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22 de abril de 2011

Llenar el vacío con nuestro cerebro.

Manuel Mandianes nos trae un artículo en El Mundo, publicado hoy, con el título de “Semana Santa y posmodernidad”. En él, el autor defiende que “La falta de generosidad y valor, el fanatismo que amenaza a la sociedad desde fuera y el nihilismo que la amenaza desde dentro, son características de la posmodernidad que cifra la felicidad y la dicha en la riqueza, el éxito y el triunfo porque los considera únicas fuentes de placer.” Los grandes males morales y éticos de nuestra sociedad, característicos de la época posmoderna que vivimos tienen su origen en la pérdida de Fe, de la existencia de un hueco espiritual que no somos capaces de rellenar con algo satisfactorio, “La desorientación y el desamparo en que vive la posmodernidad tienen mucho que ver con la falta de un gran relato envolvente y totalizante”, en palabras del autor. Y ello ocasiona la “ansiedad de mucha gente de hoy (que) se traduce en miedo, terror, angustia, inquietud y locura”.

Comparto con el Sr. Mandianes que la posmodernidad y las teorías que la sustentan, acabaron con los grandes relatos de la Ilustración proponiendo a cambio la nada, un vacío ideológico y un relativismo extremo. Sin embargo, no creo que la solución a los problemas de la posmodernidad sea una vuelta a la religión entendida como la defiende el autor.

Para Manuel Mandianes, se hace necesario una vuelta a los ritos, cristianos sobre todo, una vuelta a los fundamentos morales y éticos de la religión. Los males actuales son causados por desterrar el gran relato religioso, cristiano para más señas, el cual deja al individuo sin guía, sin significado, sin camino que recorrer. Vacíos por tanto de valor religioso es normal, según el autor, que se busquen otros valores menos espirituales y más mundanos y cuestionables como los que enuncia al principio: éxito, riqueza, sexo y otros muchos que, como son incapaces de llenar satisfactoriamente ese hueco dejado por la Fe, aboca a una búsqueda constante de los primeros. Todos queremos más éxito, más riqueza, más sexo y nada de lo que tengamos es capaz de cumplir nuestras expectativas.

Yo no creo que la búsqueda de éxito, dinero o sexo sea un problema siempre y cuando, claro está, no se rompan una serie de reglas establecidas para su consecución o causen infelicidad en el individuo que intenta lograrlos. La penalización de estos objetivos no es algo nuevo en el cristianismo, que siempre ha impuesto la austeridad frente a la abundancia, el rebaño al individuo. Otra cosa sería el protestantismo, como tan ejemplarmente explicó Max Weber en su ya centenaria obra, “La ética protestante y el espíritu capitalista”, obra inaugural y cumbre de la sociología. Tampoco el comunismo es muy partidario de esas metas tan mundanas, donde antepone lo comunal a lo personal, con las consecuencias que todos conocemos.

Parece ignorar el Sr. Mandianes que la libertad económica, la libertad sexual y la lucha contra la pobreza tienen parte de su origen, en la lucha contra la religión y la libertad religiosa de las revoluciones liberales de la Ilustración. Cuando la religión ocupaba en centro de lo cotidiano, como ocurría en el feudalismo y la Edad Media; el éxito o la riqueza pertenecían a unos pocos y entre esos elegidos, se encontraban las jerarquías eclesiásticas. Por no hablar, de la censura y las prohibiciones sexuales que se imponían y que gracias a esos ritos de paso que defiende el autor, servían para aumentar el poder y la influencia de la Iglesia sobre los individuos al controlar los momentos más importantes para una persona: su nacimiento, su boda, su muerte, etc. Por supuesto, tampoco ese período tan religioso y álgido para la Fe, supuso un tiempo donde ansiedad, miedo, terror, angustia, inquietud y locura fuesen menores, todo lo contrario.

La única forma eficaz de frenar esos sentimientos y sensaciones tan negativas (miedo, angustia, etc), nos la ha dado la ciencia, sobre todo la neurociencia. Y con ello, la importancia de la educación. Los científicos llevan los últimos años descubriendo que lo que nos provoca miedo es el cambio, que no somos felices porque somos incapaces de disfrutar del trayecto, que nuestro cerebro está programado para no estar programado y que, la tarea más importante que tenemos por delante, es aprender a desaprender. Ello no supone desterrar a la religión, todo lo contrario, sino colocar la felicidad en nuestro cerebro y no hacerla depender de dogmas de ningún tipo.

1 de diciembre de 2008

¿Son las bromas del destino estructuralistas?

No tengo una respuesta válida y segura a esa pregunta, pero desde luego si no son estructuralistas lo que si son es, por lo menos, curiosas. Les cuento. Hace una semana más o menos, tuve el enorme placer de disfrutar unos días de la compañía de Oscar, una persona con una mente demasiado grande para su cuerpo tan menudo (aunque ya comience a tener esa barrguilla de la edad ajajajajajajaja). No conforme con regalarme con su presencia me obsequia hasta las cejas con unos libros deliciosos y sugerentes. Uno de ellos es una preciosa colección de GEDISA editorial titulada "La Película de mi Vida". En ella, una serie de personas de la cultura, el cine, la literatura, etc. eligen una película especial para ellos, y realizan un texto.

El libro regalado de esa colección fue "Casablanca" escrito por Marc Augé, un antropólogo y etnólogo francés, conocido por concepción social de los "no-lugares". Esos "no-lugares" son para el autor, aquellos lugares transitorios que no tienen importancia suficiente para ser considerados lugares propiamente dichos: autopistas, filas de un supermercado, un transporte público, etc. En una analogía maravillosa, aplica esa teoría de los "no-lugares" a Casablanca, demostrando que precisamente ese lugar, Casablanca, es un "no-lugar" para los protagonistas, un espacio de sus vidas marcados por la transitoriedad entre un pasado y un futuro. Y como ese "no-lugar" acaba afectando a Rick (Humphrey Bogart) y a Ilsa (Ingrid Bergman).

Ese "no-lugar" es una estructura al más puro estilo de Lévi-Strauss que nos avisa de la dependencia del "sujeto" frente a un sistema de sentido (social) que siempre existe antes que él. Nacemos en un mundo que nos viene dado, que asumimos en su gran mayoría y que pocas veces llegamos a cuestionarnos realmente en sus puntos más críticos y relevantes.

¿Dónde está la broma del destino? En que ese libro caiga en mis manos de forma no deliberada sino dada, que lo termine de leer el mismo día que Lévi-Strauss cumple cien años y acabe leyendo en un "no-lugar" como es el metro de Madrid, un artículo en la revista El Cultural sobre el estructuralismo y su fundador, escrito nada más ni nada menos que por Marc Augé.

"Nací, y ya estabas aquí,
viví, y siempre te sentí aunque jamás te vi,
morí, y tu seguiste sin mí.
Yo nací, viví y morí,
tu simplemente perduras...."

Post y poema dedicado a Oscar, por todo lo que ya sabes.

26 de agosto de 2007

La falacia económica

He leído hace unas semanas un texto del antropólogo Karl Polanyi titulado “La falacia económica” que demuestra una vez más hasta donde puede llegar la rabia de algunos pensadores contra el capitalismo y el mercado, que les hace escribir textos como el que aquí les traigo. Prevalece la idea en el texto, siempre perpetua en este tipo de pensadores desde que un francés llegó a la conclusión de que los salvajes pueden ser buenos, de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y si es antes del capitalismo ni el Edén de la Biblia puede compararse.

Defiende el autor que en la ciencia económica actual se da una falacia evidente: “[…] el error estuvo en igualar la economía humana general con su forma de mercado…” De ese gran error principal se derivan dos errores más: “Reducir la esfera del género económico, específicamente, a los fenómenos del mercado es borrar de la escena la mayor parte de la historia del hombre. Por otro lado, ampliar el concepto de mercado a todos los fenómenos económicos es atribuir artificialmente a todas las cuestiones económicas las características peculiares que acompañan al fenómeno del mercado.”

Antes del mercado esta el comercio pero en él se encuentra parte de la génesis, según Polanyi, del mercado. Pero no del comercio que se daba en la economía rural que podría decirse carecía de él, no, el comercio podía hallarse de manera muy diluida casi imperceptible quizás en las villas y ciudades, pero nada más. Es la llegada del comercio internacional (junto otros factores que más adelante expone el autor) la que supone la transformación gradual de “mercados locales estrictamente controlados en mercados formadores de precios con una fluctuación de precios más o menos libre.” Sin embargo, la gran fase de cambio fue el momento en que tanto trabajo como tierra pasaron a formar parte del sistema de fluctuación de precios y a mostrar interdependencias entre ellos lo que origina el nacimiento de la economía. Entonces Adam Smith “introdujo los métodos de negocio en las cavernas del hombre primitivo…” introduciendo el comercio como algo natural en toda la historia. Por su parte, Quesney transformó la economía en una economía de la contabilidad y un término meramente contable como el Produit Net, o excedente, concepto meramente existente en la literatura contable pero intangible en lo real. Comienza así el mercado a colonizar el mundo de lo económico.

El resultado del proceso anterior fue lo que podemos llamar bajo la óptica del autor, aunque el no usa esta expresión, como la dictadura del mercado. Según Polanyi, “el mercado formador de precios que anteriormente sólo existía como modelo en varios puertos comerciales y algunas bolsas, demostró su asombrosa capacidad para organizar a los seres humanos como si fueran simples cantidades de materias primas, y convertirlos, junto con la superficie de la madre tierra, que ahora podía ser comercializada, en unidades industriales bajo las órdenes de particulares especialmente interesados en comprar y vender para obtener beneficios.”

La instauración del mercado en lo económico nos lleva a una sociedad de mercado regida por una nueva razón o racionalismo que gira entorno al término de eficiencia y valores utilitarios. La razón entendida así, expone Polanyi, significa hacer de ésta la antítesis “de la estética, la ética y la filosofía” por un lado y por otro, “la antítesis de la magia, la superstición y la completa ignorancia. En el primer caso, es racional preferir el pan con mantequilla a los ideales heroicos; en el segundo, parece más racional que un hombre enfermo vaya al médico en lugar de consultar al astrólogo.” De ese racionalismo surge toda una filosofía social que hace de la sociedad “un conjunto de átomos y de cada individuo un átomo que se comporta según los principios del racionalismo económico.” Pensamiento que alcanza tal grado que acaba en solipsismo económico eclipsando la política y toda corriente de pensamiento que no concibiese la economía como un mecanismo de oferta-demanda-precio. De esta forma, incluso conceptos como justicia, ley y libertad nacen del mercado, ignorando que es el Estado, según Polanyi, el que permitió introducir en la economía los mencionados conceptos y no el mercado: “como valores institucionalizados, hicieron su primera aparición en la esfera económica como resultado de una acción estatal. En las sociedades tribales, la solidaridad se salvaguarda mediante la costumbre y la tradición: la vida económica está incrustada en la organización social y política de la sociedad; no hay lugar para las transacciones económicas; y se trata de impedir toda acción ocasional al trueque, ya que se considera un peligro para la solidaridad tribal. Cuando surgen las leyes territoriales, el rey-dios provee el centro de la vida comunal, amenazada por el debilitamiento del clan, al tiempo que con la ayuda el Estado se lleva a cabo un enorme avance económico: el rey-dios, fuente de justicia, legaliza las transacciones económicas. […] Esta justicia se institucionaliza mediante equivalencias, se legaliza mediante estatutos, y se ejecuta la mayoría de las veces por los propios funcionarios del palacio y del templo que manejan el aparato tributario y redistributivo del estado territorial. Las normas legales se institucionalizan en la vida económica a través de los órganos administrativos que regulan la conducta de los miembros de los gremios en sus transacciones comerciales. La libertad llega a ellos mediante la ley; no hay patrón al que deban obedecer, y, en tanto mantengan su juramento al cabeza de Estado y su lealtad al gremio, son libres de actuar de acuerdo a sus intereses, siendo responsables de todas sus acciones. […] Cada uno de estos pasos hacia la introducción del hombre en el ámbito de la justicia, la ley y la libertad, fue originalmente el resultado de la acción organizativa del Estado en el campo económico.”

El texto de Polanyi adolece de varias cosas. Lo primero ser incapaz de explicar como se produce la ruptura con el Antiguo Régimen que, según él, tan bien parecía funcionar. Esta incapacidad de su razonamiento teórico le imposibilita poder ir más allá y proponer el origen de la sociedad moderna. Sin embargo, el problema no queda reducido al paso del sistema feudal al industrial capitalista. ¿Cómo se produce el paso de la tribu al estado? Según Polanyi por el establecimiento de unas leyes territoriales, pero la pregunta está en qué suceso motiva esas mencionadas leyes. Si la tribu evita todo contacto y trueque, se muestra como un ente casi completamente auto-suficiente, para qué establecer unas leyes territoriales. Lo que obvia Polanyi es que la tribu cada vez no es tan auto-suficiente y comienza a volverse dependiente del contacto con otras tribus. El trueque es la clave, y éste no es más que una forma de comercio al igual que lo es el mercado. En el trueque se dan oferta-demanda-precio, por mucho que el autor lo niegue. Tú tienes algo que yo quiero, yo tengo algo que tú quieres y vamos a negociar la forma de hacer el trueque, y ese punto que nos va a poner de acuerdo es el precio. Te he cambiado una cesta de peces por dos abrigos de cuero curtido (les suena a eso de 1 $ cuesta 0.71 €)
El segundo problema de Polanyi es que confunde economía con ciencia económica. La economía ha existido siempre si por ello entendemos el sistema que permite poner en contacto como mínimo a dos personas para que se intercambien dos bienes que quieren y necesitan. Si no existe ese deseo de necesidad, nos encontramos ante otro sistema que se aleja del económico como puede ser el del regalo o el Kulo. La ciencia económica surge con Smith y a partir de él se desarrollan unos conceptos teóricos que permiten conocer el funcionamiento del sistema económico y reconocer las partes que lo forman. Y claro que la ciencia económica influye en la economía, al igual que la física desterró a la alquimia e influye en el quehacer humano rompiendo ciertas barreras físicas que el hombre no podía superar (algo tan simple como volar).