16 de marzo de 2012

De la Teoría Monetaria Moderna o la paja mental de algunos economistas.

Envueltos como estamos en un periodo donde los Estados han gastado más de lo que deberían y ahora empezamos a pagarlo todos, están surgiendo nuevas posiciones teóricas que defienden el gasto público y los déficits como herramientas necesarias para el crecimiento económico. En definitiva, se trata de los de siempre pero con otros disfraces y aunque se lleven mal con sus primos keynesianos, neo-keynesianos o post-keynesianos no pueden ocultar los rasgos familiares. Y uno de estos primos recién llegados son los que se han dado en llamar Teoría Monetaria Moderna.

Su origen pueden retrotraerse hasta el economista alemán G.F. Knapp,  las aportaciones de Alfred Mitchell-Innes y sobre todo, las ideas de un sistema financiero fiduciario con pleno empleo y baja inflación de Abba P. Lerner. Hoy en día su "resurgimiento" se debe principalmente a James K. Galbraith, Lord Robert Skidelsky, Randall Stephanie Kelton y Bil Mitchel entre otros. Su desarrollo teórico se ha centralizado sobre todo en las universidades de Texas, Missouri, el Bard College de Nueva York y el Instituto Roosvelt; pero realmente su difusión entre el público mayoritario se ha producido gracias al mundo blogger con páginas como The Daily Beast, New Deal 2.0, Naked Capitalism y Firedoglake.

La Teoría Monetaria Moderna (TMM en adelante), intenta anlizar las economías modernas con una modena nacional de caracter fiduciario establecido y creado por el Estado. El dinero entra en circulación a través del gasto público y los impuestos son empleados, en vez de para sostener dicho gasto, para dar valor vía coacción para establecer como instrumento de pago la propia moneda creada, ya que no podrán pagarse en otra divisa que no sea la nacional. Ya que los gobiernos pueden emitir su propia moneda, sostienen que el nivel de impuestos en relación con el gasto público son un claro instrumento de política económica y no solamente, un medio para financiar la actividad del estado.

La estructura teórica de la TMM se construye bajo dos pilares o relaciones, una horizontal y otra vertical. La relación horizontal es la que se da entre el gobierno, el banco central y los bancos privados mientra que, la relación vertical es la que se produce entre el sistema bancario y el sector privado.

Antes de meternos de lleno en ambas relaciones, se hace necesario establecer  que se cumple la siguiente ecuación: (G-T) = (S-I) - Nx, donde G es el gasto público, T los impuestos, S el ahorro, I la inversión y Nx las exportaciones netas o sector exterior. Que el dinero es creado por el estado y que los bancos centrales ya no son independientes del mismo.

La relación vertical nos dice que el ahorro neto solo es posible si los estados crean déficit. Los bancos privados colocan sus reservas ante el banco central, si el estado gasta más de lo que ingresa por impuestos, creará moneda que colocará en el banco central y éste a su vez, hará aumentar las reservas de los bancos privados. El efecto contrario de reducción de reservas ocurre en caso de superavit.

Este mecanismo de funcionamiento puede llevarnos a pensar que provocará un efecto de crowding out, pero no es así según los teóricos de la TMM, lo único que hace es presionar a la baja el tipo de interés del mercado interbancario, ya que influye en las reservas obligatorias que toda entidad debe depositar en el banco central.

La relación horizontal argumenta que frente a la teoría aceptada del efecto multiplicador del dinero, por el cual son los bancos privados debido a la reserva fracionada los que crean dinero, no son dichas entidades lo que lo hacen, sino el estado debido a la generación de déficit. Las posiciones de reserva son irrelevantes, según esta teoría, ya que lo único que impide a un banco privado prestar más son consideraciones internas de solvencia y rentabilidad.

Lo que subyace detrás de la teoría de la TMM es que el gasto público tiene un efecto positivo en la economía ya que aumenta las reservas monetarias de los bancos privados. Ello permite un aumento del ahorro neto y por tanto de la inversión, lo que conlleva un crecimiento de la economía. Para controlar la inflación que el proceso pudiese ocasionar, se aumentarían los impuestos que son el mecanismo del gobierno para controlar el consumo y por ende, los precios. El objetivo por tanto de pleno empleo es posible si el estado aumenta su déficit hasta conseguir que el ahorro neto y la inversión propicién la suficiente expasión de la economía que permita contratar a los empleados desocupados.

LA TMM no deja ser por tanto, una evolución monetaria de la teoría keynesiana del gasto público. Mientras que los keynesianos defienden que la única política económica válidad para el crecimiento económico es la política fiscal de aumento de la demanda agregada via gasto público y financiación de los déficits via aumento de impuestos. Los defensores de la TMM dicen que los impuestos no financian la actividad pública sino que permiten controlar la inflación y la única forma de crecer económicamente, es mediante una política monetaria expansiva favorecida por el gasto público. Como para ello, el estado debe poder crear dinero sin restricciones, se suprime la independencia del banco central que vuelve a ser parte del Estado, como lo eran hasta antes de la revolución monetaria de Milton Friedman.

Sin embargo, todo el edificio se sustenta en la descripción de la moneda como algo fiduciario, es decir, los agentes privados deben tener fe en el valor de su moneda. Y no solo los nacionales, sino también los agentes privados y públicos internacionales. Cualquier acontecimiento que deteriore la confianza en el valor de la divisa nacional provocaría una preferencia por otra moneda extranjera, devaluando su valor y haciendo que los agentes privados usaran la divisa internacional para su día a día y únicamente utilizarían la nacional para el pago de impuestos.

Otro de los argumentos que sustenta la teoría es que los Estados, los gobiernos, son agentes benevolentes en todo momento y que todas sus decisiones son justas y correctas. Nos encontraríamos ante un caso de Leviathan magnánimo y benevolente donde cualquier proyecto de inversión público sería por obra de magia productivo y rentable.

Considerar que la inflación se puede controlar vía impuestos disminuyendo el consumo es demasiado simplista. No considera al comercio internacional, los costes de producción, los bienes substitutivos, etc. Tampoco tiene en cuenta la relación entre la estructura empresarial instalada y sus costes con el precio de mercado.

Los efectos perversos o lo que Hayek denominó las consecuencias no deseadas de la acción. La intromisión del estado en las reservas y por tanto en el ahorro neto, inciden directamente sobre la inversión. El estado sería el único que dictaminaría cual es la etapa apropiada para invertir, es decir, llevar a cabo proyectos empresariales. Además, cualquier proyecto empresarial sin éxito, no tendría que convertirse en una pérdida económica para el emprendedor, ya que el estado podría asumir el gasto o las pérdidas generadas. No existiría el riesgo ya que cualquier proyecto, viable o no, no supondrá un problema económico para los que lo inicien, ya que el estado actuaría de salvaguarda y para el gobierno no supondría ningún inconveniente, porque via déficit que puede generar al crear toda la moneda necesaria cubriría esas pérdidas.

Además, como empresario tampoco me interesaría emprender ningún proyecto, ya que de lograr encontrar un nicho de mercado que me permitiera obtener grandes beneficios, rápidamente otros me copiarían al disponer de dinero sin problemas. Y en el caso de que nadie lo hiciese, si mis precios son muy altos, el estado los regularía vía impuestos para mantener la inflación reduciendo mis beneficios hasta el nivel que el gobierno considere oportuno.

De hecho podríamos ir más allá. Ya que el estado puede generar todo el dinero que necesite y ningún proyecto es inviable, ¿por qué no puede el estado encargarse de darnos todo lo necesario? Vivienda, educación, sanidad, alimentación, ocio, etc. En cuidadano no necesitaría dinero simplemente consumiría y sería el estado vía el banco central quien pagaría esas facturas a las empresas privadas que ofreciesen sus productos y servicios... lo que me lleva a preguntarme una cosa, ¿quién trabajaría si se lo dan todo ya hecho?...

13 de marzo de 2012

Respuesta a "Bancos a 1€, me los quitan de las manos"

Un amigo y gran profesional del sector, David Pazos, me ha permito gracias a su entrada, "Bancos a 1€, me los quitan de las manos", actualizar el blog ya que mi respuesta a su post creo merece ser publicada aquí. Y no dejen de leer las acertadas opiniones que David escribe en su blog.

Esta es mi respuesta:

Mi percepción del tema es que nos encontramos ante un cambio significativo de modelo. Un auténtico boom que está revolucionando la estructura e incluso la forma de hacer negocio bancario.

Comparto contigo que la actuación del Banco de España no está siendo todo lo profesional que debería ser y muchas de sus decisiones, por llamarlo de alguna forma, no han sido muy claras. Tengo la sensación que hay más prisa por hacer las cosas que por hacerlas bien, ¡que diferente forma de actuar frente a la anterior crisis bancaria de los ochenta!

Lo que ha quedado patente es que un modelo determinado de gestión bancaria, el representado por la alianza político-financiera de las Cajas de Ahorro, no funciona. Y la solución ha ido, por desgracia, en perpetuar ese poder político, de claro matiz autonómico o local, frente una profesionalización del sector. Es cierto que algunos valientes como el Sr. Castellanos en Nova Galcia Banco, han dado un aire nuevo, pero lamentablemente llegaron muy tarde.

Esta época de cambio estructura del sector nos lleva a marchas forzadas a una nueva forma de encarar el negocio bancario. Una estrategia focalizada en el cliente minoritario, con una clara separación entre la banca particular y el resto de banca privada, de empresa e incluso de inversión; con nuevas políticas de comercialización adaptadas de verdad a las exigencias MiFID donde el cliente sepa de una vez por todas que adquiere; el desarrollo definitivo de los nuevos canales como internet y el móvil, etc, etc.

Más que ese temor  lógico por un aumento de los costes de financiación o menor competencia. Lo que a mi verdaderamente me preocupa es si las entidades están adaptando sus estructuras organizativas y de negocio a los nuevos retos que la etapa post-crisis nos va a exigir a todos. Y por lo que puedo ver, creo que ING y Bankinter salen en muy buenas posiciones.

20 de noviembre de 2011

Ahora que ha ganado el PP...

... debemos aceptar los resultados y esperar antes de juzgar, las medidas que van a tomar. Pero que nadie se engañe, no vamos a salir de la crisis mañana, ni pasado, ni dentro de un mes ni en un año. La oscura etapa que España y Europa vive, no depende de los colores que marcan el arco parlamentario de un país, sino con algo mucho más profundo, se trata de una crisis de valores, de ciertos valores que el Estado del Bienestar ha mengüado y escondido en cada uno de nosotros.

Hablo de valores como la responsabilidad, la aceptación de las consencuencias de nuestros actos, de nuestra capacidad de lucha, sacrificio y previsión, en definitiva, de aquello que los mayores, a veces tan pesados pero muchas veces sabios, llaman madurez.

El Estado del Bienestar nos ha adormilado, haciendo vivir un Matrix donde pensábamos que todo lo que teníamos que luchar y conseguir debía lograrse no mediante trabajo y esfuerzo, sino por derecho otorgado por una especie de Papá Estado. Éste, cual figura paterna de amor infinito, debía darnos sanidad, educación, vivienda, trabajo, vacaciones, calles limpias, etc. y no nos hemos dado cuenta de que eso, llevaba escondido un veneno mortal al igual que en la manzana de que nos expulsó del Paraíso. Hablo del veneno de la inmadurez, de la incapacidad para ser adulto y convertirnos a todos en niños esperando que siempre sea Papá Estado el que nos sacase las castañas del fuego.

Saldremos de esta crisis cuando todos y cada uno de nosotros nos sentemos a reflexionar y pensemos como adultos, no lo que el estado puede hacer por nosotros, sino lo que nosotros podemos hacer para salir de la crisis, sin esperar que nadie, ni siquiera los que hoy han ganado, lo hagan. Y lo que debemos pedirles a todos los políticos y a los ganadores con más insistencia, es que nos dejen la suficiente libertad personal, social y económica para actuar y con ello, acertar o equivocarnos.

Recordar también que aunque el PP haya ganado por mayoría absoluta en las dos Cámaras de nuestro sistema político, no debemos pensar que tienen carta blanca para hacer lo que quieren. La política responsable es un acto individual que se hace colectivo, que parte de la minoría del yo para conectar con personas que comparten nuestras preocupaciones e ideas. Debemos conocer nuestro sistema político, saber como funciona y que mecanismos y resortes tiene para influír en él, pues con ello conseguiremos primero que los partidos no se crean que pueden hacer lo que quieran y segundo, nos permitirá darnos cuenta de que podemos hacer mucho más de lo que nos imaginamos. Se trata de un problema de cultura política que debe ser resuelto también.

Podemos pensar que la política es algo que no va con nosotros, que no nos afecta o que se trata de algo que deben solucionar los demás. En esa actitud, no hay nada de criticable, simplemente hay que aclarar que si se toma, uno debe aceptar las consecuencias y es que decididarán otros por uno. Los españoles y los europeos en general (aunque en menor medida los británicos), únicamente nos preocupa la política cada cuatro años. Los norteamericanos, con muchos defectos como nación, tienen una virtud de la que deberíamos aprender y es que tienen una cultura de la responsabilidad política inmensa, algo que sus políticos saben. Cuando una cosa no les gusta, llaman a su senador, a su congresista, a su representante, llaman a su concejal, a su alcalde, etc. Se movilizan, se reunen, se preocupan y hacen llegar sus preocupaciones y demandas a sus representantes. Tienen un fuerte sentido de la comunidad y de la sociedad civil. ¿Creen qué hacemos algo parecido aquí? No, por supuesto que no, pero lo más preocupante es que nuestros propios políticos no favorecen esos canales porque no quieren que sea así.

Nuestro peor enemigo, como en todo, no son los demás, sino nosotros mismos. Luchemos contra nuestra pasividad política.... si eso es lo que queremos hacer.

3 de noviembre de 2011

Aclarando algunas cuestiones

Ni fascista, ni de derechas, ni conservador, ni progresista, ni anarquista, ni socialista.... simplemente YO, simplemente LIBERAL. ¿Entendido?

Resultado del test de Nolan (hacer test):


Y estas mis respuestas:

Sus respuestas fueron:

  • No debe haber censura de opiniones por parte del Estado en ningún caso.
  • La Iglesia debe autofinanciarse, y estar en igualdad de condiciones con cualquier otra asociación. El Estado debe permanecer laico.
  • El Sercicio Militar debe ser voluntario. Es el mejor modo de tener un ejército profesional y preparado para defender nuestros intereses y compromisos en el exterior.
  • Las leyes no deben entrometerse en las relaciones sexuales entre adultos que consientan, en ningún caso.
  • Deberían legalizarse las drogas, despenalizando su uso y liberalizando su distribución.
  • Las leyes y el poder judicial deben establecer en qué casos se puede anteponer el uso de medidas preventivas de seguridad a ciertos derechos individuales y en qué casos no.
  • Cualquier tipo de imposición o beneficio basado en criterios de sexo, raza o grupo social, viola el principio de igualdad ante la ley, y no debe ser impuesto por el Estado.
  • No debe haber diferencias de derechos en función del lugar de nacimiento o nacionalidad.
  • El Estado no debe intervenir en cuestiones tan personales como la identidad o la cultura. Cada ciudadano debe tener la libertad de usar el idioma que considere.
  • Se contaminaría menos si se estableciesen responsabilidades claras y derechos de propiedad bien definidos con respecto a la contaminación.
  • El Estado no debe limitar el comercio internacional. Éste debe ser libre y los aranceles deben reducirse o eliminarse.
  • Los impuestos deberían reducirse, aunque para ello haya que recortar algunas prestaciones y servicios del Estado.
  • Las pensiones de jubilación son un asunto de ahorro y planificación individual. El Estado no debe exigir contribuciones obligatorias a un sistema público.
  • Las instituciones privadas de caridad deben ser las principales canalizadoras de la solidaridad de la sociedad.
  • Las licencias, permisos y colegios profesionales son trabas innecesarias. El ejercicio de cualquier profesión debe ser libre para cualquier persona cualificada.
  • Los sindicatos deben regirse por las normas aplicables a cualquier otra asociación, y no recibir financiación pública o atribuírseles funciones especiales.
  • Gestionar centros médicos no debe ser una función del Estado. Los centros médicos deben ser privados, y los ciudadanos ser libres de contratar el seguro médico que prefieran.
  • El Banco Central debería reducir sus competencias, y los bancos comerciales ser todos de carácter privado.
  • Las Grandes Superficies son empresas como cualquier otra. Tienen derecho a competir libremente en el mercado, sin restricciones en sus horarios o precios.
  • Los contratos laborales deben gozar de más libertad de cláusulas entre las partes. La legislación debería interferir menos en materias puramente contractuales, como su duración o causas de rescisión.

2 de agosto de 2011

Aprender de economía cantando rap (II)

Hace unos meses me topé con una de las mejores ideas para difundir auténticas lecciones de economía en forma de rap. Hoy les traigo la segunda parte y como entonces, no puedo más que descubrirme ante estos genios con mayúsculas. ¡Espero que lo disfruten!

"La economía no es un coche, no hay un motor que se detenga. Ningún experto puede arreglar "esto" porque no hay ningún "esto" en absoluto. La economía somos nosotros, no necesitamos ningún mecánico. ¡Aparta las herramientas, la economía es algo vivo!"
F. A. Hayek.

28 de julio de 2011

Sobre franceses, griegos, alemanes y una verdad.

Lamentablemente no soy adivino y no puedo decir lo que el futuro nos va a deparar, algo que muchos economistas deberían hacerse mirar en su empeño por ser más futurólogos que científicos sociales. Pero intentaré sacar un poco de luz a este tema y ofrecer mi humilde opinión.
Y comenzaré diciendo que a Alemania y a Francia Grecia, Irlanda y Portugal le importan más bien poco ya que su verdadera preocupación son la S y la otra I del término PIGS, es decir, España e Italia. Bajo el discurso de lo correctamente político, el intento de salvar las economías de los países rescatados y el euro con un cierto halo de entes bondadosos rascándose el bolsillo por el bienestar de sus compañeros europeos menos afortunados me parece más bien falso; Alemania y Francia de lo que verdaderamente tienen miedo es del contagio. Podemos usar el símil de un hospital donde tenemos unos enfermos graves o muy graves (Grecia, Irlanda y Portugal) que comparten habitación con dos más que no es que estén tan graves, pero su salud no es muy óptima. Los médicos (Alemania y Francia), intentan curar a los enfermos de esa dolencia rara que no son capaces de controlar, pero lo que no quieren bajo ningún modo es que caigan también los otros dos (España e Italia), porque saben que si esos caen, ellos también. Tienen miedo.
Los datos de la siguiente tabla hablan por sí solos:



Fuente: Goldman Sachs con criterio de la EBA (cálculos realizados por el autor).

De los 131.900 millones de euros que los países “periféricos” deben a los bancos alemanes y franceses, el total de los tres países rescatados alcanza la cifra de 27.500 millones, es decir, un 20,8 % del total; mientras que España e Italia suponen un total de 104.400 millones de euros, un 79,2 % del monto total. ¿De verdad que si nosotros fuésemos los presidentes de Alemania y Francia nos preocuparían los tres enfermos graves? De ahí que Merkel y Sarkozi llamasen en su momento por teléfono a sus homólogos Zapatero y Berlusconi para rendir cuentas.
Alemanes y franceses están más preocupados de demostrar a los mercados que el contagio no irá más allá, de ahí las prisas y el carácter de urgencia por hacer firmar a Grecia un nuevo rescate; de recordar al BCE (contrario a la fórmula que se proponía de ayuda) que el tema no era Grecia, sino España e Italia; y dejar claro a aquellos que están apostando por un rescate de éstos dos últimos países, que se equivocan. La salud de su economía le va en ello.
La pregunta que nos debemos hacer ahora es: ¿han acertado con las medidas propuestas para frenar el contagio? La respuesta del mercado es NO. El plan de ayuda griego se compone de dos partes básicamente:
  1. Por un lado, una nueva aportación de 159.000 millones de euros que se dividen en 109.000 de carácter público y 50.000 de carácter privado. Los 109.000 millones de aportación pública serán efectuados entre la U.E. y el FMI; los 50.000 millones privados se componen de unos 37.000 millones de carácter voluntario y 13.000 en recompra de deuda griega.
  2. Por otro lado, se suavizan las condiciones de la anterior ayuda, rebajando el tipo de interés de un 4,5 % a un 3,5 % y ampliando el plazo de pago de 7,5 años a un mínimo de 15 y un máximo de 30 años.
El problema es que las agencias de calificación avisaron y de hecho lo están haciendo, que considerarían este plan como un impago parcial (“selective default”) y los mercados también lo han tomado así. Se ha ganado tiempo, pero no se ha puesto solución al problema griego, porque lo que los mercados realmente quieren oír es la solución definitiva, es decir, una reestructuración de la deuda griega con quita, lo que supone que algunos de los tenedores de deuda griega tendrán que asumir pérdidas. Y ello supone reconocer por parte de las autoridades comunitarias, el fracaso de su intento por salvar la estabilidad del euro y lanzar una imagen de “todo puede pasar”.
Personalmente creo que Grecia no será capaz de pagar las deudas contraídas, no por falta de voluntad, sino porque su economía no tiene la capacidad para hacer frente a ella. Las lacras de un sobredimensionado sector público que ha tenido intervenido el mercado heleno de una forma brutal e ineficiente, un mercado laboral rígido, una estructura empresarial centrada en el sector servicios (turismo básicamente) y agrícola y la necesidad de altas tasas impositivas para recortar el déficit y la deuda, impiden que se puedan generar flujos suficientes para crear riqueza y pagar lo adeudado. Grecia está abocada al default por mucho que la UE no lo quiera reconocer, pero los mercados lo saben y únicamente desconocen el momento.
¿Y luego qué? Solo el espagueti volador lo sabe….

23 de julio de 2011

Sexto aniversario

¡Seis años ya! Jamás pensé que el blog duraría tanto y que tanta gente estaría interesada en las cosas que escribo. Es cierto que el blog últimamente está algo parado, porque otros están más activos y un nuevo proyecto está en pañales, pero prometo volver en breve.

¡Gracias a todos los que pierden unos valiosos minutos de su vida en leerme! ¡Y mil gracias a los que a mayores, deciden comentar y enseñarme con sus ideas!

19 de mayo de 2011

Indignados

Mal vamos si fundamentamos, si establecemos como cimiento de nuestro futuro edificio un sentimiento como la indignación. Según la RAE, indignación es "Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos." Si queremos entender por completo el significado, debemos comprender también el significado de "vehemente" y volviendo al diccionario de la RAE, leémos sus tres acepciones:

"1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Un discurso vehemente.

2. adj. Ardiente y lleno de pasión.

3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos."

Es decir, que frente a los problemas que se nos plantean, debemos optar por una respuesta pasional, ardiente, irreflexiva, llevada por los impulsos, etc. Pues permítanme decir que no, que ese no es el mejor camino.



La indignación es un sentimiento negativo fruto de la dejadez, de la actitud pasiva, la despreocupación y la falta de implicación. Nos indignamos cuando permitimos, como en todo sentimiento negativo, que algo externo nos afecte, y nosotros somos los responsables últimos de ese sentir. Hemos permitido que lo que nos ha indignado nos haya vencido.


Están los indignados así por culpa de la clase política, los banqueros, el sistema y demás, pero realmente los culpables no son los linchados, sino los propios indignados. Durante un tiempo, cada vez que uno de los que ahora están siendo culpabilizados obraron de una forma determinada, y los que ahora se quejan, no hicieron nada, simplemente callaron y asumieron. A lo mejor, alguno se molestó un poco, pero no mucho y pensó, para la siguiente como vuelvan a hacer lo mismo reacciono, pero no lo hizo. ¡TODOS HEMOS SIDO, SOMOS Y SEREMOS RESPONSABLES DE UNA SITUACIÓN!


Las acusaciones de mentirosos, falsos, hipócritas, corruptos, irresponsables, poco profesionales, estafadores, etc. se lanzan y entrecruzan pero, ¿son fruto de ahora?, ¿hemos descubierto hoy que ellos, los supuestos culpables son así? o, por el contrario, ¿les hemos permitido su juego sin molestarlos mucho? Cuantas veces hemos oído en muchos de los jóvenes que ahora están concienciados al cien por cien en Sol y otras ciudades, aquello de que la política no iba con él, que era apolítico, que él pasaba de esos temas y no le preocupaban. Nosotros, con nuestra actitud pasiva, con nuestra falta de compromiso, con una personalidad nada proactiva, es decir, con una ausencia insultante de RESPONSABILIDAD sobre nuestros hechos, hemos sido los mentirosos, falsos, hipócritas, corruptos, irresponsables, poco profesionales, estafadores, etc.


Ayer no y sin embargo, ahora sí, ¿por qué? Porque nos hemos dado cuenta de que nosotros somos los culpables, por eso nos indignamos. El niño pequeño se enfade cuando se sabe culpable, aunque no lo reconozca. El problema está en que seguimos sin querer asumir un hecho fundamental para todo acto, sus CONSECUENCIAS. El Estado del Bienestar en el cual hemos dormitado en sueño de los ilusos, nos ha convertido en seres que esperan que las soluciones lluevan cual maná divino y, sino es así, nos indignamos.


Y las soluciones que estamos dando al problema de raíz de todo, el ESTADO, es crear más estado: queremos más regulaciones, es decir, que nos vigilen más, que nos digan con más fuerza lo que tenemos que hacer; más impuestos para darnos aquello de lo que nos creémos merecedores por algún extraño derecho divino; el igualar por envidia y por abajo, no fomentar el espíritu crítico y la competitividad. Durante años escuché que debería el estado cuidar de los ciudadanos: decirnos lo que comemos, lo que bebemos, lo que debemos o no debemos correr con nuestro coche, lo que es cultura o no. "Deberían prohibir la comida basura para erradicar la obesidad", "prohibir el tabaco", "tener todos lo mismo", etc. Estamos pidiendo más de todo pero menos LIBERTAD, porque en el fondo sabemos que la libertad significa ser CONSECUENTE y aceptar las RESPONSABILIDADES, como bien indica Eduard Punset: "La infelicidad es el peaje de nuestra libertad".

Tengo un sentimiento encontrado, dividido con esta manifestación de malestar social. Por un lado, comparto la ilusión y la esperanza de un despertar hacia la madurez, de alcanzar por fin una cultura política de verdad  pero, por otro lado, temo que este movimiento se esté moviendo sobre aguas pantanosas y peligrosas que deriven hacia soluciones que, en vez de solucionar el problema, lo aumenten.

22 de abril de 2011

Llenar el vacío con nuestro cerebro.

Manuel Mandianes nos trae un artículo en El Mundo, publicado hoy, con el título de “Semana Santa y posmodernidad”. En él, el autor defiende que “La falta de generosidad y valor, el fanatismo que amenaza a la sociedad desde fuera y el nihilismo que la amenaza desde dentro, son características de la posmodernidad que cifra la felicidad y la dicha en la riqueza, el éxito y el triunfo porque los considera únicas fuentes de placer.” Los grandes males morales y éticos de nuestra sociedad, característicos de la época posmoderna que vivimos tienen su origen en la pérdida de Fe, de la existencia de un hueco espiritual que no somos capaces de rellenar con algo satisfactorio, “La desorientación y el desamparo en que vive la posmodernidad tienen mucho que ver con la falta de un gran relato envolvente y totalizante”, en palabras del autor. Y ello ocasiona la “ansiedad de mucha gente de hoy (que) se traduce en miedo, terror, angustia, inquietud y locura”.

Comparto con el Sr. Mandianes que la posmodernidad y las teorías que la sustentan, acabaron con los grandes relatos de la Ilustración proponiendo a cambio la nada, un vacío ideológico y un relativismo extremo. Sin embargo, no creo que la solución a los problemas de la posmodernidad sea una vuelta a la religión entendida como la defiende el autor.

Para Manuel Mandianes, se hace necesario una vuelta a los ritos, cristianos sobre todo, una vuelta a los fundamentos morales y éticos de la religión. Los males actuales son causados por desterrar el gran relato religioso, cristiano para más señas, el cual deja al individuo sin guía, sin significado, sin camino que recorrer. Vacíos por tanto de valor religioso es normal, según el autor, que se busquen otros valores menos espirituales y más mundanos y cuestionables como los que enuncia al principio: éxito, riqueza, sexo y otros muchos que, como son incapaces de llenar satisfactoriamente ese hueco dejado por la Fe, aboca a una búsqueda constante de los primeros. Todos queremos más éxito, más riqueza, más sexo y nada de lo que tengamos es capaz de cumplir nuestras expectativas.

Yo no creo que la búsqueda de éxito, dinero o sexo sea un problema siempre y cuando, claro está, no se rompan una serie de reglas establecidas para su consecución o causen infelicidad en el individuo que intenta lograrlos. La penalización de estos objetivos no es algo nuevo en el cristianismo, que siempre ha impuesto la austeridad frente a la abundancia, el rebaño al individuo. Otra cosa sería el protestantismo, como tan ejemplarmente explicó Max Weber en su ya centenaria obra, “La ética protestante y el espíritu capitalista”, obra inaugural y cumbre de la sociología. Tampoco el comunismo es muy partidario de esas metas tan mundanas, donde antepone lo comunal a lo personal, con las consecuencias que todos conocemos.

Parece ignorar el Sr. Mandianes que la libertad económica, la libertad sexual y la lucha contra la pobreza tienen parte de su origen, en la lucha contra la religión y la libertad religiosa de las revoluciones liberales de la Ilustración. Cuando la religión ocupaba en centro de lo cotidiano, como ocurría en el feudalismo y la Edad Media; el éxito o la riqueza pertenecían a unos pocos y entre esos elegidos, se encontraban las jerarquías eclesiásticas. Por no hablar, de la censura y las prohibiciones sexuales que se imponían y que gracias a esos ritos de paso que defiende el autor, servían para aumentar el poder y la influencia de la Iglesia sobre los individuos al controlar los momentos más importantes para una persona: su nacimiento, su boda, su muerte, etc. Por supuesto, tampoco ese período tan religioso y álgido para la Fe, supuso un tiempo donde ansiedad, miedo, terror, angustia, inquietud y locura fuesen menores, todo lo contrario.

La única forma eficaz de frenar esos sentimientos y sensaciones tan negativas (miedo, angustia, etc), nos la ha dado la ciencia, sobre todo la neurociencia. Y con ello, la importancia de la educación. Los científicos llevan los últimos años descubriendo que lo que nos provoca miedo es el cambio, que no somos felices porque somos incapaces de disfrutar del trayecto, que nuestro cerebro está programado para no estar programado y que, la tarea más importante que tenemos por delante, es aprender a desaprender. Ello no supone desterrar a la religión, todo lo contrario, sino colocar la felicidad en nuestro cerebro y no hacerla depender de dogmas de ningún tipo.