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25 de mayo de 2015

Decidir para no decidir: un análisis de los resultados electorales

El día después de unas elecciones uno puede encontrarse con tantos análisis como puntos de opinión. Algunos intentarán explicar el por qué de los resultados, otros justificar las respectivas victorias y derrotas. Yo, como no soy experto en procesos electorales y mucho menos, en sociología electoral, he decido dar mi más personal punto de vista sobre el resultado y lo que éste nos puede traer, que no es otra cosa que la tiranía de la soberanía popular.

Con los resultados ya casi cerrados, si me piden resumir en una frase mi opinión sobre los mismos es que "hemos decido no decidir". En España hemos claudicado de nuestra responsabilidad para otorgársela, una vez más, a otros, a esos que llamamos representantes políticos. Nos hemos inyectado en vena, pero además de forma premeditada y voluntaria, esa droga que tanto nos gusta que es el paternalismo estatal. Y nos encanta.

Aunque como tal el síndrome de Peter Pan no es reconocida como una enfermedad mental, parece que es la verdadera pandemia de las sociedades actuales. Claro que a ello ayuda y mucho, el otro lado de la ecuación que es el propio Estado, que no deja de lanzarnos el mensaje de que sin él, estamos perdidos. Sin voluntad por descubrir lo que por nosotros como individuos libres podemos lograr y cegados por el soma de ese estado del bienestar que, cual Matrix, no deja que despertemos, los resultados electorales no sorprenden tanto. Repito, hemos decidido no decidir, y estamos además, orgullosos de ello.

Hace unos días charlaba con un buen amigo que el eje izquierda derecha heredado de la Revolución Francesa, ya no tiene sentido. A día de hoy, el verdadero eje diferenciador en lo que se refiere a la acción política, es intervencionismo - no intervencionismo, o lo que es lo mismo, libertad - intervención. Hayek ya hablaba de los "socialistas de todos los partidos" cuando les dedicó su obra Camino de servidumbre. Ya en 1944, año de publicación del libro, él veía claro que el futuro de la democracia no iba a estar entre conservadores y socialistas, ni entre laboristas y democristianos, sino entre aquellos que van a defender la no injerencia del estado en todos los aspectos de nuestra vida y aquellos otros, da igual las siglas de su partido, que desean planificar al detalle todo lo que nos afecta.

Sin embargo, hay un pensador que se adelantó a él, Benjamín Constant, que allá por 1818 afirmaba en sus Principes de Politique:
"el reconocimiento abstracto de la soberanía popular no incrementa en nada la libertad de los individuos. [...] si atribuimos a la soberanía una extensión que no debe tener, la libertad puede perderse a pesar de ese principio o incluso en razón del mismo. [...] El error de quienes, de buena fe y por amor a la libertad, han otorgado un poder ilimitado a la soberanía popular deriva del modo en que se han formado sus ideas políticas [...] su cólera se ha dirigido contra los ejecutores del poder más bien que contra el poder mismo. En lugar de destruir este último, han pensado en sustituir a sus poseedores. Ha sido una lástima, pues en ello han visto una conquista. Han entregado el poder a la sociedad en su conjunto. Y de la sociedad en general ha pasado necesariamente a la mayoría, y de la mayoría a las manos de unos pocos y a menudo de uno solo. Y de este modo se han producido los mismos males que antes."

 Y por la misma época, otro gran pensador francés, Alexis de Tocqueville, venía a decir lo mismo en su La democracia en América:

"Hasta hoy, nadie en los Estados Unidos ha osado proponer esta máxima: que todo está permitido en interés de la sociedad. Máxima impía, que parece haber sido inventada en un siglo de libertad para legitimar la llegada de lo tiranos"

Disfrutad ahora, de vuestros tiranos.

8 de noviembre de 2014

PODEMOS un gran atractor y productor de sentimientos

El jueves 6 de Noviembre del 2014, un terremoto en forma de sondeo irrumpió en el ámbito político y social de España. El C.I.S. (Centro de Investigaciones Sociológicas) ofrecía en su barómetro del mes de Octubre unos resultados para algunos poco alentadores y para otros, los miembros y seguidores de PODEMOS, excelentes.

Al instante, mejor dicho, desde hacía días pues de alguna manera los resultados parecían intuirse, todos los contertulios de todos los medios e comunicación se lanzaron al ruedo de los medios de masa bien para hablarnos de esperanzan bien para hablarnos del apocalipsis, dependiendo de la afinidad con el partido donde milita Pablo Iglesias. En esas tertulias, contertulias, mesas de opinión, artículos, reseñas, columnas, editoriales, post de blogs, tweets y demás formas de comunicación, todo el mundo se hacía la misma pregunta: ¿dónde está el éxito de una formación política como PODEMOS?

Ya desde el éxito en las Elecciones Europeas, las opiniones vertidas sobre el nuevo partido han ido desde la incredulidad y la mofa, como muestran las palabras de Pedro Arriola (asesor de campaña y estratega del P.P.) tildando al partido como el lugar de reunión de "todos los frikis", a la exaltación más triunfalista y salvadora al mejor estilo mesiánico, llegando su líder incluso a estados de trascendencia espiritual, como dijo en su día Sor Lucía Caram cuando afirmó que "Pablo Iglesias es un contemplativo". Vamos, ni los mejores escritores místicos españoles. ¿Será Pablo Iglesias capaz de "vivir sin vivir en mí" como Santa Teresa de Jesús.

Pero, ¿dónde está el éxito de  PODEMOS? Pues personalmente, ni en su líder, ni en su programa y desde luego, no es su capacidad salvífica o o apocalíptica. El éxito de PODEMOS es que se ha dado cuenta perfectamente que la política, como todo, es cuestión de sentimientos y emociones, y lo que un partido político debe hacer para ganar, es ser un receptor y transformador de esos sentimientos y emociones.

La gran mayoría de los expertos en estrategia de campañas políticas siguen pensando que el éxito, es decir, el logro del poder por parte de sus formaciones, se debe a un proceso racional que tiene como resultado cuantificable  el voto. Nada más lejos de la realidad. Si algo nos están descubriendo las neurociencias, es que el ser humano es cualquier cosa menos demasiado racional a la hora de decidir y actuar. Estos estrategas basan sus líneas maestras de actuación pensando que un buen programa electoral, una excelente campaña basada en la comunicación de hechos factibles racionales son el mejor ingrediente para la obtención del poder. No es de extrañar, además, que eso sea así, pues los teóricos que dotan de cimientos a esas ideas, expertos en ciencias sociales como la sociología, la politología o la propia economía, creen que la Razón es la única forma de ser y entender. Consideran que los votantes son seres racionales y su entramado teórico es incapaz de salirse de la Teoría de la Elección Racional. Se entiende ahora que un sociólogo invitado como experto para explicar los resultados del barómetro del C.I.S. llegase a afirmar que el voto se racionaliza a medida que se acercan las elecciones, sobre todo las generales

Pues bien, están equivocados. El éxito de PODEMOS está en su capacidad, como ya he afirmado líneas atrás, de ser un perfecto atractor de emociones y sentimientos que los españoles estamos viviendo en el contexto actual. Palabras como resentimiento, indignación, miedo, recelo, furia, ira, enfado, tristeza son recogidos por PODEMOS y transformados en esperanza, ilusión, venganza, sueños. PODEMOs transita desde el mundo de las ideas presentes al mundo de las ideas futuras, siendo el gran intermediario entre ambas. Se está ofreciendo como el gran demiurgo capaz de tomar el incómodo presente en un mejor futuro y además, lo está ofreciendo bajo el discurso de que eso no nos va a costar esfuerzo, si no que será ese ente que todo lo puede, el ESTADO, quién se encargará de ello.

Si la línea maestra de Pedro Arriola es no salirse del centro, considerar que las ideas, sobre todo las ideologías, están muertas y que los números y las cifras son lo único que el votante considera, no diré que algunos así lo consideren, pero la gran mayoría centrará su mirada en lo que siente y no en lo que observa. Pedro Arriola se equivoca al considerar que las elecciones se ganan conquistando el centro del espectro electoral, las elecciones se ganan conquistando el corazón de los votantes, pero ojo, ello no tiene que significar que las propuestas tengan que ser irreales, irracionales y peligrosas como las ofrecidas por PODEMOS. Ser emocional no significa ser irracional, significa tener tan presente a la Razón como a la Emoción a la hora de tomar decisiones. Si el Partido Popular, y por ende, cualquier otra formación desea establecer estrategias ganadoras, deberá volver a introducir el corazón en su comunicación. Parece mentira que no se fijen en como desde hace muchos años, los expertos empresariales del marketing llevan dándose cuenta de ello, y lo usan de manera magistral.

Hacerlo, insisto, no es hacer publicidad empresarial entendida en el peor significado de la palabra publicidad, todo lo contrario, significa volver a "enganchar" con el lado emocional de los votantes, volver a ser capaces de escuchar de forma pro-activa sus demandas y también sus ofertas, ya que el ingrediente fundamental de una sociedad, es la colaboración.

Ello implica, por ende, unos individuos que sean capaces de soltarse esa dependencia del Estado, que sean capaces de descubrir todo lo que pueden llegar a conseguir sin la necesidad de que un ente inexistente como el Estado, los cuide y mime en todo momento.

Los tiempos como los que vivimos, que tenemos la gran suerte de vivir, van a exigirnos lo mejor de nosotros mismos. Van a demandar que seamos capaces de responder a los retos que se nos presentan. Esos retos, tan grandes y fabulosos como decidamos alcanzar, supondrán empezar por aceptar que tenemos que cambiar, pero que tenemos que cambiar nosotros, tú y yo, y ellos, y los partidos políticos. Si durante mucho tiempo la responsabilidad de las organizaciones políticas fue hacernos ver la importancia de lo político, de la democracia, su misión ahora es acompañarnos en la transformación hacia un individuo adulto que abandone por una vez el redil del establo que es el Estado. Aunque ello suponga aceptar una pérdida en su poder absoluto sobre la sociedad.

A los votantes, a los individuos, nos toca, me toca, aceptar que la responsabilidad es únicamente mía, que soy yo el dueño de mi destino que, me guste o no, soy el único que puedo decidir HOY donde quiero estar mañana. Es hora que decida abandonar por fin, esa dependencia perjudicial y perniciosa de pensar que son los demás los que deben solventar los inconvenientes que en este camino que es la vida, tengo.

Mientras ese proceso de cambio no ocurra, mientras los grandes partidos tradicionales sigan encerrados en sus cotos de poder, mientras los individuos sigamos pensando que la responsabilidad es del otro y que a mí, únicamente me corresponde el derecho y no el deber, mientras siga dependiendo del Estado, formaciones como PODEMOS seguirán triunfando, seguirán ofreciendo soluciones que aumenten esa dependencia y seguirán siendo los mismos que tiempos atrás, se pensaban que unos pocos deben salvar al resto, aunque en el camino condenen a una buena parte de esos que dicen querer salvar. Es la hora de volver a conectar con nuestro corazón, de reencontrarnos con la increíble capacidad de superación y logros que poseemos, que entendamos que mejor que PODEMOS, es dar valor al PUEDO.

29 de julio de 2014

A los políticos no les gusta la libertad

Y mucho menos el individuo. La concepción de la política como actividad hunde sus raíces en la misma esencia del ser humano, aquello que Aristóteles llamó ζῷον πολιτικόν o zoon politikon, ese animal político o social de su libro 1 de Política. Personalmente estoy de acuerdo con el filósofo griego en que la política es un producto del acontecer social, pero mientras que para él lo social es algo natural, para mí la sociedad es el fruto de la actuación de los individuos en la búsqueda de sus propios fines.

Sin entrar en grandes explicaciones del origen de lo político y del estado como su figura más visible, existen dos grandes corrientes que ofrecen su mirada al respecto. Por un lado, las teorías contractualistas cuyas figuras más destacables son Platón, Hobbes, Rousseau o Locke. Frente a ellas, están las teorías individualistas en las que destacan pensadores como Mandeville, Hume, Adam Smith, Max Weber, G. Simmel, Mises o Hayek.

Las teorías contractualistas nos dicen que el origen tanto de la sociedad como del estado es producto de un contrato social o pacto, cuya firma saca al hombre de un estado de naturaleza por lo general belicoso. Los únicos que dotan a ese estado natural de cualidades positivas son, aunque por motivos diferentes, Locke y Rousseau.


Las teorías individualistas defienden que el origen de la sociedad no está en ningún contrato o pacto, sino que es la propia existencia de los individuos los que permite que surjan las estructuras sociales. El individuo en su acción con otros individuos, de forma no intencionada, crea la sociedad al igual que crea el lenguaje, el derecho o la economía. Los defensores del individualismo argumentan que no hay nada más social que el propio individuo, ya que él mismo es consciente de que necesita a los otros individuos para lograr sus fines. Es en esa necesidad de cooperación en la que luego, nacen las estructuras sociales. La sociedad por tanto, no es un ente ajeno al individuo, algo creado ex profeso y con una existencia por encima del individuo, sino algo producto de él mismo, de sus acciones que únicamente buscan un determinado fin y cuyo origen, no ha sido controlado, diseñado, definido o gestionado por nadie.

Al escaparse el proceso de creación de lo social, ya que son de origen totalmente no intencionado por parte de los individuos, su pretensión de control por el bien común de todos se vuelve en una labor de arrogancia intelectual, aquello que Hayek denominó la fatal arrogancia. Como bien sabemos, los liberales aducen que ningún gestor puede conocer en todo momento las necesidades presentes y futuras que den contenido a la felicidad de los individuos, ya que esa tarea es propia de ellos y nadie más. Además, la pretensión de realizar esa acción conlleva la exigencia de una cantidad tal de conocimiento, de por si disperso entre todos los individuos, que ningún ser es capaz de poder aprehenderla.


Sobra decir que la triunfadora en la contienda intelectual ha sido claramente la visión contractualista, que además, contó con el apoyo de una naciente ciencia social como fue la sociología, cuyos padres fundadores en su mayoría (Comte, Saint-Simon, Durkheim) defendieron la idea de que la sociedad es un orden intencionado y por lo tanto, es posible organizarlo y ordenarlo. Se convierte así a la política en la única actividad capaz de poder gestionar lo social de una forma científica.


Comienza así un ataque al individuo por parte de la sociología positivista francesa que acabará fructificando y dando fundamento "científico" a la actividad política para gestión de lo social. Ideas como las de Saint-Simon que llegó a considerar "vaga y metafísica" la concepción de libertad individual e incluso en tildarla de enemiga y "obstáculo a la civilización". Comte opina que se trata de una "monstruosidad repugnante" el individualismo y la libertad de conciencia. Por otro lado, Durkheim iguala la autonomía del individuo al egoísmo, cuya única capacidad es crear anómia, es decir, la incapacidad de los individuos de seguir la norma social.


Bajo estos postulados cuya difusión corre como la pólvora por toda Europa, comienza a surgir la idea de que el político debe ejercer su actividad como  un auténtico científico, encontrando su legitimidad precisamente en que su labor se realiza desde la ciencia. Labor que Comte defiende argumentando que los políticos son:

a) por el género  de su capacidad y cultura intelectual , los únicos competentes para realizar tal labor.
b) esta función se les asigna por la naturaleza de las cosas.
c) solo ellos poseen la autoridad moral hoy necesaria para determinar la adopción de la nueva doctrina orgánica.
Si a ello unimos la tesis de Saint-Simon de que la única ciencia de la producción no es la economía, sino la política, no resulta raro entender que los políticos, bajo ese paraguas del Estado, se consideren los elegidos para determinar el destino de todos y cada uno de los individuos que viven en el mundo.

Lo peligroso es que esa mirada de lo social ignora, como bien defienden los pensadores individualistas, que la búsqueda de la felicidad es tarea del individuo, ya que nadie puede conocer en todo momento, lo que cada uno precisa ahora y en el futuro para lograr su felicidad. Unido a la incapacidad para poder manejar todo el conocimiento necesario para que las acciones políticas no contengan acciones no deseadas más perjudiciales que los males que intentan combatir, no es de extrañar que, como dice el refrán, no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Y los políticos, escudados en las teorías contractualistas y la sociología positiva, se niegan a ver que simplemente, ellos no pueden. La arrogancia, la fatal arrogancia que a todos los caracteriza.

27 de mayo de 2014

Entre todos la mataron...

Ahora que estamos en plena resaca de las Elecciones Europeas al Parlamento del 2014 y a petición popular de muchos de vosotros que habéis querido conocer mi opinión, vuelvo a este blog para hacer pública y permitir que cualquiera que lo desee, averiguar lo que pienso al respecto.

Resumiría mi postura con un refrán español, "entre todos la mataron y ella sola se murió". Y la víctima es la libertad. Mientras que la mayoría de los expertos y tertulianos de uno u otro lado, se asustan e intentan asustar por el auge de los extremos, derecha o izquierda, dependiendo de si ellos se sientan a diestra o siniestra. Yo lo que veo es que, o rojo o azul, la única que sale perjudicada en todos los casos, es la libertad.

Me da igual quien me ponga los grilletes estatales y coarte mi libertad. Me es indiferente quien decida meterme la mano bien en la cartera bien en la bragueta. Me duele igual que me obliguen a pagar impuestos para mantener un estado paternalista excesivo, como hacerlo para defender el mismo estado paternalista excesivo preocupado por salvar mi alma de un castigo divino del más allá. Me da igual quien sea mi carcelero, pues a mi libertad, lo único que le ocupa es que le ponen grilletes y no quiere que sea así.

El discurso común a la mayoría de los partidos, hay dignas excepciones incluso en España como es el P-LIB, es primero creer en el Estado y luego en una Europa de los estados. La mayúscula en lo primero y la minúscula en lo segundo no son un fallo, sino algo escrito a conciencia. Sin embargo, ambas ideas tienen en común aquello del calor del establo, no sé si el mismo que mencionaba Nietzche, pero seguro que muy parecido. Por cierto, quiero dejarlo claro, el establo es esa gran mentira magníficamente vendida como Estado del Bienestar, que realmente es el Bienestar del Estado.

Lo divertido cuando uno no está casado con nadie, es ver como todos ponen en sus bocas, la misma peligrosa idea, aunque disfrazada de forma diferente. Nadie de los partidos, incluso lo más radicales de las extremas de ambos brazos, rechaza en erguirse en el defensor de los ciudadanos y los derechos sociales de los mismos. El matiz está en el enemigo, y por ende el culpable, de los males que nos atenazan.

La izquierda y su extrema, buscarán al malo en el sistema económico capitalista. La diferencia radica en que mientras que uno quiere reformarlo por completo y de una forma rápida por soluciones comunistas, los segundos buscan engendros híbridos tan peligrosos como el primero, pero que mantienen vivo al enfermo a base de medicamentos que ellos, supuestamente, saben perfectamente recetar y administrar. Por otro lado, todo aquello que implique una elección religiosa que no acompañe sus valores éticos y morales, o bien será exterminada o bien, denigrada e incluso discriminada.

La derecha y su extrema, buscarán al malo en el sistema económico capitalista. La diferencia radica en que mientras que uno quiere reformarlo por completo y de una forma rápida por soluciones más tradicionalistas, los segundos buscan engendros híbridos tan peligrosos como el primero, pero que mantienen vivo al enfermo a base de medicamentos que ellos, supuestamente, saben perfectamente recetar y administrar. Por otro lado, todo aquello que implique una elección ética y moral individual que no acompañe sus valores éticos y morales, o bien será exterminada o bien, denigrada e incluso discriminada.

No me he vuelto loco, son los mismos carceleros con distinto disfraz, por lo tanto, sus grilletes son grilletes, igual de fríos, pero con colores distintos y puestos por nuestro bien, para defendernos de enemigos distintos, pero usando las mismas herramientas, el enardecimiento y absoluta pleitesía del individuo libre al Estado.

Y esto es así porque nos hemos dejado infantilizar y con sumo gusto, dejarnos colocar las cadenas que nos atan y esclavizan de forma muy fina y subversiva, al estado de bienestar. Años y años bajo las faldas o los pantalones, pues el Estado no tiene ni sexo ni género, han originado en nosotros, una dependencia de las prebendas estatales. Y lo que es peor, hemos aprendido e instaurado en nuestro fuero más interno, como un credo de fe, que nuestra vida fuera del calor del establo del bienestar, sería no mala, sino terrible. Con ello, nos hemos olvidado de la capacidad de realización del individuo, de sus virtudes y capacidades. De hecho, todos los adjetivos positivos los representa el Estado, mientras que los epítetos más negativos se vierten en el individuo, egoísta, insolidario, avaricioso.

Lo curioso, al igual que cierto rey que pensaba que llevaba los mejores y más bellos ropajes, es que nos vemos como seres completos, maduros, responsables y solidarios, cuando en realidad, estamos desnudos con el chupete en la boca, esperando que el Estado rellene nuestro biberón. Y los males de los estados por separado, los hemos trasladado y multiplicado en la Unión Europea.

¿Qué es Europa? Europa es el sueño de unos niños, a los cuales no les dejan jugar mientras les rellenan los biberones y les cambian los pañales, esperando que jamás crezcan. ¿Quienes son esos seres perversos? Nosotros mismos, nadie más.

3 de noviembre de 2011

Aclarando algunas cuestiones

Ni fascista, ni de derechas, ni conservador, ni progresista, ni anarquista, ni socialista.... simplemente YO, simplemente LIBERAL. ¿Entendido?

Resultado del test de Nolan (hacer test):


Y estas mis respuestas:

Sus respuestas fueron:

  • No debe haber censura de opiniones por parte del Estado en ningún caso.
  • La Iglesia debe autofinanciarse, y estar en igualdad de condiciones con cualquier otra asociación. El Estado debe permanecer laico.
  • El Sercicio Militar debe ser voluntario. Es el mejor modo de tener un ejército profesional y preparado para defender nuestros intereses y compromisos en el exterior.
  • Las leyes no deben entrometerse en las relaciones sexuales entre adultos que consientan, en ningún caso.
  • Deberían legalizarse las drogas, despenalizando su uso y liberalizando su distribución.
  • Las leyes y el poder judicial deben establecer en qué casos se puede anteponer el uso de medidas preventivas de seguridad a ciertos derechos individuales y en qué casos no.
  • Cualquier tipo de imposición o beneficio basado en criterios de sexo, raza o grupo social, viola el principio de igualdad ante la ley, y no debe ser impuesto por el Estado.
  • No debe haber diferencias de derechos en función del lugar de nacimiento o nacionalidad.
  • El Estado no debe intervenir en cuestiones tan personales como la identidad o la cultura. Cada ciudadano debe tener la libertad de usar el idioma que considere.
  • Se contaminaría menos si se estableciesen responsabilidades claras y derechos de propiedad bien definidos con respecto a la contaminación.
  • El Estado no debe limitar el comercio internacional. Éste debe ser libre y los aranceles deben reducirse o eliminarse.
  • Los impuestos deberían reducirse, aunque para ello haya que recortar algunas prestaciones y servicios del Estado.
  • Las pensiones de jubilación son un asunto de ahorro y planificación individual. El Estado no debe exigir contribuciones obligatorias a un sistema público.
  • Las instituciones privadas de caridad deben ser las principales canalizadoras de la solidaridad de la sociedad.
  • Las licencias, permisos y colegios profesionales son trabas innecesarias. El ejercicio de cualquier profesión debe ser libre para cualquier persona cualificada.
  • Los sindicatos deben regirse por las normas aplicables a cualquier otra asociación, y no recibir financiación pública o atribuírseles funciones especiales.
  • Gestionar centros médicos no debe ser una función del Estado. Los centros médicos deben ser privados, y los ciudadanos ser libres de contratar el seguro médico que prefieran.
  • El Banco Central debería reducir sus competencias, y los bancos comerciales ser todos de carácter privado.
  • Las Grandes Superficies son empresas como cualquier otra. Tienen derecho a competir libremente en el mercado, sin restricciones en sus horarios o precios.
  • Los contratos laborales deben gozar de más libertad de cláusulas entre las partes. La legislación debería interferir menos en materias puramente contractuales, como su duración o causas de rescisión.

19 de mayo de 2011

Indignados

Mal vamos si fundamentamos, si establecemos como cimiento de nuestro futuro edificio un sentimiento como la indignación. Según la RAE, indignación es "Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos." Si queremos entender por completo el significado, debemos comprender también el significado de "vehemente" y volviendo al diccionario de la RAE, leémos sus tres acepciones:

"1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Un discurso vehemente.

2. adj. Ardiente y lleno de pasión.

3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos."

Es decir, que frente a los problemas que se nos plantean, debemos optar por una respuesta pasional, ardiente, irreflexiva, llevada por los impulsos, etc. Pues permítanme decir que no, que ese no es el mejor camino.



La indignación es un sentimiento negativo fruto de la dejadez, de la actitud pasiva, la despreocupación y la falta de implicación. Nos indignamos cuando permitimos, como en todo sentimiento negativo, que algo externo nos afecte, y nosotros somos los responsables últimos de ese sentir. Hemos permitido que lo que nos ha indignado nos haya vencido.


Están los indignados así por culpa de la clase política, los banqueros, el sistema y demás, pero realmente los culpables no son los linchados, sino los propios indignados. Durante un tiempo, cada vez que uno de los que ahora están siendo culpabilizados obraron de una forma determinada, y los que ahora se quejan, no hicieron nada, simplemente callaron y asumieron. A lo mejor, alguno se molestó un poco, pero no mucho y pensó, para la siguiente como vuelvan a hacer lo mismo reacciono, pero no lo hizo. ¡TODOS HEMOS SIDO, SOMOS Y SEREMOS RESPONSABLES DE UNA SITUACIÓN!


Las acusaciones de mentirosos, falsos, hipócritas, corruptos, irresponsables, poco profesionales, estafadores, etc. se lanzan y entrecruzan pero, ¿son fruto de ahora?, ¿hemos descubierto hoy que ellos, los supuestos culpables son así? o, por el contrario, ¿les hemos permitido su juego sin molestarlos mucho? Cuantas veces hemos oído en muchos de los jóvenes que ahora están concienciados al cien por cien en Sol y otras ciudades, aquello de que la política no iba con él, que era apolítico, que él pasaba de esos temas y no le preocupaban. Nosotros, con nuestra actitud pasiva, con nuestra falta de compromiso, con una personalidad nada proactiva, es decir, con una ausencia insultante de RESPONSABILIDAD sobre nuestros hechos, hemos sido los mentirosos, falsos, hipócritas, corruptos, irresponsables, poco profesionales, estafadores, etc.


Ayer no y sin embargo, ahora sí, ¿por qué? Porque nos hemos dado cuenta de que nosotros somos los culpables, por eso nos indignamos. El niño pequeño se enfade cuando se sabe culpable, aunque no lo reconozca. El problema está en que seguimos sin querer asumir un hecho fundamental para todo acto, sus CONSECUENCIAS. El Estado del Bienestar en el cual hemos dormitado en sueño de los ilusos, nos ha convertido en seres que esperan que las soluciones lluevan cual maná divino y, sino es así, nos indignamos.


Y las soluciones que estamos dando al problema de raíz de todo, el ESTADO, es crear más estado: queremos más regulaciones, es decir, que nos vigilen más, que nos digan con más fuerza lo que tenemos que hacer; más impuestos para darnos aquello de lo que nos creémos merecedores por algún extraño derecho divino; el igualar por envidia y por abajo, no fomentar el espíritu crítico y la competitividad. Durante años escuché que debería el estado cuidar de los ciudadanos: decirnos lo que comemos, lo que bebemos, lo que debemos o no debemos correr con nuestro coche, lo que es cultura o no. "Deberían prohibir la comida basura para erradicar la obesidad", "prohibir el tabaco", "tener todos lo mismo", etc. Estamos pidiendo más de todo pero menos LIBERTAD, porque en el fondo sabemos que la libertad significa ser CONSECUENTE y aceptar las RESPONSABILIDADES, como bien indica Eduard Punset: "La infelicidad es el peaje de nuestra libertad".

Tengo un sentimiento encontrado, dividido con esta manifestación de malestar social. Por un lado, comparto la ilusión y la esperanza de un despertar hacia la madurez, de alcanzar por fin una cultura política de verdad  pero, por otro lado, temo que este movimiento se esté moviendo sobre aguas pantanosas y peligrosas que deriven hacia soluciones que, en vez de solucionar el problema, lo aumenten.

12 de noviembre de 2010

El amor en el nuevo comunismo. El enfoque de Alain Badieu

Me gusta comprobar la plasticidad ideológica del comunismo para, cual virus, cohabitar con cualquier otra ideología. El que ahora se nos presenta, y representa Alain Badieu en esta entrevista, es un comunismo new age muy característico.

Ya que no es la lucha de clases la que concentra la ruptura con el capitalismo, ni siquiera está ya en manos de la clase intelectual o del conocimiento como lo había argumentado Lukács, no, ahora es el concepto del amor el que marca la marcha revolucionaria del comunismo.

Para ello se afirman axiomas bastante discutibles:

A.- “Se ha establecido un régimen de existencia en el cual todo debe ser transformado en producto, en mercancía”. Para el Sr. Badieu esto ya lo había pronosticado Marx. Lamentablemente, el filósofo alemán no fue capaz de prever que acabaría el comunismo por convertir al hombre en la propia mercancía de su sistema.
Si por algo se caracteriza la economía actual es por su cada vez menor preocupación por el producto y sí por el servicio. Si todos los reproductores mp3 son iguales de buenos o malos entonces, ¿dónde está el secreto de Apple?; si un café es igual de sabroso o no en cualquier cafetería de barrio, ¿por qué triunfa Starbucks?; ¿por qué lo hacen Gmail y Google y no Hotmail e Internet Explorer?; ¿por qué vende más coches BMW que Mercedes? Podría poner mil ejemplos para demostrar que estamos en una economía de servicio y no de producto.

B.- “Una sociedad que no está gobernada por el hecho de que un hombre persigue su interés sino por la idea de la asociación de hombres. Es esa la asociación la que define los proyectos o las metas colectivas”. Pero no se explica cómo van a decidirse o quién va a tomar las riendas por las cuales se van a tomar las decisiones y las metas. Tampoco deja claro que pasaría si un individuo decide no formar parte para de ese colectivo. El principal problema del comunismo es su capacidad para diluir el valor del individuo, de la persona a favor de la masa. Millones de personas han muerto por la idea común de un estado igualitario y proletario, por la defensa de la verdadera religión o la supremacía de una raza. Para poder lograrlo, el primer paso es acabar con la individualidad, la diferencia. La persona no es más importante que el estado, la clase, la fe, etc. y cuando ello ocurre, por lo general, el propio concepto de respeto a la vida se difumina, pues qué valor tiene una vida humana frente al interés del bien común o colectivo.

No debe extrañarnos por tanto el miedo que la tecnología, y sobre todo internet, le dan. La capacidad de disidencia, incoformismo, debate y mecanismo de individualización que tienen las tecnologías de la comunicación, provocan auténtico pavor entre los que difienden a la masa. La libre circulación de conocimiento e información, por lo visto, no agradan a Badieu, que tilda de "falso igualitarismo" a una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad. En el fondo, es consciente de que esa necesidad del comunismo por la masa obliga a una homogeneización y esa homogeneidad no es posible si en lo fundamental, en nuestra forma de pensar, se permite el debate, el libre conocimiento y la circulación sin restricciones de las ideas.

C.- Debemos tener cuidado en no confundir conceptos en apariencia iguales. Hobbes habla de lucha y no de competencia y aquí, los matices son en estos casos, importantes, sobre todo para un filósofo que dice ser alumno de un destacado intelectual de la filosofía analítica como Derrida. En la guerra se lucha, en el deporte se compite. Quizás ese ejemplo sea la forma más clara de encuadrar el problema. La competencia supone asumir unos valores de superación personal pero respetando al contrario. Eso no ocurre en la lucha.

Pero vayamos más allá; aceptemos el postulado de asumir la asociación como eje principal. El comunismo desde luego no tiene cabida en ese concepto desde el momento en que aceptamos que la disidencia, no se permite. Uno de los rasgos del asociacionismo es el carácter voluntario con el cual ingresan sus miembros. Sin embargo, seguimos sin dar respuesta a la pregunta de quién hará las tareas distributivas de los bienes y servicios necesarios en términos materiales.

Sin embargo, el capitalismo si. Es el interés propio, el egoísmo, el que nos lleva ya a una asociación voluntaria con el otro para logara aquello que no tenemos y necesitamos. El mercado no es más que la libre asociación de oferentes y demandantes que dan respuesta a sus necesidades vía comercio.

D.- Regresando a la necesidad de un elemento aglutinador necesario en toda teoría de masas, en este caso es el amor el que cumple ese papel de atractor. Pero, ¿quién define que tipo de amo?, ¿será válido cualquier tipo de amor?, ¿hablamos de amor independiente del sexo?, ¿se acepta la homosexualidad o la bisexualidad como un amor más, o únicamente el heterosexual?, ¿se permitiría el amor por los efebos como en la Grecia Clásica?, ¿se trata de un amor a lo divino? Una cosa está clara, tiene una concepción de amor particular, ya que lo que para muchos es aceptable, para él no: “Hoy se busca domesticar al amor con una mezcla de pornografía libre…”.

Además, esa competencia que se desdibuja en la entrega amorosa por el otro, ¿cómo encaja en ella el amor de pareja fiel que defiende? Y si nuestra pareja decide tener una relación abierta, ¿no estamos entonces ante un caso de entrega completa a la masa?, ¿no sería una forma de acabar con la competencia, el egoísmo, las luchas y el individualismo la entrega absoluta a todas aquellas personas con las cuales no apetezca mantener relaciones?

Por último, ¿cómo es posible defender el amor siendo maoísta? Esta teoría marxista llegó incluso a decidir el número de hijos que una familia debería tener, provocar un auténtico asesinato y abandono de niñas en China; ¿es ese el amor que defiende Badieu, un amor que el estado puede regular?

16 de abril de 2009

Pensadores liberales franceses II: Raymond Aron. El último de los liberales (II)

En la anterior entrada sobre R. Aron, terminamos la misma hablando de la diferenciación que realiza entre el espíritu reformista y el espíritu revolucionario. Sigamos pues.

La diferencia entre ambos espíritus se debe a que el reformista es consciente en todo momento de que el progreso, el auténtico y verdadero progreso, tiene tres características fundamentales: a) es contingente porque depende en todo momento del individuo y su acción; b) parcial porque los objetivos se consiguen uno a uno, paso a paso; c) e imperfecto, porque la realidad contiene en su seno el error, la frustación.

Asi el reformista es prosaico, es decir, comedido, cauto, precavido y tiene en todo momento en cuenta las consecuencias de su acción. Frente a esa prosa, el espíritu revolucionaro es poético, es envalentonado, incauto, como un torrente sin contro y medida al que nada ni nadie preocupa para alcanzar su meta o metas. De ahí la crítica y el rechazo de R. Aron al comunismo: "El comunismo es una versión degradada del mensaje occidental. Retiene su ambición de conquistar la naturaleza humana y mejorar el destino de los humildes pero sacrifica lo que fue y que tiene que seguir siendo el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, la libertad de controversia, la libertad de crítica, y el voto."

Bajo la óptica de Aron, la poética del comunismo se vuelve una poética inhumana, en una poesía de lo absoluto donde la emancipación no es ya que desaparezca, sino que se vuelve "indistinguible de la omnipotencia del estado." La voluntad individual se diluye frente al abrazo "omni-presente" pero al fin y al cabo, "omni-futuro" del Estado totalitario.

Este futuro que profetizan una y otra vez los espíritus revolucionarios, y que en el marxismo está claramente presente, tiene además un nuevo elemento esencial: la irrefutabilidad. Y como no existe la posibilidad de contrastación, el marxismo se vuelve en opio de los intelectuales. Por lo tanto, dice nuestro protagonista, cuando Merlau-Ponty argumenta "que el proletariado es la única forma de aúténtica inter-subjetividad" o que "el marxismo no es una filosofía de la historia, es la filosofía de la historia, y rehusar aceptarlo es cancelar nuestra razón histórica." No hay posibilidad para refutar esas tesis, ya que la refutación es imposible, sólo queda una "desintoxicación."

Resulta así comprensible la predilección de Aron por la intelectualidad anglosajona frente a la tradicional intelectualidad francesa de la cual era miembro. Dice al respecto: "el arte de los intelectuales británicos es reducir a términos técnicos los conflictos a menudo ideológicos, el arte de los intelectuales americanos es convertir en discusiones morales las controversias que se refieren más a los medios que a los fines, el arte de los intelectuales franceses es el de ignorar y, a menudo, agravar los problemas propios de la nación, por la voluntad orgullosa de pensar por toda la humanidad."

Lo anterior nos lleva irremediablemente a uno de las metas principales de Aron: la lucha contra el fanatismo. Escribe al respecto: "El hombre [...] no está obligado a resignarse a lo injustificable. Es porque le gustan los seres humanos individuales, porque participa en comunidades reales y respeta la verdad por lo que rehúsa entregar su alma a un ideal de humanidad abstracto, un partido tiránico y un absurdo escolasticismo... Si la tolerancia nace de la duda, enseñémosle a todo el mundo a dudar de todos los modelos y todas las utopías, a desafiar a todos los profetas de la redención y a todos los heraldos de la catástrofe..." Acabar con el fanatismo, sin lugar a dudas; pero también, y en esto pone mucha atención R. Aron, a no dejarnos llevar por la enfermedad de la indiferencia.

Después de "El Opio de los intelectuales", Aron publica "Dix-huit leçons sur la société industrielle", "La lutte de classes. Nouvelles leçons sur les sociétés industrielles" y "Démocratie et totalitarisme". En todas ellas se ocupa profúsamente del análisis de la sociedad industrial, del capitalismo y del sistema comunista. Pero eso lo veremos en el siguiente capítulo.

12 de marzo de 2009

Pensadores liberales franceses II: Raymond Aron. El último de los liberales (I)

Comenzábamos esta andadura entorno a los intelectuales y pensadores franceses liberales con J. F. Revel . Hoy nos centraremos en el pensamiento de uno de los sociólogos franceses más originales y brillantes, hablaremos de Raymond Aron. Sobre él han dicho figuras como R. Dahrendorf: "Raymond Aron es el único científico de las últimas décadas que debido a la amplitud de sus intereses, a la combinación de su capacidad analítica y de acción, a su compromiso y capacidad de comprensión y a la mezcla de reserva y capacidad crítica, puede ser comparado con la figura de Max Weber."; Allan Bloom afirma: "el hombre que durante cincuenta años... ha tenido razón en lo que se dijo sobre Hitler, tuvo razón en lo que dijo sobre Stalin y tuvo razón cuando dijo que nuestros regímenes occidentales, con todos sus defectos, eran la única esperanza de la humanidad."

La obra de Aron según José Jiménez-Blanco puede estructurarse en cinco partes:

- primera parte: averiguar las posibilidades de la Filosofía Histórica.
- segunda parte: las RR. II. y la estretegia internacional.
- tercera parte: la sociedad industrial.
- cuarta parte: la pedagogía de la sociología.
- quinta parte: lo que podemos llamar, "espectador comprometido".

Estudiante en el École Normale Superieure de París decide marcharse a Alemania, más exactamente a las Universidades de Colonia y Berlín, donde entra en contacto con el pensamiento social y filosófico alemán. A su vuelta a Francia, decide dar a conocer los conocimientos adquiridos durante su estancia en el país germano; escribe para ello dos obras: "Introducción a la filosofía de la historia" y "La sociología alemana contemporánea".

Es principalmente la segunda obra de las citadas la que adquiere mayor relevancia, pues en ella desglosa una serie de autores como G. Simmel, F. Tönnies, K. Mannheim o M. Weber, que le permiten establecer una diferencia entre una sociología de línea sistémica y otra histórica.

SISTÉMICA --------------------------------HISTÓRICA
Estructuras..........................................Dinámica
Relaciones y Grupos...........................Leyes Sociales
Simmel y Tönnies...............................Mannheim y Weber.

En la segunda parte de la obra se centra especialmente en la obra de su admirado Max Weber, compartiendo su enfoque sociológico, dice al respecto: "Actuar es tomar una decisión, tratar con los hechos de cada día y dirigirlos hacia un fin en situaciones que los seres humanos no escogemos. La filosofía política no es más que un entendimiento profundo de la acción temporal, una reflexión sobre las condiciones en que se expresan nuestros deseos y un análisis de las prioridades políticas en su relación tanto con la realidad como con nuestros ideales". (Cita extraída de JOSEP PICÓ (2003): Los años doralos de la sociología (1945-1975). Alianza Editorial. Madrid. pág. 311). Empezamos a percibir en esta admiración por Weber ese aspecto de "espectador comprometido" que luego desarrollará R. Aron, influenciado claramente por el papel que Weber analiza del político y el cíentífico.

La admiración por el enfoque metodológico del sociólogo alemán más importante comienza ya en su otra obra de corte filosófico histórico, "Introducción a la Filosofía de la Historia". En la cual comparte con Weber los problemas que atañen a las ciencias de la naturaleza y las ciencias sociales en torno al tema de la subjetividad y la objetividad. Recordemos que para Weber la compresión es claramente subjetiva, pero donde la labor científica alcanza status objetivo es en la explicación.

La citada estancia en Alemania le permite conocer también profundamente la obra de un importante pensador: Karl Marx. Con el autor de "El Capital", Aron establece un largo e inteligente diálogo que se ve reflejado muy bien en su obra quizás más conocida: "El opio de los intelectuales".

El tema principal de la obra es "el embrujamiento - el desorden moral e intelectual que provoca adherirse a ciertas ideologías." (cita extraída de ROGER KIMBALL (2002): Lives of the Mind, the use and abuse of intelligence from Hegel to Wodehouse. Ivan R. Dee Publisher. Chicago. pág. 4) Aron establece una distinción en el marxismo separando por un lado un marxismo científico y por otro lado, un marxismo vulgar.

El primero lo hallamos en "El Capital" y sus conclusiones. El segundo en toda la obra filosófico utópico de Marx, es decir, en su materialismo dialéctico. Frente al marxismo más científico, Aron dice que ya no es que las modernas teorías del pensamiento económico hayan demostrado la imposibilidad de la teoría económica de Marx; sino que, frente al Marx más profético, sus augurios no se han cumplido, con lo cual, para Aron, toda validez intelectual de "El Capital" pierde importancia.

La crítica al marxismo vulgar lleva a Aron a exponer la necesidad de diferenciar lo "prosaico" de lo "poético" (ideas que desarrolla en sus Memorias cuando escribe sobre las intenciones de su obra "El opio de los intelectuales"). Kimball recoge muy bien esas intenciones de Aron. "Aron escribió (en sus Memorias) que en El opio de los intelectuales había tratado de "bajar la poesía de la ideología al nivel de la prosa de la realidad." . Lo que Aron llama el "Mito de la Revolución" (como el "Mito de la Izquierda" y el "Mito del Proletariado") resultaba tan seductor precisamente por su atractivo "poético": inducía la ilusión de que "todo es posible", de que todo... puede ser completamente transformado en el fiero crisol de la actividad revolucionaria. Combinar la doctrina de la inevitabilidad histórica -- la monstruosa idea que Marx recogio de Hegel -- con el Mito de la Revolución era una receta para la tiranía política. ¿Qué importa la liquidación de los kulaks frente al necesario despliegue de la Dialéctica?" (cita extraída de ROGER KIMBALL (2002): Lives of the Mind, the use and abuse of intelligence from Hegel to Wodehouse. Ivan R. Dee Publisher. Chicago. pág. 9)

Confronta así un espíritu revolucionario contra un espíritu reformista. Viste al primero de un halo poético, fantástico y cegado por el fanatismo; mientras que el segundo es prosaico, real y escéptico. Temas que desarrollaremos un poco más en la siguiente parte de esta entrada.

21 de enero de 2009

Pensadores liberales franceses I: Jean-François Revel


Tengo el placer de inaugurar en
Reflexiones para perder el tiempo una serie corta de post sobre intelectuales y pensadores franceses liberales. Francia se ha caracterizado siempre por ser uno de los centros más importantes de pensamiento y ciencia en el mundo; sin embargo, y esto es algo que los propios franceses empiezan a admitir, parece ser que poco a poco esa importancia está en declive. Cada uno tendrá sus motivos y explicaciones, yo opino que durante mucho tiempo han vivido bajo el yugo asfixiante de corrientes estructuralistas y marxistas (con todas sus variantes), olvidando a otros pensadores clave como Bastiat, Tocqueville, Raymond Aron, J. F. Revel, Guy Sorman, etc.

Sirva este intento humilde para recuperar la figura y las ideas de estos grandes hombres.


Jean François-Revel

Se pueden decir muchas cosas de Revel pero si hay algo que caracterice su obra y su pensamiento es su intento de hacernos ver la importancia de los hechos, pero sobre todo, del sentido común. Sentido que a pesar de su supuesta generalidad, es como suele decirse, el menos común de todos los sentidos, más si cabe en el terreno de la política.


Revel era un intelectual, un pensador pero ante todo era una persona dotada con la capacidad de hacer claros y evidentes los hechos que de por si eran claros y evidentes, pero que se encontraban ocultos en una niebla de mentiras y servilismos. La demostración de esa virtud comienza ya con su obra “La tentación totalitaria” (1976) donde realiza lo que podía haber hecho cualquiera, una denuncia con datos y hechos que estaban a disposición de todos, del régimen totalitario comunista en la antigua URSS. Revel nos dice que el principal escollo que tiene el socialismo para triunfar es el propio comunismo, ya que bajo el comunismo el socialismo y la izquierda caen en el olvido de la autocrítica, la fascinación por el totalitarismo, el gusto por la crueldad y el servilismo al Partido Comunista. La vía de solución para Revel está en el giro hacia la socialdemocracia (aunque él termine en posiciones liberales).


Sin embargo, es en “Ni Marx ni Jesús” (1970) uno de sus escritos que más revuelo levanta entre aquellos que consideraban a la izquierda y el socialismo como el lugar político originario de los cambios y las revoluciones sociales. En esta obra defiende la tesis de que no son los partidos de izquierdas ni es en los países donde ha triunfado el socialismo ni el comunismo donde se llevan a cabo los cambios revolucionarios. Son los jóvenes de los países capitalistas los que se cuestionan – porque tiene la libertad para hacerlo – instituciones como la familia, el poder, el dinero, la empresa, el sistema político y económico, etc. También es donde se llevan a cabo las revoluciones feministas y la importancia cada vez mayor de la mujer, donde se cuestiona su papel y status social.


La publicación de “Cómo terminan las democracias” (1983) fue una explosión intelectual en las bases ideológicas de las democracias y de Occidente. Su tesis era que el comunismo había triunfado sobre Occidente, destruyéndole psicológica y moralmente, dejándole en un estado de esclerosis avanzada y parálisis profunda. ¿Cómo? Introduciendo unas series de ideas en el imaginario del pensamiento occidental que el propio Occidente no se cuestionó y acabo aceptando sin debate ninguno.


El intervencionismo imperialista de Occidente era mal visto incluso dentro de las propias sociedades occidentales, ya que se acusaba tales intervenciones de favorecer una posible guerra nuclear. Sin embargo, los juegos de poder soviéticos no eran cuestionados e incluso eran vistos como auténticos procesos de libertadores por parte de la opinión pública occidental. Ahí están Afganistán, Angola, Cuba, Etiopía o Vietnam.


Ese movimiento contrario a las intervenciones militares de Occidente era sobre todo llevado a cabo por un movimiento social exclusivo de las democracias: los pacifistas. En la carrera armamentística, la URSS fue siempre mucho más allá que sus rivales y sus inversiones superiores (tanto es así que su declive proviene de no haber podido seguir dedicando cantidades ingentes a la industria militar). Sin embargo, en el seno de su sociedad no tenía que lidiar con un sector de la población descontento con su militarización, ya que no existía un movimiento pacifista.


En 1988 publica “El conocimiento inútil” que no levanta tanto revuelo, pero que no deja indiferente a nadie que lo lea. Defiende que la verdadera fuerza que mueve las sociedades no es la verdad, sino la mentira. En un momento histórico donde la información destaca tanto cuantitativamente como cualitativamente, los dirigentes e intelectuales siguen cometiendo errores y todo ello gracias a un fallo tan absurdo como vital: ignorar la Razón.

Su crítica se centra sobre todo en la “intelligentsia”. En sus páginas acusa a los medios de comunicación de masas y a las élites culturales e intelectuales de atacar todo lo que “oliese” a derecha, sobre todo si estas medidas provenían de figuras políticas como Reagan, Thatcher, Kohl o Chirac. Su batalla ideológica se llevaba a tal extremo que no importaba mentir.


Gramsci llamó a los intelectuales a recoger el testigo de la clase obrera en la revolución. Pero no fue en los países comunistas donde estos tomaron el papel, ya que este papel lo ejercía de forma autoritaria y despótica el Partido y el Estado. Fue en las sociedades que Popper llamó “abiertas” donde más caló el discurso gramsciano.

¿Por qué ese cambio de agente revolucionario? Porque Gramsci y sobre todo los comunistas de libro, se daban cuenta de que las tesis de Marx y el marxismo estaban agotadas y vacías ya de contendido válido. Se hacía necesario que los creadores de ideas e ideologías, los creadores de opinión pública, en definitiva, los legitimadores de verdad, insuflaran nuevos aires al cadáver teórico del marxismo. Era necesario que alguien pensase, y como los pensadores marxistas de la URSS no eran más que marionetas en manos del Estado, era en los países capitalistas donde debía surgir esa nueva clase social. Nuevos revolucionarios cuya misión no era cambiar el estado real de la Unión Soviética, sino continuar la lucha abandonada por los trabajadores en los países libres para conducir a esos mismos países a la situación de la URSS.


Pero no toda crítica de Revel era de contenido político, sino que también dirigió sus ataques contra la cultura y las artes. En un alarde intelectual visionario, criticaba las teorías intelectuales que vaciaban de contenido toda ciencia para llenar ese vacío con un discurso hermético y todavía más vacío. Supuestos intelectuales como Lacan, Althusser, Teilhard de Chardin, Jacques Derrida, Deleuze, Slavoj Zizek, teóricos postmodernistas (Bauman, Lyotard, Vattimo, Baudrillard, Bataille, Laclau etc). Son autores de trabajadas teorías y discursos retóricos llenos de un hermetismo que únicamente oculta banalidad y vacío. Son disciplinas que se visten de ropajes de charlatanería pomposa para convertirse en, como dice Vargas Llosa, “ciencia humada de moda.”


Comprendemos ahora porque Revel fue un faro de luz en la intelectualidad francesa, un “rara avis” en esa hegemonía cultural y científica que el estructuralismo, el post-estructuralismo y el marxismo con todas sus variantes (neo, post y demás sufijos y prefijos) ejerce en Francia. Si ya es difícil encontrar liberales en Europa, la tarea se vuelve ardua en el país vecino, y Revel era un liberal con mayúsculas. Provocador, instigador, polemista pero sobre todo franco y claro con sus ideas, su magisterio sigue vigente más que nunca a pesar de su olvido en las Universidades.