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13 de enero de 2008

La economía de Z

Nos encontramos en una situación de incertidumbre en el plano económico, tanto a nivel internacional como nacional. La crisis de las hipotecas subprime, la falta de liquidez en el mercado interbancario, la presión del petróleo y otros productos energéticos, el aumento del desempleo y los precios son los culpables del mediocre año que dejamos atrás y de la sensación de incertidumbre del presente que ahora estrenamos.
Si bien es cierto que no puede todavía hablarse de una crisis en firme, lo que no puede es negarse la evidencia de que las cosas no van bien y de no tomar cartas en el asunto, lo que hoy no son más que nubarrones, pueden convertirse en un futuro cercano en tormentas sobre nuestra economía.
Ante esta situación es llamativo la ausencia de nuestro Ministro de Economía y que todo el peso de las explicaciones recaiga en el Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, cuando quedó claro que sus conocimientos de temas económicos son más bien limitados o nulos. Eso puede deberse bien a dos cosas: nos gastar electoralmente a Solbes frente a los comicios que nos esperan o bien, mostrar a un Presidente del Gobierno que de no conocer nada de economía, ahora se maneja con supuesta soltura en temas económicos.
Independientemente de las causas que expliquen la ausencia de uno y la presencia del otro, lo que nos debe quedar claro es que los datos económicos de Zapatero son electoralistas y alejados de la realidad económica del país.

El discurso pronunciado en el Forum Europa la semana pasada fue un compendio de cifras irreales que ante la simple contrastación real, dejan en el mero ridículo al Presidente, y todo por negar una crisis que se avecina y no asumirla por intereses electorales. Nos dice que la creación de empleo va viento en popa, pero omite que el número de parados ahora es mayor que a comienzo de la legislatura socialista. La inflación se ha desbocado y ha alcanzado el 4,3% y la inflación subyacente muestra una tendencia muy preocupante para el consumidor pues son sobre todo los precios energéticos y los productos frescos los que más han subido. Nuestro déficit exterior representa ya el 10,7 % del PIB, frente al 2,7 % del 2004. Zapatero dijo que la renta disponible de los hogares había aumentado en 1.000 euros sin embargo informes de la UCE, cada hogar español tendrá que desembolsar este año 992 euros más. Afirmó que las empresas ganarán entorno al 10% más este año, cuando los datos avalan cifras alrededor de 2 %.

Las cosas no pintan bien y deben ponerse medidas cuanto antes, sobre todo a la hora de cambiar nuestro modelo de crecimiento ya agotado, de empezar a elaborar políticas de cambio estructural cuanto antes y sobre todo, de no mentir a los españoles con una realidad manipulada y falsa llegando incluso a acusar a los que no compartimos sus cifras, de antipatriotas.

22 de octubre de 2007

¿Por qué funciona la economía?

Nobleza obliga antes de nada, dejar claro que por supuesto que no tengo una respuesta a tamaña pregunta anunciada en el título del artículo. El por qué funciona la economía se eleva a cuestiones tales como las que debatían los filósofos antes de la ruptura con la metafísica que propone Inmanuel Kant , y por lo tanto, no soy yo la persona con la sapiencia necesaria para dar ni siquiera una vaga respuesta aceptable, sino pequeños balbuceos parecidos al de un niño pequeño cuando empieza hablar. Por ello, he preferido dar paso a uno de los economistas más interesantes y más importantes de finales del siglo XX (y del presente, pues sigue aportando su sabiduría aún) como es William J. Baumol.
Mi interés por la pregunta que tratamos viene desde que descubrí los complejos entramados que presenta el sistema económico capitalista y comprobar que a pesar de su caos, las soluciones que aporta no son todo lo negativas que muchos anti-capitalistas y anti-sistema defienden a ultranza. Curiosidad prematura que experimentó un nuevo impulso al ver el programa REDES nº 442, en el cuál se hacían la misma pregunta. Aprovechar para decir que se trata de un programa este que deberían poner en todas las facultades de ciencias sociales de este país, sobre todo en aquellas donde aún se encuentra instalado la fragancia, algo muerta ya, de marxismos, estructuralismos, socialismos de todo tipo y neo-hippies post-materialistas, todos ellos más proclives a criticar el capitalismo que a reconocer alguna de sus virtudes.
No voy a reproducir aquí la entrevista que el presentador del programa y director del mismo, Eduard Punsent realiza al profesor Baumol, sino detenerme en aquellos detalles que más han llamado mi atención sobre el tema que tratamos.
La primera afirmación sorprendente es que según Baumol, lo llamativo ya de las actuales economías capitalistas no es el capital entendido en su concepción más clásica; sino que ese capital debe ser hoy en día definido en conceptos tan importantes como innovación y tecnología. Es lo que ya muchos economistas vienen defendiendo como la nueva economía del conocimiento, dónde las ventajas competitivas ya no se encuentran los factores clásicos de tierra, trabajo y capital monetario, que sin perder su importancia se ven relegados a un papel secundario por la innovación y el desarrollo tecnológico. Si una economía nacional o una empresa desea realmente ser competitiva ya no debe preocuparse ya tanto por el capital, los recursos naturales o la tierra sino por el desarrollo tecnológico. Idea esta que ya en el gran economista del desarrollo como Robert M. Solow enunció en su indispensable artículo de 1956 “A Contribution to the Theory of Economic Growth” publicado por The Quarterly Journal of Economics.
La economía del conocimiento supone una de las mayores respuestas del capitalismo a sus críticos, empeñados todavía en ver todo los males del mundo en términos de dominación de clase o enorme desigualdad de poder económico entre proletario y capitalista burgués. El conocimiento se encuentra en todas partes, en cualquier lugar y momento como han demostrado las mayores empresas tecnológicas del mundo como Microsoft o Google, creadas en un garaje. Pero no sólo en el mundo desarrollado, sino que gracias a la globalización, ese conocimiento se expande y distribuye por todo el globo, como buena muestra de ello es Irlanda que basó su crecimiento económico en una fe ciega en el conocimiento o la India, que con igual fe, prefiere un crecimiento menos fuerte que el Chino pero más basado en pilares tan fuertes como el desarrollo tecnológico e informático.
El capitalismo nos muestra gracias a la innovación que la mejor forma de enriquecerse, conseguir poder y prestigio ya no es como en otros sistemas, ir cobrando sobornos o impuestos, sino innovar en todo momento. Baumol nos da una maravillosa lección de liberalismo económico que muchos intervencionistas deberían tener en cuenta y hacerles dudar sobre los beneficios de aumentar constantemente el cobro de impuestos para mantener un enfermo Estado de Bienestar, o interponer las menos barreras posibles para dejar a la innovación crecer en toda su plenitud.
Otra afirmación realmente sorprendente es que no todo monopolio es negativo, sino que existe un tipo de monopolio, el oligopolio, que dentro de unos límites es realmente beneficioso para todos. Y lo es porque volviendo al primer punto, permite el desarrollo de innovación y tecnologías a mayor escala, reduciendo su coste y favoreciendo en mayor medida su propagación a todos los consumidores. Recurre Baumol a un ejemplo muy gráfico como es el primer avión de los hermanos Wright, en el cual muchos nos pensaríamos dos veces volar a cualquier lugar del mundo; sin embargo, los grandes oligopolios como Airbus o Boeing han invertido cantidades ingentes de dinero para lograr aviones más cómodos, rápidos y seguros. Pensemos que la concentración empresarial no es mala en sí, ya que lo que busca en todo momento es una asignación más eficiente de los recursos y por lo tanto, una reducción de los costes o una mayor capacidad inversoras para desarrollar nuevos productos. Así que a pesar del mito muy difundido que grandes conglomerados son perjudiciales por su enorme concentración de poder y riqueza, debe expandirse más el logos de una visión de estos conglomerados como origen de desarrollo, innovación y nuevas tecnologías a mejor precio.
Resumiendo, podemos afirmar que si el capitalismo a triunfado es gracias, en opinión de Baumol, a su capacidad innata para innovar contastemente. ¿Pero es que no existe un punto negativo o negro? Claro que si, la contaminación está ahí y los procesos de innovación y desarrollo tecnológico han permitido que algo tan sofisticado como un arma, pueda hoy en día ser adquirida a un precio ridículo en comparación a hace treinta o cuarenta años. Sin embargo, el sistema capitalista tiene la suficiente capacidad dinámica y de feed back para dar soluciones a esos problemas si se desean dar, y de hecho, en el caso de la contaminación, estamos viviendo una época de revolución en tecnologías e innovaciones impresionantes en energías verdes. Así creo que podemos afirmar bien alto que “¡El capitalismo ha muerto, viva el capitalismo!”.

6 de agosto de 2007

DESMONTANTO MITOS: VICENÇ NAVARRO Y LA DESIGUALDAD (I)

Acabo de leer dos textos completamente distintos, pero ambos igual de sugerentes. El primero es de Vicenç Navarro, profesor de la Universitat Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University, bajo el título “Crecimiento económico, desigualdades sociales y calidad de vida”, una presentación realizada en el Primer Encuentro sobre Economía Política en León. El segundo es de Xavier Sala i Martin (me encanta su página), profesor también de la Pompeu Fabra además de profesor en la Columbia University; su artículo se titula “The World distribution of income: falling poverty and… convergence period.” Comenzaré hablando del primero.
Vicenç Navarro abre su texto nombrando un apartado con la cual confieso que estoy plenamente de acuerdo: “1. El objetivo del conocimiento económico. La economía no es un fin: es un medio para conseguir bienestar social.” Pero también informo que es el único punto que comparto con el autor, pero mis discrepancias irán más adelante, centrémonos ahora en que nos cuenta.
Nos recuerda Vicenç Navarro que lo importante no es tanto la pobreza, que si es un problema, pero el meollo se encuentra en la desigualdad. Critica que para las estadísticas sobre pobreza mundial se usan básicamente medidas de consumo (por ejemplo las empleadas por el Banco Mundial de un dólar o dos dólares por día). Considera mucho más oportuno usar lo que se ha venido en llamar “la distancia social”. Para ejemplificar lo qué tal expresión significa usa el siguiente ejemplo: Un negro de Baltimore tiene una esperanza de vida de 45 años, mientras que una persona de Ghana llega a una esperanza de vida de 58 años; y se pregunta cómo puede ser eso posible. Pues la solución es la desigualdad o distancia social, cito textualmente: “Para responder a esta pregunta tenemos que introducir el concepto de distancia social relacionada con el concepto de desigualdades sociales. Es más difícil ser pobre en EEUU que ser miembro de la clase media en Ghana. La distancia social entre un joven negro trabajador no cualificado en paro, viviendo en las partes deterioradas de East Baltimore, y la mediana de estándar de vida de EEUU es mucho mayor que la distancia entre el profesional de clase media de Ghana y la media de aquel país.”
De lo que nos habla es que si nos imaginamos una curva de distribución normal, la de EEUU se parece muy poco a una normal, por lo tanto las desviaciones entre un porcentaje y otro son muy grandes, mientras que en el segundo caso, Ghana, éste país tiene una distribución mucho más normal, por tanto las desviaciones son menores.
Nos dice también que en aquellas sociedades donde la distancia social es menor, por lo general son sociedades de tipo “solidaria, cohesionada y con escasas desigualdades, en la que la mayoría de la ciudadanía se siente parte de la misma sociedad y de un mismo proyecto.” Mientras que las sociedades con mayor distancia son sociedades totalmente distintas, incluso donde es necesario “un orden jerárquico que requiere unos mecanismos e instituciones que segregan a la población en distintas categorías dentro de un orden en el que las categorías superior e inferior siguen una lógica discriminatoria y excluyente, basada frecuentemente en mecanismos de explotación, es decir, en situaciones en las que el superior vive mejor a costa de que el inferior viva peor. Este orden social, se legitima en el capitalismo democrático mediante la justificación de que tal orden está basado en el mérito de las personas…”.
Para justificar su tesis expone datos empíricos como los incrementos en la esperanza de vida en Inglaterra y Gales entre 1901 y 1991, donde señala que el aumento más importante se da en los años de la Segunda Guerra Mundial (1940-1951). Menciona un cuadro donde a partir de una encuesta del Internatioanal Social Survey Program (ISSP) para 1999 nos dice que los diferenciales de renta en los países ricos son demasiado grandes, como por ejemplo el 82% en Alemania, el 885 en Francia, el 86% en Austria o el 66% en los EE.UU. (Ver anexos para datos). Defiende la tesis de que estas diferencias no están basadas en el mérito, sino en jerarquías de dominio e incluso explotación.
Y por último, comenta el caso más llamativo para él, fragmento que cito textualmente: “el caso más llamativo y espectacular del impacto del sistema económico en un país y su impacto en la calidad de vida fue el cambio que ocurrió en la Unión Soviética en que se impulsó un capitalismo sin medidas protectoras que causó la muerte de aproximadamente de medio millón de personas en sólo dos años. Es más, la esperanza de vida en aquel país pasó de ser de 70 años en el año 1985 a 66 en el año 2003.”
En la siguiente entrada del blog hablaré sobre el otro texto, el cual aprovecharé de paso para criticar los argumentos de Vicenç Navarro, totalmente descabellados y sacados de contexto.

El texto citado:

Crecimiento económico, desigualdades sociales y calidad de vida

Merci Pato por el truco, te debo una.