3 de octubre de 2006

Teorías de lo Complejo y Liberalismo (I)

Lo primero que quiero pedirles es paciencia, se trata de una serie de artículos estos que comienzo muy largos y extensos, muy poco propios de un blog. Pero quiero compartir con ustedes este pequeño trabajo que estoy realizando y necesito de sus opiniones. Gracias por su comprensión.

Este artículo nace con la intención teórica de buscar los puntos de acuerdo, si existen, entre lo que ha venido en denominarse teorías de lo complejo y el liberalismo. Así términos como autoorganización, rizomas, teoría del caos, etc. servirán de contexto teórico para comprobar si el liberalismo se adapta a sus exigencias o, si por el contrario, las ideas liberales de libertad de mercado y libertad política se han quedado anticuadas e inservibles para entender este comienzo del siglo XXI.
Se me presenta por tanto una labor ardua y nada fácil de la cual espero salir airoso, siendo además muy consciente de cometeré multitud de errores y apreciaciones no muy válidas, por lo tanto, aceptaré gustosamente cualquier ayuda, opinión, crítica o aclaración que tengan a bien hacerme llegar.
Comenzaré por ofrecer unas pequeñas definiciones, espero que sencillas y por lo tanto operativas, que permitan al lector saber de qué estamos hablando y a qué nos estamos refiriendo. Para terminar, ofreceré, mejor dicho, intentaré mostrar si es posible seguir con las ideas que propugna el liberalismo tanto económico y político ante las exigencias que suponen las mencionadas teorías de lo complejo, que es al fin y al cabo la intención de este humilde trabajo.

Las teorías de lo complejo han sido definidas de multitud de formas, básicamente se trata de toda una gama de nuevas visiones epistemológicas, metodológicas y teóricas, de claro cariz transdisciplinar, siendo esta característica quizás su peculiaridad más importante, donde ciertas fronteras clásicas en la ciencia están siendo difuminadas e incluso eliminadas. Así se producen una serie de rupturas a niveles epistemológico, metodológico, teórico e incluso disciplinar.
La ruptura se produce en la base misma del conocimiento y la concepción de la ciencia. Se cuestionan las definiciones clásicas de la ciencia, sobre todo en su vertiente más positivista y empirista. ¿Qué significa esto? Antes de la llegada de este paradigma que algunos llaman paradigma de lo complejo, la ciencia estaba definida bajo los postulados del positivismo y el empirismo, aunque tampoco podemos olvidarnos de ciertos posos del racionalismo. El positivismo como corriente primeramente filosófica y posteriormente como visión creadora de ciencia, obligaba al científico a cumplir una serie de requisitos para que su trabajo fuese tildado como tal.
La dimensión epistemológica del positivismo se basaba en:
a) Fenomenalismo: “basado en la confianza derivada de los logros de la ciencia, implica que no hay una materialidad nouménica transcendente, inasequible a la percepción, sino que la realidad es tal como se aparece a los sentidos, que nuestras imagines mentales se corresponden con ella como un retrato académico a su modelo.”[i]
b) Nominalismo: “afirma el carácter artificioso del salto de casos individuales a enunciados universales. Esto implica que los objetos singulares deben ser clasificados y explicados por referencia a entidades teóricas, de las que no existe constancia empírica por ser colectivas (las especies) o intangibles (los átomos). Además, las explicaciones causales de hechos particulares sólo pueden generalizarse si se pueden asimilar a un proceso universal; […].”[ii]
c) Unicidad de método en el saber y en las ciencias: unificación establecida desde un saber o ciencia considerada como modelo.

Posteriormente en el siglo XX, surge el neopositivismo en torno al Círculo de Viena. Se originó en la década de 1920-1930 en torno a Moritz Schlick, siendo sus miembros más destacados Carnap, O. Neurath, H. Feigl (todos ellos filósofos); y Ph. Frank, K. Menger y K. Gödel (físico-matemáticos). Difundieron el positivismo lógico y establecieron vínculos y contactos con la Escuela de Berlín (H. Reichenbach y C. G. Hempel) y los empiristas de Upsala, los lógicos polacos (Lukasiewicz, Adjukiewicz, Tarski), los simpatizantes norteamericanos (Nagel, Ch. Morris, Quine) y los analistas británicos (G. Ryle, A.J. Ayer)[iii].
El neopositivismo lógico se fundamenta en las tesis siguientes:
a) Negación a toda metafísica
b) Fisicalismo y unidad de las ciencias: todo conocimiento científico debe estar basado en los postulados de la física, y es a partir de ahí, de donde deben partir todas las demás ciencias para el conocimiento científico.
c) Verificabilidad empírica: las observaciones realizadas por el sujeto deben ser trasmitidas a los demás para su compresión, y deben ser contrastadas o verificadas empíricamente.

El exponente más claro de este pensamiento es la física clásica o física newtoniana, caracterizada por “la radical separación del científico de la realidad que investiga y, lo que no es menos fundamental, una reducción del ámbito de su estudio a aquello que puede ser medido y manipulado”.[iv] La ciencia newtoniana hizo que durante mucho tiempo, el científico durmiese en la ilusión del orden y la seguridad, “De este modo, la dinámica o mecánica, que ha sido el ejemplo de ciencia clásica por antonomasia, permitía la ilusión de unas leyes universales de la física en las que las trayectorias aparecían como conservativas, reversibles y deterministas. Unas leyes que suponían que el objeto de la dinámica podía llegar a comprenderse en su totalidad con solo conocer la definición de un estado del sistema y la ley que rige su evolución.”[v]
El amargo despertar vino primeramente con la física relativista de Einstein y posteriormente, y de forma definitiva y total, con la física cuántica. De la seguridad y el orden, los científicos se vieron lanzados, de forma dura y amarga, al caos y la incertidumbre saltando por los aires los resortes de la continuidad, la reversibilidad y el orden; pasado, presente y futuro no tienen ya que estar conectados y mucho menos, uno ser consecuencia del otro, se produce la ruptura de la flecha del tiempo clásica: “Según esta nueva caracterización, procesos reversibles serían aquellos a los que no les afecta la flecha del tiempo mientras que procesos irreversibles pasarían a ser aquellos en los que sí tiene influencia dicha flecha.”[vi] Por supuesto, la relación sujeto-objeto se ve también totalmente alterada.
¿Qué es lo que trajo la física cuántica para armar entonces tanto revuelo? Pues algo tan simple y a la vez tan fascinante como la imposibilidad de conocer al mismo tiempo, la velocidad y la posición de una partícula cuántica. “En el mundo de las partículas ya no hay causa y efecto, sino una combinación de posibles, una suma de todo lo que puede ocurrir sin impedimento.”[vii] Esa imposibilidad propia de la física cuántica se conoce como incertidumbre de Heisenberg.
Los físicos se enfrentan por primera vez a algo novedoso para ellos, el azar. El azar significa que no hay determinismo, que la matemática lineal que explicaba los fenómenos de la mecánica newtoniana ya no sirve. Los fenómenos de la física cuántica son no-lineales, es decir, no aceptan las reglas del cálculo diferencial cuyo “campo son fenómenos expresables linealmente, con funciones o curvas simples, periódicas, graduales”[viii]. Es decir, aquellas funciones que permiten en su estudio el uso del diferencial, donde se hace necesario la derivada de la función de estudio y su integral. Sin embargo, “la naturaleza desemboca sin cesar en ecuaciones no-lineales…”[ix].
Las partículas sub-atómicas por tanto parecen no disponer de una ley que explique su comportamiento, el azar introduce un área de libertad, una dimensión de incertidumbre donde, al igual que en el ser humano, la lógica formal no sirve para comprender el fenómeno que pretende describirse. Y es que esa es “una de las principales características de las leyes cuánticas, más allá de estas apariencias, es la de dar libre curso a los posibles. La torre cuántica, cuando se habita en ella, evoca la maravillosa abadía de Thélème, cuya regla había escrito Rabelais: “haz lo que quieras.” Porque ésta es la regla absoluta en el mundo cuántico. Todo es posible y es la única realidad.”[x]
Pero la física de partículas no es la única que se ha visto afectada por la irrupción del azar. De hecho, una de las ramas que más pronto empezó a sentir los efectos de este cambio de paradigma fue la termodinámica, rama en la cual uno de los términos que abordamos en este artículo, la auto-organización, adquiere una importancia capital. Y muy relacionado a nuestro concepto de auto-organización es la transdisciplinariedad. “Si tuviésemos que destacar una de las características más singulares que ofrecen aquellas investigaciones que se han realizado acerca del concepto de auto-organización, sin duda alguna, la primera de estas peculiaridades en reseñarse sería la de transdisciplinariedad.”[xi]
Sobre la historia del termino auto-organización, siguiendo a Livet, encontramos cinco etapas: “La fase cibernética clásica, que tuvo lugar en la década de los cuarenta; la etapa del Biological Computer Laboratory […] y del consiguiente desarrollo de la segunda cibernética, desde 1958 hasta 1976; una tercera fase que contempla dos ramas, la de la teoría de la información (Atlan) y la de la termodinámica de redes (Katchalsky), que cobran difusión en la década de los setenta; la fase de la termodinámica de los fenómenos irreversibles (Progogine y la escuela de Bruselas), igualmente fechable en los setenta por lo que su impacto se refiere; y finalmente, la que comienza en la década de los ochenta conocida con el nombre de neoconexionismo porque en múltiples aspectos retoma los trabajos y reflexiones de Mc Culloch y Pitts en la construcción de redes y que son propios de la primera fase, la denominada como cibernética clásica.”[xii]
El profesor Juan de Dios Ruano Gómez aborda el estudio de la auto-organización en su obra Auto-organización: entre el orden y el caos desde dos puntos centrales de vista, a saber, desde las ciencias de la materia por un lado y por otro desde las ciencias de lo vivo. Posteriormente aplica el concepto de auto-organización al sistema social cuando se enfrenta a cuestiones de pánico colectivo.
La termodinámica clásica se fundamenta en el primer principio de la termodinámica que afirma que la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. La termodinámica así entendida era una ciencia del equilibrio, una ciencia que defendía que todos los sistemas tendían hacia un equilibrio. El segundo principio afirma que “un sistema aislado evoluciona espontáneamente hacia un estado de equilibrio que corresponde a la entropía máxima, es decir, al mayor desorden.”[xiii] Este importantísimo descubrimiento nos lleva, como dicen Progogine y Stengers, al concepto de entropía y de paso a “distinguir tres amplios campos de la termodinámica, cuyo estudio corresponde a los tres estados sucesivos en su desarrollo. La producción de entropía, los flujos y las fuerzas son todos nulos en el equilibrio; en la región cercana al equilibrio, en donde las fuerzas son débiles, el flujo lineal de la fuerza, […]. El tercer campo de estudio se denomina región “no-lineal”, porque en ella el flujo es una función más complicada de la fuerza.”[xiv].
La termodinámica de los procesos irreversibles, la que se encarga de “los flujos que atraviesan ciertos sistemas físico-químicos y los alejan del equilibrio pueden alimentar fenómenos de auto-organización espontánea, rupturas de simetría, evoluciones hacia una complejidad y una diversidad crecientes.”[xv] Un orden a través del desorden, una auto-organización desde un caos inicial que se produce de manera imprevista, pero que puede ser predicha, “Unas estructuras encargadas de disipar energía, es decir, de hacer evolucionar al sistema hacia el máximo desorden y que, paradójicamente, en ese objetivo, en el cumplimiento de su finalidad entrópica, hacen que el conjunto del sistema muestre una coherencia global hasta entonces nunca vista.”[xvi]
Otra teoría de gran significado dentro del paradigma de lo complejo es la teoría de rizomas. Tradicionalmente se ha considerado que conceptos de estructura y sistemas centralizados servían perfectamente para explicar la realidad, sin embargo, a esta visión se opone el concepto de rizoma, “[…] a estos sistemas centrados, se oponen sistemas acentrados, redes de autómatas finitos en los que la comunicación se produce entre dos vecinos cualesquiera, en los que los tallos o canales no preexisten, en los que los individuos son todos intercambiables definiéndose únicamente por un estado en un momento determinado, de tal manera que las operaciones locales se coordinan y que el resultado final global se sincroniza independientemente de una instancia central.”[xvii]
El rizoma participa de una serie de principios:
a) Principio de conexión y heterogeneidad: lo diverso está conectado entre si.
b) Multiplicidad: “el rizoma no tiene sujeto ni objeto, sino únicamente determinaciones, tamaños, dimensiones que no pueden aumentar sin que cambie la naturaliza, no tiene estructura, no hay puntos sino líneas, por eso no se deja codificar.”[xviii]
c) Ruptura asignificante: “Los rizomas están integrados por líneas de segmentariedad y de desterritorialización. Según las primeras el rizoma está estratificado, territorializado, organizado, pero en cualquier momento surgen intespectivamente de las líneas segmentarias líneas de fuga que produce una ruptura y lo desterritorializa, en un movimiento dialéctico y permanente, recomenzando siempre en cualquiera de sus líneas.”[xix]
d) Cartografía y calcomanía: “Los rizomas no siguen un eje genético estructurado reproducible infinitamente a partir de una estructura que codifica, o calcos, sino que constituye un mapa con múltiples entradas, “abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones”, constituyendo esta una de las características más importante de los rizomas.”[xx]

Vemos que el rizoma es algo que sabemos que está pero que no está físicamente, es aquello que nos relaciona a todos pero sin tener que estar presentes en persona en ese contacto. Mientras que el concepto de estructura se nos impone desde arriba, es decir, nos aglutina obligatoriamente a algo a partir de unas características determinadas, nos asimila y hace desvanecer nuestra esencia personal, el rizoma nos une a lo global sin desdibujar nuestro ser personal, nos enlaza por nuestra forma de ser, nuestras acciones, sin perder ni un momento de vista lo individual.
Una vez, eso espero, que tenemos más claro lo que significa la teoría de lo complejo y algunos de los conceptos y cambios que ha introducido este paradigma en la ciencia, pasaré a hablar del liberalismo.

[i] Juan Manuel Iranzo Amatriaín y José Rubén Blanco Merlo (1999): Sociología del conocimiento científico. CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) y Universidad Pública de Navarra. Madrid. Pág. 41.

[ii] Juan Manuel Iranzo Amatriaín y José Rubén Blanco Merlo (1999): Sociología del conocimiento científico. CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) y Universidad Pública de Navarra. Madrid. Págs. 41-42.

[iii] Manuel Cruz (2002): Filosofía contemporánea. Taurus Pensamiento de Editorial Santillana S.A, Madrid.

[iv] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. A Coruña. Pág. 22. Cursivas de Ilya Progogine y Isabelle Stengers (1990): Entre el tiempo y la eternidad. Alianza Editorial. Madrid citado en Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña.

[v] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 23.

[vi] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pags. 42-43.

[vii] Georges Charpak y Roland Omnès (2004): Sed sabios, convertíos en profetas. Editorial Anagrama. Barcelona. Pág. 68.

[viii] Antonio Escotado (1999): Caos y Orden. Editorial Espasa Calpe S.A. Madrid. Pág. 70.

[ix] Antonio Escotado (1999): Caos y Orden. Editorial Espasa Calpe S.A. Madrid. Pág. 70

[x] Georges Charpak y Roland Omnès (2004): Sed sabios, convertíos en profetas. Editorial Anagrama. Barcelona. Pág. 111.

[xi] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 5.

[xii] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 5.

[xiii] Ilya Prigogine (1988): ¿Tan sólo una ilusión?. Una exploración del caos al orden. Tusquest. Barcelona citado en Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág.33.

[xiv] Ilya Progogine y Isabelle Stengers (1990): La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia. Editorial Alianza. Madrid citado en Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 33 nota a pie de página número 24

[xv] Ilya Progogine y Isabelle Stengers (1990): La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia. Editorial Alianza. Madrid citado en Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 39.

[xvi] Juan de Dios Ruano Gómez (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Servicio de Publicaciones de la Universidad de A Coruña. Pág. 39.

[xvii] Raiza Andrade et. al.: El paradigma de lo complejo publicado en Cinta de Moebio la Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, número 14, septiembre del 2002. págs. 16-17.

[xviii] Raiza Andrade et. al.: El paradigma de lo complejo publicado en Cinta de Moebio la Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, número 14, septiembre del 2002. Pág.17

[xix] Raiza Andrade et. al.: El paradigma de lo complejo publicado en Cinta de Moebio la Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, número 14, septiembre del 2002. Pág. 18.

[xx] Raiza Andrade et. al.: El paradigma de lo complejo publicado en Cinta de Moebio la Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, número 14, septiembre del 2002. Pág.18.

20 de septiembre de 2006

El principio de precaución

Cayó en mis manos de forma fortuita un libro maravillosamente maquetado y diseñado, que aparte de su atractivo estético, reúne otros valores quizás más importantes para decidirse por su compra y lectura. Comenzaré por los personales y los más subjetivos, evitando así que las críticas de favoritismo que pueda mostrar por la recomendación ya las realice yo, dejando aquellos que quieran rebatir algo, la obligación de leerse el libro y dedicar nuestro tiempo de debate a cosas más provechosas. Como decía, existe una clara excusa personal para recomendar este libro, y es que está editado y coordinado por el profesor de la Facultad de Sociología de la Universidad de la Coruña, Juan de Dios Ruano Gómez, ex-docente mío y un verdadero maestro en el sentido clásico de la palabra. Sin embargo, su presencia también tiene una valoración mucho más objetiva, y es reflejo de que su nombre en una publicación es la seguridad de que lo que nos vamos a encontrar no nos dejará indiferentes, para bien o para mal, y que además, nos hallaremos ante uno de los pocos teóricos sociales en Galicia interesado por un tema apasionante como es la teoría de catástrofes y la sociedad del riesgo.
La obra recoge una serie de artículos en torno a un tema común, la catástrofe del Prestige, y un interés determinado que deja muy claro el título de la misma: “Riesgos colectivos y situaciones de crisis: el desafío de la incertidumbre”.
Para este artículo he escogido el capítulo primero, titulado “El principio de precaución” del profesor César Cierco Seira, investigador “Ramón y Cajal” del Ministerio de Educación y Ciencia y docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lleida. ¿Por qué este capítulo y este tema en concreto? Veámoslo.
Hace unos días atrás Pato me pidió que enlazase un blog de un amigo suyo, Reflex, y así lo hice. Y como no, también leí lo que en dicha bitácora virtual me encontré. Allí el autor hablaba sobre la necesidad de la creación de una institución pública en su país para gestionar el medio ambiente, una especie de Ministerio de Medio Ambiente como tenemos en España. El siguiente artículo y que ahora mismo es el último publicado, tiene como tema la necesidad de una integración entre las dos dimensiones del ser humano: su parte natural y su parte social; intentado desterrar tanto la visión naturalista como antropocéntrica de las ciencias naturales y sociales. Llevaba también implícito, o así creo haberlo entendido yo, como podemos hacer posible esta nueva visión de la dimensión humana en su relación entre el medio ambiente y el sistema económico actual. En esta pregunta es donde el artículo del profesor César Cierco Seira me ha mostrado una posible solución.
El principio de precaución podemos definirlo como una forma de actuar para intentar prevenir resultados no deseados, es decir, una nueva forma de gestión ante los futuros riesgos y las posibles crisis. Nace como consecuencia “de un nuevo sentir colectivo ligado a la voluntad de anticipar la acción del Estado a la concreción de nuevos riesgos o amenazas que ponen en jaque la salud o el medio ambiente…”[1]. Como bien señala el autor, sus orígenes tienen un claro poso en la defensa del medio ambiente, ya que sus referencias se remontan a la Carta Mundial de la Naturaleza, y mucho más claramente, en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Dicho principio supone que existen una serie de bienes colectivos como el medio ambiente o la salud pública, que deben ser amparados jurídicamente y protegidos de los posibles males que puedan serles causados, evitando así la posibilidad de un mal mayor o riesgo colectivo serio como fueron la SARS (neumonía asiática) o la llamada crisis de las vacas locas en Europa. Permite por lo tanto, la toma de medidas de anticipación y gestión previas al estallido de una crisis o una catástrofe, a pesar de que en el presente, la mera idea de esas situaciones esté llena de incertidumbre e incluso una explicación científica de la misma sea complicada. “El principio de precaución permite adoptar medidas contundentes, en ocasiones drásticas (piénsese así en el cierre de establecimientos, el sacrificio de animales, sin descartar la compulsión sobre las personas a través de la puesta en cuarentena, el internamiento forzoso, etc.); y no sólo eso, permite hacerlo de manera anticipada, antes de que los eventuales efectos dañinos lleguen a concretarse, con todas las ventajas que porta de suyo la intervención ex ante.”[2]
Evidentemente, como se habrán dado cuenta los lectores más avispados, esto supone también, al igual que señala el autor, un arma de doble filo, pues puede ser usado de forma maliciosa para medidas proteccionistas del libre comercio o la reducción de libertades personales e individuales.
Nos hallamos por tanto ante una serie de dudas y preguntas como quién debe ser en responsable de su aplicación, cuando debe ser aplicado, etc. Líbreme la presuntuosidad intelectual de tener una respuesta clara a estas preguntas, la cual prefiero dejar para los expertos jurídicos y políticos. Sin embargo, si tengo una serie de ideas al respecto, que no son más que meras opiniones al respecto.
La responsabilidad y la legitimidad de acción deberían caer en un organismo público totalmente independiente del gobierno de turno. Se debe evitar en todo momento que las decisiones de dicho organismo, con peligrosas consecuencias si no se aplican correctamente, dependan directamente del color político del Gobierno, de las influencias políticas y del juego por el poder que caracteriza la contienda electoral. ¿Se puede lograr? Quizás no totalmente, pero se debe poner todo el empeño en conseguirlo. Su funcionamiento por otra parte, debería poder contar con las opiniones tanto del lado científico del problema a prevenir como de los posibles afectados y perjudicados por las medidas que se adopten al respecto.
A la hora de su aplicación debe imponerse la razonabilidad, que César Cierco Seira describe como:
a) ante todo medidas pertinentes
b) no discriminatorias
c) coherentes
d) eficientes
e) proporcionales al problema a evitar
f) principio in dubio pro libertatis, es decir, entre medidas iguales de eficientes, elegir aquellas que supongan la menor injerencia o restricción de las libertades individuales.
g) provisionalidad
h) compensación justa.

La posible fricción entre posiciones liberales y este principio de precaución serán objeto de análisis en posteriores artículos, pero de momento, creo que este principio supone una posible respuesta, por lo menos en apariencia, a la pregunta lanzada desde el blog Reflex.

[1] César Cierco Seira: “El principio de precaución” en Juan de Dios Ruano Gómez (ed.): Riesgos Colectivos y situaciones de crisis: el desafío de las incertidumbres”. Servicio de Publicaciones de la Universidad da Coruña. A Coruña. Monografía 108. pág. 17.
[2] Ibid. Pág. 19.

10 de septiembre de 2006

Más técnicos, menos sociólogos

Mi afán polémico adquiere cada día aspectos desconocidos e incluso sorprendentes, pero qué seria de la vida sin un poco de salsa picante. Es así que leyendo “Cuentos Chinos. El engaño de Washington y la mentira populista en América Latina” de Andrés Oppenheimer, me encontré con una pequeña perla que me hizo brillar los ojitos y esbozar una maliciosa sonrisa, cómo dejar pasar un texto con tan sugerente título “MÁS TÉCNICOS, MENOS SOCIÓLOGOS”. De esta forma, aún con el riesgo de exponerme a una demanda por derechos de propiedad intelectual, expongo completo el texto anteriormente citado para que ustedes saquen sus propias conclusiones, yo por mi parte puedo decir que me ha parecido delicioso. Que lo disfruten.

MÁS TÉCNICOS, MENOS SOCIÓLOGOS
¿Qué fue, entonces, lo que hizo progresar tanto a Irlanda en tan poco tiempo? ( el autor repasa el milagro del desarrollo irlandés, intentando buscar sus causas y ver si es posible una extrapolación para copiar dicho modelo a Latinoamérica) Además del Acuerdo Social, Irlanda eliminó las trabas que obstaculizaban el establecimiento de empresas, convirtiendo al país en uno de los más amigables para las inversiones extranjeras. Hoy día, para abrir una empresa en Irlanda hacen falta sólo tres procedimientos legales que se realizan en un promedio de doce días, según las tablas del Banco Mundial. Comparada con México, donde se requieren siete trámites legales y cincuenta y un día, o Argentina donde hacen falta quince trámites burocráticos y sesenta y ocho días, Irlanda es el paraíso para las inversiones extranjeras.
Otros factores clave de las políticas de Irlanda para atraer las inversiones extranjeras fueron el apoyo estatal a la investigación universitaria de productos con posibilidades comerciales y los lazos tendidos por el gobierno a la diáspora irlandesa –sobre todo en Estados Unidos – para atraer empresas al país. Tras desregular la industria de las telecomunicaciones, que hizo bajar enormemente el coste de las llamadas telefónicas internacionales y las conexiones por Internet, y recortar los impuestos corporativos, Irlanda se propuso como política de Estado atraer a las principales empresas de informática del mundo. Y para poder abastecerlas con mano de obra cualificada, los sucesivos gobiernos invirtieron fuertes sumas en las décadas de 1980 y 1990 para estimular las carreras universitarias de ciencia y tecnología, creando dos nuevas universidades y dándoles más dinero a las existentes.
Antes de su entrada en la UE, Irlanda al igual que los países latinoamericanos de hoy, tenía un enorme porcentaje de sus estudiantes en carreras vinculadas a las ciencias sociales. Pero el país resolvió que necesitaba más científicos y técnicos, y menos sociólogos. En la década de 1990 el número de estudiantes que siguen carreras de ciencias y tecnología aumentó en más del ciento por ciento. Los estudiantes de informática, por ejemplo, aumentaron de 500 en el año 1990 a 2.000 en 2003, según cifras oficiales.
“Desde la década de 1970, cuando entramos en la Unión Europea, hemos tenido una política de estado deliberada en el sentido de destinar más recursos a las escuelas de ingeniería y las ciencias – me señaló Dan Flinter, el presidente de Enterprise Ireland, una especie de Ministerio de Planificación del gobierno irlandés –. Lo hicimos mediante la creación de dos nuevas universidades, específicamente destinadas a estas carreras.”
Desde la escuela primaria, los maestros irlandeses –siguiendo las orientaciones del Ministerio de Educación – incentivan al estudio de las carreras técnicas utilizando cualquier excusa, me comentaron varios padres de niños en edad escolar. Por ejemplo, una tarea típica para los estudiantes es analizar un concierto de rock de U2 desde decenas de aspectos técnicos: desde la fabricación del podio donde tocan los músicos, hasta la acústica del local, pasando por los detalles comerciales administrativos del evento. Otra tarea se centra en el estudio del club de fútbol favorito de cada estudiante, incluyendo la construcción de un estadio, su contabilidad y administración.
El énfasis nacional sobre la educación en los últimos años produjo un impacto cultural enorme, al punto de que los principales periódicos del país dedican varias páginas al día a noticias educativas, como debates de expertos en torno de los rankings de las mejores escuelas del país, o críticas de escuelas primarias, secundarias o universidades hechas de forma parecida a las críticas musicales o artísticas.
El gobierno apoyaba fuertemente las investigaciones científicas y técnicas que tuvieran posibilidades comerciales. Según Flinter, el encargado de la agencia de planificación económica irlandesa, una de las principales responsabilidades de su agencia era identificar proyectos de investigación promisorios en las universidades y aportarles fondos para que pudieran concretarse. Como promedio, Enterprise Ireland invierte fondos estatales en unos setenta proyectos en distintas universidades para el desarrollo de productos con posibilidades comerciales, me explicó. Por ejemplo, en ese momento, la agencia acabada de constituir un fondo de inversión con empresas privadas para el desarrollo de un proyectos de informática con aplicaciones para teléfonos celulares. “¿Qué significa eso?”, pregunté. “Significa que, junto otros socios, hemos dado un millón de euros a un equipo de investigadores del Trinity Collage para que desarrolle una aplicación concreta de un programa par que pueda ser usado para juegos en teléfonos celulares – respondió Flinter –. Le damos al equipo de investigadores de seis a nueve meses para que desarrolle la aplicación, luego hacemos las pruebas y después salimos a ofrecer el producto a las empresas de telefonía celular.”
A medida que aumentaba el número de proyectos y varios de ellos resultaban en éxitos comerciales, Enterprise Ireland vendía sus acciones en las empresas y, con suerte, recuperaba con creces su inversión original. En un buen año, la agencia de planificación irlandesa recaudaba cien millones de dólares de la venta de acciones en las empresas embrionarias que participaba. Eso representaba un tercio del presupuesto total de la agencia estatal, que cuenta con novecientos empleados públicos y 34 oficinas comerciales en todo el mundo para la promoción de las exportaciones irlandesas.
[…]

Ahora les toca a ustedes decir que piensan al respecto.

8 de septiembre de 2006

J.F. Lyotard y la postmodernidad:una visión demasiado catastrofista

Jean-François Lyotar es un filósofo y sociólogo francés reconocido a nivel mundial por ser uno de los fundadores de lo que se ha denominado postmodernidad. Una definición de postmodernidad resulta muy difícil, pues se trata de un concepto donde tienen cabida multitud de movimientos, ideologías, opiniones, etc. pero si algo lo caracteriza todo es su crítica a la Modernidad que le precedía. Así que, a riesgo de caer en un simplismo ofensivo para el lector experto, podemos afirmar que la postmodernidad es la crítica a los postulados de la Modernidad del siglo XIX.
¿Qué es lo que se le critica? Pues que todas las promesas y sueños que los ideales modernos auguraban no se cumplieron durante el siglo XX, pero lo que es más, las ideas centrales de verdad, conocimiento científico, razón, universalismo, etc. no pueden seguir siendo usados como legitimadores del devenir social. Lyotard en su libro “La condición postmoderna”, en un discurso con claras referencias a Emile Durkheim, nos dice que en toda sociedad existe un centro legitimador, que se conoce como metarrelatos, que cohesionan y articulan el todo social. Así, en las sociedades premodernas el metarrelato era de origen mítico y religioso, en la modernidad ocupan su lugar los metarrelatos basados en la Razón Ilustrada. ¿Y cuales son esos metarrelatos de la Modernidad?, pues el principio de emancipación de la ignorancia y la servidumbre por medio del conocimiento y la igualdad; el principio de emancipación de la pobreza por el desarrollo técnico y económico del sistema capitalista; y por último, el principio de emancipación de la explotación gracias al discurso marxista. En la postmodernidad estos metarrelatos se han mostrado falsos y ya no tienen capacidad legitimadora. Esa es la principal característica de la postmodernidad.
Lyotard nos dice que todo se debe a que la verdad, el conocimiento, ha pasado por una transformación radical y totalmente destructiva. La TEORÍA, es decir, el conocimiento meramente especulativo, metafísico, el pensar por el pensar ha desaparecido por un tecnicismo radical que nos ha llevado del “sapera audare” al “¿para qué sirve esto?”. Como muy bien indica Manuel Cruz: “Aquellas viejas narraciones, entre autocomplacientes y consoladoras, que integraban la instancia gnoseológicas y la moral en una global historia de la evolución del Espíritu (o de la Humanidad) han dejado paso a la cruda constatación del carácter de fuerza productiva central que ha adquirido la ciencia en las sociedades industriales avanzadas, a la evidencia incontestable de que el conocimiento tiende a ser traducido en cantidades de información, las cuales a su vez, circulan en el mercado como una mercancía más que se compra y se vende. […] Ha roto su vinculación con determinados ideales para abandonarse al sistema productivo: ha sumido de esta forma sus criterios de rentabilidad y eficacia.” En otras palabras, Lyotard habla de una victoria de la tecnociencia capitalista: “No es la ausencia de progreso, sino, por el contrario, el desarrollo tecnocientífico, artístico, económico y político lo que ha hecho posible el estallido de las guerras totales, los totalitarismos, la brecha creciente entre la riqueza del norte y la pobreza del sur, la desculturización general con la crisis de la Escuela, es decir, de la transmisión del saber…”.
Y como las bases centrales de la Modernidad se han mostrado falsas y han perdido capacidad legitimadora, el discurso que sigue a la Postmodernidad es el relativismo extremo. La idea de Occidente de la Ilustración es falsa y no sirve, entendiendo por esto que la ciencia, la política, la sociedad, el pensamiento, el sistema económico, etc. occidental no es válido ni aceptable. Se impone el relativismo extremo. Y es así como se produce lo que yo llamo “la gran confusión”. Explicaré a qué me refiero con esa expresión más adelante, ahora me centraré en criticar la visión que ofrece Lyotard.
El pensador francés nos ofrece en resumidas cuentas la siguiente idea: la Ilustración se ha vendido a su propio cáncer, que no es otro que el sistema de producción capitalista. Así, el conocimiento se ha transformado en comunicación, más en concreto en información, y toda información debe ser útil por su aplicaciones no por su valor intrínseco. Se trata, por lo tanto, de un discurso marxista escondido propio de un marxista defraudado por el propio marxismo. Pero cuidado, las palabras de Lyotard no pierden valor por tener una esencia marxista, sino por aplicar de manera estupenda los postulados de la postmodernidad que defiende.
Cuando Lyotard defiende la Teoría por encima de la praxis, el conocimiento como una metafísica superior de la praxis, cae en el riesgo que supone la mera especulación. Cómo sino explicar la gran mentira que supone decir lo expresado en la cita anterior, afirmando que los problemas del mundo actual son el resultado de la victoria de la tecnociencia. Cómo puede uno afirmar lo afirmado y quedarse tan tranquilo, tan relajado sin aportar pruebas, sin quedarse en la mera retórica. Fácil. El hacerlo supone para Lyotard su propio fin.
Las afirmaciones anteriores no se sustentan bajo la evidencia empírica, porque las guerras totales son algo del presente y del pasado. Acaso, como definiríamos sino los enfrentamientos entre Alejandro Magno y el Imperio Persa, o el Imperio Romano contra Cartago; todo el mundo “conocido” de aquel entonces se encontraba en guerra, se trataban de guerras totales como lo han sido las dos guerras mundiales que asolaron el siglo XX. Algo más difícil es lo referente a la brecha entre la riqueza del norte y la pobreza del sur. El problema que plantea aquí Lyotard padece de simplismo, y así lo haré ver en un artículo que publicaré más adelante sobre un texto de Xavier Sala i Martín al respecto sobre los mitos que existen en torno al tema de la manida brecha entre ricos y pobres. También es un mito la desculturización de la Escuela. Este discurso se lleva oyendo desde que existe la institución. Todas las generaciones anteriores afirman que los contenidos que se imparten en las instituciones educativas son peores que los recibidos por ellos. Que las generaciones futuras no leen a los clásicos, no aprenden latín ni griego, que desconocen la historia antigua y tienen mera idea superficial de la historia posterior, etc. Es decir, las generaciones jóvenes no tienen conocimientos verdaderos ni válidos, desconocen el verdadero conocimiento, que por supuesto, si poseen las generaciones mayores. Pero, entonces cómo es posible la física cuántica, la genética, la bioquímica, la nanotecnología, la informática, etc.
El discurso de Lyotard es un discurso victimista por un lado y peligroso por otro. Victimista porque creo que se trata del pensamiento de un hombre incapaz de comprender el mundo que le rodea, que se encuentra perdido y confuso, que ha sido incapaz de adaptarse o que no ha querido hacerlo, a las exigencias que la actualidad y el futuro nos exigen. Parece la pataleta de un niño que no entiende porque su mundo, el mundo imaginado o deseado por él no se cumple o no se ha cumplido, y ante los problemas de observa, al no disponer de las herramientas necesarias para su análisis, que le impiden una comprensión mejor de ellos, opta por el discurso ideológico y meramente filosófico, que no carente de valor, si debe ser tratado como de lo que realmente se trata: simple discurso metafísico, pero no científico. Peligroso, porque de ese discurso se desprenden ideas como el multiculturalismo, el relativismo radical, el criticismo al quehacer científico, etc.
Aunque la idea central del multiculturalismo pueda ser válida, no debemos olvidar como bien defiende Giovanni Sartori no todas las culturas son válidas, ni todas las prácticas culturales deben ser aceptadas. ¿Podemos permitir la sharia en occidente, o la mutilación del clítoris, etc.? ¿Deben aprender los niños indiferentemente de su credo la teoría de la evolución?. Esas preguntas nunca deben ser contestadas desde el multiculturalismo.
El relativismo pueden hacernos pensar que valores capitales como la libertad y la igualdad, por ejemplo, no son aceptables, que pueden ser discutidos y rebatidos, que no son conceptos universales, pero incluso, podemos llevar ese discurso sobre la vida y la muerte, etc.
El criticismo científico ya lo he tratado hace dos post en este mismo blog, pero diré que cuidado con los demagogos, los charlatanes, los discursistas del mensaje vacío. La ciencia no es la verdad absoluta, desde luego, pero es el camino que más se le acerca. Es por todo esto que el postmodernismo es una visión vacía y alejada de la realidad. Se trata de un pensamiento que todo lo critica pero que es incapaz de demostrar y ofrecer nada, porque su propia esencia es nada. Si no hay nada absoluto, si no hay posibilidad ya de ciencia, de conocimiento, si la praxis ha acabado con nosotros y la teoría se queda en mera especulación, el postmodernismo sólo ofrece lo que ofrece la religión: espíritu. Cómo vamos a pedir a un discurso meramente metafísico resultados, caminos, soluciones prácticas, eso sería como pedir peras a un olmo.

30 de agosto de 2006

Lo complejo no es sinónimo de relatividad

Mi buen amigo Pato ha tenido la amabilidad de recomendarme una lectura sencillamente deliciosa e interesantísima: El paradigma de lo complejo, publicado Cinta de Moebio la Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, el artículo está escrito por Raiza Andrade et. al.
Principalmente el artículo sirve como una estupenda guía de orientación para todo aquel investigador que de golpe se ve asediado por conceptos y teorías de lo que se ha llamado Teoría de la Complejidad. Así si uno se pierde y no logra entender por qué todo el mundo habla de caos, orden, atractores extraños, sistemas abiertos y cerrados, autopoiesis, auto-organización, ruido, comunicación, resonancia, redundancia, ruido, incertidumbre, probabilidades y todo un etc. de nuevas propuestas epistemológicas, metodológicas y teorías variopintas no opte por el suicido intelectual, o lo que sería peor, el suicidio físico.
Indudablemente del valor pedagógico y educativo del artículo o del común acuerdo o no con el que uno acepte la revolución del paradigma de lo complejo, una duda me atenazó cuando terminé su lectura: ¿no estaremos confundiendo un cambio de paradigma científico con una destrucción de la ciencia, en los más puros términos postmodernistas, llegando incluso al relativismo más exacerbado?.
Las teorías de lo complejo suponen una nueva forma de hacer ciencia, de lograr conocimiento científico, pero ello no desacredita o no debería desacreditar lo que se está abandonando, en este caso, la física newtoniana o física clásica. Las fórmulas de la gravedad de Newton siguen magníficamente explicando la caída de los cuerpos, aunque si bien es cierto, se ven incapaces de revelar lo que ocurre a nivel subatómico o con cuerpos muy grandes como los astros. Se hace necesario así que para poder explicar el comportamiento de los quarks nazca una nueva teoría como es la física cuántica y que para explicar el espacio-tiempo, Albert Einstein hable de física de la relatividad. Sin embargo esos descubrimientos no desacreditan a Newton, sino prueben a tirarse de un cuarto piso y cuando lleguen al suelo verán que el viejo físico inglés tenía razón el maldito.
Lo que parece que cambia es la forma de hacer ciencia, estamos entonces en una revolución metodológica y epistemológica que nos obliga a replantearnos los conceptos de ciencia y verdad o conocimiento científico, incluso a demostrar si la igualdad aceptada de conocimiento científico igual a verdad. Se produce así un desmoronamiento total de los principios del empirismo y el positivismo, que por lo visto puede llevarnos a un terreno mucho más peligroso: el relativismo. No hay verdad, todo es relativo. Y si bien es cierto que no hay cosas blancas ni negras, que todo es cuestión de matices de grises, no todo camino ni todo pensamiento relativo es ciencia. Entonces surgen las grandes preguntas: ¿qué es ciencia? ¿qué es conocimiento científico? ¿cómo podemos llegar a ese conocimiento si existe?.
No esperen de mi que de unas respuestas claras y contundentes a estas preguntas, pues ni tengo las capacidad necesarias ni los conocimientos mínimos para hacerlo. Pero si me gustaría hacer de Pepito Grillo ante las voces que están surgiendo en respuesta a esas preguntas y a la valoración que se hace de la ciencia y el conocimiento científico.
He leído ya en multitud de lugares que “la ciencia ha muerto, viva la ciencia”, en claro sentido a que hemos enterado un tipo de ciencia y ha surgido otro tipo de ciencia. Aceptable hasta ahora, pero cuidado, ¿qué tipo de ciencia está naciendo?, o lo que es peor, ¿qué tipo de ciencia piensan algunos que está naciendo?. Muchos pensadores y filósofos han llegado al punto de decir que para llegar al conocimiento científico ya no es necesario la experimentación ni la demostración. Este resurgir de lo teórico, de idealismo al más puro estilo de Hegel es peligroso, pues se olvida que aunque una teoría pueda aceptarse sin experimentación y demostración, puede quedarse en mera teoría metafísica y no suponer conocimiento científico. Bajo este supuesto, si yo pienso que el mundo ha sido creado por Dios, la teoría creacionista, no tengo que demostrar ni experimentar nada para validar dicho conocimiento, y por tanto puedo otorgarle el rango de científico y por tanto, que sea aceptada por verdad. Un acto de fe se convierte en condición necesaria. Esto es algo que la ciencia jamás podrá aceptar.
Cuando leemos que rompemos con los esquemas tradicionales de la ciencia, no debemos entender que debemos obviar la demostración y la experimentación. Y quiero dejar claro que es necesario tanto la demostración como la experimentación. Puedo tener una teoría que permita la demostración, como la existencia de Dios de San Agustín o la demostración matemática, pero no puedo decir si ese fenómeno es cierto o no hasta que lo experimente.
Sé que ahora mismo más de uno me estará acusando de positivista radical y empirista burdo, pero no maten al ladrón hasta juzgarlo primero más a fondo. La probabilidad de que ocurra un fenómeno también es experimentación. Puedo determinar que la probabilidad de que un fenómeno ocurra sea de x %. Esto supone dos cosas importantes a la hora de concebir la nueva ciencia: a) la exactitud deja de existir como lo entendían los postulado de la ciencia clásica ; b) el conocimiento científico existe, pero sus resultados son probabilidades.
Yo puedo ofrecer una probabilidad sobre un fenómeno, utilizando diversas herramientas a mi alcance, y eso es lo que me diferencia del teórico puro, del idealista, del metafísico, del conocimiento dogmático o condicionado por la fe. No puedo demostrar las probabilidades de la existencia de Dios, pero si de donde estará una partícula, de una magnitud económica, de cuanto aumentará la natalidad, del número de pobres, del grado de cohesión de un grupo, etc.
Hemos pasado de un estado binario de 0 y 1 a un estado donde existen los intermedios, pero ello no implica que todo sea relativo. La ciencia sigue siendo el único camino válido para el conocimiento científico, aunque sea en términos de probabilidad y no por ello esto debe suponer el fin de ella; al fin y al cabo, lo que pasa es que por primera ciencias como la física, la química, la biología deben enfrentarse a algo que los científicos sociales llevan haciendo toda su historia: la probabilidad, el azar. Pero el azar no es relativo, no es postmodernismo, es simplemente otra forma de encontrar el camino con otros mapas.

27 de agosto de 2006

Consecuencias del populismo en Bolivia

En El País, domingo 20 de Agosto de 2006, un artículo publicado por Jorge Marirrodriga titulado La nacionalización boliviana se tambalea pueden leerse cosas como:
“Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB), la empresa estatal encargada de gestionar técnica y económicamente el proceso ha paralizado su actividad en <>. Para el Gobierno boliviano se trata de un problema de financiación que es solucionable, al menos para salir del paso, con un préstamo de 180 millones de dólares que concedería a la entidad en Banco Central boliviano, pero tanto la ley como los estatutos del organismo prohíben este tipo de crétido”.
He aquí como la gran medida propagandística del Presidente de Bolivia el Sr. Evo Morales se encuentra con la primera bocanada de realidad económica; una cosa es el populismo y otra la gestión racional y juiciosa de un recurso económico. Bajo la defensa ideológica de lo mejor para el pueblo esgrimida por el ejecutivo boliviano, nos encontramos con la realidad dura y molesta de que las medidas populistas son todo menos favorables al pueblo que se intenta favorecer. Si YPFB no encuentra pronto financiación, posiblemente el suministro a los bolivianos y a los clientes internacionales como Argentina quede cortado, y si ese coste no fuese suficiente, por encima los propios bolivianos tendrán que financiar, vía impuestos, los 180 millones de dólares que necesita la empresa estatal para seguir funcionando.
Pero la cosa continua, y en el mismo artículo podemos leer: “El pasado mayo, Morales ordenó que el BBVA y la aseguradora Zurich, administradores de los fondos de pensiones en Bolivia, traspasaran – sin indemnización de ningún tipo – a YPFB acciones valoradas en al menos 600 millones de dólares en las empresas objeto de nacionalización.” El motivo de esta decisión es doble: por un lado se consigue una representación accionarial importante por parte del Estado en cualquier sociedad que se forme con empresas extranjeras en el país, aumentando el poder del Estado para intervenir según sus intereses en el mercado. Por otro, el gobierno boliviano consigue una gran base de financiación para llevar a cabo sus ideas y proyectos, los cuáles quizás no coincidan con lo que buscan las empresas encargadas de gestionar esos fondos, financiación para proyectos rentables y devolver a sus pensionistas al cabo de un tiempo, un interés por el uso de ese dinero. En un país altamente endeudado y con necesidades de financiación tan grandes como la vista anteriormente, el ejecutivo puede verse tentado a realizar pagos sin contraprestación a los fondos de pensiones, y haciendo que el ahorro de muchos bolivianos vuele sin dejar rastro. Esperemos que por lo menos en este caso el juicio racional si funcione, pero algo me dice que no creo que sea así.
Y avanzando en la noticia encontramos más despropósitos y malas gestiones de YPFB que acaban afectando a los bolivianos: “la Superintendencia de Hidrocarburos (denunció) un contrato firmado por YPFB que presuntamente ha causado un perjuicio de 3,8 millones de dólares.” Y adivinan quién va a pagar el plato roto.
Cuando un Gobierno toma una decisión del tipo de nacionalizar los recursos energéticos, controlar su producción, gestión y distribución, debe realizar una planificación previa para ver si está capacitado para poder hacer lo que pretende. El gobierno del Sr. Evo Morales tomó una medida populista para cumplir con un programa electoral populista sin tener en cuenta las consecuencias no deseadas de su acción, la cual están pagando y pagarán tanto los bolivianos como las empresas extranjeras. Ahora que la imagen de YPFB está en duda y su capacidad para la gestión le desborda, se abren varias vías de solución: doblar la apuesta, acabar con el proceso o la más jugosa para los que gustamos del análisis, “que el parón en el proceso beneficie a un tercer actor en el escenario…” y a que tampoco adivinan quién es el invitado a la cena. Pues Petrosur, la empresa venezolana estatal, “que está en disposición de otorgar tanto financiación como asistencia técnica”.
Y Petrosur nos lleva a Hugo Chavez, el pupilo más adelantado de Fidel Castro en eso de la economía planificada, el anti-imperialismo, el anticapitalismo, y la idea de una Latinoamérica socialista y de izquierdas. Sin embargo, no chocan esas ideas, por otro lado falsas y peligrosas, un verdadero cáncer en la realidad iberoaméricana, con la posible influencia de Petrosur en el mercado boliviano, o es que cuando la gestión de un producto y su producción se realice por un Estado “amigo” resulta más beneficiosa para el pueblo que cuando lo hace una empresa extranjera, que mira principalmente por sus accionistas y clientes. Chavez desea que la República Bolivariana de Venezuela se erija como la luz que guié a los demás países de la región, no por los intereses comunes, sino para satisfacer los egos narcisistas del presidente venezolano. Y eso, por desgracia, tiene un aire mesiánico que recuerda muy mucho los fascismos y dictaduras europeas tanto de izquierdas como de derechas.

17 de agosto de 2006

Los mitos del liberalismo (y II)

Mito #4: El liberalismo es ateísta y materialista, y desdeña la dimensión espiritual de la vida.

No hay ninguna conexión necesaria entre la adscripción al liberalismo y la posición religiosa de cada uno. El liberalismo puede ser encontrado desde posiciones creyentes de cualquier tipo de credo e incluso desde el más puro ateísmo. Por supuesto, no desdeña la dimensión espiritual de la vida, pero considera que esta dimensión es personal, individual, cercenada al plano más profundo e íntimo del individuo y que él no puede determinar que es lo espiritual y que no lo es.
La crítica del materialismo no es nada nuevo, sobre todo en aquellos que suelen quizás confundir liberalismo con capitalismo cuando quieren acusar al segundo y acaban acusando al primero. La escuela de Frankfurt tomó esta idea del materialismo dominante y la exploto de forma increíble, sobre todo Adorno y Marcase, para acusar al sistema de producción capitalista de vaciar de todo contenido espiritual el arte y convertirlo en simple mercancía. Un breve repaso a la historia del arte demuestra que el arte no sólo ha sido arte en el más puro sentido espiritual, sino también un instrumento del poder, de las clases dominantes y, por supuesto, como mercancía. Cuando la dictadura proletaria de la Unión Soviética empezó a censurar toda creación artística que criticase la Revolución Proletaria o cualquier manifestación extranjera que alabase al empresario burgués, se mostró como un sistema donde también lo material influía muy mucho en el arte, por encima de su valor estético y espiritual.

Mito #5: Los liberales son utópicos que creen que toda la gente es buena por naturaleza y que por tanto el control del Estado es innecesario.

Los conservadores tienden a añadir que, puesto que el hombre es vil por naturaleza parcial o totalmente, se hace precisa una severa regulación estatal de la sociedad.
Por el contrario, la mayoría de escritores liberales sostienen que el hombre es una mezcla de bondad y maldad y que lo importante para las instituciones sociales es fomentar lo primero y mitigar lo segundo. El Estado es la única institución social capaz de extraer sus ingresos y su riqueza mediante coerción; todos los demás deben obtener sus rentas o bien vendiendo un producto o servicio a sus clientes o bien recibiendo una donación voluntaria. Y el Estado es la única institución social que puede emplear sus ingresos provinentes del robo organizado para intentar controlar y regular la vida y la propiedad de la gente. Por tanto, la institución del Estado establece un canal socialmente legitimado y santificado para que las personas malvadas cometan sus fechorías, emprendan el robo organizado y manejen poderes dictatoriales.
Podemos aproximarnos a nuestra tesis desde otro ángulo. Si todos los hombres fueran buenos y ninguna tuviera tendencias criminales, entonces no habría ninguna necesidad de un Estado, tal y como conceden los conservadores. Pero si por otro lado todos los hombres son malvados, entonces el caso a favor del Estado es igualmente débil, pues ¿por qué tiene uno que asumir que aquellos hombres que componen el gobierno y retienen todas las armas y el poder para coaccionar a los demás están mágicamente exentos de la maldad que afecta a todas las otras personas que se hallan fuera del gobierno? Tom Paine, un liberal clásico a menudo considerado ingenuamente optimista acerca de la naturaleza humana, rebate el argumento conservador de la maldad humana en pro del Estado fuerte como sigue: “si toda la naturaleza humana fuera corrupta, estaría infundado fortalecer la corrupción instituyendo una sucesión de reyes, a quienes debiera rendirse obediencia aun cuando fueran siempre tan viles...” Paine añadió que “ningún hombre desde el principio de los tiempos ha merecido que se le confiase el poder sobre todos los demás”[1]. Y como el liberal F.A. Harper escribió una vez:
“De acuerdo con el principio de que la autoridad política debe imponerse en proporción a la maldad del hombre, tendremos entonces una sociedad en la cual se demandará una autoridad política completa sobre todos los asuntos humanos... Un hombre gobernará a todos. ¿Pero quién ejercerá de dictador? Quienquiera que sea el elegido para el trono con seguridad será una persona enteramente malvada, puesto que todos los hombres lo son. Y esta sociedad será entonces regida por un dictador absolutamente malvado en posesión de todo el poder político. ¿Y cómo, en nombre de la lógica, puede emanar de ahí algo que no sea pura maldad? ¿Cómo puede ser esto mejor que el que no haya autoridad política alguna en la sociedad?”[2]
El liberal clásico Friedrich Hayek apuntó: “El principal mérito del individualismo [que Adam Smith y sus contemporáneos defendieron] es que es un sistema bajo el cual los hombres malvados pueden hacer menos daño. Es un sistema social que no depende para su funcionamiento de que encontremos hombres buenos que lo dirijan, o de que todos los hombres devengan más buenos de lo que son ahora, sino que toma al hombre en su variedad y complejidad dada...”[3]

Mito #6: Los liberales creen que cada persona conoce mejor sus propios intereses.

Los liberales no asumimos la perfecta sabiduría del hombre más de lo que asumimos su perfecta bondad. Hay algo de sentido común en la afirmación de que la mayoría de los hombres conoce mejor que cualquier otro sus propias necesidades e intereses. Pero no se asume en absoluto que todos siempre conocen mejor sus intereses. El liberalismo propugna que cada uno debe tener el derecho a perseguir sus propios fines como estime oportuno. Lo que se defiende es el derecho a actuar libremente, no la necesaria sensatez de dicha acción.


[1] "The Forester's Letters, III,"(orig. in Pennsylvania Journal, Apr. 24, 1776), en The Writings of Thomas Paine (ed. M. D. Conway, New York: G. P. Putnam's Sons, 1906), I, 149-150.

[2] F. A. Harper, "Try This On Your Friends", Faith and Freedom (January, 1955), p. 19.

[3] F. A. Hayek, Individualism and Economic Order (Chicago: University of Chicago Press, 1948), enfatizado en el curso de su "Why I Am Not a Conservative," The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1960), p. 529.

7 de agosto de 2006

Los mitos del liberalismo (I)

El mito era el relato fantástico que se usaba y se usa aún hoy en día, para dar explicaciones a fenómenos de nuestro entorno natural y social que no comprendemos. Como relato, su capacidad científica es mínima aunque no nula, pues muchos antropólogos nos han enseñado que el mito encierra muchas cosas dentro de su narración que deben ser tenidas en cuenta y analizadas. Pero el mito también es lo falso, lo creído pero errado, lo aceptado pero mil veces desenmascarado por la comunidad científica, que, sin embargo, debido a fuerzas misteriosas no es desterrado del pensamiento humano. Ejemplos de ello tenemos a miles, baste tomar uno sólo: el creacionismo, ahora llamado muy de forma políticamente correcta teoría del diseño inteligente.
En este artículo voy a referirme a los mitos que existen en torno al liberalismo, errores disfrazados de supuestas verdades que siguen colándose entre el conocimiento de los individuos, que impiden ver lo que realmente se esconde detrás de esas falsas afirmaciones. Murray Rothbard publicó en Modern Age, 24, 1 (Invierno 1980), pág. 9-15, “Mito y verdad acerca del liberalismo”, basado en una ponencia presentada en abril de 1979 en el congreso nacional de la Philadephia Society de Chicago. El tema del encuentro fue “Conservadurismo y Liberalismo”. (Puede leerse el original en LewRockwell.com).
En dicho texto el autor nos demuestra que en torno al liberalismo existen seis mitos o creencias fundamentadas pero falsas, que son aceptadas por una mayoría de críticos al liberalismo que toman como base de sus argumentaciones. Sin embargo, como sabemos bien, partir de suposiciones erradas supone llegar a conclusiones erradas, por ello, Murray Rothbard intentaba poner algo de luz para que no se crease mayor confusión.
Mito #1 Los liberales creen que cada individuo es un átomo aislado, herméticamente sellado, actuando en un vacío sin influenciarse con los demás.
Aceptar tal postulado supone admitir que no existe un complejo llamado sociedad, y eso es algo que ningún liberal da por bueno. Los liberales son en método y política individualistas, desde luego, pero en ningún momento afirman que los individuos son sistemas cerrados libres de las influencias de su entorno y de los demás individuos.
Hayek mencionó en su notable artículo “The Non-Sequitur of the’”Dependence Effect’”, el asalto de John Kenneth Galbraith a la economía de libre mercado en su best-seller “The Affluent Society“ se cimentaba en esta premisa: la economía asume que cada individuo llega a su escala de valores de un modo totalmente independiente, sin estar sujeto a la influencia de nadie más. Hayek responde que todos saben que la mayoría de gente no produce sus propios valores, sino que es instigada a adoptarlos de otras personas. Ningún individualista o liberal niega que la gente se influencie mutuamente todo el tiempo, y por supuesto no hay nada de nocivo en este ineludible proceso. A lo que los liberales se oponen no es a la persuasión voluntaria, sino a la imposición coercitiva de valores mediante el uso de la fuerza y el poder policial.

Mito #2: Los liberales son libertinos: son hedonistas que anhelan estilos de vida alternativos.
Recientemente Irving Kristol, quien identifica la ética libertaria con el hedonismo, asevera que los liberales “veneran el catálogo de Sears Roebuck y todos los estilos de vida alternativa que la afluencia capitalista permite elegir al individuo”. El hecho es que el liberalismo no es ni pretende ser una completa guía moral o ascética, sino sólo una teoría política, esto es, el significado subconjunto de la teoría moral que versa sobre el uso legítimo de la violencia en la vida social. El liberalismo sostiene que el único papel legítimo de la violencia es la defensa de la persona y su propiedad contra la agresión, que cualquier uso de la violencia que vaya más allá de esta legítima defensa resulta agresiva en sí misma, injusta y criminal. Lo que haga una persona con su vida es esencial y de suma importancia, pero es simplemente irrelevante para el liberalismo.

Mito #3: Los liberales no creen en los principios morales; se limitan al análisis de costes-beneficios asumiendo que el hombre es siempre racional.
Hay liberales, particularmente los economistas de la escuela de Chicago, que rechazan la libertad y los derechos individuales como principios morales, y en su lugar intentan llegar a conclusiones de política pública sopesando presuntos costes y beneficios sociales.
Lejos de ser inmorales, los liberales simplemente aplican una ética humana universal al gobierno del mismo modo que cualquier otro aplicaría esta ética a cada persona o institución social. En concreto, como he apuntado antes, el liberalismo en tanto que filosofía política que versa sobre el uso legítimo de la violencia, toma la ética universal a la que la mayoría de nosotros nos acogemos y la aplica llanamente al gobierno. Los liberales no hacen ninguna excepción a la regla de oro y no dejan ninguna laguna moral, no aplican ninguna vara de medir distinta al gobierno. Es decir, los liberales creen que un asesinato es un asesinato y que no deviene santificado por razones de estado si es perpetrado por el gobierno. Nosotros creemos que el robo es un robo y que no queda legitimado porque una organización de ladrones decida llamarlo “tributos”. Nosotros creemos que la esclavitud es esclavitud incluso si la institución que la ejerce la denomina “servicio militar”. En síntesis, la clave en la teoría liberal es que no concede excepción alguna al gobierno en su ética universal.
Por tanto, lejos de ser indiferentes u hostiles a los principios morales, los liberales los consuman siendo el único colectivo dispuesto a extender estos principios por todo el espectro hasta al gobierno mismo.
La coerción atrofia la moralidad porque priva al individuo de la libertad para ser moral o inmoral, y entonces necesariamente despoja a la gente de la posibilidad de ser virtuosa. Paradójicamente, pues, la moral obligatoria nos sustrae la oportunidad misma de actuar moralmente.
Es además especialmente grotesco dejar la salvaguarda de la moralidad en manos del aparato estatal, es decir, ni más ni menos que la organización de policías, gendarmes y soldados. Poner al Estado a cargo de los principios morales equivale a poner al zorro al cuidado del gallinero.

CONTINUARÁ…

14 de julio de 2006

Un añito hace ya.....

Corría el verano del año 2005, un 8 de Julio para ser más exactos, cuando esta alma inquieta decidió dar el paso de tener su propio blog. Al principio dudaba a qué iba a dedicar ese pequeño espacio de universo virtual, pero después de darle a la cabeza unos minutos vi la luz: un blog sobre lo que te gusta y apasiona: las ciencias sociales. Si señores, decidí dedicar tiempo a publicar en internet mis reflexiones, humildes análisis y modestos escritos, sobre sociología, economía y otras ciencias, y todo ello aderezado con una pizca de sano y necesario liberalismo. Un trabajo nada pequeño, sobre todo teniendo en cuenta quien tenía que realizarlo.

No voy hacer una enumeración de todos los temas que aquí he tratado, el que desee hacer un recorrido por ellos dispone del archivo; lo que si voy hacer hoy, en un día tan especial para este riconcito personal mio, es agradecer muy mucho a todos los visitantes que durante este tiempo me han leído.

Y es obligación que comience con Patricio, mi colega de Chile, él cual no ha parado de visitarme, comentar y opinar mis entradas, dar consejos y recomendaciones a este pésimo blogero. Él fue el primero que se atrevió a comentar una entrada, el primero en enlazarme a su magnífico blog y el que posteriormente me recomendó otros blogs de compañeros y amigos suyos, los cuales con el tiempo también se han convertido en visitantes habituales de estas lineas. De esta forma, amigo Patricio, gracias por las visitas y por cada segundo de tu precioso tiempo dedicado a esta página. Y con él, quiero agradecer a todos los que desde Chile sobre todo, pero Iberoamérica en particular, me visitan y comentan.

Quiero agradecer también a mi pequeño equipo de informáticos personales que siempre han estado ahí para resoler mis dudas, propias de un torpe informático como el que aquí escribe. Pero sobre todo por visitar este blog sobre temas que a ellos, muchas veces les resultan ajenos o aburridos. Doble esfuerzo el leerme y hacerlo sobre ciencias sociales. Gracias por tanto a David por tu infinita paciencia y tus siempre interesantes puntos de vista; a Gutier por aguantar mis problemas con R. También a Juan de Dios, mi ex-profesor de Técnicas de Investigación Social, por los inmerecidos alagos y el privilegio de un lector tan cualificado.

Reflexiones tiene un año ya gracias a todos vosotros, y por vosotros, sufre un lavado de cara y futuras mejoras, para que cada vez que volvaís por este pequeño lugar de la imensa red, encontreís algo interesante que os motive a pensar, reflexionar y dejar si quereis, vuestro comentario.

Nos vemos dentro de otro año espero.

4 de julio de 2006

Buenas ideas pero muy mal aplicadas

He leído con mucha estupefacción un artículo en Liberalismo.org de Eric Steven Raymond titulado La ética desde el cañón de un arma de fuego: lo que el portar armas enseña sobre la vida buena. En él, el autor desperdicia grandes ideas de la ética individual para defender una tesis totalmente descabellada: el derecho a portar armas.

Eric S. Raymon es un liberal, una de las figuras más destacadas del Movimiento del Software Libre y el Código abierto y autor de varias obras como The Catedral and the Bazar y de Jargon File, un diccionario hacker. Pero también es uno de los máximos defensores a la Segunda Enmienda, la que reconoce el derecho a portar armas en los EE.UU.

En el artículo en cuestión, Raymon parte de una concepción ética individual que centra toda responsabilidad final en el individuo: “La primera y más importante de estas lecciones es esta: al final, todo depende de ti”. Yo no puedo más que estar totalmente de acuerdo con él en este aspecto, creo que como seres racionales que somos, al final, nosotros como individuos tenemos la responsabilidad total a la hora decidir actuar de una manera determinada u otra. Pero hasta aquí mi coincidencia con las ideas expuestas en el artículo.

El autor defiende una serie de tesis bastantes extravagantes y polémicas, por lo menos a ojos de un europeo occidental, veamos cuales:

  • El hombre (y la mujer) libre lo es por su responsabilidad personal e individual, y el mejor reflejo de esa madurez ética es el portar armas. “En ser un modo de exorcizar este demonio, de reclamar para nosotros mismos la dignidad y el valor y la autoconfianza ética de un hombre (o mujer) libre, radica, en último término, la máxima importancia del llevar armas personales.”
  •  “Y es aquí donde la ética y la psicología nos traen de vuelta al portar armas. Pues la causalidad fluye aquí en ambos sentidos; la dignidad de un hombre libre es lo que le hace éticamente competente para portar armas, y el acto de portar armas promueve (enseñando sus duras y sutiles lecciones) las cualidades interiores que componen la dignidad de un hombre libre.”

Prácticamente el autor ataca la tesis de Hobbes de la concesión del poder coactivo y de la violencia al Estado por parte de los individuos, defendiendo que lo único que se consigue con ello es volver irresponsables a las personas por culpa de eximirles de una de las responsabilidades más importantes, el portar armas. Así se produce, según Raymond un proceso de fed back donde el único perjudicado es el individuo. Primero se otorga el poder de la fuerza a una institución pública para que la use como le convenga, ello provoca una perdida de poder individual pero a mayores, provoca una caída moral y ética en el individuo.

No sé que palabras usar para, finamente decir, que lo anterior es de una burda ideología barata que ha entendido totalmente al revés la ética individual, el liberalismo y que sigue anclada defendiendo una enmienda que tenía sentido en pleno siglo XVIII pero no en el siglo XXI.

La mayor cota de responsabilidad ética y moral del hombre, como ser individual o incluso como ser social, consiste precisamente en no tener la necesidad e portar armas para sentirse fuerte y seguro. Las sociedades democráticas europeas han logrado que sus ciudadanos no tengan ese miedo constante que si recorre los EE. UU. en parte, usado de forma muy maquiavélica por el propio Gobierno Federal y Estatal.

El confiar en mis semejantes supone que no vea en ellos un enemigo potencial, un ser despreciable que intenta hacerme daño constantemente y debido a ello, tenga que defenderme con todos los medios a mi alcance. Lo anterior no supone un estado superior de ética moral individual, ni supone una fase más elevada de fuerza y poder personal, todo lo contrario, es la constatación del miedo, de la desconfianza, de la necesidad de tener un objeto personal que me de seguridad, pues como individuo, como persona humana, mis ideas morales y éticas no van a ser respetadas sino es mediante el uso de la fuerza y de las armas.

Desviar la verdadera ética que prima al individuo por encima de todo como ser racional y poseedor de derechos, al derecho de poseer un arma como principal fundamento de dicha moral, supone un juego de malabares peligroso para todos. El autor debería pensar que el lejano oeste ya no existe y que, ya no va encontrarse con fieros osos y lobos en su granja. Ahora va a toparse con otra persona, la cual si no admite sus ideas, o no acepta su forma de pensar, tiene que respetarla por el valor intrínseco que las otras visiones vitales tienen, no por la responsabilidad que portar un arma hace recaer sobre un individuo.

29 de junio de 2006

Computación cuántica

El último número de Investigación y Ciencia, la edición española de la Scientific American, trae en portada un tema que desde siempre me ha cautivado e interesado, la computación cuántica.

La computación clásica, la que está presente en nuestros ordenadores cotidianos, se basa en el uso de bits, un sistema de numeración binario basado en 0 y 1. Todas las operaciones de la computación clásica toman como referencia dicho sistema de numeración para sus cálculos. Sin embargo, la computación cuántica usa qubits (del inglés quantum bit, bit cuántico, donde a mayores de los estados del cálculo clásico,1 y 0, tenemos ahora un estado intermedio entre 0 y 1. Una forma gráfica de visualizarlo es imaginar un globo terrestre, donde situamos en el polo norte al 0 y el polo sur al 1, todo punto entre el norte y el sur es un estado intermedio. “Sin embargo, la diferencia más importante entre un qubit y un bit clásico no es la naturaleza continua de este estado (que se puede replicar con cualquier cantidad análoga), sino que múltiples qubits pueden experimentar un entrelazamiento o enredo cuántico. El enredo es una interacción no local que permite a un conjunto de qubits expresar superposiciones de diferentes cadenas binarias (01010 y 11111, por ejemplo) simultáneamente. En este "paralelismo cuántico" se cifra la posible potencia del cómputo cuántico.” (Wikipedia)

Otra diferencia entre la computación clásica y la cuántica es que ésta última crea nuevas puertas lógicas las cuales permiten el uso de nuevos algoritmos. “Una puerta lógica, o compuerta lógica, es un dispositivo electrónico que es la expresión física de un operador booleano en la lógica de conmutación. Cada puerta lógica consiste en una red de dispositivos interruptores que cumple las condiciones booleanas para el operador particular. Son esencialmente circuitos de conmutación integrados en un chip.” (Wikipedia) En un lenguaje más sencillo, el mecanismo que permite saber el resultado que vamos a obtener si introducimos un determinado tipo de información y calculamos mediante una serie de operaciones lógicas.

Y bien, ¿qué tiene de interesante entonces la computación cuántica frente a la clásica? Pues para empezar estos son algunos de los productos que pueden surgir de los ordenadores cuánticos:

- Criptografía cuántica: se aumentaría de una forma increíble la confidencialidad y seguridad de los datos en las transacciones informáticas. Un claro beneficio de ello es un aumento de los niveles de estabilidad y seguridad en el mercado económico por red.

- Teleportación cuántica: y que nadie piense en Star Trek y “teletranspórtenos señor McCoy”. Su uso de momento es un área restringida para aplicaciones teóricas de computación sin aplicaciones prácticas directas. La cosa se reduce a como hago llegar cierto tipo de información que posee A a B, con el impedimento de que A pueda hacerlo físicamente, es decir, cogiendo esa parte de la información que B necesita y llevándoselo.

- Computación con ADN: Las moléculas de ADN pueden almacenar mucha más información que un chip convencional de computadora. Se ha estimado que un gramo de ADN secado puede contener tanta información como un billón de CD’s. Además, en una reacción bioquímica que ocurriese sobre una pequeñísima área, cientos de billones de moléculas de ADN podrían operar en concierto, creando un sistema de procesamiento en paralelo que imitaría la habilidad de la más poderosa supercomputadora. Las aplicaciones para la medicina informática, la bioinformática y la nanotecnología son impresionantes. Desde pequeños nanorobots que pueden ayudar contra enfermedades, reparar tejidos dañados, comprender mejor sistemas de reproducción vírica como los de VIH o las mutaciones del cáncer, etc.

- Electrónica molecular: Básicamente usar moléculas como soportes electrónicos, como por ejemplo en paneles solares, lo cual reduce su coste de fabricación, etc.

En la computación cuántica, todavía en fase de pañales, existen varias formas o candidatos para lograr los tan ansiados ordenadores cuánticos, por ejemplo: Espines nucleares de moléculas en disolución, en un aparato de RMN; Flujo eléctrico en SQUIDs; Iones suspendidos en vacío; Puntos cuánticos en superficies sólidas; Imanes moleculares en micro-SQUIDs; Ordenador cuántico de Kane.

El artículo de Investigación y Ciencia trata el tema desde la computación de nodos cuánticos topológicos. Básicamente y a modo de muy escueto resumen, podemos decir que la cosa consiste en: coger dos partículas subatómicas, en concreto alones no-abelianos, los cuales mediante una serie de trenzados permiten obtener una estructura determinada que se puede interpretar y obtener información gracias a ella. Más visualmente: imaginemos dos pares de bolitas (los alones no-abelianos) los cuales tienen un sentido o línea de recorrido determinado (pensemos en un telar donde no están presentes las partículas, pero si el recorrido en forma de los hilos), pues la computación cuántica de nodos topológicos consiste en ir tejiendo con dos movimientos: dextrogiro (como las agujas de un reloj) o levogiro ( en sentido contrario). Resultado obtenido de ir tejiendo dará una forma determinada a nuestra tela, que será la información que obtengamos a raíz de nuestros cálculos.

Y ustedes pensarán: muy bien, ¿pero y a un sociólogo que narices le importa todo ello? Pues mucho más de lo que en apariencia parece.

Primeramente, todo el entramado teórico de la física cuántica es de riquísima aplicación para la teoría sociológica. El estado cuántico de estados intermedios se parece mucho a la realidad social más básica, pues la sociedad no está formada por estados puros de 1 y 0, sino de posiciones intermedias al igual que ocurre en la computación cuántica. Si pensamos en la división clásica entre individuos (1) y estructura (0), desde siempre hemos sabido que lo real es que existan ambos y que ambos interactúen, por lo tanto, la realidad social es un estado intermedio entre 1 y 0.

Las aplicaciones técnicas de los ordenares cuánticos sólo se conocerán cuando existan, sin embargo, pensemos en lo mucho que nos han ayudado las computadoras normales en nuestro trabajo cotidiano y lo que puede significar, en un futuro, que podamos usar computadoras que permitan el uso de muchísimos más cálculos, en campos como la simulación o la inteligencia artificial.

Y posteriormente, la repercusión que puede tener en la vida del planeta una revolución tecnológica de carácter cuántico. Si las computadoras clásicas han cambiado drásticamente la faz del planeta y la realidad social, cuales serán los cambios y las nuevas perspectivas que se abrirán con la introducción de la computación cuántica. Yo no sé ustedes, pero creo que el tema es demasiado jugoso incluso para un sociólogo, y descartarlo puede ser un error, ¿no creen?

28 de junio de 2006

España y punto.


Ahora más que nunca, ahora que la espantada será de pelicula, ahora más que nunca, ESPAÑA.

20 de junio de 2006

Ingenieros, empresarios y emprendedores

A raíz de un e-mail mandado por un amigo que estudia ingeniería informática en la Carlos III de Madrid, el cual a su vez es ya Ingeniero Técnico en Informática de Sistemas por la Universidad de A Coruña, llega a mis manos un artículo titulado: ¿Estudias informática?¡ Ah, un emprendedor! , en el cual se opina sobre la relación ingenieros-empresariales-emprendedor.

En dicho artículo, se observa que en España la concepción del emprendedor suele relacionarse con personas o estudiantes que han estudiado carreras afines a la diplomatura de empresas, las licenciaturas de Administración y Dirección de Empresas o aquellos que se han decidido por realizar un MBA (Master Business Administration); cuando la tendencia optima debería ser que fuesen los ingenieros los encargados de crear empresas.

Comparto con el articulista que en España se hace necesario que los ingenieros en todas sus ramas sean más emprendedores, y que nuestro país necesita de ideas, proyectos y empresas donde los ingenieros en sus diversas ramas estén realmente implicados, no sólo como mano de obra, sino como verdaderos ideólogos y dirigentes de la actividad empresarial.

Pero a partir de esta idea, todas las demás que desarrolla en su artículo tienen un pequeño defecto: estrechez de miras y egocentrismo profesional. Y estos defectos son producto de una confusión a la hora de entender qué es un emprendedor, quién puede serlo, y qué tipo de empresas pueden crearse.
Así podemos leer citas como las que siguen:

“Los MBAs buscan entrevistas en multinacionales, en firmas de prestigio, en continuar el negocio de papá o en meterte por el lateral en algo ya montado. Nada malo en ello, pero eso no es emprender, eso es "llevar un negocio". No es lo mismo. Lo que nutre a un emprendedor es el afán de crear. Un MBA sabe gestionar. De crear no tiene ni puta idea.”

“[…] en España los ingenieros y los programadores suelen tener que conformarse con trabajos de segunda o de tercera, y hacerle el favor a los que estudiaron el MBA.”

“Un estudiante de informática posiblemente no sepa nada de formar una empresa. Lo que en España esos estudiantes no saben es que pese a ello, está en sus manos, y no en la de los "empresarialeros" el empezar algo. Y así es que nunca lo empiezan.”

Emprendedor es aquella persona, en términos estrictamente empresariales, que se aventura y arriesga a llevar a cabo la tarea de iniciar un negocio o empresa. A partir de aquí, todos podemos ser emprendedores, porque la creación de empresas no tiene que limitarse a algo relacionado con la informática, idea que aparece a lo largo de todo el artículo. Un emprendedor puede ser un químico que monta un laboratorio o una empresa química, un licenciado en filología inglesa que monta una red de escuelas de inglés, un farmacéutico que funda una empresa farmacológica, un abogado que monta un bufete o una consultaría, un sociólogo que crea una empresa de recursos humanos o desarrollo socio-económico, etc. Los ingenieros pueden ser perfectamente emprendedores siempre y cuando tengan una idea que quieran desarrollar, pueda comercializarse y tengan las agallas suficientes para arriesgarse ha hacerlo.

Los ingenieros, al igual que todos los demás, trabajan en trabajos de segunda y tercera, pues no por ser ingeniero uno debe por ley tener un puesto de trabajo mejor. Si uno desea un buen puesto de trabajo, en primera línea, debe buscarlo, trabajárselo, merecérselo, y tener los méritos suficientes para conseguirlo; pues los tiempos del feudalismo donde uno era lo que era por derechos de nacimiento se han acabado. Nadie priva a un ingeniero de ser empresario, o consejero delegado, pero tiene que ser él quién ponga todo de su parte para llegar a ese puesto, no esperar sentado haber si llega, como quien espera a Papa Noel para ver si trae regalos.

El problema en España no es que los ingenieros no puedan ser emprendedores, sino que nadie quiere ser emprendedor, pues la gran mayoría de los estudiantes de cualquier carrera, sea de ciencias de la salud, técnicas, tecnológicas, sociales, humanidades, naturales, etc. no quieren aceptar algo que va inherente a la condición de ser empresario y emprendedor: el riesgo. Somos una sociedad cómoda y acomodada que no busca aventuras, en comparación con nuestros vecinos evidentemente. En España no todos los de empresariales quieren ser empresarios, y mucho menos, la mayoría de los ingenieros quiere montar una empresa; sus ideas van más a encontrar un puesto de trabajo bien remunerado que no suponga el tener que enfrentarse con la incertidumbre y el riesgo que supone iniciar una actividad empresarial.

Por último, lo que necesita un emprendedor es tener ideas, ser creativo, y eso, si se me permite, no es un terreno exclusivo de los ingenieros independientemente del campo del que provengan. Cierto es que el desarrollo de las tecnologías está haciendo que el campo de la ingeniería sea un auténtico hervidero de ideas, proyectos y creaciones, pero lo que sigue faltando es gente con agallas para querer llevar adelante esos planes.

A mayores, el poseer una idea o proyecto, no es más que el primer paso de unos cientos para ser emprendedor y montar una empresa. Hay que olvidarse del empresario individual que es capaz de crear una pyme el solo. Hoy en día se necesita desde el primer momento de un equipo de personas que crean en ti, desde los inversores o socios tanto públicos como privados, expertos en legislación, gestión y administración, recursos humanos y laboral, etc.

Por lo tanto, el discurso victimista del artículo acaba enturbiando una idea muy válida, necesaria y vital para el desarrollo de España, además de poder provocar una confusión peligrosa entre los ingenieros que lo lean: el pensar que los únicos que son capaces de emprender y crear son ellos. Ni son los más preparados ni son los parías con los cuales no debe contarse; ser empresario significa aceptar el riesgo, y no todos estamos preparados, independientemente de nuestra carrera educativa y profesional. No esperemos que las Universidades nos preparen para ser empresarios, no esperemos que el Estado nos monte nuestra pyme, con esa mentalidad no llegaremos nunca a ser emprendedores; si tenemos una idea, creemos en ella, sabemos venderla y conseguir una financiación, pero sobre todo, somos conscientes del riesgo que lleva implícito el atrevimiento de ser empresario, nada ni nadie podrá quitarnos el ser emprendedor. Todo lo demás son discursos vacíos, victimistas que no conducen a nada.

15 de junio de 2006

La retórica perdida del feminismo marxista

Acabo de leer en El País el artículo titulado La femenización de la pobreza, escrito por Rosa Cobo profesora de sociología en la Universidad de A Coruña y la profesora de filosofía Luisa Posada, de la Universidad Complutense de Madrid. Y me gustaría comentar algunos aspectos del mismo.

Comparto la visión de que la pobreza tiene un claro cáriz femenino. En los países pobres, donde los recursos escasean y la posibilidad de obtención de los mismos es casi una utopía, las prohibiciones que posibilitan a la mujer un camino a la consecución de los mismos son enormes. Alejadas del mercado laboral, de los estudios, del comercio en algunos lugares, se ven abocadas a mal vivir encerradas en sus casas cuidando familias que se mueren de hambre y enfermedades. Y con la tristeza de comprobar que sus hijas e hijos no van a tener un provenir mucho más favorable. Y por si eso no fuera poco, el sometimiento a patrones sociales totalmente machistas acaba reduciéndo a la mínima expresión su dignidad como personas humanas, al tratarselas como meros objetos de posesión masculina.

Si la pobreza golpea una casa, la primera persona que lo sufre es la mujer, pues sobre ella y de forma cínica e hipócrita recaerá la obligación de la manutención de la prole y su marido, mientras que el varón e incluso los hijos varones mayores se dedican a beber o perder el tiempo esperando un nuevo trabajo o simplemente, a ver pasar la vida sin mayores preocupaciones. Y esta realidad, comprobada y contrastada con multitud de informes, estudios e investigaciones debe llegar a su fin.
La idea de que acabar con la situación de la mujer en los países pobres es una de las formas más eficaces de acabar con la pobreza es totalmente cierta, como no hace mucho demostraba el Informe Anual de la ONU dedicado a la situación de la mujer, o los recientes exitos conseguidos por ONG´s en algunos países africanos haciendo mucho más fácil el trabajo femenino y posibilitanto que las mujeres tengan tiempo para invertir en ellas mismas.

Sin embargo, ante esta realidad no debemos establecer ideas o retóricas que confundan o hagan que se mal interprete un texto. Hablar de que los "programas de ajuste estructural inherentes a las políticas neoliberales es el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar, resultado de los recortes de los programas sociales por parte de los gobiernos: aquellas funciones de las que el Estado abdica -- salud o nutrición o educación......." significa dos cosas previas:

a) que antes de las políticas neoliberales esas tareas eran realizadas a cambio de un salario.

b)que las mujeres han empezado a realizar esas labores debido a una espantada del Estado.

En cuanto a la primera, por desgracia sabemos que la mujer a realizado esas tareas de forma gratutita desde siempre, de hecho, ese era el papel que la sociedad esperaba de ella. Le gustase o no. En lo segundo, el Estado sigue invirtiendo ingentes cantidades de dinero en salud y educación, como puede comprobarse de cualquier partida presupuestaria europea o incluso nortemaricana. La pregunta que uno debe hacerse aqui es: ¿necesitamos más aún para solucionar las cosas o, por el contrario, da igual la cantidad de inversión que realicemos, el problema no se solucionará mediante el Estado de Bienestar?

El segundo punto discutible del artículo llega en relación al patriarcado y el capitalismo. Cito: "patriarcado y capitalismo se configuran como la dos macrorrealidades sociales que socavan los derechos de las mujeres, al propiciar la redistribución de los recursos asimétircamente, es decir, en interés de los varones." Creo que dificilmente puede mantenerse esto y salir airoso. Decir que capitalismo es igual a patriarcado es algo peligroso, pues la misma regla se cumple para el feudalismo o la época de los imperios, y si A es igual a B, es decir, si capitalismo es igual a patriarcado, y éste igual a feudalismo por ejemplo, entoncés el capitalismo es igual al feudalismo. Y evidentemente sabemos que eso es falso.

Por otro lado, las consideraciones que llevan a una crítica del patriarcado como sistema social que favorece a los hombres imponiendo roles no deseados a las mujeres, no pueden extraporlarse al capitalismo. El sistema de mercado ha posibilitado el acceso de las mujeres al mundo laboral, a puestos de responsabilidad, a cargos directivos, a la educación, a replantearse su papel en la sociedad y buscar su propio camino. Dudo mucho que una mujer del siglo XV tuviera acceso a la educación, a ser comerciante, o profesora. Las oportunidades abiertas por el capitalismo a las mujeres son algo impensables en otros sistemas, pues ni el comunismo logró desterrar el papel clásico de la mujer en la sociedad. La tan cacareada liberación de la mujer en el comunismo fue agua de borragas, propaganda, papel mojado que nunca se materializó, y un ejemplo claro es que seguro que nadie puede decirme un cargo realmente imprtante ocupado por una mujer en la época comunista rusa.

5 de junio de 2006

Homenaje a los muertos de la Plaza de Tian´anmen

Era un 4 de Junio de 1989, hace ya 17 años, cuando en la Plaza de Tian´anmen de la República Popular de China se perpretó de una de las masacres más crueles y espántosas contra la humanidad, la libertad y la democracia. Esa fecha fatídica, 2.000 jóvenes fueron vilmente masacrados, asesinados simplemente porque deseaban ser libres, vivir en democracia, en definitiva, acabar con una dictadura comunista y empezar a establecer un sistema democrático en China. Evidentemente el socialismo comunista chino no podía permitir que unos pocos, que la fuerza y el ansia de la libertad llevase a los individuos a ponerse por encima de los intereses del pueblo. Por eso, las autoridades comunistas aseguraron que sólo reprimieron "motines contrarrevolucionarios" y que el hecho preservó la estabilidad y allanó el camino al crecimiento económico. Si, prosperidad económica sin duda, pero libertades políticas ninguna. Y por lo general la receta de crecimiento económico, es decir, de capitalismo sin democracia, no suele terminar bien, tiempo al tiempo.

“El enemigo siempre es el mismo: el individuo, egoísta y desarraigado, caprichoso, que se desgaja de la acogedora unidad social (lo que un pensador bastante cruel, Federico Nietzsche, llamaba el calor del establo) y se toma demasiadas libertades por su cuenta. Los totalitarismos siempre hacen burla de las libertades formales o burguesas que están vigentes en los regímenes más abiertos: las ridiculizan, demuestran su inoperancia, las consideran un simple engañabobos… ¡pero en cuento pueden acaban con ellas! Saben que a pesar de su aparente fragilidad, de su frecuente ineficacia, el unanimismo totalitario no puede coexistir con las libertades políticas elementales: si se las tolera, a la larga acaban con la autoridad de tanques y policías.”
Fernando Savater, “Política para Amador” págs. 197-198

“Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo.”
F.A. Hayek