21 de septiembre de 2005

Vivir más

Afirmó Unamuno que el hombre siente un "ansia de no morir", un "hambre de inmortalidad", un "anhelo de eternidad". La idea de la inmortalidad ha rondado desde siempre al ser humano, la única especie que es consciente de su mortalidad, conocimiento cuya consecuencia es origen de la angustia vital.

En este "anhelo de eternidad", la ciencia está últimamente invirtiendo ingentes cantidades de dinero y recursos humanos en el desarrollo de métodos para retrasar la muerte. Para ello, los científicos intentan en un primer momento descubrir las causas de por qué los seres humanos morimos, llegando a encontrar dos principales sospechosos:
a) los radicales libres, producto de la oxidación de las células, proceso que se produce debido a la propia naturaleza de las células, pues necesitan de oxigeno para realizar sus funciones vitales.
b) las sucesivas mutaciones que por un lado, provocan un acortamiento de ciertos cromosomas y que llegado un momento, impiden nuevas reproducciones celulares; y por otro, son responsables de enfermedades como el cancer.

Una de las afirmaciones más sorprendentes entorno a este tema, defendida por la mayoría de los genetistas y biólogos, es que el ser humano no está determinado genetica y biológicamente para morir. La ciencia intenta decirnos que la tan manida frase sobre que todos tenemos que morir porque esa es nuestra naturaleza es falsa y que, si hablamos de la parte más natural del hombre, la muerte no entra en sus planes.

Entonces, ¿por qué nos morimos?, los expertos dicen que el ser humano se muere porque el organismo humano prima la función reproductora sobre la función de mantenimiento. La especie humana, determinada por las leyes de la evolución, gasta cantidades ingentes de energía en la capacidad de reproducción, y una vez que el ser humano alcanza la edad en la que puede procrear correctamente, dedica muy poco consumo de energía al proceso de mantenimiento del cuerpo, por eso se producen los achaques con la edad.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, los caminos por los que se decantan los científicos para alargar nuestra vida, incluso hacernos inmortales son tres:
a) la nanotecnología, con la cual mediante el uso de robots nanotecnológicos suministrados a nuestro organismo, se encargarían de reparar a nivel celular los problema que surgan.
b) los implantes y repuestos biomecánicos.
c) la vida virtual, que basicamente consiste en descargar nuestra existencia en el mundo virtual que hemos creado.

La prolongación de la vida humana es, desde luego, fascinante y un deseo de muchos, sin embargo, plantea una serie de problemas que afectan de manera determinante a la sociedad en todo su núcleo; retos que analizaré en otro momento, por ahora soñemos con las posibilidades de vivir 300 años o ser casi inmortales....

15 de septiembre de 2005

Otra ley de educación más y van...

La alternancia política pacífica en el poder es significado de madurez democrática, pues normalmente los cambios en democracias poco maduras suelen ser desastrosos y muy convulsos. En España, hemos sido testigos dos veces de esa alternancia: la primera, con la victoria del PP en 1996 cuando resulta elegido presiente José María Aznar; la segunda, hace pocos años cuando el PSOE consigue ganar las elecciones y es elegido presidente José Luís Rodríguez Zapatero.

Estos cambios ideológicos en el poder suponen, o deben suponer, una forma diferente de ver y hacer las cosas, pues para ello los ciudadanos han optado por el cambio. Sin embargo, los partidos políticos que consiguen ganar las elecciones deben tener cuidado cuando se ponen manos a la obra: no tocar aquello que los antecesores han dejado funcionando bien e intentar remediar los problemas que, o bien no han sabido solucionar o bien han provocado por su mala gestión, los gestores salientes. Lo dicho hasta aquí parece lo más lógico, pero la cruda realidad se empeña en demostrar que esto está más bien cerca de la utopía política y la verdad de las cosas es muy diferente.

Desconozco los motivos por los cuales el Gobierno entrante tiene el deseo ardiente de cambiar todo lo que suene al Gobierno saliente, funcione bien, mal, regular o incluso no haya llegado a plantearse; es como si de llegar hacerse, uno quedará marcado por algún tipo de estigma desconocido que nada debiese envidar a las maldiciones bíblicas. ¿Miedo a reconocer los aciertos de los adversarios políticos quizás?, ¿incapacidad para controlar el impulso de dar un aire fresco y nuevo a todo?, no lo sé.

El mejor ejemplo de todo esto lo obtenemos cada legislatura, independientemente del color político que defiendan, con las reformas sobre las leyes de educación. Llevamos en España más leyes sobre reformas en la educación que los estudiantes ya no se diferencian por nivel educativo sino por reforma legislativa que han sufrido, y algunos de ellos, han pasado por más de una. La pregunta se hace evidente: ¿han servido de algo?, los análisis y los datos parecen demostrar que no, todo lo contrario, han empeorado la situación.

Los alumnos, los profesores, los padres, etc. deben decir basta de tantas reformas educativas en tan poco espacio de tiempo. Debemos exigir a los partidos políticos que se pongan de acuerdo y realicen un Pacto de Estado para solucionar de una vez los problemas. Uno reconoce que no es muy partidario de esa práctica política, pero algunas veces la necesidad y la realidad se imponen y debe hacerse lo que debe hacerse.

Y si algún día ese pacto llega a realizarse, dejémonos de hablar sobre cuestiones meramente superficiales como la obligatoriedad o no de la religión u otras cosas parecidas. España padece de un problema de educación básica, sobre todo en la secundaria. Es en este grado donde se obtienen los peores resultados y todo debido a la poca calidad de los contenidos de las asignaturas. En nuestro país ha tenido un importante desarrollo la pedagogía de la enseñanza, y ello es muy de valorar, pero ha sufrido una pérdida invalorable de contenidos. Ya no es que exista fracaso escolar, que los profesores no acierten con el método pedagógico para la enseñanza o no sepan motivar a sus alumnos; es que los que consiguen llegar a la universidad en su mayoría, lo hacen con unos conocimientos algunas veces muy precarios sobre materias básicas indispensables. Me refiero, por supuesto a la lengua y a las matemáticas.

Esa es la principal queja de los profesores de universidad, que asombrados comprueban día a día que sus alumnos no saben puntuar correctamente, no tienen hábitos de lectura, su dominio del lenguaje es muy reducido, que sus conocimientos matemáticos básicos de cálculo son rudimentarios en el mejor de los casos y en su mayoría inexistentes. Estos profesores, muchas veces, tienen que adaptar programas a un nivel que no les corresponde y, en algunos casos, verse en la necesidad de enseñar contenidos que debían haber sido aprendidos anteriormente.

La solución a los problemas citados se encuentra en potenciar los contenidos de la secundaria, sobre todo los básicos como el lenguaje y las matemáticas, pues si alguien no es capaz de comprender un texto y expresarse con claridad, si uno no es capaz de realizar ciertas operaciones y cuestiones matemáticas, con dificultad podrá desenvolverse en la educación superior. Con esto no quiero decir que otras asignaturas no sean importantes, pero haciendo una analogía, antes de poder comprar un deportivo, debo saber si tengo dinero suficiente para comer y tener un hogar. Una vez logrado esto, discutamos hasta la saciedad sobre la oportuna presencia o no de la religión, sobre si debemos enseñar como tocar una flauta alemana o como construir una mesa camilla con trozos de pasta. La casa debe hacerse desde lo cimientos y terminando por el tejado, y la casa que representa la educación en España tiene unos cimientos muy débiles, incapaces de soportar un tejado tan grande.

19 de agosto de 2005

Todos contra la OMC

La noticia: Faro de Ourense, martes 2 de Agosto de 2005, “Verín protagoniza una campaña contra la Organización Mundial del Comercio”.

¡Espectacular!, todo un pueblo con el puño en alto cantando la internacional socialista y vítores en contra de la todopoderosa OMC. Una villa, alrededor de unos 13.000 habitantes, perdida de la mano de dios al sur de la provincia de Ourense, en pie de guerra contra un organismo internacional encargado de fomentar el comercio internacional. Me imagino esa manifestación recorriendo las principales calles de la villa, con pancartas y banderas al viento, toda una multitud de personas con una misma idea, de hecho, todo un pueblo con la misma intención.

Yo emocionado, extasiado por ese clamor popular antiglobalización y anticapitalista, casi desempolvo una bandera de la antigua Rusia comunista; sin embargo, al seguir leyendo el resto de la noticia, la desilusión, el engaño, la amargura y la pena me invadieron al momento, no es todo el pueblo de Verín, como indica la noticia, sino unos pocos los que, valientes y llenos de razón, se erigen como defensores de los pobres y desfavorecidos, esos gallardos héroes modernos son nada más ni nada menos que, atención al dato, el SLG (Sindicato Labrego Galego), la Asociación O Grelo Verde y, aunque parezca sorprendente, el Concello de Verín. Ante tales paladines causas justas, mi sueño de otro mundo mejor es posible se va a pique.

Bromas a parte, pues si nos quitan el humor qué nos queda, no es mi intención aquí dar clases de estilo a los profesionales del diario Faro de Ourense, algo que muy acertadamente hacia Juanjo de la Iglesia en Caiga quien Caiga. Lo que si voy hacer es intentar dejar patente que, frente a la máxima de Descartes cuando proclamaba, al inicio de su obra Discurso del Método: “El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo...” [1]; la estupidez parece algunas veces mejor repartida que la razón y el buen sentido.

Uno puede entender que el SLG y una asociación como O Grelo Verde protesten contra la OMC, aunque con ello no defiendo ni siquiera justifico esa postura, pues como sindicato y como asociación hacen lo que deben de hacer, defender los intereses de sus afiliados, a pesar de no saber hacer esa tarea correctamente. Sin embargo, la presencia y apoyo del Ayuntamiento de Verín en tal acto, está totalmente fuera de lugar. Intentaré explicarme.

Suponemos que los miembros del Ayuntamiento de Verín, de cualquier ayuntamiento del mundo, deben poseer unos conocimientos mínimos de gestión, pues para esos han sido elegidos por sus conciudadanos, para gestionar lo mejor que puedan. Cualquier gestor un poco competente debería conocer unas ideas básicas sobre economía, aunque evidentemente no podemos pedir que sean licenciados en economía, si podemos exigir que sepa algo sobre el tema. Bien, por muy poco que uno conozca sobre asuntos de economía, lo mínimo es saber como funciona un mercado, es decir, eso de la oferta y la demanda. Pues personalmente, creo que en el Ayuntamiento de Verín, no existe ningún gestor o responsable que tenga idea de lo significa eso de mercado, ley de la oferta y la demanda, etc.; sólo así puedo entender que hayan decidido apoyar una manifestación contra la OMC bajo el lema: Precios Justos para Nuestros Productos (sic).

Evidentemente uno ha perdido la inocencia hace ya unos cuantos años y sabe que, al ayuntamiento de Verín, le importa un comino que los precios de los productos agrícolas locales sean justos o no, que los agricultores sean menos competitivos o no (verdadero meollo del problema), lo que busca es lo que buscan todas las formaciones políticas, es decir, permanecer en el poder, y apoyando a un sindicato y una asociación de agricultores, en un municipio como el que estamos hablando con una gran masa poblacional directamente o indirectamente relacionada con la agricultura, supone una suculenta maleta de votos.

Si realmente, tanto desde instituciones públicas locales, como desde sindicatos y asociaciones de agricultores, se pretende hacer frente al problema de los precios en la agricultura local ante la competencia internacional, los caminos van más allá que quedarse en una ineficaz e estúpida manifestación contra la OMC. Se deben buscar medidas que conviertan nuestros productos agrícolas en competitivos en el mercado internacional, y si no podemos competir por precio, debemos hacerlo por otros mecanismos como estrategias de marketing que destaquen la calidad del producto local, potenciar productos competitivos como los ecológicos y sobre todo, modernizar una producción que no es capaz de abaratar los costes de producción.

Para competir en el mercado internacional no basta con rabietas y lloros contra la OMC, sino ser competitivos, ser eficaces. Se imaginan que por ejemplo, que yo soy en dueño de una tienda de ultramarinos, la única de mi calle; pues bien, durante años he puesto los precios que he querido pues tenía el monopolio, pero amigos, hace un par de meses, se ha instalado otra tienda que ofrece mejores precios, más grande, con mejor servicio, etc. Lo que no puedo hacer es pensar que la culpa de que mi negocio este en bancarrota por culpa del competidor, sino de mi falta de previsión, de mi falta de capacidad para competir e innovar. No puedo coger y decir, como no soy competitivo, como no se como mejorar, háganse las subvenciones publicas, defiéndanme los organismos públicos, páguenme todos los ciudadanos con sus impuestos mi mala gestión empresarial.

Los agricultores que quieran oportunidades en el mercado internacional, en cualquier mercado, deben abandonar una visión de la actividad agrícola pasada e arcaica basada en una economía de subsistencia; es obligatorio que empiecen a verse y a pensarse como empresarios, sino nada tenemos que hacer por mucho que hagamos culpable de nuestros males a la OMC, el FMI, el BM, al capitalismo y a la globalización. Por otra parte, también es necesario que se esfume de una vez el nefasto paternalismo del gobernante por la industria agrícola, sobre todo en los países desarrollados. Como ya bien decía Hayek: “Aunque lo irracional y absurdo de la política agraria puede apreciarse acaso más patentemente en los Estados Unidos, tenemos que referirnos a otros países para darnos cuenta del enorme alcance que tales medidas, sistemáticamente aplicadas, (al agricultor) [...] –cuya cerril independencia se suele evocar como argumento para mantenerlo a costa del erario público –, hasta convertirlo en el más regimentado y supervisado de todos los productores” [2].

Además, imponer trabas al comercio internacional mediante aranceles, cláusulas de salvaguardia, medidas proteccionistas, etc. perjudica a todos, desde el productor que se acomoda y no es estimulado para competir e innovar, a los consumidores que sólo podrán comprar a precios de monopolio nacional, e incluso a los países pobres que dependen principalmente de su agricultura para salir de la pobreza.

BIBLIOGRAFÍA

[1] DESCARTES, René (1637): Discurso del método. Biblioteca de los Grandes Pensadores. Pág. 37.

[2] HAYEK, Friedrich A. (1959): Los fundamentos de la libertad. Unión Editorial. 6ª Edición 1998. Madrid. Pág. 470.

17 de agosto de 2005

La supuesta exactitud de las ciencias naturales

He hablado ya en este blog sobre la acusación que muchas veces se vierte contra la sociología de no ser una ciencia, basándose los que opinan así en que sus teorías no cumplen con elementos fundamentales de todo método científico: la experimentación, la demostración, etc. Sin embargo, los que hablan así demuestran dos cosas claras: primero, desconocen por completo como trabaja un sociólogo, que como profesional de la ciencia que es sigue un método que podemos denominar sin rubor alguno científico; segundo, desconoce también que las supuestas ciencias puras que el defiende (física, química, geología, biología, etc.), actualmente se encuentran en un proceso de redefinición epistemológica originada por el cambio de una mecánica clásica basada en la física newtoniana a una mecánica cuántica.

No entraré hoy en como es el “oficio del sociólogo” ni sus métodos de trabajo, me centraré en intentar demostrar que las llamadas anteriormente, ciencias exactas, ya no pueden hoy en día, querer ostentar tal privilegio en su denominación.

La exactitud de las ciencias naturales está argumentada y basada en que toda su teoría puede ser contrastada matemáticamente, es decir, al poseer un fundamento apoyado en la matemática, considerada la ciencia exacta per se, todos sus descubrimientos son ciertos, infalibles y una imagen fiel de la realidad que nos rodea. Este mismo argumento se suele usar para atacar a las ciencias sociales para no considerarlas como tales ciencias, defendiendo que sus teorías no pueden utilizar en su método las matemáticas; idea ésta de paso que desprende cierto tufillo que recuerda a una especie de determinismo matemático o dictadura de las matemáticas en el saber científico.

Los dos campos que más se usan habitualmente de las matemáticas en otras ciencias son el algebra y el cálculo, sobre todo el diferencial. Para poder hacer esto, se hace necesario que el científico opere de una manera singular. El cálculo necesita de drásticas reducciones, su objeto de estudio son sucesos y fenómenos que únicamente se pueden expresar linealmente, con funciones o curvas simples, periódicas y graduales. Funciones a la vez que deben cumplir con los postulados de derivación e integración. El problema surge cuando uno comprueba que las funciones que maneja la naturaleza son ecuaciones no-lineales, funciones continuas que no admiten derivadas [1] y por tanto tampoco pueden ser integradas, ¿qué hace entonces el físico, el matemático, el químico?, pues “no solo tiende a maquillar las aristas de cada problema (con pequeñas oscilaciones, suaves ondas, mínimos cambios de temperatura), sino que linealiza las ecuaciones de antemano, ya al plantearlas, omitiendo pura y simplemente su versión no-lineal o cualitativa.” [2] Algo tan simple como la función que describe el remolino que se produce cuando quitamos el tapón de una bañera, no puede realizarse mediante el cálculo diferencial (ecuaciones lineales); por no hablar ya del estudio de partículas cuánticas, los cambios de temperatura en sistemas abiertos, la producción de una determinada enzima, etc. Otro ejemplo son los fractales, figuras geométricas que “tienen siempre en común presentar longitudes infinitas dentro de áreas finitas [...], así como una sencillez no menos abrumadora. Su estructura se resuelve en una sola propiedad (la autosemejanza), combinada con una constante de escala (la dimensión de Hausdorff), que mide el grado de irregularidad en casa caso. [...] cada fractal es un objeto.” [3] Estas representaciones geométricas tienen además la peculiaridad de que no pueden ser interpretadas como ecuaciones lineales, algo impensable para la geometría clásica euclidiana.

Las ciencias naturales han descubierto que los procesos básicos de la naturaleza no tienen un orden establecido, no hay una regularidad; más bien todo lo contrario, el caos y la libertad lo dominan todo. Un ejemplo claro de cómo el azar, anteriormente rechazado a muerte por cualquier científico que quisiese considerarse a sí mismo como tal, ha entrado de lleno es la física cuántica. Si uno decide estudiar la trayectoria de un quark se encuentra con una desagradable sorpresa, su rumbo es caótico, aparece y desaparece sin un claro sentido, y si decidimos trazar una línea que una los puntos donde se manifiesta, lo único que conseguimos es un galimatías sin sentido. El mismo quark, soltado imaginariamente en Madrid, puede aparecer en Barcelona la primera vez, en Sevilla la segunda, ir a A Coruña una tercera y repetir Barcelona una cuarta vez; si continuamos el experimento más veces, comprobamos que ha visitado tantas ciudades como ha querido, sin un claro sentido, que ha repetido otras muchas, prefiriendo unas sobre otras; el azar parece que es lo que lleva a un quark de un lado para otro. Y lo único que puede hacer un físico cuántico es ofrecer una posibilidad sobre el destino elegido del quark, es decir, ofrecer un dato que puede cumplirse o no.

Pero no sólo la física se ha visto afectada por el caos, la química, sobre todo la termodinámica también ha caído bajo sus influjos. La primera ley de la termodinámica enuncia que la energía ni se crea ni se destruye únicamente se transforma; ésta ley obliga a que todos los sistemas sean cerrados y no tengan contacto con otros sistemas. Por su lado, el segundo principio de la termodinámica, “manifiesta que se produce en todo sistema físico aislado una magnitud llamada entropía cuyo valor tienda a aumentar hasta alcanzar el máximo posible o bien, en el caso más desfavorable para esa magnitud, su valor en el transcurso del tiempo será igual a cero.” [4]. Y como dice Prigogine: “el segundo principio afirma que un sistema aislado evoluciona espontáneamente hacia un estado de equilibrio que corresponde a la entropía máxima, es decir, al mayor desorden.” [5].

Azar, probabilidad, caos, libertad, elección y otros muchos son conceptos nuevos para las ciencias naturales, problemas que no pueden resolverse como ya hemos mencionado por el uso del cálculo. Sin embargo, las ciencias sociales llevan desde sus inicios prestando atención a estos fenómenos, para ellas no son conceptos nuevos que supongan un problema en su formulación teórica, sino que desde sus inicios, han formado parte de ellas y no por ello han ofrecido resultados menos científicos o menos reales. Ahora a todos aquellos que defienden que la sociología, la economía, la psicología no ofrecen verdadera ciencia sólo les quedan dos caminos: reconocer el rango de ciencia a las disciplinas de la ciencia social; o bien eliminar la etiqueta de ciencia a las ciencias naturales.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

[1] En el cálculo diferencial la condición necesaria para demostrar que una función es continua es que dicha función tenga derivada.

[2] ESCOHOTADO, Antonio (1999): Caos y Orden. Editorial Espasa Calpe. Madrid. pág. 70

[3] ESCOHOTADO, Antonio (1999): Caos y Orden. Editorial Espasa Calpe. Madrid. pp. 89-90

[4] RUANO GÓMEZ, Juan de Dios (1996): Auto-organización: entre el orden y el caos. Universidad de A Coruña, Servizo de Publicacións. A Coruña. pp. 32-33

[5] PRIGOGINE, Ilya (1988): ¿Tan sólo una ilusión?. Una exploración del caos al orden. Tusquets. Barcelona. pág. 308.

12 de agosto de 2005

¿Qué es la sociología? (II)

Retomando hoy el tercer punto sobre las posibles causas del desconocimiento sobre la sociología, pasaré a ofrecer una serie de definiciones para despejar dudas sobre esta fascinante ciencia. Comprobarán con ello que, como ya he mencionado, existen tantas sociologías como sociólogos.

Alex Inkeles define nuestra disciplina como “el estudio de los sistemas de acción social y sus interrelaciones”. Para J. E. Goldthorpe sociología es “el análisis científico del comportamiento social humano”. Émile Durkheim lo hace como “la ciencia de las instituciones y el complejo sistema de relaciones sociales que estas instituciones entrañan”. A. Cuvillier opina que sociología es “la ciencia positiva de los hechos sociales”. El sociólogo alemán Max Weber dice que sociología es “una ciencia que se propone comprender por interpretaciones los significados internos de las conductas humanas sociales y, de esta forma, llegar a su explicación causal”. T. Parsons piensa que nuestra disciplina “estudia los sistemas sociales formados por las interacciones de las conductas que se orientan hacia una escuela común de valores, dentro de la institucionalización de los modelos culturales”. Por su lado Gurvitch la define como una “ciencia que estudia los fenómenos sociales totales en el conjunto de sus aspectos y su dinámica”. El conocido sociólogo británico A. Giddens dice al respecto que “sociología es el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades”. John J. Macionis y Klen Plummer piensan que “es el estudio sistemático, riguroso y científico de la sociedad”.Ya ven que existen definiciones para todos los gustos, y para que no falte ninguna, humildemente uno también tiene la suya, aunque no puede, ni se pretende, llegar a situar al nivel de “oficial”, categoría que si poseen las anteriores. Personalmente pienso que sociología es el estudio científico tanto de la acción consciente o inconsciente de los individuos como de las instituciones o estructuras que forman una sociedad determinada. Acción que puede llevarse a cabo entre los propios individuos, las instituciones, o entre ambos (individuos-instituciones) de forma voluntaria o involuntaria.

Podemos comprobar en todas estas definiciones que surge un problema a la hora de determinar cual es el objeto de estudio, si los individuos o las estructuras, por llamarlo de alguna forma, estamos ante una variación del dilema del huevo o la gallina. Algunos autores defienden que son las estructuras las que definen el comportamiento de los individuos y la sociedad; por el contrario otras corrientes teóricas afirman que es la acción individual de las personas las que modelan y construyen la realidad social; por último, actualmente han surgido aportaciones teóricas integradoras que opinan que las sociedades se forman por la interacción tanto de los individuos como de la estructura o instituciones que nos rodean.

Sin embargo, a este problema de determinar un objeto de estudio, se une un problema epistemológico sobre la objetividad o subjetividad de la ciencia sociológica. Ello es debido a que el sociólogo como miembro de la sociedad, como ser social que es, forma parte del objeto de estudio, con lo cual se nos plantea la duda siguiente: ¿Hasta qué punto un sujeto que pertenece al objeto de estudio puede ofrecer resultados objetivos?; análogamente es como si una molécula química o un electrón se estudiasen a si mismos y ofreciesen datos científicos sobre el mundo al que pertenecen. Nace así otro debate que lleva ocurriendo de los principios de la sociología.

Quizás debamos empezar por definir los términos objetivo y subjetivo, las que aquí expongo fueron dadas en su día por el profesor Jesús Ibáñez y se encuentran recogidas en el libro “Problemas de teoría social contemporánea” de E. Lamo de Espinosa: “Una realidad puede ser considerada un sistema en la medida en que es objetivable, definible como estructura separada y diferenciada del sujeto que la define”; por subjetivo “un sistema está constituido por la interferencia recíproca entre la actitud del sistema de objeto y la actividad objetivadora del sujeto”.

A lo largo de la historia de la sociología han surgido varios paradigmas donde cada uno defiende un uso de la objetividad o de la subjetividad, podemos agruparlos en tres grupos: el primer paradigma es el positivista, donde la realidad es concebida como única y objetiva, observable, medible y cuantificable; se considera importante separar al investigador de lo investigado. Un segundo paradigma es el interpretativo-comprensivo o cualitativo, donde la realidad social se considera como un producto de la actividad del hombre, se define una actitud subjetiva del investigador. Por último el paradigma crítico o de la teoría crítica donde los hechos no están captados directamente de la realidad empírica, sino que están mediados socialmente, por lo que no se puede desvincular el descubrimiento del contexto social en que se produce.

A todo esto podemos obtener una clara dicotomía entre investigación cuantitativa y cualitativa. Si consideremos los fenómenos sociales como algo objetivo y exterior, entonces es un enfoque cuantitativo; si lo hacemos como algo subjetivo e interior, es un enfoque cualitativo. Nos encontramos ante dos posturas de pensamiento diferenciadas como son el positivismo y la hermenéutica, o como dice Drogsen en 1858, entre explicación (erklaren) y la comprensión (verstehen).

En un lado encontramos a Emile Durkheim donde los hechos sociales son externos, objetivos e independientes de la voluntad del sujeto; de otro lado la postura de Max Weber que sostiene el rechazo al positivismo pues los hechos son irrepetibles, la relación entre sujeto y objeto, donde los actores sociales actúan en tanto en cuanto están inmersos en un medio social cargados de significado. Evidentemente la actitud del investigador depende del método que utilice; en la cuantitativa busca ya lo que conoce, en la cualitativa encuentra aspectos significantes que desconocía.

Pero debemos tener cuidado al pensar que otras ciencias, consideradas más puras o más exactas, pueden escapar de este problema sobre objetividad-subjetividad. La ruptura que supone pasas del paradigma de la mecánica clásica a la teoría de la relatividad o mecánica relativista, es debido a que por primera vez las ciencias de la naturaleza deben enfrentarse a la invasión del sujeto en sus paradigmas y estudios. Sin embargo, se produce un paso a mayores dentro de este tema, la aparición de la mecánica cuántica lleva a todas las ciencia sin excepción del presupuesto de objetividad al presupuesto de reflexividad (la realidad como sistema producido por interferencias entre sujeto y objeto.). Y con esto, algo que desde sus orígenes formaba parte de las ciencias sociales, pasa de lleno a las ciencias naturales: el azar.

Por todo ello, se hace comprensible el porque de los problemas de la sociología a la hora de su definición, y como por tanto, dificulta su conocimiento y compresión para el resto de las personas ajenas a ella.

Espero haber aclarado algunas dudas sobre la sociología a todas aquellas personas ajenas a esta disciplina. Dejaremos para otro día la tan manida pregunta sobre lo que hacen los sociólogos, pues se trata de un misterio mucho mayor.

11 de agosto de 2005

¿Qué es la sociología?

Si ustedes quieren ver en aprietos a un sociólogo no le pregunten por el problema vasco, la pobreza, la globalización o como terminar con el terrorismo, seguramente tendrán una respuesta; si de verdad desean comprobar como su tez se vuelve pálida, como comienza a sufrir pequeños temblores, sudores fríos y a murmurar por lo bajo frases sin sentido, pregunten una sola cosa: ¿Qué es sociología? Personalmente, sólo de imaginarlo, un malestar recorre cada parte de mi cuerpo. Cierto es que uno va acostumbrándose a responder a esa pregunta, pues es habitual, casi diría que tradicional, que un estudiante de sociología cuando responde a la cuestión de los curiosos sobre lo que estudia, se produce de inmediato un diálogo que seguro resulta familiar para todos los alumnos de esta carrera universitaria:
“- ¿Y tú que estudias?
- Sociología.- Responde el incauto joven.
- ¿Y eso qué es? Pregunta con cara de asombrado el curioso”

Se imaginan el mismo diálogo intercambiando la palabra sociología por, no sé, por ejemplo física, economía, periodismo, medicina, derecho, informática (asombroso es este caso, donde todo el mundo sabe de que va una ingeniería de informática, aunque después entre lo que los profanos piensan que saben y lo que de verdad es el estudio de una ingeniería en informática exista una legua de distancia); quizás el único caso comparable con la sociología es la logopedia. Sin embargo, no quiero que se vea en este comentario un reproche a todas aquellas personas que, ante el desconocimiento de lo que es la sociología, sabiamente toman la actitud de preguntar y no quedarse con la duda.

Modestamente creo que el desconocimiento de lo que es una ciencia como la que practican los sociólogos, se debe fundamentalmente a varias razones, que pasaré a detallar.

La primera es que se trata de una ciencia relativamente joven, si la comparamos evidentemente con otras ciencias como la matemática, la física, la química o la filosofía. La sociología nace a finales del siglo XVIII, sobre todo con un fenómeno social fundamental: La Revolución Francesa de 1789. El primer sociólogo, por lo menos al primero que se le concede ese estatus, es Auguste Comte, si bien es cierto que puede uno retraerse a pensadores de la filosofía moral y política.

La segunda causa, es que se trata de un fenómeno muy nacional, es decir, el desconocimiento de lo que es la sociología no se da en países donde existe una tradición sociológica arraigada como es el caso de los Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra. Esto se debe evidentemente, a que la Sociología como estudio universitario se hizo oficial en España muy tardíamente en comparación con los países descritos.

El tercer motivo es, en parte, culpa de la propia sociología y de los sociólogos, pues podemos afirmar que existen tantas definiciones de sociología como sociólogos, lo cual nos lleva a una pluralidad conceptual que confunde y desorienta al extraño, pero que incluso muchas veces, también perjudica a la propia ciencia sociológica.

CONTINUARA...

2 de agosto de 2005

¿Existe algún mal que no sea culpa de la globalización? (II)

Continuando con las multinacionales, se las acusa también de explotar a los trabajadores de los países en desarrollo mediante salarios bajos y jornadas laborales extensas, además de tener que realizar sus tareas en condiciones vergonzosas. Guillermo de la Dehesa contesta: “La amplia evidencia empírica disponible llega a conclusiones totalmente opuestas. Las empresas extranjeras, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, pagan salarios más elevados que los de las empresas nacionales y sus condiciones de trabajo son siempre mejores que las generales de los países donde se ubican, además de darles a sus empleados más formación y mejores condiciones de retiro.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 285).
Se oyen voces también que acusan a la globalización de ser la culpable de la reducción de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Es un dato contrastable que este hecho es vergonzoso para los países desarrollados, y que deberían realmente pensar que su tacañería y falta de solidaridad son realmente escandalosas. Sin embargo, no culpemos de ello a la globalización, al contrario, los países en desarrollo que necesitan ayuda, “no son víctimas de la globalización como muchas personas, en general poco documentadas y sin ninguna evidencia, argumentan erróneamente, sino víctimas de la falta de globalización, puesto que aquellos países que han podido engancharse a ella y han podido abrir sus economías han logrado crecer a tasas muy superiores a las de los países desarrollados.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 287-288)
La globalización, como fenómeno histórico, social y económico que es, no tiene una forma física a la cual acusar de manera directa, sobre la cual verter la responsabilidad de todos sus males, esa culpabilidad suele recaer de manera casi igual entre las multinacionales, como ya hemos visto, como sobre el Banco Mundial y el FMI. No puede ocultarse de que tanto en FMI como el BM han cometido errores en cuanto a la hora de recetar medidas para el desarrollo de algunos países, al no tratar el tema más específicamente y teniendo en cuenta las particularidades de cada uno; sin embargo, el tan mal nombrado consenso de Washington, “es una realidad que algunos de sus principios siguen siendo absolutamente válidos: la apertura de las economías, la estabilidad macroeconómica tanto fiscal como monetaria, la flexibilidad cambiaria, etc.”. (DE LA DEHESA, G. 2003, 288).
En referencia a las crisis financieras, “éstas han existido siempre y han sido, incluso, más graves que las actuales.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 290). Como muy bien indica Carlos Rodríguez Braum, en una serie de artículos sobre la publicación de El malestar de la globalización, de Joseph E. Stliglitz: “Según este economista, la globalización financiera, merced a la libertad de movimientos de capitales, produjo las crisis del Este de Asia, la antigua URSS y América Latina. Pero como han señalado Juan José Toribio y muchos otros, las crisis se desatan cuando las autoridades del país receptor de capitales adoptan un tipo de cambio artificial e incompatible con políticas fiscales expansivas. La crisis, que finalmente acaba con la libertad (hasta el "corralito" argentino), no se deriva de la globalización y es a veces agravada por las interferencias en la libertad de movimientos de capitales. En el Este de Asia muchos Gobiernos promovieron estas trabas, algunos de modo suicida, desalentando la entrada de inversión directa pero no la de capitales a corto.” [1]
La globalización, como hemos visto, quizás no es tan culpable de todo lo que se le acusa. Los verdaderos culpables de el retraso económico en los países en desarrollo son otros, son el proteccionismo imperante entre productos manufacturados y agrícolas en las relaciones Norte-Sur y Sur-Sur; es el miedo a dejar al mercado funcionar libremente; es la corrupción que asola a estos países como jinetes del Apocalipsis; las guerras y enfrentamientos civiles; la falta de educación, etc. Pero no culpemos de ellos a la globalización, sino todo lo contrario, “si no se consigue un mayor grado de globalización en los próximos años extensible a todos los países en desarrollo, a través del comercio, la inversión extranjera y la ayuda al desarrollo, de modo que mejores las condiciones de muchos de esos países, el enorme desequilibrio demográfico entre los países ricos y pobres que se avecina puede llegar a generar una situación muy grave e insostenible a largo plazo” (DE LA DEHESA, G. 2003, 292). Y mientras tanto, nuestros políticos siguen empeñados en reducir y controlar el proceso globalizador por el bien de la humanidad; quizás en el futuro, si consiguen alcanzar sus propósitos, se llevarán las manos a la cabeza y tendrán que mirar las consecuencias que sus actos han originado, entonces y sólo entonces, a lo mejor rectificarán y opinarán que es necesaria más globalización.

BIBLIOGRAFIA
Guillermo de la Dehesa (2003): Globalización Desigualdad y Pobreza. Alianza Editorial. Madrid.

[1] Carlos Rodríguez Braum: “La publicación de El malestar en la globalización” en www.liberalismo.org

1 de agosto de 2005

¿Existe algún mal que no sea culpa de la globalización? (I)

Si usted se encuentra en paro, si la economía va mal, si han pensado trasladar su empresa a un país del Este de Europa o a Asia, si los inmigrantes cada vez son más, si la inseguridad por los atentados terroristas es cada vez mayor y no tiene a quien culpar, no se preocupe, el pensamiento único ha encontrado un chivo expiatorio al cual poder acusar: la globalización. El proceso globalizador es el demonio origen de todos los males que azotan a la humanidad, de hecho, ¿existe algún mal que no sea culpa de la globalización? Para los bien pensantes iluminados de la izquierda y la derecha la cosa está clara: ella, la globalización, es la madre de todas las crisis y todos los problemas. Si no, vea que opina al respecto Ramón Jáuregui Atondo en un artículo publicado en el diario Expansión el día 30 de Julio de 2005: “En definitiva, se trata, una vez más, de gobernar la globalización. La gran demanda ciudadana, a comienzos del nuevo siglo, sigue siendo una política para el mundo, soluciones a las nuevas amenazas, respuestas sociales a las derivadas económicas de un mercado global que rige la economía del mundo pero no resuelve los nuevos y graves problemas sociales que genera. Desde la convivencia cosmopolita de las grandes urbes, a la inmigración masiva en todo el mundo. Desde la destrucción del modelo social y laboral protegido, a las nuevas formas de exclusión y fractura social en el interior del mundo laboral. Desde la lucha contra el hambre en el mundo, a la aparición del terrorismo islamista global. ¿Quién gobierna la globalización?”.
¿Le duelen las muelas?, ¿le ha dejado su pareja?, ¿qué Fernando Alonso no ha ganado en Hungría?, pues no le de más vueltas a la cabeza buscando responsables, la culpa es de la globalización. Claro que si uno quiere hacer un análisis más profundo del tema, puede llegar a pensar que la globalización quizás no sea tan nefasta como defiende el señor Jáuregui Atondo. Un ensayo lúcido, claro, brillante y asequible para todo el mundo lo ha realizado Guillermo de la Dehesa, uno de los economistas españoles de mayor prestigio nacional e internacional. El trabajo realizado, publicado en un libro titulado Globalización desigualdad y pobreza (Alianza Editorial), defiende la postura contraria a Jáuregui, frente a la idea de este último de menos globalización y muy controlada, Guillermo de la Dehesa aboga por ampliar y expandir el proceso globalizador. ¿Cuáles son las razones de este último para defender esa tesis?, veámoslas en sus propias palabras.
A la globalización se la acusa de provocar una mayor pobreza en el mundo, dice de la Dehesa al respecto: “la pobreza absoluta se ha reducido muy significativamente en las dos últimas décadas, cuando el proceso de globalización se ha acelerado.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283). Ofrece datos al respecto que resultan evidentes:


BANCO MUNDIAL 1970 1998 Disminución 1998/1970
1. Millones de personas con menos de 1 dólar diario 1.400 1.199 -201 millones
2. Porcentaje de población total 40% 24% -16 puntos
3. Millones de personas con menos de 2 dólares/día 2.200 2.800 +600
4. Porcentaje de población total 60% 51% -9 puntos

SALA I MARTÍN
1. con menos de 1 dólar diario 554 352 -201 millones
2. Porcentaje 20% 6% -14 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.323,8 973,7 -35,1 millones
4. Porcentaje 44% 18,5% -25,5 puntos

BHALLA
1. con menos de 1 dólar diario 1.262 647 -615 millones
2. Porcentaje 46,4% 13,1% -33,3 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.631 1.147 -484 millones
4. Porcentaje 60% 23,3% -36,8 puntos

Fuente: Banco Mundial (2002); Sala i Martín (2002a); Bhalla (2002) cit. en Guillermo de la Dehesa (2003)

Y los datos son mucho más optimistas desde el punto de la pobreza relativa: “la reducción en términos relativos ha sido espectacular: un 60 y un 69 por 100 en el primer caso (con menos de un dólar/día), y un 51 y un 70 por 100 en el segundo (con menos de 2 dólar/día).” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283).
También se culpa a la globalización de haber aumentado la desigualdad en el mundo; otra vez los datos vuelve a desmontar esa falsa idea: “el coeficiente de Gini ha caído de 0,662 en 1980 a 0,633 en 1998, según Sala i Martín, y de un 0,685 en 1980 a 0,651 según Bhalla. La relación entre el 20 por 100 más rico y el 20 por 100 más pobre también se ha reducido, aunque levemente, pasando de ser 40 veces superior en 1970 a 39 veces en 1998.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 284).
Otro mal de la globalización es el poder cada vez mayor y nefasto de las multinacionales, que dificulta cada vez más la actuación de los estados llegando incluso a poder hablar, entre algunos especialistas de las ciencias sociales, de la desaparición del estado-nación. Comenta De la Dehesa al respecto: “ninguno de ambos argumentos se sostiene en realidad. Por un lado, las multinacionales nunca han estado sujetas a mayor regulación que en la actualidad, [...]. Por otro lado, una medición seria de su tamaño relativo, en relación con el de los países, muestra que en su mayor tamaño relativo actual se debe, sobre todo, a una elevada proliferación de nuevos países independientes de pequeño tamaño en el mundo, cuyo número total ha pasado en los últimos 50 años de 46 a cerca de 200. En todo caso, la experiencia reciente está llena de casos en los que países de diferentes tamaños se han impuesto a las multinacionales cuando ha surgido un conflicto entre ambos” (DE LA DEHESA, G. 2003, 284-285).

CONTINUARA...

29 de julio de 2005

La Iglesia me ataca y es ella la que se siente ofendida

La iglesia se siente atacada porque por fin se ha corregido una injusticia, porque al fin los homosexuales pueden casarse y equiparar sus derechos con una pareja casada heterosexual. Humildemente me pregunto: ¿no puedo sentirme yo ofendido y atacado por la doctrina moral de la iglesia?. Sus defensores me dirán que la doctrina de la iglesia no puede ofenderme y atacarme, pues está basada en el amor y el respeto al prójimo, que soy un hijo más de Dios y que por tanto soy amado y respetado. Entonces yo a estos les pido que me expliquen las declaraciones de Rafael Termes, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, realizadas en el diario El País el día de hoy.

Tengo la necesidad de que alguien me razone comentarios tan llenos de amor como: “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y nada puede justificarlos...”, “la homosexualidad, en sí misma, es condenable, y el homosexual curable”. ¿Curable?, ¿significa eso que estoy enfermo?, ¿qué tengo que acudir a un especialista médico a curar esta terrible dolencia que es amar a otro hombre?. Si con estas grandes perlas uno no puede sentirse ofendido y atacado, que venga alguien más inteligente que yo y me lo explique, modestamente, como yo estoy enfermo y tengo mis sentidos aturdidos por el virus de la homosexualidad no puedo quizás ver la realidad del tema.

Pero tengo que estar tranquilo, quizás me he alarmado demasiado, el propio Rafael Termes para consolarme ha acudido a un gran especialista como Aquilino Polaino, sabio entre sabios, que me explica que la razón de mi enfermedad puede encontrarse por dos vías: genética, (vaya, entonces quizás no es tan antinatural como intentan algunos demostrar); o adquirida por el entorno social. A este sabio iluminado, genio del pensamiento y mente privilegiada le pregunto: ¿Conoce algún padre o madre que fomente la homosexualidad entre sus hijos? ¿A escuchado alguna vez a un padre o una madre decir: “¡Uy!, mi Pedrito es todo un homosexual, en la guardería no hace más que tener novios, los trae a todos locos por él”. Claro que no, nadie desea tener un hijo maricón o lesbiana, ningún padre quiere tener uno bicho raro de esos porque es una desgracia para la familia, pero claro, si viene que le vamos hacer, habrá que respetarlo y quererlo igual (eso en el mejor de los casos). El “profesor” Aquilino Polaino no ha tenido que luchar primero para aceptarse a si mismo, a tragarse el orgullo y aguantar todo tipo de chanzas e insultos sobre maricones, mariquitas, bolleras, marimachos; no ha tenido que dar esquinazo y mentir a unos padres cuando le preguntan a uno sobre sus novias; no ha tenido que luchar contra sus sentimientos cuando un amigo empieza a ser más que un amigo y las dudas asaltan, el miedo te asedia y lo único que quieres es que nadie note que estás enamorado. Es cierto que con el tiempo estas cosas se superan, uno va ganando confianza y empieza a percibir que no todo es tan negro, y que si uno es gay o lesbiana, no tiene la culpa de nada; entonces llegan otras pruebas igual de duras, llega el momento de coger a unos padres y decirles eso de “papa, mama, soy gay” y escuchar los llantos de una, los por qué de otro, el ver la incomprensión y el miedo en sus ojos, el asombro y el sentimiento de rechazo y negación hacia tu persona, si ya sabemos que al final todo se aclara (para aquellos que tienen esa suerte, pues otros muchos ya no vuelven a ser respetados y aceptados); llega el momento de explicarle a tus amigos porque nunca te han visto con chicas, a dar por ciertos esos rumores que durante tanto tiempo has negado, algunos se marcharán y otros se quedarán, sin embargo, nada volverá a ser igual, por mucho que ellos intenten decir que no es así.

Así que cuando después de muchos siglos de injusticia, de purgas, de condenas, insultos, ofensas se percibe una pequeña luz al final del túnel, la iglesia dice que se pare el mundo, que eso no puede ser, que a estos enfermos no podemos darle derechos, que hacerlo es un insulto para todos los considerados normales.

La iglesia no se siente atacada porque se casen dos hombres o dos mujeres, se siente atacada porque pierde otra parcela de poder, que se suma a otras muchas que ha ido perdiendo y no es capaz de asimilar. Y a todos aquellos que me respondan que la iglesia no aspira al poder terrenal les diré que deben repasar un poco de historia, que deben preguntarse porque ese intento por su parte de controlar todas las etapas del ser humano.

Yo me siento atacado y ofendido por una institución que es capaz de influir en miles de personas, sino, imagínense a la iglesia negando la existencia de alma a las mujeres y considerándolas poco más que animales de compañía del varón, pues no se lo imaginen, eso ya sucedió y forma parte de la historia de la iglesia; por todo eso y por un Dios vengativo que no mueve un dedo por el hambre en el mundo, pero sin embargo castiga a Sodoma y Gomorra simplemente por prácticas homosexuales, yo me siento insultado y vilipendiado.


Con aprecio y cariño para todos aquellos amigos que saben de lo que hablo. Gracias a vosotros he conseguido ver una realidad que permanecía oculta ante mis ojos.

27 de julio de 2005

¿Cuándo perdimos el norte?

Uno lleva ya unos cuantos años estudiando sociología y se ha percatado de que, desde que comenzó sus estudios, es más fácil encontrar una aguja en un pajar que un sociólogo liberal. Debido a ello, las dudas me asaltan e incluso en algunos momentos de flaqueza y debilidad, he llegado a pensar que me he equivocado a la hora de elegir mi futuro laboral. Sin embargo, en esos momentos de confusión, uno recuerda que ser liberal es defender algo fundamental: la libertad.

Hoy, mientras disfrutaba de un café, leía un artículo del profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, Fernando Álvarez-Uría, titulado “Londres: otros tiempos difíciles”; y otra vez un escrito desde la sociología ataca el liberalismo, sin percatarse, a mi entender, de las consecuencias no deseadas que hacer dicha ofensa supone.

Álvarez-Uría comenta en dicho artículo, como la elaboración del Informe Beveridge y la aparición del Libro Blanco de la política de empleo, pero sobre todo el primer documento, fueron claves para la resistencia de los londinenses en el asedio constante durante la II Guerra Mundial por parte de la aviación nazi; en palabras del propio autor: “El Gobierno imprimió 650.000 copias, que circularon suscitando animados debates y la conciencia de los ciudadanos de estar luchando por un mundo mejor dio ánimos a una población asediada por la muerte, los incendios y la devastación provocados por las bombas alemanas”. Personalmente creo que los londinenses resistieron porque si eran derrotados, es decir, si los nazis se alzaban victoriosos, perderían algo que amaban por encima de cualquier cosa, su libertad. Pero para Álvarez-Uría, eso no era importante, la libertad de los londinenses se encontraba para ellos en un segundo plano, lo realmente valioso para los ciudadanos de Londres de entonces era un plan para aumentar los impuestos, las cotizaciones, el paro y la rigidez laboral.

La mención a este acontecimiento de la historia de Europa sólo es una excusa, la intención del artículo en cuestión es relacionar los atentados terroristas ocurridos en los últimos años, son fruto de haber olvidado y abandonado los postulados del Estado de Bienestar, sobre todo del modelo keynesiano; cito textualmente: “Los pilares para el Estado social keynesiano no se levantaron en tiempos difíciles de sufrimiento y dolor, tiempos en los que proliferaban, como en la actualidad, los crímenes contra la humanidad”. Defiende, por tanto, el autor la idea de que si se extendiese el modelo de Estado de Bienestar, los atentados terroristas no tendrían porque haber ocurrido, que la culpa de que se hayan cometido es, en última instancia, de los dos demonios preferidos por todos los intelectuales iluminados: el capitalismo y el liberalismo. Como si en los países de procedencia de los terroristas fueran ejemplo de sistema de mercado y libertad individual.

El discurso anticapitalista al que recurre para explicar los males que padece el mundo en general es bastante errado, pues parece que debemos recordar que capitalismo y democracia van cogidos de la mano; el capitalismo es imposible de llevarse a cabo completamente en sociedades donde no exista un sistema democrático, el cual debe defender los derechos fundamentales de libertad, seguridad y propiedad privada.

Este artículo es sólo uno entre los muchos donde un profesional de la sociología se encierra en un antiliberalismo y anticapitalismo incomprensible y fuera de toda razón intelectual. La Sociología y sobre todo en España, parece haber olvidado las consecuencias de las políticas keynesianas que acabaron, en su clímax, en la crisis de los años 70, donde las medidas de intervención estatal en la economía supusieron la aparición de situaciones peligrosísimas para cualquier economía: inflación, paro, déficit y deuda estatal.

Los sociólogos del pensamiento único, y lo son la mayoría de los sociólogos que conozco, defienden un modelo de gestión donde está permitido la coacción, los impuestos, el igualitarismo mal entendido y lo que es peor de todo, los ataques constantes contra la libertad de los individuos. Defienden un Estado sobredimensionado de funciones y tareas, imbuido de poderes que nadie es capaz de controlar, dueño y señor de todas las decisiones que, nos guste o no, toma elecciones por nosotros y las financia con nuestro dinero, recaudado de forma coaccionada mediante impuestos. Parecen ignorar que cuando defienden la rigidez laboral, realmente están defendiendo trabas para que una persona tenga mayores posibilidades de encontrar trabajo; que cuando apoyan un sistema de pensiones y seguridad social, están obligándome a que acepte un estado paternalista que cuide de mí y me diga lo que tengo que hacer.

En qué momento, estimados colegas, nos hemos puesto la manta en la cabeza y perdimos en rumbo en la defensa de la libertad; cuándo ocurrió el fatídico día en que, nosotros que tan cerca estamos de las personas, decidimos coger el camino del intervencionismo y el paternalismo estatal; qué pasó por nuestras mentes cuando decidimos apoyar la coacción y olvidarnos de que si perdemos nuestra libertad, lo perdemos todo; pero aún queda lo más importante: ¿cuándo veremos nuestro fatal error y volveremos a ver el norte?

¿Quién teme al libre mercado?

Quiero comenzar esta reflexión del poder de las multinacionales con dos citas, la primera de Alí Laidi en Le Monde Diplomatique: “Es una guerra silenciosa. Un conflicto ahogado por el ruido de la cruzada del Bien contra el Mal que se lleva a cabo desde el 11 de Septiembre de 2001. Sin embargo, las víctimas son numerosas: no hay muertos ni heridos, si no empleados, inválidos para el trabajo y excluidos de la sociedad. Los fundamentos mismos de la sociedad se ven afectados. Las empresas constituyen los principales actores de esta guerra económica en la cual se enfrentan con o sin complicidad de los Estados. Guerreros de cuello blanco sin fe ni ley que se olvidan de las leyes comerciales, se burlan de la ética y sólo tienen una religión: el aumento de los márgenes de ganancia.” [1]

En la segunda cita quiero hacer un pequeño juego, no citaré al autor hasta que lo considere oportuno, para que el lector intente adivinar de quien se trata: “En la carrera por la riqueza, los honores y los ascensos, el hombre puede correr tan deprisa como le sea posible y tensar cada uno de sus nervios y músculos para dejar atrás a sus competidores. Pero si empuja o tira por tierra a alguno de ellos se termina la indulgencia del espectador. Esto es violar el reglamento, no jugar limpio, y eso no puede permitirse”.

Existe por lo visto entre los intelectuales del mundo, cabezas pensantes que alumbran el oscuro camino del resto de individuos, una aversión hacia el capitalismo y el sistema de mercado. Desconozco si dicha repugnancia se produce o por su desconocimiento del tema o por el contrario, debido a que son auténticos expertos poseen la capacidad de ver cosas que el resto de los simples mortales no vemos; personalmente me inclino por la primera opción.

Lo que realmente desde luego parecen desconocer mis amigos los intelectuales deslumbrados es los fundamentos teóricos en los que se basa el capitalismo y el sistema de mercado, porque sino difícilmente se puede defender posturas como que el mercado funciona mejor sin trabas ni leyes, que el capitalismo no necesita del derecho más que para defender la propiedad privada y que el estado es un simple pelele al servicio de los intereses económicos. Todas estas sandeces y otras muchas quedan en agua de borrajas con la siguiente cita de Adam Smith: “Aquella seguridad que las leyes británicas dieron a cada uno de sus habitantes para que cada uno pudiera gozar del fruto de su trabajo es, por sí sola, suficiente para hacer que florezca cualquier nación...” (SMITH, A.: 1776 (1992), 481). [2]

Como muy bien indica Amando de Miguel: “La desconfianza respecto al mercado proviene de la errónea suposición de que en las relaciones económicas espontáneas o libres –sin intervención del Estado – siempre triunfan los fuertes o los grandes. Véase el argumento en un editorial de Cuadernos para el Dialogo (enero de 1965): “Una simple comprobación de la vida social nos lleva a la evidencia de que allí donde no interviene una autoridad reguladora superior, la fuerza misma de las relaciones económicas –montadas sobre desigualdades de clase y permanentes procreadores de estas – perjudica necesariamente a los más débiles” (p. 4). No hay tal evidencia. Son muchos los casos en los que David vence a Goliat. Es más, también hay muchos ejemplos en los que la “autoridad reguladora superior” refuerza la posición de los fuertes. Durante los años setenta el equipo de Cuadernos para el Diálogo sostuvo la conveniencia de nacionalizar los bancos. (Se decía “socialización de la Banca”). En lo cual coincidía con uno de los “puntos” de la Falange Española, lo que no deja de ser divertido” (MIGUEL, AMANDO DE: 2003, 116-117). Y continua el sociólogo diciendo: “La idea de libertad de mercado no desplaza, sino que refuerza la de un Estado bien organizado. Aunque parezca paradójico, el mercado solo puede funcionar bien si hay un Estado que mantiene un Gobierno honrado, una Justicia independiente y un orden público con la máxima seguridad. Añádase una estricta lista de servicios públicos realmente eficientes, que no tienen por qué ser los mismos siempre.” (MIGUEL, AMANDO DE: 2003, 123)

Partiendo desde esta perspectiva, más apropiada para el análisis del abuso de las multinacionales que el ataque simple y superficial al capitalismo y el sistema de mercado; podemos indicar que el comportamiento de aquellos agentes económicos que no cumplan la normativa legal deben ser sancionados, y que es bueno que el sistema lo haga para su propia supervivencia. Pero es que a mayores, el sistema de mercado ofrece una doble pena, la que supone la perdida de clientes, pues los consumidores no perdonan a las compañías comportamientos incorrectos.

El sistema de mercado, con la defensa de la libertad que lleva implícito, permite que los propios individuos puedan pedir explicaciones sobre el funcionamiento correcto o no de las multinacionales y actuar en consecuencia. El mercado no se define sólo desde el lado de la oferta, sino que la oferta no es nada sin la demanda, sin los consumidores, que son los que al final deciden comprar y con esa compra son los responsables de los aumentos de los márgenes de beneficios. Si el consumidor decide que los productos que consume deben poseer una serie de valores como calidad y precio; puede exigir también como valor añadido todas las reivindicaciones como la no explotación de menores, la conservación del medio ambiente, etc, etc.

El mercado con su propio funcionamiento expulsa fuera a las empresas poco eficaces, las poco productivas, las menos rentables; y para poder ser eficaz, productiva y rentable, dedique a lo que se dedique cualquier empresa, es vender y convencer a un consumidor, si no lo consigue, posiblemente el mercado acabe echándola o cambiando su forma de actuar en él.

Por cierto, la cita es de Adam Smith.


BIBLIOGRAFÍA:

[1] Alí Laidi: La guerra económica, el eterno conflicto de las grandes potencias en Le Monde Diplomatique, Marzo 2005, nº 113; Ediciones Cibermonde S. L. Valencia.


[2] Adam Smith (1776): Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México, Fondo de Cultura Económica, 1992. La negrita de la cita es mía.

[3] Amando de Miguel Rodríguez (2003): Las ideas económicas de los intelectuales españoles. Colección Tablero, Instituto de Estudios Económicos. Madrid.

22 de julio de 2005

Nuevos retos para la sociología de la familia

Comienzo una de mis lecturas atrasadas, una de las muchas que acumulo, y debo confesar que la inicio con una sensación de sorpresa. El libro en cuestión se titula “Principios de bioética laica” del catedrático de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid Javier Sabada.
Reconozco mi desconocimiento sobre los temas y puntos más importantes sobre la bioética, aún a pesar mío, pues se trata quizás de uno de los debates más interesantes que han aparecido a la palestra en los últimos años. No es que no haya oído hablar sobre el asunto, todo lo contrario, los medios de comunicación rara vez no ofrecen información al respecto, sin embargo, si es la primera vez que me adentro en las procelosas aguas de la bioética de una manera más especializada.

Hablaba del sentimiento de sorpresa que me asaltó cuando comencé la lectura de la obra. El motivo se encuentra en la página 16, cito textualmente:
“Un bebé podrá tener cuatro madres. Efectivamente, una madre sería la que pone a disposición el núcleo con la carga genética; otra, la que aporta el óvulo; otra, la que ofrece su útero en alquiler para llevarlo, ya fecundado; y, finalmente, la madre social que lo eduque. Las relaciones de identidad, parentesco y sociales, como se ve, chocan con las habituales, e incluso, se diría, con las morales.” (SABADA, J. 2004, 16).

¡Cuatro madres!, vaya, y yo que pensaba que era difícil explicar a un niño que sus padres no son sus padres biológicos, sino adoptivos.

Nos encontramos, si alguna vez esto se lleva a cabo, ante una serie de desafíos muy interesantes y que no deberíamos ignorar. Parece claro pensar de todo lo anterior, que conocer a la madre del recién nacido será un verdadero misterio

No veo problemas en conocer a la madre “legal”, es decir, la que la ley reconoce como la responsable del cuidado y manutención del bebé. Sin embargo, llegado un momento, ¿no podrán las demás madres reclamar ese derecho?, ¿no tendrá derecho el niño a conocer a todas las mujeres implicadas en todo el proceso de procreación? .

Sin embargo, el embrollo puede complicarse aún mucho más. ¿Podemos considerar como hermanos a los hijos de las madres que han participado en el proceso, pero ahora no son la madre “legal”? ¿Qué pasará con la filiación y la descendencia?

Parece claro que el tema es muy fecundo, pero tampoco quiero extenderme aquí, pues no creo que sea el lugar adecuado, pero tampoco quiero dejar pasar por alto la oportunidad para reconocer que, ante esta posible realidad que se avecina, estoy impaciente por observar como se desarrolla todo. ¿Ustedes no?


BIBLIOGRAFIA

Javier Sabada (2004): Principios de bioética laica. Gedisa Editorial. Barcelona.

15 de julio de 2005

Los sindicatos y la pobreza vistos desde la izquierda

Leo en el diario Expansión, del jueves 14 de Junio del 2005, un artículo de Ramón Jáuregui Atondo titulado: "Dos noticias y una misma reflexión"; con el cual no comparto sus opiniones. Dice Jáuregui: “Ya es bastante lo que le está ocurriendo al sindicalismo en los tiempos de la globalización económica y en el marco ideológico impuesto por el neoliberalismo, como para que, además, se sume una crisis de sus líderes, especialmente en el movimiento sindical más fuerte y organizado, como es el sindicalismo alemán”. Los problemas del sindicalismo nacen no por los aspectos negativos, que de forma implícita en el artículo de Jáuregui, parecen poseer la globalización y el neoliberalismo, sino por la falta de capacidad para adaptarse a los retos que plantea la actual economía global.

La estructura de las organizaciones sindicales y su visión sobre la problemática económica y social de los trabajadores, a los cuales supuestamente defienden, se ha quedado anticuada, ya que no pueden ejercer su coacción como lo hacía antaño. Hoy en día los sindicatos no representan a todos los empleados de una empresa, pero siguen empeñados en querer ser la voz y el camino a seguir de todos ellos, estén afiliados o no, estén de acuerdo con sus ideas o no. Los sindicatos están perdidos en un mundo que no quieren comprender y el cual no quieren aceptar, y cuanto antes se enteren de ello, mejor para los trabajadores y los empresarios.

En relación a los conciertos promovidos por Bono y Geldof para solucionar la pobreza, dice Jáuregui: “No desprecio estos movimientos, los miro con simpatía, sabiendo que en su corazón late la vieja aspiración de justicia y libertad que animó siempre al progreso y a la izquierda”. En los inicios de los movimientos socialistas y de izquierdas, sus ideologías se perdían es un igualitarismo totalitario y no acababan por convencer a sus seguidores plenamente, pues tenían éstos miedo de perder libertades ante unos partidos y movimientos que no querían dejar esfera social, política y económica sin dominar y controlar. Fue entonces cuando se dieron cuanta de que, si querían llegar a cumplir sus verdaderos propósitos, debían incluir a la libertad entre sus ideas, pero se trataba de una libertad con trampa: recortaba la libertad a los individuos pero parecía otorgar carta blanca a gobiernos, partidos políticos e incluso sindicatos.

Lo que a Jáuregui parece preocuparle, es que los partidos políticos, sobre todo los de izquierda, no sean capaces de ser los abanderamos de las preocupaciones ciudadanas; parece olvidar que los partidos políticos sólo buscan una cosa: ganar las elecciones. Acabar con la pobreza mundial no está entre la agenda de los líderes mundiales porque tampoco está entre los principales problemas personales de los ciudadanos del mundo desarrollado.

Jáuregui llega incluso a afirmar que en un principio llegó “a confiar en los movimientos altermundialistas […] como embrión de una sociedad concienciada y movilizada contra una globalización tan injusta como insoportable en lo social y tan incoherente como suicida en lo ecológico”. Opino que es precisamente el proceso de globalización el que nos hará ver y compartir los problemas mundiales y buscar una solución a ellos de manera conjunta. No se puede decir que los gobiernos deben actuar a nivel global y luego acusar a la globalización de todos los males habidos y por haber.

Me asombra también la inocencia de Jáuregui cuando dice: “[…] los pequeños incidentes de Edimburgo, dominados por pequeños grupos anarcos, sin organización, ni líderes, ni propuestas […]”. De verdad cree el señor Jáuregui que esos grupos funcionan así, debería pasar un tiempo navegando por las páginas Web de grupos como http://acp.sindominio.net/ ; o todo un directorio de este tipo de grupos desorganizados: http://www.rebelion.org/directorio.php .

La izquierda sigue confundiendo el término igualdad: una cosa es que ante la ley yo sea igual que cualquier otro individuo, pero otra cosa es hacerme igual a la fuerza en todo, yo no tengo que ser igual a otro individuo, yo tengo mis circunstancias personales únicas: mi educación, mi trabajo, mi forma de vida, mi ideología, etc. y no se puede coger y decir que todos iguales nos guste o no.

14 de julio de 2005

Dos amenazas sobre la libertad

"Existen tres argumentos principales que justifican la democracia. El primero afirma que siempre que se estime conveniente la primacía de una opinión entre varias en conflicto –concurriendo la circunstancia de que habría de imponerse, en caso necesario, por la fuerza – resulta menos dañoso que apelar a la violencia el determinar cuál de aquellas opiniones goza del apoyo más fuerte utilizando al efecto el procedimiento de contar los que están en pro y los que están en contra [...] El segundo argumento –históricamente el más importante y todavía de la mayor trascendencia, aun cuando no nos hallamos completamente seguros de que sea siempre valido – afirma que la democracia es una importante salvaguardia de la libertad individual. [...]" (HAYEK, F. A. 1998, 147)

Las democracias actualmente tienen que hacer frente a dos amenazas: el terrorismo y los ataques a la libertad individual. La realidad nos hace percibir de manera más clara el peligro del terrorismo, ejemplos abundan por doquier: Irak, New York, Bali, Madrid, Londres más recientemente. Estos actos inhumanos y despiadados buscan desestabilizar la sociedad occidental mediante sus dos armas más crueles: los muertos y el miedo. Como consecuencia de la existencia de victimas se generan en la sociedad sentimientos de sufrimiento, dolor, impotencia y venganza. De modo más sutil, el miedo y junto a él la inseguridad, pueden hacer tomar decisiones equivocadas a las sociedades que los padecen.

La otra gran amenaza y mucho menos visible son los ataques contra la libertad individual, normalmente bajo la forma de recortes y restricciones. Estas medidas se toman como consecuencia del miedo y la inseguridad que se forman después de un ataque terrorista. La sociedad se ve golpeada de forma tan brutal que esos sentimientos negativos que son el miedo y la inseguridad nos hacen creer que la pérdida de libertades es un mal menor si con ello conseguimos acabar con el peligro terrorista. Sin embargo, no por mucho que vigilen nuestros correos, controlen nuestras llamadas telefónicas, nos graben en todo momento, nos registren, nos obliguen a pasar por mil y un rituales de falsa seguridad en un aeropuerto el terrorismo será derrotado o lo que es peor, impediremos que se produzcan más atentados.

Estas medidas lo único que hacen es crear una falsa esperanza de seguridad, una falsa sensación de protección y lo que si logran y de manera muy eficaz es invadir nuestra intimidad, nuestro derecho a la privacidad, en definitiva: un recorte de nuestra libertad. Por lo general, el sistema judicial de una democracia supone que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario; con estas medidas todos somos sospechosos de cometer un posible crimen terrorista, por eso se atenta contra nuestra privacidad, tenemos que demostrar a nuestros gobernantes y a las fuerzas de seguridad, que supuestamente deben defendernos, que somos inocentes.

¿Qué nos está pasando cuando permitimos que recorten nuestras libertades? ¿Dónde vamos cuando en Irak mueren 31 niños por un atentado terrorista (en la memoria también los niños muertos en Beslán) y no se tomen medidas de ningún tipo? Los asesinos están ganando muchas batallas, no dejemos que ganen la guerra y consigan el triunfo que tan diabólicamente están persiguiendo, no permitamos que nos quiten lo que tanto hemos tardado en conseguir: la libertad.

No quiero dejar esta reflexión sin pasar por alto dos citas para que reflexionen ustedes:

"Fuimos los primeros en afirmar que conforme la civilización asume formas más complejas, más tiene que restringirse la libertad del individuo." Benito Mussolini

"Habría amado la libertad, creo yo, en cualquier época, pero en los tiempos en que vivimos me siento inclinado a adorarla" Alexis de Tocqueville

Bibliografía
Friedrich A. Hayek (1998): Los fundamentos de la libertad. Unión Editorial. Madrid

10 de julio de 2005

Sobre el Estado del Bienestar y la responsabilidad personal

Soy consciente de que criticando al Estado de Bienestar me enfrentaré ideológicamente contra muchas personas que lo defienden, pero no por ello voy a dejar de hacerlo.

Muchos dicen que cuando mediante nuestros impuestos (y todos pagamos impuestos en todo momento), conseguimos financiar un sistema más justo e igualitario no me lo creo. El Estado de Bienestar lo único que logra, aparte de interferir muy perniciosamente en el sistema económico, es crear una serie de actitudes en los individuos que viven en ese sistema de irresponsabilidad y dejadez.

Desde pequeños parece que no debemos preocuparnos por nada, porque Papá Estado se ocupará de todo, de nuestra salud, de nuestra educación, de nuestra vivienda, de la seguridad de nuestro trabajo, etc. Pues yo no quiero, lo siento, pero no acepto que el estado me quite dinero para gastarlo donde mejor le viene en gana con la supuesta excusa de hacerlo por un bien mayor. Soy lo suficientemente mayor y racional para decidir que hacer con el dinero que recibo a cambio de un trabajo, si con esa cantidad salarial me dedico a comprar números especiales de Playboy y no contrato un plan de pensiones, o un seguro médico, o una vivienda es problema mío.

La abolición del masificado y sobredimensionado del Estado de Bienestar supone que yo, como individuo mayor y consecuente con mis actos adquiera una cualidad que todo ser debe poseer: responsabilidad con mi persona y con los demás. Si no tengo a nadie que saque las castañas del fuego, o soy responsable con mis actitudes y decisiones, o pagaré las consecuencias en un futuro, pero sin que mis decisiones equivocadas afecten a nadie. Si no contrato un plan de pensiones y cuando me jubile tengo problemas económicos, habrá sido mi culpa, no podré ir a Papá Estado y decirle: "perdón, se que no debería haberme gastado todo en fiestas y mujeres, estoy muy arrepentido y quiero que ahora, todos los demás miembros de la sociedad me paguen una pensión." Lo siento, tachadme de poco solidario, pero no soy responsable de que esa persona haya decidido así.

8 de julio de 2005

Comenzamos

Venid hijos míos y escuchad la historia de un pequeño blog que nació hace mucho, mucho tiempo en una tierra lejana y extraña donde sucedían cosas extraordinarias e increíbles.