los gobiernos
III. El sistema electoral y la legitimación de la autoridad

I. El sistema electoral y la representatividad de los elegidos
Resulta fundamental para el correcto juego democrático que los representantes e instituciones elegidos reproduzcan con la debida representatividad a la comunidad que les elige.

Los sistemas electorales y sus elementos fundamentales (distrito, fórmula de voto) inciden sobre la representación de las aspiraciones y demandas políticas de una sociedad; dependiendo del tipo de distrito, fórmula y forma de voto la representación puede ser más o menos desigual, “estas desigualdades de representación significan una desigualdad en el valor del voto, puesto que ciudadanos pertenecientes a un partido, a un área territorial, a un grupo étnico o a una clase pueden resultar representados en proporción superior –o inferior – al de su propio peso específico en el seno de la colectividad” (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 163).

El primer elemento fundamental es este punto es el del distrito, que en la II ª República a diferencia del sistema de la Restauración se basa en distritos idénticos con el fin de acabar con la influencia del caciquismo. El distrito básico empleado es el municipio, a cada uno le corresponde un diputado por cada 50.000 habitantes y uno por cada 30.000 habitantes adicionales. En el caso de ciudades como Madrid y Barcelona de mas de 100.000 habitantes constituyen distritos independientes de la zona rural. Ceuta y Melilla disponen de un escaño.

El segundo elemento es la fórmula electoral, “entendemos por fórmula electoral el procedimiento de cálculo matemático que traduce los deseos de los electores en una distribución de los escaños parlamentarios disputados por los diversos candidatos de los partidos contendientes” (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 62). En el caso de la II ª República se trata de un sistema mayoritario por voto de listas limitadas, es decir, el elector dispone de un número de votos inferior al número de escaños en disputa; de manera que si se tiene que elegir 20 diputados el elector sólo podrá elegir 16, donde 19 sólo 15, etc.

II. El sistema electoral y la formación y estabilidad de los gobiernos
En toda democracia resulta lógico entender que si el sistema electoral mediante la representatividad, elige el gobierno de la nación, entendemos la importancia que tienen los sistemas electorales para formar unos tipos de gobiernos u otros y su estabilidad, es decir, que capacidad tienen los sistemas electorales para la formación de los gobiernos que en un principio pretende formar y luego, debido al juego político y al sistema en funcionamiento, se forman en realidad.

Este éste análisis debe responder a dos preguntas: primera, cómo influyen o afectan a la relación entre el voto y los órganos constitucionales de gobierno, en cuanto puede o no afectar de manera formal y directa a su composición y eficacia; segundo, donde se localiza el poder, o en palabras de Carreras y Vallés: “sobre la localización última del poder en el sistema de dominación política que conocemos como Estado liberal.” (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 178)

La utilización del voto en la II ª República se encuentra basado en listas limitadas que permiten la importancia de los partidos, frente al sistema uninominal que favorece más la candidatura del individuo. Consecuencia de este proceso de votación es que los órganos constitucionales de gobierno por tanto, estarán dirigidos por los candidatos elegidos por representación de un partido, que en mayor o menor medida será responsable del funcionamiento de las instituciones que controla.

En lo referente a la localización última de poder, en la la II ª República nos encontramos: la Jefatura de la República o Jefe de Estado; el Gobierno y el Jefe del Consejo; y por último, las Cortes que en nuestro caso son de organización unicameral reflejado en el Congreso de los Diputados.

El Congreso de los Diputados, se formará como bien indica el articulo 53 de la Constitución de 1913: “Serán elegibles para diputados todos los ciudadanos de la República mayores de veintitrés años, sin distinción de sexo ni de estado civil, que reúnan las condiciones fijadas por la Ley Electoral.”. Procedimiento que se efectúa como sabemos mediante elecciones democráticas, donde podrán votar todos los mayores de 23 años, tanto hombres como mujeres, mediante un sistema mayoritario de voto limitado en distritos provinciales y con sufragio de lista.

La elección del Presidente de la República viene recogido en el artículo 68 de la Constitución de 1931 y dice así: “El Presidente de la República será elegido conjuntamente por las Cortes y un número de compromisarios igual al de diputados. Los compromisarios serán elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, conforme al procedimiento que determine la ley.

En lo referente al Gobierno, este se encuentra formado por el Presidente del Consejo y los Ministros. El Presidente del Consejo es nombrado por el Presidente de la República. Los Ministros son propuestos por el Presidente del Consejo y rectificados en su cargo por el Presidente de la República.

III. El sistema electoral y la legitimación de la autoridad
Todo sistema electoral también debe entenderse como un mecanismo de legitimización, de consentimiento de los votantes hacia los elegidos. Este acto de confianza, de legitimidad se manifiesta mediante la emisión del sufragio. Por ello, se muestra interesante conocer hasta que punto los electores confían en el sistema electoral y conceden legitimidad a los resultados que surgen del proceso. Como bien reflejan Carreras y Vallés: “Nos interesa, en consecuencia, contrastar los diversos elementos de los sistemas electorales para saber hasta que punto permite cada uno de ellos que el ciudadano adquiera conciencia del valor e importancia de su decisión electoral...” (CARRERAS, F. y VALLÉS, J. M.; 1977: 193).

CONTINUARÁ

25 de noviembre de 2005

El sistema electoral en la IIª República y su culpabilidad como factor en la Guerra Civil (I)

Enumeraremos y analizaremos primero como eran los distintos partidos y organizaciones políticas que van a actuar en el marco del sistema político de la República, que nos permitirá entender mejor los problemas de gobernabilidad y radicalización que van a seguir posteriormente en la vida política de España.

Los partidos y las organizaciones que se mantuvieron como ilegales dentro de la Dictadura, al llegar la caída de esta, empiezan a florecer y a crecer en dimensión e influencia. Como bien indica Tamames: “afloraron, se desarrollaron, se fragmentaron y entraron en un proceso de descomposición y de reagrupamiento a lo largo de la Segunda Republica.”[1]

La estructuración de los distintos partidos y organizaciones se realizará en dos grandes grupos: izquierda y derecha, no porque representen fielmente la ideología de estos, sino por simples hechos didácticos, ya que resulta muy difícil situar algunos de los partidos y organizaciones que funcionan durante la República en un lugar u otro.

Es por ello que por partidos de izquierdas debemos entender aquellos que dentro de su ideología o programa político reúnen algunas de estas condiciones o características:
1.-Defensa de la República como única forma de gobierno aceptable y democrática, o como paso previo a la desaparición del estado (anarquismo).
2.- Deseo de grandes transformaciones sociales, sobre todo en el campo de la agricultura y la Hacienda Pública, incluso defensa del comunismo.
3.- No aceptación de las instituciones típicas de la Dictadura y la Monarquía tales como la Iglesia, la nobleza, la intervención del ejercito en la vida política.
4.- Ideas nacionalitas o regionalistas que podían ir desde la autonomía hasta la independencia.

Las características para los grupos o partidos de derechas pueden ser enumeradas como siguen:
1.- Un rechazo claro o velado a la República, o la aceptación de esta forma de gobierno como lo menos malo de todos los males posibles.
2.- Posturas conservadoras ante el orden social, político y económico vigente del pasado.
v En el caso de cambios drásticos eran claras tendencias antiparlamentarias, como el caso de los fascistas.
3.- Defensa de la unidad de España y rechazo a las pretensiones nacionalistas.

Sin embargo la fragmentación ideológica no solo se queda aquí, en la dicotomía entre izquierda y derecha, debemos sumar aquellos partidarios de un centralismo y los que son defensores nacionalistas; entre los laicos y los religiosos; solo así comprenderemos cuantos granos de arena forman la playa del sistema político de la II ª República.


BIBLIOGRAFÍA

[1] TAMAMES, R. (1986): La república. La era de Franco en ARTOLA, M. (1988): Historia de España, Alianza Editorial. Madrid. Volumen 7, pág. 22.