17 de agosto de 2006

Los mitos del liberalismo (y II)

Mito #4: El liberalismo es ateísta y materialista, y desdeña la dimensión espiritual de la vida.

No hay ninguna conexión necesaria entre la adscripción al liberalismo y la posición religiosa de cada uno. El liberalismo puede ser encontrado desde posiciones creyentes de cualquier tipo de credo e incluso desde el más puro ateísmo. Por supuesto, no desdeña la dimensión espiritual de la vida, pero considera que esta dimensión es personal, individual, cercenada al plano más profundo e íntimo del individuo y que él no puede determinar que es lo espiritual y que no lo es.
La crítica del materialismo no es nada nuevo, sobre todo en aquellos que suelen quizás confundir liberalismo con capitalismo cuando quieren acusar al segundo y acaban acusando al primero. La escuela de Frankfurt tomó esta idea del materialismo dominante y la exploto de forma increíble, sobre todo Adorno y Marcase, para acusar al sistema de producción capitalista de vaciar de todo contenido espiritual el arte y convertirlo en simple mercancía. Un breve repaso a la historia del arte demuestra que el arte no sólo ha sido arte en el más puro sentido espiritual, sino también un instrumento del poder, de las clases dominantes y, por supuesto, como mercancía. Cuando la dictadura proletaria de la Unión Soviética empezó a censurar toda creación artística que criticase la Revolución Proletaria o cualquier manifestación extranjera que alabase al empresario burgués, se mostró como un sistema donde también lo material influía muy mucho en el arte, por encima de su valor estético y espiritual.

Mito #5: Los liberales son utópicos que creen que toda la gente es buena por naturaleza y que por tanto el control del Estado es innecesario.

Los conservadores tienden a añadir que, puesto que el hombre es vil por naturaleza parcial o totalmente, se hace precisa una severa regulación estatal de la sociedad.
Por el contrario, la mayoría de escritores liberales sostienen que el hombre es una mezcla de bondad y maldad y que lo importante para las instituciones sociales es fomentar lo primero y mitigar lo segundo. El Estado es la única institución social capaz de extraer sus ingresos y su riqueza mediante coerción; todos los demás deben obtener sus rentas o bien vendiendo un producto o servicio a sus clientes o bien recibiendo una donación voluntaria. Y el Estado es la única institución social que puede emplear sus ingresos provinentes del robo organizado para intentar controlar y regular la vida y la propiedad de la gente. Por tanto, la institución del Estado establece un canal socialmente legitimado y santificado para que las personas malvadas cometan sus fechorías, emprendan el robo organizado y manejen poderes dictatoriales.
Podemos aproximarnos a nuestra tesis desde otro ángulo. Si todos los hombres fueran buenos y ninguna tuviera tendencias criminales, entonces no habría ninguna necesidad de un Estado, tal y como conceden los conservadores. Pero si por otro lado todos los hombres son malvados, entonces el caso a favor del Estado es igualmente débil, pues ¿por qué tiene uno que asumir que aquellos hombres que componen el gobierno y retienen todas las armas y el poder para coaccionar a los demás están mágicamente exentos de la maldad que afecta a todas las otras personas que se hallan fuera del gobierno? Tom Paine, un liberal clásico a menudo considerado ingenuamente optimista acerca de la naturaleza humana, rebate el argumento conservador de la maldad humana en pro del Estado fuerte como sigue: “si toda la naturaleza humana fuera corrupta, estaría infundado fortalecer la corrupción instituyendo una sucesión de reyes, a quienes debiera rendirse obediencia aun cuando fueran siempre tan viles...” Paine añadió que “ningún hombre desde el principio de los tiempos ha merecido que se le confiase el poder sobre todos los demás”[1]. Y como el liberal F.A. Harper escribió una vez:
“De acuerdo con el principio de que la autoridad política debe imponerse en proporción a la maldad del hombre, tendremos entonces una sociedad en la cual se demandará una autoridad política completa sobre todos los asuntos humanos... Un hombre gobernará a todos. ¿Pero quién ejercerá de dictador? Quienquiera que sea el elegido para el trono con seguridad será una persona enteramente malvada, puesto que todos los hombres lo son. Y esta sociedad será entonces regida por un dictador absolutamente malvado en posesión de todo el poder político. ¿Y cómo, en nombre de la lógica, puede emanar de ahí algo que no sea pura maldad? ¿Cómo puede ser esto mejor que el que no haya autoridad política alguna en la sociedad?”[2]
El liberal clásico Friedrich Hayek apuntó: “El principal mérito del individualismo [que Adam Smith y sus contemporáneos defendieron] es que es un sistema bajo el cual los hombres malvados pueden hacer menos daño. Es un sistema social que no depende para su funcionamiento de que encontremos hombres buenos que lo dirijan, o de que todos los hombres devengan más buenos de lo que son ahora, sino que toma al hombre en su variedad y complejidad dada...”[3]

Mito #6: Los liberales creen que cada persona conoce mejor sus propios intereses.

Los liberales no asumimos la perfecta sabiduría del hombre más de lo que asumimos su perfecta bondad. Hay algo de sentido común en la afirmación de que la mayoría de los hombres conoce mejor que cualquier otro sus propias necesidades e intereses. Pero no se asume en absoluto que todos siempre conocen mejor sus intereses. El liberalismo propugna que cada uno debe tener el derecho a perseguir sus propios fines como estime oportuno. Lo que se defiende es el derecho a actuar libremente, no la necesaria sensatez de dicha acción.


[1] "The Forester's Letters, III,"(orig. in Pennsylvania Journal, Apr. 24, 1776), en The Writings of Thomas Paine (ed. M. D. Conway, New York: G. P. Putnam's Sons, 1906), I, 149-150.

[2] F. A. Harper, "Try This On Your Friends", Faith and Freedom (January, 1955), p. 19.

[3] F. A. Hayek, Individualism and Economic Order (Chicago: University of Chicago Press, 1948), enfatizado en el curso de su "Why I Am Not a Conservative," The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1960), p. 529.

3 comentarios:

Patricio Padilla Navarro dijo...

¡¡¡Chupalla!!! (excalmacón típica del campesino chileno), mejor podrías hacer un post sobre que lo que es el liberalismo.

De paso te respondí en mi blog y tú aún no me respindes la pregunta de tu post anterior :)

saludos Alberto

Marcos dijo...

Lo que expones es muy interesante. Respecto a la necesidad del Estado, de si el hombre es bueno o malo, me parece que unos y otros suelen abstraer las cualidades de las personas de las personas mismas, y sus situaciones de vida, limitaciones biológicas, psiquicas y emocionales como seres humanos, etc. Por ejemoplo, si asumiesemops que el hombre es esencialmente bueno, podría decir que es bueno que haya un Estado y gente que se haga cargo del orden social para que aquellos que hacen otras labores y no tienen tiempo de proponer y desarrollar formas de ordenar la sociedad puedan seguir con sus responsabilidades tranquilamente; así si bien tal vez un Estado no sería necesario si sería bastante bueno de todos modos.

En fín, con o sin Estado, sea como sea la forma de orden social, lo que se debe asegurar es una repartición similar de poder entre los actores sociales (pero esto si que suena utópico para todos)

Saludos, que estés muy bien

Antonio dijo...

Hola:

Planteamos la necesidad de construir una sociedad diferente a la sociedad capitalista , y para ello es necesario criticar el carácter alienante que posee, y señalar que en este tipo de sociedad las personas quedamos reducidas a un dimensión única: la del simple confort material y el interés económico, lo que permite ejercer sobre nosotros un poder que suprime cualquier posibilidad de libertad y contribuye a formar una gran masa de personas falsamente ‘satisfechas’, sin desarrollar un pensamiento propio, estando sujetos al control de la economía sin alcanzar un protagonismo político.

En esta sociedad capitalista en la que vivimos, todo se desencadena a través del principio de placer – motor de la existencia -, transformándose en el instinto de muerte ‘Thanatos’, que se canaliza hacia el dominio de la naturaleza y hacia el dominio de los otros seres humanos. En nuestro tiempo se da un tipo de sociedad alienada que centra su actividad en el dominio tecnológico.

La sociedad tecnológica es la sociedad de la abundancia, que anula al individuo, es una sociedad represiva, que se limita a ‘dominar’ a la naturaleza y a otros hombres, con un carácter práctico, sin juzgar las situaciones humanas.

Vivimos en una sociedad uniforme, radicalmente insatisfecha, dominada por la euforia consumista y el bienestar. La propia estructura represiva de la sociedad, lleva a la deshumanización hasta el extremo de que las personas somos inconscientes sobre este estado de alienación y falta de libertad. Se hace necesario emplear la razón para rechazar la sociedad actual, que sólo puede desembocar en la Catástrofe, y que tiene inscritos los rasgos de su propia destrucción.

saludos