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2 de agosto de 2005

¿Existe algún mal que no sea culpa de la globalización? (II)

Continuando con las multinacionales, se las acusa también de explotar a los trabajadores de los países en desarrollo mediante salarios bajos y jornadas laborales extensas, además de tener que realizar sus tareas en condiciones vergonzosas. Guillermo de la Dehesa contesta: “La amplia evidencia empírica disponible llega a conclusiones totalmente opuestas. Las empresas extranjeras, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, pagan salarios más elevados que los de las empresas nacionales y sus condiciones de trabajo son siempre mejores que las generales de los países donde se ubican, además de darles a sus empleados más formación y mejores condiciones de retiro.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 285).
Se oyen voces también que acusan a la globalización de ser la culpable de la reducción de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Es un dato contrastable que este hecho es vergonzoso para los países desarrollados, y que deberían realmente pensar que su tacañería y falta de solidaridad son realmente escandalosas. Sin embargo, no culpemos de ello a la globalización, al contrario, los países en desarrollo que necesitan ayuda, “no son víctimas de la globalización como muchas personas, en general poco documentadas y sin ninguna evidencia, argumentan erróneamente, sino víctimas de la falta de globalización, puesto que aquellos países que han podido engancharse a ella y han podido abrir sus economías han logrado crecer a tasas muy superiores a las de los países desarrollados.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 287-288)
La globalización, como fenómeno histórico, social y económico que es, no tiene una forma física a la cual acusar de manera directa, sobre la cual verter la responsabilidad de todos sus males, esa culpabilidad suele recaer de manera casi igual entre las multinacionales, como ya hemos visto, como sobre el Banco Mundial y el FMI. No puede ocultarse de que tanto en FMI como el BM han cometido errores en cuanto a la hora de recetar medidas para el desarrollo de algunos países, al no tratar el tema más específicamente y teniendo en cuenta las particularidades de cada uno; sin embargo, el tan mal nombrado consenso de Washington, “es una realidad que algunos de sus principios siguen siendo absolutamente válidos: la apertura de las economías, la estabilidad macroeconómica tanto fiscal como monetaria, la flexibilidad cambiaria, etc.”. (DE LA DEHESA, G. 2003, 288).
En referencia a las crisis financieras, “éstas han existido siempre y han sido, incluso, más graves que las actuales.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 290). Como muy bien indica Carlos Rodríguez Braum, en una serie de artículos sobre la publicación de El malestar de la globalización, de Joseph E. Stliglitz: “Según este economista, la globalización financiera, merced a la libertad de movimientos de capitales, produjo las crisis del Este de Asia, la antigua URSS y América Latina. Pero como han señalado Juan José Toribio y muchos otros, las crisis se desatan cuando las autoridades del país receptor de capitales adoptan un tipo de cambio artificial e incompatible con políticas fiscales expansivas. La crisis, que finalmente acaba con la libertad (hasta el "corralito" argentino), no se deriva de la globalización y es a veces agravada por las interferencias en la libertad de movimientos de capitales. En el Este de Asia muchos Gobiernos promovieron estas trabas, algunos de modo suicida, desalentando la entrada de inversión directa pero no la de capitales a corto.” [1]
La globalización, como hemos visto, quizás no es tan culpable de todo lo que se le acusa. Los verdaderos culpables de el retraso económico en los países en desarrollo son otros, son el proteccionismo imperante entre productos manufacturados y agrícolas en las relaciones Norte-Sur y Sur-Sur; es el miedo a dejar al mercado funcionar libremente; es la corrupción que asola a estos países como jinetes del Apocalipsis; las guerras y enfrentamientos civiles; la falta de educación, etc. Pero no culpemos de ellos a la globalización, sino todo lo contrario, “si no se consigue un mayor grado de globalización en los próximos años extensible a todos los países en desarrollo, a través del comercio, la inversión extranjera y la ayuda al desarrollo, de modo que mejores las condiciones de muchos de esos países, el enorme desequilibrio demográfico entre los países ricos y pobres que se avecina puede llegar a generar una situación muy grave e insostenible a largo plazo” (DE LA DEHESA, G. 2003, 292). Y mientras tanto, nuestros políticos siguen empeñados en reducir y controlar el proceso globalizador por el bien de la humanidad; quizás en el futuro, si consiguen alcanzar sus propósitos, se llevarán las manos a la cabeza y tendrán que mirar las consecuencias que sus actos han originado, entonces y sólo entonces, a lo mejor rectificarán y opinarán que es necesaria más globalización.

BIBLIOGRAFIA
Guillermo de la Dehesa (2003): Globalización Desigualdad y Pobreza. Alianza Editorial. Madrid.

[1] Carlos Rodríguez Braum: “La publicación de El malestar en la globalización” en www.liberalismo.org

1 de agosto de 2005

¿Existe algún mal que no sea culpa de la globalización? (I)

Si usted se encuentra en paro, si la economía va mal, si han pensado trasladar su empresa a un país del Este de Europa o a Asia, si los inmigrantes cada vez son más, si la inseguridad por los atentados terroristas es cada vez mayor y no tiene a quien culpar, no se preocupe, el pensamiento único ha encontrado un chivo expiatorio al cual poder acusar: la globalización. El proceso globalizador es el demonio origen de todos los males que azotan a la humanidad, de hecho, ¿existe algún mal que no sea culpa de la globalización? Para los bien pensantes iluminados de la izquierda y la derecha la cosa está clara: ella, la globalización, es la madre de todas las crisis y todos los problemas. Si no, vea que opina al respecto Ramón Jáuregui Atondo en un artículo publicado en el diario Expansión el día 30 de Julio de 2005: “En definitiva, se trata, una vez más, de gobernar la globalización. La gran demanda ciudadana, a comienzos del nuevo siglo, sigue siendo una política para el mundo, soluciones a las nuevas amenazas, respuestas sociales a las derivadas económicas de un mercado global que rige la economía del mundo pero no resuelve los nuevos y graves problemas sociales que genera. Desde la convivencia cosmopolita de las grandes urbes, a la inmigración masiva en todo el mundo. Desde la destrucción del modelo social y laboral protegido, a las nuevas formas de exclusión y fractura social en el interior del mundo laboral. Desde la lucha contra el hambre en el mundo, a la aparición del terrorismo islamista global. ¿Quién gobierna la globalización?”.
¿Le duelen las muelas?, ¿le ha dejado su pareja?, ¿qué Fernando Alonso no ha ganado en Hungría?, pues no le de más vueltas a la cabeza buscando responsables, la culpa es de la globalización. Claro que si uno quiere hacer un análisis más profundo del tema, puede llegar a pensar que la globalización quizás no sea tan nefasta como defiende el señor Jáuregui Atondo. Un ensayo lúcido, claro, brillante y asequible para todo el mundo lo ha realizado Guillermo de la Dehesa, uno de los economistas españoles de mayor prestigio nacional e internacional. El trabajo realizado, publicado en un libro titulado Globalización desigualdad y pobreza (Alianza Editorial), defiende la postura contraria a Jáuregui, frente a la idea de este último de menos globalización y muy controlada, Guillermo de la Dehesa aboga por ampliar y expandir el proceso globalizador. ¿Cuáles son las razones de este último para defender esa tesis?, veámoslas en sus propias palabras.
A la globalización se la acusa de provocar una mayor pobreza en el mundo, dice de la Dehesa al respecto: “la pobreza absoluta se ha reducido muy significativamente en las dos últimas décadas, cuando el proceso de globalización se ha acelerado.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283). Ofrece datos al respecto que resultan evidentes:


BANCO MUNDIAL 1970 1998 Disminución 1998/1970
1. Millones de personas con menos de 1 dólar diario 1.400 1.199 -201 millones
2. Porcentaje de población total 40% 24% -16 puntos
3. Millones de personas con menos de 2 dólares/día 2.200 2.800 +600
4. Porcentaje de población total 60% 51% -9 puntos

SALA I MARTÍN
1. con menos de 1 dólar diario 554 352 -201 millones
2. Porcentaje 20% 6% -14 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.323,8 973,7 -35,1 millones
4. Porcentaje 44% 18,5% -25,5 puntos

BHALLA
1. con menos de 1 dólar diario 1.262 647 -615 millones
2. Porcentaje 46,4% 13,1% -33,3 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.631 1.147 -484 millones
4. Porcentaje 60% 23,3% -36,8 puntos

Fuente: Banco Mundial (2002); Sala i Martín (2002a); Bhalla (2002) cit. en Guillermo de la Dehesa (2003)

Y los datos son mucho más optimistas desde el punto de la pobreza relativa: “la reducción en términos relativos ha sido espectacular: un 60 y un 69 por 100 en el primer caso (con menos de un dólar/día), y un 51 y un 70 por 100 en el segundo (con menos de 2 dólar/día).” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283).
También se culpa a la globalización de haber aumentado la desigualdad en el mundo; otra vez los datos vuelve a desmontar esa falsa idea: “el coeficiente de Gini ha caído de 0,662 en 1980 a 0,633 en 1998, según Sala i Martín, y de un 0,685 en 1980 a 0,651 según Bhalla. La relación entre el 20 por 100 más rico y el 20 por 100 más pobre también se ha reducido, aunque levemente, pasando de ser 40 veces superior en 1970 a 39 veces en 1998.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 284).
Otro mal de la globalización es el poder cada vez mayor y nefasto de las multinacionales, que dificulta cada vez más la actuación de los estados llegando incluso a poder hablar, entre algunos especialistas de las ciencias sociales, de la desaparición del estado-nación. Comenta De la Dehesa al respecto: “ninguno de ambos argumentos se sostiene en realidad. Por un lado, las multinacionales nunca han estado sujetas a mayor regulación que en la actualidad, [...]. Por otro lado, una medición seria de su tamaño relativo, en relación con el de los países, muestra que en su mayor tamaño relativo actual se debe, sobre todo, a una elevada proliferación de nuevos países independientes de pequeño tamaño en el mundo, cuyo número total ha pasado en los últimos 50 años de 46 a cerca de 200. En todo caso, la experiencia reciente está llena de casos en los que países de diferentes tamaños se han impuesto a las multinacionales cuando ha surgido un conflicto entre ambos” (DE LA DEHESA, G. 2003, 284-285).

CONTINUARA...