Ayer a eso de las 19:55 muchos decidieron apagar durante cinco minutos sus aparatos eléctricos y de paso su conciencia. Uno, que ya tiene un carácter agrio, difícil y casi porque no decirlo, insoportable, no se sumó a la iniciativa porque simplemente le parecía una tremenda estupidez, una más de las muchas que llevan a cabo algunos grupos ecologistas para darse a conocer, armar cierto revuelo mediático tocando la escasa fibra sensible por el medio ambiente de nuestra sociedad.
Pienso, algunas veces no muchas para no contribuir al calentamiento global, que lo del apagón fue principalmente un apagón de conciencia más que cualquier otra cosa. Bueno, eso y una demostración de que a tontas bonitas y emotivas no nos gana nadie y que para la parafernalia estamos siempre dispuestos. Si de verdad el ciudadano de a pie estuviese concienciado con el calentamiento del planeta y la degradación del medio ambiente, los cinco minutos que ayer hizo para tranquilizar su conciencia de ecologista de fin de semana los alargaría a todas las horas de su vida e intentaría llevar a cabo toda una forma de vivir respetable con la naturaleza.
Sin embargo, esa utopía de ciudadano realmente concienciado y de verdad preocupado no existe aún en la gran mayoría de la población. Si, está bien que durante cinco minutos no use la televisión, el ordenador, etc. pero luego de ese tiempo, la calefacción a todo trapo porque no hay nada más cómodo que estar en casa con poca ropa. Y por supuesto, nada de renunciar al horno, al microondas, la lavadora, el lavavajillas. Bueno, y no menciones el dejar al coche para ir a cualquier sitio, porque una cosa es hacer de persona responsable durante cinco minutos y otra tener que coger el transporte público y renunciar a mi coche. Lo de reciclar lo llevamos un poco mejor, pero tampoco mucho porque si no tenemos muy cerca un contenedor para cada residuo, muchos dicen que para que separar si luego tienen que caminar para encontrar un cubo azul, verde o amarillo.
A todo ello se suma por si no fuera poco, que parece que los malos de la película son aún por encima las compañías energéticas como las causantes de todo mal. Sin embargo, somos nosotros los que no queremos renunciar a las comodidades en las que nos hemos acostumbrado a vivir y ellas, no hacen más que servirnos la energía necesaria para que toda nuestra confortable vida se lleve a cabo. Y lo que nos enfadamos cuando nuestra compañía eléctrica o de gas natural no cumple con su servicio y nos deja sin luz, tele o agua caliente, entonces la vida del caribú, el oso panda o los deshielos de los casquetes polares nos importan lo que nos importan.
Por todo ello, ayer yo no me uní a la pantomima de apagar mi conciencia cinco minutos y beber los vientos a una propuesta más bonita que efectiva o pensada.
Pienso, algunas veces no muchas para no contribuir al calentamiento global, que lo del apagón fue principalmente un apagón de conciencia más que cualquier otra cosa. Bueno, eso y una demostración de que a tontas bonitas y emotivas no nos gana nadie y que para la parafernalia estamos siempre dispuestos. Si de verdad el ciudadano de a pie estuviese concienciado con el calentamiento del planeta y la degradación del medio ambiente, los cinco minutos que ayer hizo para tranquilizar su conciencia de ecologista de fin de semana los alargaría a todas las horas de su vida e intentaría llevar a cabo toda una forma de vivir respetable con la naturaleza.
Sin embargo, esa utopía de ciudadano realmente concienciado y de verdad preocupado no existe aún en la gran mayoría de la población. Si, está bien que durante cinco minutos no use la televisión, el ordenador, etc. pero luego de ese tiempo, la calefacción a todo trapo porque no hay nada más cómodo que estar en casa con poca ropa. Y por supuesto, nada de renunciar al horno, al microondas, la lavadora, el lavavajillas. Bueno, y no menciones el dejar al coche para ir a cualquier sitio, porque una cosa es hacer de persona responsable durante cinco minutos y otra tener que coger el transporte público y renunciar a mi coche. Lo de reciclar lo llevamos un poco mejor, pero tampoco mucho porque si no tenemos muy cerca un contenedor para cada residuo, muchos dicen que para que separar si luego tienen que caminar para encontrar un cubo azul, verde o amarillo.
A todo ello se suma por si no fuera poco, que parece que los malos de la película son aún por encima las compañías energéticas como las causantes de todo mal. Sin embargo, somos nosotros los que no queremos renunciar a las comodidades en las que nos hemos acostumbrado a vivir y ellas, no hacen más que servirnos la energía necesaria para que toda nuestra confortable vida se lleve a cabo. Y lo que nos enfadamos cuando nuestra compañía eléctrica o de gas natural no cumple con su servicio y nos deja sin luz, tele o agua caliente, entonces la vida del caribú, el oso panda o los deshielos de los casquetes polares nos importan lo que nos importan.
Por todo ello, ayer yo no me uní a la pantomima de apagar mi conciencia cinco minutos y beber los vientos a una propuesta más bonita que efectiva o pensada.