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9 de agosto de 2007

DESMONTANTO MITOS: XAVIER SALA I MARTÍN Y LA DESIGUALDAD (II)

Hace unos pocos días comenzaba este hilo de post haciendo referencia a dos textos que había leído, el primero de ellos, al cual ya he hecho referencia en la anterior entrada (DESMONTANTO MITOS: VICENÇ NAVARRO Y LA DESIGUALDAD (I) ), era de Vicenç Navarro y nos comentaba la importancia que tiene para el la “distancia social”. Hoy comentaré el segundo texto, escrito por Xavier Sala i Martín titulado “THE WORLD DISTRIBUTION OF INCOME: FALLING POVERTY AND… CONVERGENCE, PERIOD” (al final del texto pueden descargarse una copia).
El autor trata de ofrecer una visión alternativa a lo él llama la falacia de la desigualdad y la pobreza en el mundo como consecuencia de la globalización. Haciendo referencia a la distribución mundial de la renta (en inglés World Distribution Income, WDI) y al fenómeno de la convergencia, demuestra que no pueden afirmarse con ligereza frases y conclusiones como :”la pobreza aumenta cada día”, “la distancia entre los más ricos y los más pobres es cada vez mayor por culpa de la globalización”.
Recomiendo, ya que aquí no haré referencia a ello por no sobrecargar la entrada, leer tanto la introducción como el apartado de cómo estima la WDI, ya que contiene aspectos metodológicos muy importantes y ofrece bastante información y literatura sobre las diferentes formas en como hasta ahora se han venido haciendo los estudios sobre pobreza y convergencia mundial.
Centrándonos en los resultados, Xavier Sala i Martín nos plantea la dificultad inherente de definir un concepto tan ambiguo como la pobreza ya que existen casi tantas definiciones como estudios sobre ella, en sus propias palabras: “The fundamental problem is that of all these definitions are both reasonable and, to some extent, arbitrary. If we settle on a poverty line, then the number of poor people in the World can be readily estimated by integrating the estimated WDI from minus infinity to a predetermined income threshold (know as the poverty line). Poverty rates can be then computed by dividing the total number of poor by the overall population. The only question is what poverty threshold to use. Given this ambiguity, we use our estimates of the WDI to analyze the evolution of poverty in two different ways. The first strategy is to construct the normalized Cumulative Distribution Function (CDF) of the WDI for each decade. […] The second strategy for analyzing the poverty rates and headcounts is to determinate a specific poverty line and integrate the WDI between minus infinity and that particular threshold.”
A partir de una función de distribución acumulativa para los años 1.970, 1.980, 1.990 y 2.000 por un lado y por otro los ingresos por renta, se demuestra que las diferencias entre rentas han disminuido y por tanto la desigualdad también lo ha hecho. Por ejemplo, en 1970 con una renta de 570$/año se encontraba el 20% de la población mundial, sin embargo, en el 2.000 con la misma cantidad de dinero vive el 7% de la población total del mundo. Es evidente que el dato anterior es significativo en cuanto a la reducción de la pobreza, pero no de la desigualdad, sin embargo, el siguiente dato es una muestra clara de que la desigualdad también se está reduciendo; en 1.970 el 78% de la población vivía con 5.000$/año, en el año 2.000 lo hacía el 67% de la misma. Los anteriores movimientos de renta se han desplazado en la curva de distribución acumulativa hacia la derecha, lo que significa que tanto pobreza como desigualdad se están reduciendo en los últimos años.
Después de estos primeros resultados, el autor pasa a criticar el Human Development Report of the United Nations´ Development Program (UNDP), cito textualmente: “Researchers have long worried about World income inequality. Recently, policymakers have joined the debate. For example, the 2.001 Human Development Report of the United Nations´ Development Program (UNDP) argues that global income inequality has risen based on the following logic:
Claim 1. “Income inequalities within countries have increased.”
Claim 2. “Income inequalities across countries have increased.”
Claim 3. “Global income inequalities have also increased.””
Xavier Sala se muestra totalmente en contra de los resultado que ofrece Naciones Unidas y para demostrarlo hace referencia a que usando la misma metodología que usa la institución, el coeficiente de Gini, el resultado final es que las desigualdades mundiales por renta han disminuido no aumentado. En 1.970 el coeficiente de Gini arrojaba un resultado de 0.653 para pasar en el año 2.000 a un coeficiente de 0.637, lo que supone un cambio de un -2.4%; sin embargo, si tomamos el peor resultado entre 1.970 y el 2.000 del mismo coeficiente, que se da en el año 1979 (crisis del petróleo), observamos que se pasa de un 0.662 al mencionado 0.637, lo que supone una reducción de un -3.8%. ¿Dónde está el problema del UNDP?, dice el autor: “The problem for the UNDP is that, population - weighted measures of income inequality show a downward trend over the last twenty years. The question, then, is whether the declines in across-country individual inequality. Since we have estimated the WDI, we are well equipped to answer this question.”
No quiero alargar más este artículo, por ello recomiendo muy mucho que lean el ensayo de Xavier Sala i Martín, sobre todo los desarrollos que hace a partir de este punto donde toma como referencia el coeficiente de Gini, pues no se conforma con usar sólo esta medida de pobreza, ya que decide ampliar los resultados con el uso de otros índices como el de Atkison para coeficientes de 0.5 y 1 respectivamente.
Para la próxima entrada, que será la última de esta serie llamada DESMONTANDO MITOS, expondré mis reflexiones personales de ambas lecturas, hasta entonces, gracias por su tiempo y su dedicación.

El texto citado:

THE WORLD DISTRIBUTION OF INCOME: FALLING POVERTY AND… CONVERGENCE, PERIOD

6 de agosto de 2007

DESMONTANTO MITOS: VICENÇ NAVARRO Y LA DESIGUALDAD (I)

Acabo de leer dos textos completamente distintos, pero ambos igual de sugerentes. El primero es de Vicenç Navarro, profesor de la Universitat Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University, bajo el título “Crecimiento económico, desigualdades sociales y calidad de vida”, una presentación realizada en el Primer Encuentro sobre Economía Política en León. El segundo es de Xavier Sala i Martin (me encanta su página), profesor también de la Pompeu Fabra además de profesor en la Columbia University; su artículo se titula “The World distribution of income: falling poverty and… convergence period.” Comenzaré hablando del primero.
Vicenç Navarro abre su texto nombrando un apartado con la cual confieso que estoy plenamente de acuerdo: “1. El objetivo del conocimiento económico. La economía no es un fin: es un medio para conseguir bienestar social.” Pero también informo que es el único punto que comparto con el autor, pero mis discrepancias irán más adelante, centrémonos ahora en que nos cuenta.
Nos recuerda Vicenç Navarro que lo importante no es tanto la pobreza, que si es un problema, pero el meollo se encuentra en la desigualdad. Critica que para las estadísticas sobre pobreza mundial se usan básicamente medidas de consumo (por ejemplo las empleadas por el Banco Mundial de un dólar o dos dólares por día). Considera mucho más oportuno usar lo que se ha venido en llamar “la distancia social”. Para ejemplificar lo qué tal expresión significa usa el siguiente ejemplo: Un negro de Baltimore tiene una esperanza de vida de 45 años, mientras que una persona de Ghana llega a una esperanza de vida de 58 años; y se pregunta cómo puede ser eso posible. Pues la solución es la desigualdad o distancia social, cito textualmente: “Para responder a esta pregunta tenemos que introducir el concepto de distancia social relacionada con el concepto de desigualdades sociales. Es más difícil ser pobre en EEUU que ser miembro de la clase media en Ghana. La distancia social entre un joven negro trabajador no cualificado en paro, viviendo en las partes deterioradas de East Baltimore, y la mediana de estándar de vida de EEUU es mucho mayor que la distancia entre el profesional de clase media de Ghana y la media de aquel país.”
De lo que nos habla es que si nos imaginamos una curva de distribución normal, la de EEUU se parece muy poco a una normal, por lo tanto las desviaciones entre un porcentaje y otro son muy grandes, mientras que en el segundo caso, Ghana, éste país tiene una distribución mucho más normal, por tanto las desviaciones son menores.
Nos dice también que en aquellas sociedades donde la distancia social es menor, por lo general son sociedades de tipo “solidaria, cohesionada y con escasas desigualdades, en la que la mayoría de la ciudadanía se siente parte de la misma sociedad y de un mismo proyecto.” Mientras que las sociedades con mayor distancia son sociedades totalmente distintas, incluso donde es necesario “un orden jerárquico que requiere unos mecanismos e instituciones que segregan a la población en distintas categorías dentro de un orden en el que las categorías superior e inferior siguen una lógica discriminatoria y excluyente, basada frecuentemente en mecanismos de explotación, es decir, en situaciones en las que el superior vive mejor a costa de que el inferior viva peor. Este orden social, se legitima en el capitalismo democrático mediante la justificación de que tal orden está basado en el mérito de las personas…”.
Para justificar su tesis expone datos empíricos como los incrementos en la esperanza de vida en Inglaterra y Gales entre 1901 y 1991, donde señala que el aumento más importante se da en los años de la Segunda Guerra Mundial (1940-1951). Menciona un cuadro donde a partir de una encuesta del Internatioanal Social Survey Program (ISSP) para 1999 nos dice que los diferenciales de renta en los países ricos son demasiado grandes, como por ejemplo el 82% en Alemania, el 885 en Francia, el 86% en Austria o el 66% en los EE.UU. (Ver anexos para datos). Defiende la tesis de que estas diferencias no están basadas en el mérito, sino en jerarquías de dominio e incluso explotación.
Y por último, comenta el caso más llamativo para él, fragmento que cito textualmente: “el caso más llamativo y espectacular del impacto del sistema económico en un país y su impacto en la calidad de vida fue el cambio que ocurrió en la Unión Soviética en que se impulsó un capitalismo sin medidas protectoras que causó la muerte de aproximadamente de medio millón de personas en sólo dos años. Es más, la esperanza de vida en aquel país pasó de ser de 70 años en el año 1985 a 66 en el año 2003.”
En la siguiente entrada del blog hablaré sobre el otro texto, el cual aprovecharé de paso para criticar los argumentos de Vicenç Navarro, totalmente descabellados y sacados de contexto.

El texto citado:

Crecimiento económico, desigualdades sociales y calidad de vida

Merci Pato por el truco, te debo una.

4 de diciembre de 2006

A vueltas con la globalización de nuevo.

Muchos de los críticos de la globalización arguyen que dicho proceso ha aumentado la brecha entre los ricos y los pobres, básicamente dicen que los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. El problema es que los que acusan a la globalización de ello nunca ofrecen datos, porque se creen dotados de una altitud moral y de una sabiduría superior, demostrando que sus ideas preconcebidas por eso que llamamos el pensamiento único, no necesitan de demostración. Evidentemente la realidad es otra, no es que los movimientos anti-globalización no den datos porque no quieren o no los consideren necesarios, no, es que los datos no les dan la razón.
El economista Xavier Sala i Martín demuestra en su artículo “More or less equal”, que lo de defienden los contrarios a la globalización si se traslada a la cruda realidad de las cifras, es falso. Parte de la suposición de que es necesario resolver tres grandes áreas de dificultad para contestar a la pregunta de si la desigualdad está creciendo entre los países pobres y los países ricos. A saber:
1. cuánta gente de los países pobres o en vías de desarrollo consume
2. como se valora el consumo para que las comparaciones sean útiles
3. se está ensanchando la brecha entre los países ricos y pobres o, por el contrario, está aumentado la diferencia entre los pobres y los ricos indiferentemente del país donde vivan.

Si comenzamos por la tercera, Xavier Sala i Martín nos dice que debemos tener cuidado pues, una parte de la gente que explicaba la gran proporción de pobreza del mundo está disminuyendo debido al rápido crecimiento de los dos países más poblados del planeta: la India y China.
Santley Fischer, ex-subdirector del FMI, ofreció una serie de tablas muy orientativas sobre el problema que nos afecta. Veamos las gráficas:



La primera gráfica nos dice que si los países pobres crecen lo suficiente para alcanzar a los ricos, se situarían cada vez más hacia arriba y a lo largo de la tabla. Como se comprueba, la realidad dista de ser esa. Sin embargo, si miramos la segunda tabla, si trazamos los mismos círculos pero en proporción a su población, la India y la China claramente se sitúan hacia arriba. Y si tenemos en cuenta de que el número de pobres de esos dos países representa un gran porcentaje de los pobres del mundo, mantener la idea de que el número de pobres en el mundo está empeorando es muy difícil.
Xavier Sala i Martín dice que a pesar de los datos de Fischer, poco puede decirse de la pobreza, porque no dicen nada sobre cuántas personas en la India, China o Latinoamérica, por ejemplo, son pobres. O sí el crecimiento de cualquier país es bueno para su población.
La dificultad sobre la pobreza tiene, aunque parezca mentira, un cariz metodológico importante, pues no es lo mismo medir la pobreza en términos de nación o renta nacional que de capacidad para consumir de su población. Y dependiendo de los datos que se consulten, los resultados son diferentes.
Trabajos de Bhalla, Sala i Martín y por Francis Bourguignon y las demostraciones de Morrison muestran que a niveles de consumo individual, las cosas han mejorado tanto que puede hablarse de una nueva edad de oro del capitalismo global.
Sala i Martín proporciona que el número de gente que vivía en pobreza aguda (menos de un dólar/día) cayó del 17% de la población en 1970 a el 7% en 1998; la proporción que vivía con menos de dos dólares/día bajó del 41% al 19%. En números absolutos se está hablando de cerca de 200 millones de personas en el primer caso y de 350 millones de personas en el segundo caso.
Si tomamos los datos de renta nacional los datos son algo más pesimistas. Y estos datos son los que manejan por ejemplo, el Banco Mundial o la ONU. El trabajo de Chen y Ravallion nos dice que el porcentaje de gente que vive con menos de un dólar día era del 28% en 1987 y baja hasta un 24% en 1998.
Pero algo está claro, y es que las cifras arrojan en general que las cosas están mejorando.
Claro que quedan zonas del planeta donde la pobreza es tan alta que la pasividad de los gobiernos ricos es insultante. Sin embargo, cabe preguntarse si la culpa de que esos países sean pobres es del capitalismo y la globalización, culpables de que gran parte de los pobres del mundo hayan salido de su estado de miseria (China e India), o bien de que las zonas pobres aún no se han visto bañadas por las olas del capitalismo y la globalización.

1 de noviembre de 2006

Pobreza y capitalismo

Dedicado con todo mi aprecio a Pato, por impedirme que me deje llevar por ideas preconcebidas en un debate, porque su capacidad intelectual y su respeto como persona se merecían algo más digno que mi primer comentario y como muestra de disculpa y gratitud. De acuerdo o no, lo importante es el respeto que le tengo, y eso no voy a dejar que un mal comentario lo ponga en duda.

Los críticos del sistema capitalista suelen atribuirle, entre otros muchos males, la culpabilidad de la pobreza. Incluso existen corrientes teóricas como la teoría de la dependencia o la teoría marxista, que atribuyen como una condición necesaria para el mantenimiento del capitalismo la existencia de la pobreza. Este artículo intentaré mostrar lo más claro posible dos cosas: que la pobreza no es exclusiva del capitalismo; y, que de ninguna forma la pobreza es una parte vital que alimenta la existencia del sistema basado en el capital privado.
La primera tarea cuando se aborda un trabajo así es dejar claro a qué nos referimos cuando hablamos de pobreza y de capitalismo. Puede parecer algo innecesario, pues en un primer momento, todos sabemos que es pobreza y capitalismo, sin embargo, una vez vista una serie de aclaraciones conceptuales, comprobaremos que el trabajo realizado no ha sido en vano.
La definición de pobreza, como cualquier término, no está carente de subjetividades e influencias ideológicas. Pobre puede ser aquel que no tiene una casa en EE.UU., trabajo y por tanto seguro médico o cobra un sueldo inferior al medio; pero pobre también es aquel que en África no puede cubrir sus necesidades básicas (alimentación y salud básicamente). Dado el alto grado de relativismo que entre unas realidades económicas y otras nos podemos encontrar, la ONU estableció una medida o escala, que como tal puede ser más acertada o no, de considerar pobreza aquella persona que tiene que vivir con menos de un dólar al día. Ese límite se conoce también como umbral de pobreza o pobreza absoluta. Otro concepto interesante es el de pobreza relativa, que relaciona unos valores de pobreza en términos de comparación con una sociedad determinada.
El capitalismo es un sistema de ordenación económica que gestiona los recursos de una economía mediante el establecimiento de la propiedad privada y la creación de un mercado. Contrariamente a lo que suele pensarse, el capitalismo no es sinónimo de libertad de mercado o liberalismo; el intervencionismo estatal puede ser muy alto en una economía y ésta sin embargo puede seguir siendo capitalista, pues como bien hemos mencionado el capitalismo se basa en la propiedad privada y el mercado, pero no en el grado de libertad que exista en dicho mercado (mención aparte merece el capitalismo chino que tiene entre sus peculiaridades la existencia de mercados pero no el reconocimiento directo de la propiedad privada).
El funcionamiento del sistema capitalista tiene su base en lo que se conoce como la corriente circular del trabajo y el capital. Los trabajadores ofrecen su capital trabajo a una empresa que lo demanda, paga a cambio un sueldo gracias a la venta de sus productos en el mercado de bienes. Así, beneficios de empresa y sueldos van aunque en un principio parezca que no, muy unidos. Imaginemos que una industria de bienes de consumo no paga suficiente sueldo a sus empleados, estos no dispondrán de renta monetaria para consumir y la empresa no podrá conseguir beneficios al no vender sus productos. Me anticipo a las críticas de este simple esquema diciendo precisamente eso, que es simplista pero muy gráfico. Sin consumo no hay capitalismo.
Profundizando nos percatamos de que la cosa no es tan fácil, pues la empresa puede vender sus productos en un país diferente al cuál fabrica, uno donde las rentas monetarias si sean lo suficientemente altas para consumir, con lo cual la empresa obtiene beneficios igualmente, pero los trabajadores no consiguen dinero suficiente para su consumo básico.
Este esquema muy básico se complica aún más si de golpe introducimos la competencia global de una economía de mercado internacional donde hacerse con un mercado o cartera de cliente es una auténtica batalla. Es por eso que el capitalismo constantemente ha ido buscando mercados nuevos donde conseguir clientes y por tanto consumidores. Al hacer eso, desplaza consigo una corriente de riqueza, necesaria para que el círculo virtuoso se cumpla.
Evidentemente soy consciente de que todo esto es muy teórico y muy utópico, de acuerdo, pero lo que no podemos es negar una evidencia histórica. A principios del siglo XVIII las hambrunas seguían causando estragos en todo el mundo. Morirse se hambre era lo más normal para todo el globo cuando las cosechas no eran capaces de cubrir todas las necesidades de alimentación de la población. Como bien sabemos, la Revolución Industrial fue capaz de lograr en pocos años la creación de un excedente primero en la agricultura y posteriormente en el sector industrial que originó que de golpe eso de las hambrunas en Europa fuese algo muy esporádico, como producto de un conflicto bélico o un desastre natural, pero nunca por escasez.
La acusación que se vierte al capitalismo de generar pobreza es falsa, porque la pobreza ya estaba antes de que el capitalismo existiese. La acusación de que el capitalismo genera más pobreza que cualquier otro sistema económico también es falsa, porque ha sido el único sistema que ha logrado sacar por primera vez de ese estado a muchísima gente y lo está haciendo aún con un país como China y la India que hasta no hace mucho eran ejemplos de pobreza absoluta.
Vayamos con una serie de datos: “la pobreza absoluta se ha reducido muy significativamente en las dos últimas décadas, cuando el proceso de globalización se ha acelerado.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283). Ofrece datos al respecto que resultan evidentes: Así, diferentes estudios avalan esa afirmación:

BANCO MUNDIAL 1970 1998 1998/1970 Disminución
1. Millones de personas con menos de 1 dólar diario 1.400 1.199 -201 millones
2. Porcentaje de población total 40% 24% -16 puntos
3. Millones de personas con menos de 2 dólares/día 2.200 2.800 +600
4. Porcentaje de población total 60% 51% -9 puntos

SALA I MARTÍN
1. con menos de 1 dólar diario 554 352 -201 millones
2. Porcentaje 20% 6% -14 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.323,8 973,7 -35,1 millones
4. Porcentaje 44% 18,5% -25,5 puntos

BHALLA
1. con menos de 1 dólar diario 1.262 647 -615 millones
2. Porcentaje 46,4% 13,1% -33,3 puntos
3. con menos de 2 dólares/día 1.631 1.147 -484 millones
4. Porcentaje 60% 23,3% -36,8 puntos
Fuente: Banco Mundial (2002); Sala i Martín (2002a); Bhalla (2002) cit. en Guillermo de la Dehesa (2003)

Y los datos son mucho más optimistas desde el punto de la pobreza relativa: “la reducción en términos relativos ha sido espectacular: un 60 y un 69 por 100 en el primer caso (con menos de un dólar/día), y un 51 y un 70 por 100 en el segundo (con menos de 2 dólar/día).” (DE LA DEHESA, G. 2003, 283).
También se culpa al capitalismo de haber aumentado la desigualdad en el mundo; otra vez los datos vuelve a desmontar esa falsa idea: “el coeficiente de Gini ha caído de 0,662 en 1980 a 0,633 en 1998, según Sala i Martín, y de un 0,685 en 1980 a 0,651 según Bhalla. La relación entre el 20 por 100 más rico y el 20 por 100 más pobre también se ha reducido, aunque levemente, pasando de ser 40 veces superior en 1970 a 39 veces en 1998.” (DE LA DEHESA, G. 2003, 284).
Y qué pasa con la desigualdad dirán los más atentos, no es acaso el capitalismo un sistema desigual. Por supuesto, se trata quizás de uno de los sistemas económicos más desiguales de los conocidos hasta ahora por el hombre. ¿Entonces cómo puede usted defender el capitalismo sin tener remordimientos de conciencia? Porque todo depende de cómo analicemos y valoremos la desigualdad. Ser desigual no es malo per se, al igual que totalmente bueno, sino que admite toda una serie de matices importantes que no podemos perder de vista. No somos biológicamente todos iguales, la naturaleza nos ha dotado a unos de atributos mejores que a otros, esa desigualdad natural por ejemplo no es ni buena ni mala, simplemente es el chasis que nuestra carga genética nos ha dado. ¿Qué podemos mejorarla? Por supuesto, pero siempre y cuando eso no suponga despojar de las cualidades superiores a aquellas personas que las poseen, es decir, si yo soy miope, para igualarme a una persona con una vista excelente no podemos rebajar su calidad de visión, sino construir un instrumento óptico que me haga avanzar a mí, de ahí nacen las gafas. Pues esto que parece tan evidente en el plano físico-biológico llevado al terreno económico parece que no se ve tan claro. En este ámbito, lo normal es quitar al rico para dárselo al pobre, hablando vulgarmente, esto es lo que se conoce como impuestos y Estado de Bienestar.
Pero la pregunta fundamental es: ¿debemos acabar totalmente con las desigualdades económicas? Mi respuesta es tajante, NO. Porque eso es lo que intento hacer el comunismo y acabo generando un estado de pobres y aún por encima con mayores desigualdades. Las desigualdades económicas son el impulso que lleva a mucha gente a superarse, a seguir trabajando para conseguir más cosas. Uno de los grandes defectos del comunismo es precisamente que al desincentivar a los trabajadores con un avance en su nivel económico. ¿Entonces qué podemos hacer? Aplicar medidas para dar a todos las mismas condiciones de partida. Todos somos conscientes de que con una buena formación académica, un entorno familiar adecuado y una seguridad básica que permita el desarrollo de una formación aceptable, generalmente puede eludirse el estado de pobreza. Como lo logremos si mediante impuestos o dejando al mercado actuar libremente es otro tema.