Mi sobrino tiene siete años y cada vez que su madre le castiga, no suele entender a la primera que es culpa suya y se enfada. Sin embargo, poco a poco va tomando conciencia de sus actos y sus responsabilidades y, por eso, algunas veces se acerca con cara de mimos y pregunta: "¿es esto por lo que me castigas?".
El Gobierno de España es como mi sobrino, pero con la diferencia de que aún no ha aceptado que el castigo que nos están imponiendo los mercados es culpa suya, y de nadie más. Estamos pagando la falta de credibilidad, originada por el devaneo constante de las medidas de nuestra política económica. La falta de convicción a la hora de explicar nuestro plan de ajuste, la falta de voluntad para tomar las riendas y flexibilizar nuestro mercado laboral y la dejadez y el intervencionismo político con el que se está llevando a cabo la re-estructuración de nuestro sistema financiero (sobre todo en el sector de las cajas de ahorro). Pero peor que todo ello, es la imagen que se transmite de incapacidad, falta de rigor e incapacidad para aceptar la realidad económica y seguir anclados en un mundo paralelo donde la recuperación parece inminente.
Puede uno agarrarse al discurso más anti-capitalista y anti-sistema y dudar de la profesionalidad de S&P, una de las agencias de "rating" que otorgó la máxima calificación crediticia a un producto financiero como los CDO´s que han causado la crisis. Sin embargo, ese discurso no debe cegarnos la implicación que supone una bajada de nuestra calificación de riesgo. Hacerlo es como aquel que no acepta la teoría de la gravedad y se acaban lanzando por un desfiladero, gritando que lo que diga Newton le importa un comino.
Pero, ¿qué supone un descenso del "rating"? Básicamente que para poder colocar nuestra deuda, es decir, conseguir que nos dejen dinero en el extranjero nos va a salir más caro. ¿Por qué?, porque los inversores no se fían de nuestra economía ni de nuestra capacidad para arreglar los problemas que padecemos y a cambio del vil dinero, nos piden más garantías, es decir, que pagamos un mayor tipo de interés. ¿Le dejarían dinero al mismo precio a una persona con las ideas claras, que le cuenta de forma exhaustiva cómo va a solucionar sus dilemas económicos y que además de todo ello, ha empezado ya a tomar medidas; frente a otra persona que se caracteriza por todo lo contrario? Los mercados tampoco.
Ello se ve reflejado primero en el diferencial del bono español a 10 años frente al bono alemán a 10 años (ya saben, estos teutones son gente seria, aplicada, trabajadora, por eso el mercado nos compara con ellos), que se encuentra en los 110 puntos básicos (1,1 puntos porcentuáles), es decir, que si los alemanes tienen que pagar un interés de un 3,03% por colocar su deuda, nosotros tenemos que ofrecer un 4,14% para que resulte atractiva a los inversores. Y eso supone que nos sale más caro financiarnos. ¿Pero cuánto más o menos? Pues según Expansión: "las emisiones brutas que todavía deben realizarse este año (62.304,19 millones de €) costarán en torno a 3.160 millones más (durante el periodo total de vida de esa deuda), frente a lo que hubiera costado colocar esa cantidad el año pasado." Ello supone más presión para controlar el déficit descontrolado que padecemos, viciando más aún el círculo vicioso, del cual sólo se sale con más recortes del gasto público o bien aumentado más la recaudación vía impuestos.
¿Pero de verdad desconfían de nosotros los inversores extranjeros, o son un grupo de avariciosos capitalistas deseando más y más dinero? Pues la verdad es que desconfían y mucho, y además, como buenos capitalistas desean más y más dinero, y no quieren perder ni un céntimo. Por eso, contratar un CDS (Credit Default Swap o en español castizo, permuta de incumplimiento crediticio) es más caro. ¿Qué diantres es un CDS? Pues es un contrato de seguro que garantiza al comprador, en este caso de deuda española, que si el Reino de España no cumple con sus obligaciones, el comprador no va a perder su inversión. Este instrumento financiero mide si la gente se fía de España, porque como cualquiera de nosotros, si no nos fiamos de un vendedor, buscaremos la forma de protegernos ante un impago suyo. Y el mercado de CDS españoles no para de subir, porque cada vez más gente piensa que existe un riesgo, relativo aún, pero presente, de que el Tesoro Público haca crack.
¿Afecta esto sólo al Estado? No, claro que no, también afecta de forma directa a los bonos corporativos que emiten nuestras empresas para financiarse. Al igual que el Tesoro Público debe ofrecer rendimientos más atractivos para los inversores, nuestras empresas también deben ofrecer, por culpa de esta bajada de "rating" mayores tipos de interés para que alguien compre su deuda. Ésto sumado a la grave carencia de liquidez que están viviendo nuestro sector empresarial, debido al corte de grifo de financiación de nuestro sistema financiero, puede provocar un agravamiento de la crisis, ya que los planes de inversión, es decir, los nuevos proyectos que deberían ponerse en marcha, es decir, hacer crecer los beneficios de las empresas y por ende, crear empleo, se paran.
¿Les parece ahora grave la situación? Yo creo que no debería tomarse a la ligera, por mucho que uno no confíe plenamente esas agencias de rating. Lamentablemente nuestro Gobierno, al igual que mi sobrino, toman el camino de la rabieta y el enfado en vez de actuar de forma consecuente. Patalea la Sra. Fernández de la Vega y Sr. Salgado; mientras tanto nuestro Presidente del Gobierno sigue intentando convencernos de que la situación ha llegado a su punto más catastrófico y todo lo que venga será mejorar, una vez más.
Es cierto que nos encontramos lejos de la situación de Grecia, pero que ello no sea óbice para no ver las orejas al lobo antes de que nos muerda. Nos están avisando, luego no valen los lloros.
Historias Revolucionarias Bolivarianas de Ayer y Hoy presenta a "Evo, los transgénicos y los calvos de Chueca".
Érase que se era un líder aymara cocalero de Bolivia con pretensiones presidencialistas que un buen día ganó las elecciones de su país, gracias a los amigos del Movimiento al Socialismo (MAS). Evo Morales le llaman, y conocido en todo lugar por sus jerséis tradicionales y su defensa de la "Pachamama" por encima de todo, logró pelearse con multinacionales, mineros y alcaldes de su país, vecinos latinoamericanos y como no, el Imperio. Ahora que Avatar está presente en la mente de todo buen ecologista de bien, ya muchos veían en él, al auténtico guerrero de color azul, surcando los cielos en defensa de los pobres, los desfavorecidos y la salud del planeta.
Incansable en su lucha, decidió junto con otros defensores de la zona, formar una "chuli pandi" que ni los Super Amigos, así el Super Comandante Chávez, el Capitán Planeta Morales, Batman Correa, Robín Ortega y Wonder Kirchner Woman batallan hasta el desaliento y la extenuación contra todo aquello que quiera acabar con la "Revolución Bolivariana" y "el socialismo del siglo XXI".
Y entre los grandes enemigos del buen socialista bolivariano se encuentran los transgénicos, causantes, según palabras textuales del gran Evo: "La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas." Así, ya sabemos el origen de la calvicie que atenaza entre sus pérfidos capilares y pelosos dedos a Europa. Pero no contento con ello, ha encontrado la causa de la homosexualidad, cito: "El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres.".
Declaraciones que en Chueca han causado un tremendo revuelo, pero también en los sectores más tradicionales y reaccionarios con campañas del tipo: "En la escuela pública, ni pollos ni féminas del pollo". Sin embargo, las reacciones más exaltadas han provenido de las asociaciones de Gays y Lesbianas, así, el representante de "Gays, Lesbianas, Transexuales, Géneros Neutros, Lady Gaga y Arriba la Esteban", más conocida por su siglas "GALESTRANGENLAGAESTE", declaró que no es cierto que uno sea más marica por comer pollos adulterados de hormonas femeninas, sino por comer "poll@s y cuanto más gordas mejor."
¿Qué nuevas aventuras nos esperan del intrépido Capitán Planeta Morales y sus Super Amigos? No desesperen, seguro que dentro de poco volveremos a saber de ellos. Mientras tanto, no olviden marximizarse ni super-socializarse.
Todo buen líder mesiánico y totalitario, encuentra en la juventud un instrumento perfecto para la propaganda de su programa de terror y, como no, un futuro campo de acólitos. Si desde las más tierna infancia se inculca en los niños y jóvenes una idea de forma reiterativa, doctrinaria y dogmática se logra, al cabo de un tiempo, individuos carentes de individualidad, es decir, se consigue una masa incapaz de discutir el poder establecido.
En su tiempo se hizo en Esparta o más recientemente Hitler con sus Juventudes Hitlerianas, Mussolini con los Balilla y los Arditi, o Franco al principio con los Flechas y los Pelayos y posteriormente el Frente de Juventudes, sin olvidar el Movimiento de Pioneros de la Unión Soviética. El presidente de Venezuela, Hugo Chavéz no podía ser menos que sus homólogos dictadores y acaba de crear las "Guerrillas Comunicacionales", a las cuales hace pocos días se les acaba de tomar juramento:
Un triste paso más hacia la dictadura en Venezuela.
Muchos de mis amigos y compañeros me preguntan por qué soy liberal. Sin embargo, esta vez devuelvo yo la pregunta a todos mis lectores y visitantes. Respondan, ¿por qué no son ustedes liberales?
Al final parece ser que el destino de las cajas gallegas parece el mismo, la fusión. A los ciudadanos de a pie se nos ha vendido dicho desenlace como el único posible y válido para salvaguardar el futuro de Galicia. Lo que más lamento es que los argumentos esgrimidos por los defensores de las esencias patrias han sido escasos en lo verdaderamente importante, lo económico, y muy prolijos (en todas sus acepciones), en lo ideológico y lo simbólico. Un repaso a las columnas de opinión de la prensa autonómica, televisión, radio e internet lo demuestran. Pocas ha sido las voces discordantes de ese discurso oficial, ya no contrarias a la fusión, sino que pidiesen cautela y un poco de racionalidad al proceso. Como siempre, el aparato intervencionista se muestra mucho más capaz de convencer a la opinión pública con discursos retóricos y proteccionistas, dejando poco terreno a argumentos que defienden un mayor espacio para el libre mercado.
En mi blog he defendido por activa y por pasiva, el NO intervencionismo de la Xunta, por considerar, ya no por motivos ideológicos afines al liberalismo (que los tengo), que dicha fusión no surgía de una verdadera necesidad y motivación económica, sino política. ¿Que significa esto? Pues que la solución de los problemas que rodean a las cajas de ahorro gallegas no se van a solucionar con una medida política, pues esta solución perpetua y agrava el gran fallo del sistema de cajas, su dependencia del poder político. Sin embargo, analicemos con los pocos datos posibles futura caja que nace.
Antes de comenzar, nobleza obliga a reconocer que ni mucho menos soy un experto en esto que los anglosajones llaman técnicamente merger&acquisitions , que en castizo mercantil traducimos por fusiones y adquisiciones. Mis pocos conocimientos sobre el tema no impiden que leyendo de aquí y allá, concluya que para que dicho proceso de unión salga adelante, deben cumplirse una serie de condiciones previas fundamentales, que pueden recogerse en los motivos que originan dicho resultado.
Esquemáticamente pueden clasificarse en tres las motivaciones que nos llevan a adoptar una fusión:
No hace falta ser un experto en M&A para darse cuenta que en la unión de Caixanova y Caixa Galicia precisamente han primado por su ausencia principalmente las motivaciones económicas. Basta leer el gráfico para percatarse de que las motivaciones personales e híbridas han guiado el proceso. ¿Por qué?:
A.- Las mejoras de los ratio financiero económicos no parecen que mejoren de forma espectacular. Los pocos datos que han visto la luz del informe encargado por la Xunta a la empresa KPMG nos dicen:
El ROE (Return on equity), un indicador que nos señala el beneficio que obtiene un inversor sobre el capital aportado, se eleva a un 13,2% en la nueva entidad, frente a un 7,95% original en Caixanova y un 4,51% en Caixa Galicia. Debemos tener cuidado con este dato, ya que como este indicador divide beneficios netos entre pasivo neto (capital social + reservas), la partida de reservas desvirtúa la comparativa pues la dotación a esta cuenta contable no es de igual cantidad en ambas cajas. De hecho, Caixa Galicia ha dotado provisiones a reservas en mayor cuantía que su vecina de Vigo, por eso su ratio sale tan bajo. Se ha aumentado el numerador por las suma de ambos beneficios, pero la suma del denominador no es una imagen fiel del pasivo neto de las dos entidades por las mencionadas reservas.
El TIER 1, ratio que mide la solvencia de las entidades bancarias, tiene un límite establecido por el Comité Bancario de Basilea en el 8%. La fusión de ambas consigue superarlo por escaso margen con un 9,0%.
La eficiencia, que mide el gasto en el que incurre una entidad bancaria para ganar 100 euros, arroja un resultado de un 47,7%, frente a un 41,0% de Caixanova y un 45,8% de Caixa Galicia. Este es uno de los indicadores más llamativos, pues muestra que la fusión no supone una ganancia en eficiencia realmente importante, sino más bien todo lo contrario. Recordemos que el ratio de eficiencia medio del sector bancario en España es, a datos del 2008, de 44,4%.
B.- Otro tema del que tampoco se ha hablado mucho es que una fusión debe ser capaz de mejorar las sinergias de una empresa. ¿Qué significa eso de sinergias? La capacidad obtener ventajas que por separado ninguna de las partes podría obtener. ¿Existen? Por supuesto que sí, pero menores a los recortes necesarios que van a tener que llevar a cabo si desean aprovechar dichas sinergias. ¿Por qué? Porque los modelos de negocio de ambas cajas están duplicados en el territorio original, produciéndose un solapamiento de oficinas y actividades preocupante. Esto supone que van a tener que cerrarse sucursales y despedir a gente (leer más adelante) en mayor cantidad que si la fusión se hubiese realizado con una caja como Bancaja (Valencia) o Caja Madrid pues su presencia en Galicia es mucho menor.
C.- Finalmente, no puede ocultarse que el verdadero interés de los poderes políticos es seguir contando con una entidad financiera que cubra sus programas políticos. Ese es el gran vicio del sector de las cajas. Y ese defecto, no se soluciona porque la composición de la nueva entidad refuerza la presencia de la Xunta y los ayuntamientos en la Asamblea.
Hasta ahora de hecho, todos los mensajes y discursos han insistido en lo beneficioso del proceso, pero el informe de KPMG reconoce que la fusión supondría nada más ni nada menos que el cierre de 280 oficinas y el despido de 1.300 empleados. Algo lógico teniendo en cuenta que las dos cajas comparte mercado principal y por tanto, la duplicidad de oficinas es escandalosa (ver mapa). A todo ello se suman las luchas internas por lograr las sedes oficiales, que en un proceso de fusión "normal" intentarían ahorrar costes, aquí por lo visto, esa lógica financiera parece no cumplirse, pues según informaciones en prensa, lo pactado es localizar la sede social en Santiago de Compostela con dos sedes operativas en A Coruña y en Vigo. Donde antes había dos y lo lógico es que quedase una, de la fusión resultan tres. La eficacia y la eficiencia política en cuestiones económicas siempre tan ausente.
Leo con asombro y tristeza el editorial del Sr. Rey Fernández-Latorre, presidente y editor de La Voz de Galicia, sobre las dificultades económicas que atraviesa Galicia. Bajo su perspectiva, además de la crisis que nos atenaza, se ciernen sobre el suelo gallego un proceso de fuga de capitales autóctonos hacia capitales foráneos. Dicho proceso tendrá como consecuencia, según su opinión, la destrucción del tejido económico y empresarial gallego y, por tanto, hipotecando el futuro de la Comunidad Autónoma.
Escribe el Sr. Rey:
"Está aún reciente la entrega a capital foráneo de nuestros recursos energéticos y nuestros ríos a cambio de nada. Asistimos en vivo y en directo al declive de nuestro sector lácteo, arruinado por la inacción de los gobiernos gallego y español y engullido por la codicia de nuestros competidores, ávidos de aprovechar sus ventajas en el desigual mercado común. Tiramos por la borda la que antes fue imbatible potencia pesquera y somos incapaces de sacar partido a nuestros recursos para convertir a Galicia en lo que por naturaleza le correspondería: ser la primera referencia de Europa en el sector de la acuicultura. Y por si todo esto no fuese suficiente, mientras soportamos el coste de instituciones superfluas como cámaras de comercio, diputaciones o Senado, ahora ponemos en grave riesgo la pervivencia de uno de los pilares fundamentales en los que se basa el funcionamiento de la economía gallega."
El discurso es tremendista, atávico, localista, populista y sobre todo victimista. Parece ser que todo mal acaecido en Galicia es producto de fuerzas foráneas confabuladas en un sutil plan para destruir la riqueza gallega. Palabras que traen ecos de un discurso pasado ilustrado por Castelao y que ha servido para llenar los relatos políticos nacionalistas de los últimos tiempo.
Este tipo de mensajes únicamente consigue dos cosas:
demostrar la incapacidad para entender la complejidad de la globalización por parte de quien lo defiende y,
introducir en el mainstream argumentos falaces y falsos, que dotan de una falsa percepción a la opinión pública sobre los temas que trata.
En el primer caso, me preocupa que alguien a cargo de un mass media como La Voz muestre un desconocimiento tan grande de los procesos globalizadores y sus efectos. La línea seguida por el editorial cae en el error de defender argumentos contrarios a la globalización, que ya varios expertos como Xavier Sala i Martín o Guillermo de la Dehesa han refutado. La insistencia en la idea o mito de que el capital sigue a la bandera es precisamente eso, un relato fantástico. Como ya indiqué en su día en otro artículo,
Las necesidades de Galicia se verán cubiertas siempre y cuando las empresas presentes en ella sean eficientes, flexibles y capaces de adaptarse a esas necesidades cambiantes. Así lo hacen Inditex, Pescanova, Zeltia o Bluesens pero también Citroën, Coca Cola o Alcoa Inc.
Bajo la óptica del Sr. Latorre un francés podría esgrimir los mismos argumentos para atacar la compra de Seabel por parte de Pescanova, o lo mismo un inglés o un sueco cuando CZ Veterinariacompró parte del negocio a la anglo-sueca Astrazeneca.
Si nuestro sector lechero no ha sido capaz de ser más competitivo, a pesar de los miles de millones de subvenciones que recibe vía PAC, es porque quizás ha llegado el momento de una reforma del sector auténtica. Los costes se disparan y los precios se mantienen o bajan debido a la competencia y a los intermediarios, esgrimirán algunos, cierto contesto yo, pero ¿qué medidas de cambio se han adoptado en las explotaciones ganaderas?, ¿No habrán permitido las subvenciones sustentar en estado de coma un sector que quizás, debería estar mejor dimensionado?. Nuestros codiciosos competidores, como menciona el Sr. Latorre, lo son en igual medida que nuestro codicioso Sr. Ortega, que con INDITEX y gracias a ese "mercado desigual", que tanto aborrece el editor de La VOZ, ha conquistado los mercados de la moda de todo el mundo. No podemos estar, como dice el refrán, "en misa y repicando". No podemos ser defensores del libre mercado cuando las cosas nos favorecen y culparle cuando las cosas se tuercen.
Otra falacia defendida a capa y espada por la editorial, es la necesidad de un sistema financiero gallego, para que dé respuesta a las necesidades de financiación del tejido empresarial autóctono. Es un error ya pensar en la existencia sistema financiero local, pues como la crisis nos ha demostrado de forma muy clara, si algo caracteriza al mundo de las finanzas, es su contexto global. Además, el flujo financiero de actores con capacidad de financiación a actores con necesidad de financiación, que es el esquema básico del sistema financiero, como ya he dicho, no entiende de banderas y fronteras, siempre y cuando no esté en manos del poder político.
Es precisamente la intromisión política en nuestras cajas la que les ha llevado a la situación, en algunos casos no en todos, en la que se encuentran. Las cajas han sido usadas como meros instrumentos de recursos financieros para llevar a cabo todo tipo de proyectos con un único fin, en muchos casos, el electoralista. Proyectos que no garantizaban una viabilidad, un retorno de la inversión y que únicamente buscaban incansablemente el voto de los ciudadanos. Estado Central, Autonomías, Diputaciones y Corporaciones Locales financiaron obra pública, servicios y empresas públicas en la mayoría de los casos innecesarias, otras veces duplicadas o triplicadas. Bajo la óptica simplista de si el vecino tiene piscina, nosotros no vamos a ser menos y la tendremos climatizada, dando igual si el proyecto es viable a largo plazo o los costes de mantenimiento que generará, se ha dilapidado dinero público en cantidades desorbitadas.
Además, la financiación de nuevos proyectos empresariales no depende de la existencia de un grupo financiero gallego, sino de que esos proyectos sean creíbles y rentables en el futuro. En la actualidad no sólo las entidades bancarias ofrecen financiación a empresas y emprendedores, sino también empresas financieras como los "venture capital", capital riesgo, que son mucho más agresivos a la hora de financiar nuevos proyectos y asumiendo un mayor perfil de riesgo del que suelen aceptar las entidades bancarias clásicas. Para más inri, le puedo asegurar al Sr. Latorre, que si un emprendedor gallego o un empresario gallego, necesita financiación y presenta un plan de negocio o un plan de viabilidad de la inversión creíble, no habrá entidad bancaria que le niegue dicha inversión, se trate de un banco estadounidense, alemán, francés, japonés o de la Patagonia.
Lamentablemente, lo que el discurso esconde es la auténtica naturaleza del problema económico gallego, y lo hace bajo la excusa del victimismo. Las espadas de Damocles sobre nuestro tejido económico y social son la falta de una auténtica cultura empresarial, donde al empresario se le percibe como al enemigo, donde los jóvenes siguen prefiriendo el empleo público al riesgo de emprender una aventura empresarial. Donde los organismos políticos no hacen nada por mejorar esa tendencia, ni por facilitar el establecimiento de nuevas empresas, ni por rebajar el papeleo burocrático, ni reducir las tasas e impuestos. Con un sistema educativo pobre que sigue premiando el conformismo, la complacencia y olvidándose de fomentar los verdaderos valores del esfuerzo, la dedicación y el trabajo. Una estructura laboral incapaz de entender la necesidad de la movilidad y la flexibilidad, donde emigrar se sigue viendo como un destierro y no la búsqueda de oportunidades y la posibilidad de aprender conocimientos que luego se pueden importar. Con leyes restrictivas al libre comercio en cuanto a horarios, localización, etc. y que bajo impuestos ridículos dicen defender valores como el ecologismo, los intereses de las PYMES, etc. y lo que realmente esconden es la necesidad de seguir financiando políticas públicas inútiles.
No Sr. Latorre, el verdadero problema de Galicia no es que el capital extranjero o foráneo compre capital gallego, sino la mentalidad de seguir pensando que los de "fuera" vienen a quitarnos lo que es nuestro, de que la culpa es de ellos. No es culpa de que nos quedemos sin cajas que financien capital autóctono, sino que no hay nadie dispuesto a crearlo, ni políticos con valentía para facilitar esa creación. Los discursos basados en la dependencia, el populismo, con miradas localistas sobre una economía global, no conducen a un futuro prometedor. Si queremos dejar a nuestros hijos una Galicia mejor, debemos empezar por cambiar nuestros relatos discursivos y aplicar medidas acorde con un sistema económico globalizado.
Me envía un buen amigo vía facebook la última reflexión del politólogo y economista español, titulado "La avalancha liberal contra las pensiones". En el mencionado texto el Sr. Navarro nos ofrece por un lado una clase magistral sobre la media y el mal uso de ella por los mass media, los organismos internacionales pro-liberales y todo aquel que no comparta su visión sobre el mundo. Cual iluminado con la misión sagrada de abrir los ojos al ignorante, cae en la pedagogía burda, prepotente y ramplona y lo que es peor, en el intento de formar al inculto, cae en la demagogía más barata.
Cito:"Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años." Para que ello fuese cierto, las cohortes de edad de los mayores de 65 años deberían mantenerse más o menos estables, algo que sabemos no es cierto. La pirámide poblacional española está adelgazando en la parte baja y aumentado en la parte más alta, es decir, donde aparecen reflejadas las personas con más edad. Pero para quedarnos tranquilos y con datos, vayamos a un ejemplo más extremo. Comprobemos que ocurre con aquellas personas mayores de 85 años en nuestro país.
En el informe de de la Caixa de Catalunya titualdo: "Envejecimiento y dependencia en España: el creciente papel de la población de 85 años y más" arroja los siguientes datos. En 1982, en valores absolutos, la población de mayores de 85 años era de 285.000 personas, en el 2008 era de 917.000 personas. Esto supone un incremento de 632.000 personas. Si ello no supone que la gente vive más, que venga el Sr. Navarro y me lo explique. Pero vayamos más a fondo.
La Tasa anual media de crecimiento de la población española de 1982 a 2008 es de 0,67%. En la cohorte de edad de 0-14 es de -1,34% y la de 85 y más es de 4,43%. El crecimiento acumulado para el mismo período de estudio es para la cohorte más joven de un -30,5% y para la segunda cohorte de 222,1%.
Como nuestra esperanza de vida sigue creciendo, podemos ver que ocurrirá en el período 2008-2025. En valores absolutos la población de 0-14 años es en 2008 de 6.620.000 personas y en 2025 de 7.374.000, con un incremento de 755.000 personas. En la cohorte de 85 años y más, para el primer año tenemos una población de 917.000 y para el año 2025 de 1.615.000, con un incremento de 698.000 personas. El porcentaje acumulado para la población más joven del estudio, es de un 11,4% mientras que la segunda es de un 76,1%, con crecimientos medios anuales para los de 0-14 de un 0,6% y para los mayores de 85 de un 3,4%. Creo que queda claro que a pesar del intento de magisterio del Sr. Navarro, los datos parecen querer contradecirle.
Pero no es la única trampa y media verdad que intenta colarnos en el mencionado texto, el profesor Vicenç Navarro. En la siguiente hoja de cálculo con los datos del propio Sr. Navarro y los del mencionado informe de Caixa Catalunya; podemos ver la necesidad de una reforma de las pensiones y la falta de sostenibilidad del mismo, por mucho que Sr. Navarro diga lo contrario.
El problema de nuestro sistema de pensiones es que tiene estructura piramidal, al igual que los últimos escándalos financieros en nuestro país como el caso del Forum Filatético o, a nivel internacional, el caso Madoff. Es curioso como lo que para unos es ilegal, cuando el chiringuito lo dirigue el Estado, se convierte en algo perfectamente legítimo. Pero éste no es el tema que nos ocupa. Como ya he dicho, ya que nuestro sistema de pensiones es de reparto y piramidal, necesita que una base se haga cargo de los pagos de los que están en la punta, es decir, los que trabajan pagan con sus contribuiones a la Seguridad Social, no sus futuras pensiones, sino las pensiones de los que en ese momento está jubilados.
Así, en 2008 un trabajador paga de media a las arcas de la Seguridad Social, 3.598,40€ anuales. ¿Cuánto tendrá que pagar en el año 2025 con las previsiones demográficas españolas? Pues nada más ni nada menos que 14.977,76€ al año, esto supone un incremento del 316% en la carga de cotizaciones a la seguridad social. Esa cifra es la que se niega a ver el señor Navarro cuando dice que no vamos a tener problemas el pago de las pensiones. ¿Por qué?, pues porque la tasa de dependencia, aquella que mide a cuantas personas de 65 años o más soporta una persona en edad laboral, pasa en 2008 de un 24,10% (dos personas jubiladas por trabajador) a un 30,31% en 2025 (tres personas por trabajador).
"No hay un problema grave de viabilidad en el sistema de pensiones en España, lo cual no quiere decir que no haga falta hacer cambios (como la flexibilización voluntaria en la edad de jubilación) que mejoren no sólo las cuentas sino la equidad del sistema. Pero, entre estos cambios, no debieran incluirse los sugeridos por la sabiduría convencional liberal que ha mostrado ser lo que es: la mera defensa de intereses de clase." Lo que usted diga Sr. Navarro, pero los datos parecen empeñados en llevarle la contraria, aunque siempre podrá usted acusarles de liberales, o mejor, de ultraliberales, etiqueta que tanto les gusta a los progresistas como usted, más preocupados en el fondo de seguir manteniendo la vaca sagrada que les da de comer, entiéndase el Estado de Malestar, que dejar paso al mercado.
Me complace presentaros la nueva imagen de Reflexiones para perder el tiempo, más sencilla y navegable, pero con la misma ilusión y ganas de compartir las miles de cosas que rondan mi cabeza.
En cuanto a los cambios únicamente han afectado a la plantilla del blog, no a las secciones que contenía, y además he hecho más visibles las pestañas sobre mi persona, así se puede acceder a mi perfil en blogger, a mi C.V. y a mi álbum virtual. También he aprovechado para enlazar el blog con mi perfil en Twitter.
A punto de cumplir cinco años, jamás pensé que llegaría a durar tanto, pero aquí estamos y prometo seguir dando guerra muchos años más. A todos los deciden perder el tiempo conmigo en algo tan vanal como reflexionar sobre el mundo que vivimos, ¡MUCHAS GRACIAS!
Alberto Fernández Alonso
PD: Las sugerencias y comentarios sobre el nuevo blog serán muy bienvenidas.
Desde el silencio del presidente del Gobierno el primer día, a la llamada de atención de los socios europeos a Zapatero para condenar la muerte de preso político Orlando Zapata, pasando por la respuesta callada de nuestro Ministerio de Exteriores, hemos llegado a la excreción verbal de un actor a sueldo del régimen ditactorial de La Habana como Willy Toledo.
El Sr. Toledo, representate insigne del sindicato de la ceja, resume perfectamente el sentir de los progres de este país y se atreve, con la valentía del que se sabe seguro en un país democrático, a llamar delincuente común a una persona que ha dejado su vida en la lucha por la libertad en Cuba.
Miles de personas sufren por dar una oportunidad a un país bajo las garras de una de las dictaduras más crueles y largas de la historia, personas que mueren por otorgar espacios de libertad a un pueblo oprimido. Y el Sr. Toledo que se cree un salva patrias resulta ser un guardian de la opresión, el asesinato y el sufrimiento.
Una muestra de la sabiduría del filósofo romano y que me ha hecho reflexionar sobre el tema de la felicidad. Espero que les guste.
"Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino. La misma velocidad es causa de mayor alejamiento, si el camino va en sentido contrario. En consecuencia, lo primero que hay que determinar en qué queremos y después fijarnos en el camino por donde podemos avanzar con más celeridad hacia ello. Ya puestos en el camino, habremos de entender, cuánto hemos avanzado cada día y cuánto más cerca estamos del término del viaje al que nos empuja y acucia el deseo natural. Porque si vagamos de acá para allá, sin otro guía que el griterío y la barabúnda discordante que nos llama hacia diferentes direcciones, malgastaremos nuestra corta vida, aunque por otra parte, nos afanemos en cultivar día y noche nuestra alma. Decidamos, pues, adónde queremos ir y por dónde. Pero, no sin ayuda de persona experimentada, que conozca bien el camino por donde queremos ir, pues en este viaje no se dan las mismas condiciones que en los otros. En éstos siempre hay algún sendero, y los lugareños a quienes preguntemos no permiten extraviarnos. Aquí, en cambio, el camino más trillado y más conocido es el que más nos engaña. Nada, pues, hay que cuidar tanto como no seguir al estilo de las ovejas, al rebaño de los que van delante de nosotros, con la mira puesta no allá a donde se ha de ir, sino a donde se va."
El Senado ha aprobado la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), más comunmente conocida como Ley del Aborto. Se trata de una ampliación sobre una materia que en España ya estaba legislada y que contemplaba el aborto en tres casos:
a) violación
b) malformaciones géneticas graves del feto
c) peligro en la vida de la madre por culpa del embarazo.
El aborto no es un trance agradable para la madre que lo sufre, como muestran miles de testimonios de mujeres que lo han pasado. Por ello, debe evitarse en todo momento que ese doloroso proceso se convierta en vez de una medida extrema en un método anticonceptivo, hecho que por desgracia, opino que si va a pasar.
No comparto tampoco debates estériles sobre cuando un feto debe ser considerado un ser vivo, pues toda célula es un ser vivo, según mis pocos conocimientos de biología del bachiller y de la secundaria. Ese cigoto tiene ya vida en su interior, una vida que tenemos que defender a toda costa. ¿Acaso es menos humano un feto de 14 semanas que uno de de 17 semanas? ¿Son 14 días suficientes para determinar el límite entre la vida humana y lo que no lo es? ¿Si el feto no es un ser humano hasta que nace, por qué no ampliar el aborto hasta la última semana de embarazo?
En referencia a la edad mínima para poder abortar, me parece otra farsa y una muestra más de la doble moral que nos guía. Una joven menor de edad puede abortar, sin embargo, no puede votar, ni beber, ni fumar, ni tiene edad penal para ingresar en prisión. Si le otorgamos una capacidad de decisión tal y supuesta madured intelectual para un acto tran grave, por qué negarle otros derechos y obligaciones. Estamos creando jóvenes incapaces de comprender las consecuencias de vivir en libertad, pues se creen que todo lo bueno les corresponde sin sus correspondientes deberes.
Por todo ello, creo que la aprobación de la mencionada ley es un retroceso en la defensa de la vida y la libertad en este país.
Dice el refranero español que "cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Y eso debería estar haciendo la industrial editorial en el mundo y, por ende, en España. Sin embargo, lejos de tal actitud previsora, las empresas editoriales están cayendo en los mismos errores que sus primas las discográficas. Luego vendrán los lloros y las pataletas. Y sospecho que el Sr. Jaume, editor de Lumen, será uno de los que use el pañuelo.
Andreu Jaume publica un artículo en El País de hoy, bajo el título "El ágora digital", donde plantea una alegoría de Internet como un ágora o plaza pública de la Grecia Clásica, cito textualmente: "Por encima de todo, Internet es una nueva plaza pública..." . Y, ¿cuál es la pretensión del Sr. Jaume sobre ese lugar de reunión?, "una jerarquía y una organización que permitan un tráfico regulado." ¿Les suena de algo su discurso? Es el mensaje de los vencidos, los perdedores, los fracasados que incapaces de levantar el vuelo y plantar cara a los nuevos retos tienen su jugada en una sola cosa: el control.
Los retos que plantea la nueva economía, ejemplificados en el mundo de Internet, pueden verse de dos formas, bien como amenazas a nuestro modelo de negocio ante las cuales debemos atrincherarnos y usar todos los mecanismos a nuestra disposición para no cambiar o bien, pensar que se abren multitud de oportunidades para adaptar nuestro modelo de negocio al mercado cambiante. Los empresarios de éxito comprenden que los modelos de negocio no son eternos y que el mercado marca las pautas para el triunfo. Si no se lo creen pondré unos ejemplos.
Muchos seguro que conocen a la multinacional finlandesaNokia y muy posiblemente lleven en sus bolsillos o abrigos un móvil fabricado por la compañía. Lo que muy pocos saben es que Nokia fue fundada en ¡1865! y es casi seguro que por aquel entonces, su modelo de negocio no podía ser la telefonía móvil. De hecho la empresa afincada en Finlandia se dedicaba en sus orígenes a obtener ¡pulpa de madera! con la que fabricar papel.
Otro ejemplo es Siemens un enorme conglomerado alemán que se dedica actualmente a actividades tan diversas como sistemas de comunicación, tecnología sanitaria, soluciones tecnológicas para empresas (IT Services ), transporte y automoción, generación de energía, software, etc. Se fundóen ¡1847! en Berlin y cuando esta cuidad pertenecía al estado soberano de Prusia. Comenzó sus actividades estableciendo cables para ¡telégrafo! .
Se imaginan que las dos compañías anteriores mostrasen una actitud inmovilista y reaccionaria al cambio tecnológico y se enrocaran en seguir con sus desfasados modelos de negocio. El resultado sería claro, a día de hoy estarían muertas y nadie llevaría un móvil Nokia en sus bolsillos o sería escaneado en un hospital por un escáner médico de Siemens.
Pues esa es la pretensión del Sr. Jaume, enrocarse en su modelo de negocio y ver las oportunidades de Internet como una amenaza que necesitan control. ¿Cuáles son sus argumentos para defender dicha necesidad de control? El papel social del editor como figura capacitada para enlazar a los autores con el gusto del público lector. En sus propias palabras: "un editor cumple una evidente función social, inspirada en el criterio con que construye su catálogo y orientada a mediar entre el autor y su público ideal; una labor que, en última instancia, ayuda a configurar ese espacio común: el ágora de la polis. " Trabajo en la que no está solo y se necesita de la figura del crítico, pues "Para culminar su trabajo satisfactoriamente, el editor necesita otra figura que últimamente parece condenada al ostracismo: el crítico. Sin crítica no hay literatura porque simplemente no hay lectura eficaz. Si el editor, para entendernos, representa al autor, el crítico se erige como abogado del público, aunque muchas veces impugne o condene su gusto."
Dicho lo dicho, parece que ya sabemos cual es para el Sr. Jaume el perfil de lector preferido, aquel que no tenga la más mínima capacidad crítica para decidir sobre un libro o una obra. Por mucho que reniegue de caer en un elitismo cultural, "No se trata ahora de oponer un elitismo pueril", se ve abocado a ello sin remedio por su concepción de un individuo inmaduro, incapaz de tomar sus propias decisiones y necesitado en todo momento de alguien que guié sus pasos. Ideas que el mismo expone en el texto: "La Red permite sin duda la ampliación del derecho fundamental a la información y la cultura, pero pone de manifiesto también el problema cada vez más ominoso de la educación. El crítico inglés James Wood ha dicho con mucha gracia que Internet es como una fiesta a la que uno llega cuando todo el mundo está ya muy borracho. Y ya se sabe que para estar a la altura hay que beber muy rápido y perder la conciencia cuanto antes. Como lector agradezco todavía, en este sentido, que haya quien tenga la autoridad suficiente para hacer callar e incluso para echar al más pesado de la fiesta." Él, por lo visto, no se ve suficientemente capacitado para no beber si no lo desea, necesita de una autoridad superior que le obligue a ello. Estamos ante una de las características más nefastas del paternalismo del Estado de Bienestar, tanto en cuanto crea individuos sin capacidad de adquirir responsabilidades propias.
Visto todo lo anterior no es de extrañar también su actitud ante el mercado, "Sin una respuesta crítica, tanto el autor como el editor acaban trabajando exclusivamente para el mercado, un camino que inevitablemente conduce al totalitarismo intelectual, gobernado por una sola idea y donde nadie exige nunca nada a nadie.". Podemos comprender así que la mayoría de editoriales de este país necesite subvenciones para seguir publicando libros y poder seguir sobreviviendo. ¿Para qué escuchar al mercado? Es mejor sacar cerca de 75.933 libros nuevos al año (dato correspondiente a 2.007) independientemente de si se venden o no, o si existe capacidad humana lectora para ese ingente volumen de publicación.
Frente a ese totalitarismo intelectual que el Sr. Jaume parece temer por culpa de internet, les dejo unas palabras del filósofo Gabriel Albiac pronunciadas en el programa deLibertad Digital Debates en Libertad: "La Filosofía en estos momentos tiene un instrumento en el uso de la informática maravilloso, algo tan sencillo y elemental como poder tener en tu casa la totalitad de los libros de la Biblioteca Nacional Francesa, por ejemplo, y de una inmensidad tal como la de las bibliotecas norteamericanas."
Es evidente por tanto que el Sr. Jaume tenga miedo, pero no de esa falsa amenaza de totalitarismo intelectual, que ahora padecemos en manos de las editoriales, sino de perder el poder de intermediación que tiene.
¿Se puede aprender economía cantando un rap? Pues por lo visto sí. He aquí que el debate más importante de la ciencia económica de las últimas décadas, y que afecta de forma directa a la crisis que padecemos en sus orígenes y soluciones, se ha transformado en rap. Para que luego digan que la ciencia económica es "una ciencia lúgubre".
No puedo ocultar mi alegría por el vídeo, que me parece una auténtica joya pedagógica. Espero lo disfruten y aprendan de teoría económica como yo lo he hecho.
Verín no es indiferente a las consecuencias de la crisis que padecemos pero, a mayores, su estructura económica y social propicia que esos males se potencien de manera exponencial. Problemas autóctonos como la falta de suelo empresarial, la demora de la aprobación del plan urbanístico, la emigración hacia núcleos urbanos con mayores demandas de trabajo por parte de perfiles laborales cualificados, las altas trabas y tasas municipales a la creación de nuevas empresas, etc.
La razón de mi escepticismo es que este tipo de inversiones públicas son pan para hoy y hambre para mañana. Se crearan puestos de trabajo, cierto, pero no se emprende ninguna medida estructural que cambie el círculo vicioso al cual, desde hace tiempo, la villa parece abocada. Se trata de una gota de agua a un sediento que aún tiene que atravesar lo peor del desierto.
Aunque el segundo Plan E insiste, según fuentes ministeriales, en que los proyectos presentados deben circunscribirse al Proyecto de Economía Sostenible y cambio de modelo productivo; la realidad muestra que muchas de las iniciativas poco tienen que ver con esa meta. Ocurrió en el primer Plan E, cuyos resultados son muy discutibles en comparación con sus costes (ver análisis).
En términos de empleo, la gran mayoría de los puestos de trabajo creados por el dinero del Plan E ha sido destruido ya. ¿Por qué? Por la naturaleza de la inversión pública que se está aplicando que tiene una perspectiva de retorno a corto plazo. Se busca un retorno de la inversión demasiado pronto y en términos de publicidad y propaganda positiva para el Gobierno, pero no en términos de eficiencia económica.
Si uno acepta los postulados de la economía keynesiana (personalmente yo no los comparto), la necesidad para reactivar la producción nacional y el crecimiento necesita de un impulso de la demanda, y como esta se encuentra débil debido a la crisis, debe ser el estado quien le de energía, y lo hace mediante la demanda agregada vía gasto público. Sin embargo, los proyectos de inversión pública, en términos temporales, no son a largo plazo sino que se caracterizan porque tarde o temprano finalizan. No se puede estar construyendo rotondas, paseos marítimos y embalses eternamente.
Frente a ello, la inversión empresarial tiene un enfoque temporal permanente, pues cuando un empresario crea una empresa desea que este dure toda la vida, por no hablar de los accionistas. ¿Pero son incompatibles la inversión privada y la pública? En un principio puede parecer que no, pero se ha demostrado que una fuerte inversión pública tiene sobre la economía un curioso efecto de expulsión de la inversión privada, conocido como efecto crowding out.
Mientras sea el Estado quien invierta y no el sector privado, por mucho que rompa las ilusiones del Sr. Jiménez Morán, el desempleo seguirá campando a sus anchas. Lo dicho, pan para hoy y hambre para mañana.
No soy yo muy partidario de las ideas del historiador británico Tony Judt sin embargo, su artículo de hoy en El País me parece muy acertado. Se muestra crítico con los jóvenes participantes del Mayo del 68, los cuales pensaban que cambiaban el mundo y luego regresaban al calor de sus hogares, mientras a pocos kilómetros otros miles de jóvenes luchaban de verdad en Praga y Varsovia contra la todopoderosa maquinaria comunista rusa.
Activo, pese a la tetraplejia que él mismo describía en su texto 'Noche' del pasado domingo, Tony Judt hace un alarde de brillantez y humor en este relato, a modo de memorias, en el que da un repaso a los años sesenta, su época juvenil, marcada por los Beatles, la minifalda, la guerra de Vietnam o la primavera de Praga
Yo nací en Inglaterra en 1948, suficientemente tarde, por unos años, para no tener que hacer el servicio militar obligatorio, pero a tiempo para los Beatles: tenía 14 años cuando sacaron Love me do. Tres años después aparecieron las primeras minifaldas, y yo era lo bastante mayor como para valorar sus virtudes y lo bastante joven como para aprovecharlas. Crecí en una época de prosperidad, seguridad y confort y, por tanto, al cumplir 20 años, en 1968, me rebelé. Como tantos jóvenes pertenecientes al baby boom, fui conformista en mi inconformismo.
No cabe duda de que los sesenta fueron una buena época para ser joven. Todo parecía estar cambiando a una velocidad sin precedentes, y el mundo parecía dominado por la juventud (una observación verificable si se ven las estadísticas). Por otro lado, al menos en Inglaterra, el cambio podía ser engañoso. Los estudiantes nos oponíamos ruidosamente al apoyo que el Gobierno laborista daba a la guerra de Vietnam de Lyndon Johnson. Recuerdo al menos una de aquellas manifestaciones en Cambridge, después de una conferencia de Denis Healey, entonces ministro de Defensa. Perseguimos su coche hasta las afueras de la ciudad, y un amigo mío, hoy casado con la Alta Representante de Asuntos Exteriores de la UE, saltó al capó y golpeó con furia las ventanillas.
Sólo que, cuando Healey se alejaba, nos dimos cuenta de lo tarde que era; la cena en el comedor de la universidad empezaba en cuestión de minutos y no queríamos perdérnosla. Mientras volvíamos al centro, me tocó trotar al lado de un policía de uniforme que había estado vigilando la multitud. Nos miramos: "¿Cómo le parece que ha estado la manifestación?", le pregunté. Como si fuera una pregunta de lo más corriente -sin ver en ella nada extraordinario-, me contestó: "Oh, creo que ha estado bastante bien, señor".
Es evidente que Cambridge no estaba maduro para la revolución. Tampoco lo estaba Londres: en la famosa manifestación de Grosvenor Square, ante la embajada estadounidense (de nuevo a propósito de Vietnam; como tantos de mis contemporáneos, me movilizaba sobre todo contra las injusticias cometidas a miles de kilómetros de distancia), apretado entre un aburrido caballo de la policía y unas vallas, sentí algo húmedo y caliente que me corría por la pierna. ¿Incontinencia? ¿Una herida que sangraba? No fui tan afortunado. Me había estallado en el bolsillo una bomba de pintura roja que pretendía arrojar contra la embajada.
Esa misma tarde, yo tenía que cenar con mi futura suegra, una señora alemana de instinto impecablemente conservador. No creo que su opinión de mí, ya bastante escéptica, mejorara cuando llegué cubierto desde la cintura hasta el tobillo por una sustancia roja y pegajosa; ya se había alarmado al saber que su hija salía con uno de esos izquierdistas desaliñados que gritaban "Ho, Ho, Ho Chi Minh" y a los que había visto con cierta repugnancia por televisión esa tarde. Lo único que sentí yo, por supuesto, fue que se tratara de pintura y no de sangre. Oh, épater la bourgeoise.
Para vivir una revolución de verdad, desde luego, uno iba a París. Como muchos de mis amigos y contemporáneos, fui allí en la primavera del 68 para observar -para respirar- la auténtica historia. O, al menos, una representación increíblemente fiel de la auténtica historia. O, tal vez, en las escépticas palabras de Raymond Aron, un psicodrama representado en el mismo lugar en el que, en otro tiempo, la auténtica historia había formado parte del repertorio. Dado que París había sido verdaderamente un escenario de revolución -gran parte de nuestra interpretación visual del término deriva de lo que sabemos sobre los sucesos que allí ocurrieron en los años 1798-1794-, a veces era difícil distinguir entre la política, la parodia, el pastiche... y la representación.
En cierto sentido, todo era tal como debía ser: verdaderos adoquines, problemas reales (o suficientemente reales para los participantes), violencia real y, de vez en cuando, víctimas reales. Sin embargo, desde otro punto de vista, a todo aquello parecía faltarle algo de seriedad: incluso en aquellos momentos me costaba mucho creer que bajo los adoquines estaba la playa (sous le pavés la plage), y todavía más que una comunidad de estudiantes descaradamente obsesionados con sus planes de verano -recuerdo lo mucho que se hablaba, en medio de intensos debates y manifestaciones, de ir a pasar las vacaciones a Cuba- pretendiera seriamente derrocar al presidente Charles de Gaulle y su Quinta República. De todas formas, con sus propios hijos en las calles, muchos comentaristas franceses aparentaban creer que podía suceder y estaban, por consiguiente, nerviosos.
Al final, no ocurrió nada serio y todos volvimos a casa. En su momento, me pareció que Aron había sido innecesariamente despectivo; era su dispepsia, provocada por el entusiasmo adulador de algunos de sus colegas, que se sentían arrebatados por los sosos clichés utópicos de sus atractivos pupilos y estaban deseando unirse a ellos. Hoy tendería a compartir su desprecio, pero entonces me pareció excesivo. Lo que más parecía molestar a Aron era que todo el mundo estaba divirtiéndose y, a pesar de su inteligencia, no era capaz de ver que, aunque divertirse no es lo mismo que hacer la revolución, muchas revoluciones han comenzado entre juegos y risas.
Uno o dos años después visité a un amigo que estudiaba en una universidad alemana; Gottinga, creo recordar. Resultó que, en Alemania, "revolución" significaba algo muy distinto. Nadie se divertía. A ojos de un inglés, todos parecían indescriptiblemente serios y alarmantemente preocupados por el sexo. Eso era una cosa nueva: los estudiantes ingleses pensaban mucho en el sexo, pero lo practicaban muy poco, mientras que los estudiantes franceses eran mucho más activos (o al menos me lo había parecido), pero mantenían el sexo y la política separados. Salvo por el llamamiento ocasional de "haz el amor y no la guerra", su actividad política era intensamente -absurdamente- teórica y seca. La participación de las mujeres -si es que la había- se limitaba a hacer café y compartir la cama (y aparecer como accesorios visuales a hombros de los varones para posar ante los fotógrafos de prensa). No es de extrañar que poco después apareciera el feminismo radical.
En Alemania, por el contrario, la política tenía que ver con el sexo, y el sexo, en gran medida, con la política. Me sorprendió descubrir, mientras visitaba a un colectivo de estudiantes alemanes (todos los estudiantes alemanes que conocí parecían vivir en comunas, compartiendo grandes pisos y las parejas respectivas), que mis contemporáneos de la Bundesrepublik se creían verdaderamente su propia retórica. Me explicaban que abordar las relaciones sexuales de manera despreocupada y sin ningún tipo de complejo era la mejor forma de liberarse de cualquier ilusión sobre el imperialismo americano y representaba una limpieza terapéutica del legado nazi de sus padres, que caracterizaban de sexualidad reprimida disfrazada de arrogancia nacionalista.
La idea de que una persona de 20 años en Europa Occidental podía exorcizar la culpa de sus padres despojándose (y despojando a su pareja) de ropas e inhibiciones -deshaciéndose metafóricamente de los símbolos de la tolerancia represiva- me pareció, desde mi perspectiva de izquierdista empírico inglés, algo sospechosa. Qué suerte que el antinazismo exigiera -hasta el punto de definirse en función de ellos- orgasmos en serie. Claro que, pensándolo bien, ¿quién era yo para quejarme? Un estudiante de Cambridge cuyo universo político estaba limitado por policías respetuosos y la limpia conciencia de un país victorioso que no había sido ocupado no era quizá el más apropiado para juzgar las estrategias purgativas de otros.
Tal vez no me habría sentido tan superior si hubiera estado más al tanto de lo que estaba sucediendo a unos cuantos kilómetros al este. ¿Cómo de hermético debía de ser el mundo de la guerra fría en Europa Occidental para que yo -estudiante aventajado de historia (!), judío originario de Europa del Este, que hablaba varios idiomas y había viajado mucho por mi mitad del continente- ignorase por completo los cataclísmicos acontecimientos que estaban produciéndose en Polonia y Checoslovaquia en esa misma época? ¿Me atraía la revolución? Entonces, ¿por qué no fui a Praga, sin la menor duda el lugar más apasionante de Europa en aquel momento? ¿O a Varsovia, donde mis coetáneos corrían peligro de expulsión, exilio y cárcel por sus ideas y sus ideales?
¿Qué dice de las falsas ilusiones del Mayo del 68 el hecho de que no pueda recordar ni una sola alusión a la Primavera de Praga, ni mucho menos al levantamiento estudiantil de Polonia, en nuestros serios debates radicales? Si hubiéramos sido menos provincianos (cuarenta años después, resulta difícil transmitir el grado de intensidad con el que podíamos llegar a discutir la injusticia de los horarios de cierre de la universidad), habríamos podido dejar una huella más duradera. En cambio, sólo sabíamos hablar hasta altas horas de la noche de la Revolución Cultural china, las revueltas en México e incluso las sentadas en la Universidad de Columbia. Salvo por algún que otro alemán despreciativo, satisfecho de considerar al checo Dubcek como otro renegado reformista, nadie hablaba de Europa del Este.
En retrospectiva, no puedo evitar pensar que perdimos una oportunidad. ¿Marxistas? Entonces, ¿por qué no estábamos en Varsovia debatiendo los últimos fragmentos del revisionismo comunista con el gran Leszek Kolakowski y sus alumnos? ¿Rebeldes? ¿Por qué causa? ¿A qué precio? Incluso los escasos conocidos míos que tenían la mala suerte de pasar una noche en la comisaría solían estar de vuelta en casa para la hora de la comida. ¿Qué sabíamos nosotros sobre el valor que hacía falta para soportar semanas de interrogatorios en las prisiones de Varsovia, seguidas de condenas de cárcel de uno, dos o tres años para estudiantes que se habían atrevido a pedir las cosas que nosotros dábamos por descontadas?
A pesar de nuestras ostentosas teorías sobre la historia, no fuimos capaces de reconocer uno de sus hitos fundamentales. Fue en Praga y Varsovia, en aquellos meses de verano de 1968, donde el marxismo acabó consigo mismo. Fueron los rebeldes estudiantiles de Europa Central quienes después debilitaron, desacreditaron y derrocaron no sólo un par de regímenes comunistas ruinosos, sino la propia idea del comunismo. Si nos hubiera preocupado un poco más el destino de las ideas que manejábamos con tan poca sinceridad, tal vez habríamos prestado más atención a las acciones y las opiniones de quienes se habían educado bajo su sombra.
Nadie debe sentirse culpable por haber nacido en el lugar apropiado y el momento oportuno. En Occidente fuimos una generación afortunada. No cambiamos el mundo; más bien, el mundo se avino a cambiar para nosotros. Todo parecía posible: a diferencia de los jóvenes de hoy, nunca tuvimos la menor duda de que íbamos a tener un trabajo interesante y, por tanto, no sentíamos la necesidad de desperdiciar nuestro tiempo en nada tan degradante como la "escuela de negocios". Casi todos acabamos trabajando en la educación o en la administración pública. Dedicamos nuestras energías a hablar de lo que no funcionaba en el mundo y cómo cambiarlo. Protestamos contra las cosas que no nos gustaban, e hicimos bien. Desde nuestro punto de vista, al menos, fuimos una generación revolucionaria... Qué lástima que nos perdimos la revolución.
Aficcionado desde mi más tierna infancia por el género del terror, la fantasía y la ciencia ficción, he de reconocer públicamente mi estado de felicidad por la explosión de dichos géneros en el ocio actual. La literatura sobre vampiros y hombres lobo; magos, elfos y orcos; futuros apocalípticos y distopías sociales lo copan todo. Tal es el fervor que ninguno de los otros mercados del ocio se ha visto libre: cine, televisión e incluso teatro con la escenificación del Dracula de Bram Stoker en el Centro Dramático Nacional.
Desconocía, eso sí, que el fenómeno acabase también contagiando a la economía, aunque la denominación de "ciencia lúgubre" parezca en un principio dar un ambiente apropiado a vampiros y demás seres del averno. Sin embargo, mi reticencia duro poco al observar que vijeos fantasmas del pasado resucitaban, o son resucitados, por economistas, políticos, periodistas y la más amplia clase de científicos sociales metidos a nigromantes.
El problema radica en que la nigromancia económica se caracteriza, al igual que la magia negra de los libros de terror y fantasía, en la escasa voluntad y facultados intelectuales de los seres resucitados, que cual zombis sin mente, únicamente pueden obedecer las órdenes del mago invocador.
Ocurre con Keynes, que fue el menos keynesiano de los economistas keynesianos, y está ocurriendo con James Tobin y su tasa.
Sin querer jugar el papel de paladine o sacerdote de la luz, personaje por el cual siento poca empatía pues siempre he preferido perfiles más oscuros, intentaré dar voz a los fantasmas resucitados y vilmente manipulados.
Y lo haré con James Tobin, porque aunque Keynes sea el menos keynesiano, como ya he mencionado, de la escuela keynesiana que muchos intentan resucitar, las bases de su economía no están tan desvirtuadas como la Tasa Tobin.
Dicha Taasa, arguyen sus defensores, se trataría de aplicar un gravamen a la transacciones financieras. Olvidada durante muchos años, fue la organización "altermuundista" ATTAC liderada por José Bove quien la sacó de nuevo a la palestra, convirtiéndola en un signo más de las reivindicaciones de los movimientos anti-globalización.
¿Qué opina James Tobin de sus nuevos acólitos? En una entrevista al diario alemán Der Spiegel comenta al respecto: "No tengo ni lo más mínimo en común con estos revoltosos antiglobalización [...] los aplausos más sonoros vienen del lado equivocado. Mire usted, yo soy economista y, como la mayoría de los economistas, partidario del libre mercado."
Y ya no sólo que el economista este disconforme con los que ahora reivindican su tasa, sino que también lo está en la posible aplicación que quieren dar a dicha tasa. En palabras de Tobin: "Yo había propuesto que se pusieran los ingresos a disposición del Banco Mundial. Pero eso no era lo que a mí me preocupaba. El impuesto sobre las transacciones de divisas estaba pensado para amortiguar las fluctuaciones de los tipos de cambio. La idea era muy simple: en cada cambio de una moneda a otra se impondría una pequeña tasa, digamos del 0,5% del volumen de la transacción. Así se disuadea los especuladores. Porque muchos inversores invierten su dinero en divisas a muy corto plazo. Si este dinero se retira de repente, los países tienen que elevar drásticamente los tipos de interés para que la moneda siga siendo atractiva. Pero los intereses altos son a menudo desastrosos para la economía nacional, como han puesto de manifiesto las crisis de los años noventa en México, el Sudeste asiático y Rusia. Mi tasa opondría algo al dictado de los mercados financieros."
James Tobin defiende el uso para el mercado de divisas, no para toda operación financiera como estamos leyendo últimamente en los medios y, por supuesto, que lo recaudado estuviese en manos de un organismo internacional para su gestión y no en manos del Estado, ansioso de tributos desde siempre y mucho más ahora con las contabilidades nacionales rotas. Esta disvirtualización de la idea de Tobin no debe tampoco resultarnos tan extraña si vemos quienes son sus defensores mayoritarios en la actualidad. Por un lado movimientos como ATTAC, organización "altermundista" que muestran una cara supuestamente solidaria, pero que esconde otra mucho más perversa como tan bien ejemplifica uno de sus líderes, José Bové.
Éste lider agrarista partidario de tasar los movimientos financieros es también uno de los más fieros defensores de la Política Agraria Común (PAC), la cual castiga con subvenciones a la pobreza a millones de agricultores del Tercer Mundo, ya que permite que explotaciones agrícolas comunitarias puedan seguir funcionando con precios inferiores a sus costes y perjudicando los productos agrícolas de países pobres, ya que les permmiten competir en precios. De ahí resulta la paradoja de que un litro de leche de Holanda en Zwimbabue sea más barata que la propia leche ordeñada en el país.
Entendemos ahora porque el propio James Tobin se muestre tan disgustado con los que después de algunas décadas, han resucitado su legado.
Antes de nada quiero dejar claro que no rechazo el uso de las matemáticas en la ciencia económica, pero si su abuso.
El ingeniero social, obsesionado con el control y el poder, siempre necesitó de una herramienta que diese validez a su discurso. Las matemáticas siempre fueron el instrumento elegido, pervirtiendo muchas veces su uso. No es de extrañar que la Rusia Soviética destacara en la economía planificada y el uso de la matemática en la ciencia económica.
Los economistas vivimos un sueño pensando que nuestros modelos complejos matemáticos nos permiten aprehender la realidad sin fallas. Luego le preguntamos a un matemático sobre nuestros modelos y no pueden evitar una sonrisa maligna, pues saben perfectamente que estamos lejos de usar una matemática para ellos “pura” y no pasamos de manejar con soltura cierta estadística aplicada.
Samuelson debe ser reconocido como un economista brillante, eso sin lugar a dudas. Pero también debemos matizar con cuidado su legado, pues no es oro todo lo que reluce en su obra.
Si bien debemos a él que las matemáticas formen parte de nuestras herramientas habituales, sus aportaciones a la teoría microeconómica, al comercio exterior y su síntesis de la economía neoclásica y keynesiana que todos los estudiantes de macroeconomía hemos “sufrido”. Por otro lado nos ha arrojado a la “jaula de hierro” de un positivismo radical.
Y escribo “jaula de hierro” porque los economistas (por lo menos una gran parte de nosotros), vivimos esclavizados por la dictadura del cálculo y el álgebra. Samuelson desterró para siempre la Política de la Economía, y lo que antes era economía política pasó a ser simplemente economía y posteriormente ciencia económica, como si esa apostilla necesitase para su aprobación el uso de las matemáticas.
El problema es que los modelos matemáticos no son perfectos, pero ese no es el principal y más peligroso de sus defectos. El mayor riesgo es que acabamos aceptando como un dogma de fe los resultados “numéricos” de esos modelos, olvidando que un modelo no es más que una representación más o menos simple de la complejidad que nos rodea.
No es aquí el lugar para desarrollar un discurso sobre los problemas de episteme y método que las matemáticas introducen en la economía, sólo recordar que parte de la crisis que estamos sufriendo parte de un uso abusivo y descontrolado de la estadística y la fe ciega en sus validaciones.
El economista Paul Samuelson (premio Nobel en 1970) ha fallecido el día de hoy en Belmotn, Massachusetts, a los 94 años de edad. Sirva esta preciosa pieza de Bach para rendir un homenaje a su memoria.
Inmersos en la tormenta de la crisis, desorientados por las encrespadas olas, calados por las fuertes lluvias y azotados por furiosos vientos; los intrépidos capitanes de la Xunta, los alcaldes de Coruña y Vigo y, los directores generales de Caixa Galicia y Caixanova, tienen por sextante, cronómetro y mapa el localismo. Mala medida para afrontar la borrasca y llegar a buen puerto. El localismo es una mirada tan simplista e insuficiente de la complejidad global del mundo actual, que al que la padece casi se le puede diagnosticar una miopía preocupante.
El análisis de la catástrofe subprime, porque como bien escribe el profesor Ruano Gómez en "Cuatro días de Marzo: De la catástrofe terrorista a la crisis electoral", artículo publicado en Riesgos colectivos y situaciones de crisis: el desafío de la incertidumbre, se enmarca dentro de la pregunta ¿qué ha pasado?, mientras que la crisis lo hace dentro de la pregunta ¿qué va a pasar?. Y lo que ha ocurrido es la demostración clara de un fenómeno conocido como globalización, y no existe mercado más globalizado e interconectado que el financiero. Desde los pequeños impagos hipotecarios en el mercado estadounidense a la quiebra de entidades bancarias y la situación que vivimos, comprobamos que las conexiones que existen en las finanzas no pueden explicarse con miradas locales.
La gestión de una entidad financiera debe tener esa magnitud, la globalización del mercado en el que actúa, como un eje primordial de sus decisiones estratégicas. Preocupación que lamentablemente no tienen los gestores públicos y mucho menos los que están radicados en organizaciones públicas de menor tamaño al Estado como pueden ser una Comunidad o un Ayuntamiento.
Los políticos no pueden aprehender esa realidad global porque sus mercados, los electorales, no son globales, sino locales; en contra, los empresarios no dejan de buscar mercados más allá de lo local y por tanto persiguen constantemente lo global. Aunque ambos buscan los mismo, la eficiencia y los resultados, las estrategias que usan no tienen el mismo alcance ni la mismas repercusiones. Los políticos (por ende, los partidos políticos) buscan ganar elecciones y los empresarios ganar dinero.
Por ello, la gestión política de las cajas de ahorros es la mayor de las amenazas que pende sobre las mismas, más incluso que las moras de pago y las quiebras. La meta principal del gestor político, como ya hemos escrito, no es la eficiencia económica, sino la política. Usará la caja de ahorros, la usa, como herramienta básica para lograr lo que realmente desea, el poder político. De ahí que su estrategia sea ganar electores mediante la financiación de proyectos públicos, en muchos casos necesarios y en otros muchos no, pero independientemente de la viabilidad del mismo, porque no importa lo viable sino lo "electorable".
La fusión que se plantea sobre las cajas de ahorro gallegas, Caixa Galicia y Caixanova, se expone desde las instituciones políticas comunitarias (la Xunta de Galicia principalmente), como la necesidad de dotar a Galicia de una entidad financiara propia capaz de dar respuesta a las necesidades económicas y sociales de la Comunidad. Todo este argumento se disfraza con el calificativo aberrante de "galleguidad" (palabra que ni siquiera recoge la RAE, por lo cual yo optaré por galleguismo).
Así bajo el galleguismo de la cajas se muestra la jugada política maestra del Presidente de la Xunta Núñez Feijoo y su apuesta por la fusión de las dos cajas gallegas. Jugada que se hace eco de un sentimiento ciudadano claramente localista por una entidad gallega e independiente de manos bárbaras. Dos dudas o cuestiones se nos platean en este momento. La primera es si el Presidente de la Xunta, como figura máxima del sentir de los gallegos opta por convertir esa preocupación popular en una demanda política, por tanto, hacer gestión teniendo en cuenta a quienes debe tener en cuenta, es decir, a los ciudadanos. O bien, conocedor de ese sentir lo usa con claros fines electoralistas.
Para discernir entre una u otra opción, el quid se encuentra en saber si el Sr. Núñez Feijoo cree que la fusión es eficiente desde el punto de vista del mercado. Y efectivamente lo es, pero no del mercado financiero ni económico, sino del mercado que él, como político tiene como referente que no es otro que el electoral. Recordemos que su visión es localista.
Por lo tanto mientras la fusión se planifique desde postulados ajenos a la eficiencia económica y los intereses del mercado, teniendo siempre presente en la estrategia empresarial a la globalización, los resultados no van asegurar la supervivencia de ninguna de las dos entidades bancarias.
Animo por tanto, al Sr. Núñez Feijoo a realizar una dura tarea personal y profesional como es llevar a cabo una auténtica ruptura epistemológica. Ruptura que de realizarse le llevará a ser capaz de ver más allá de su mercado electoral y ampliar su mirada local a una mirada global, a ser capaz de entender las exigencias de un mundo globalizado, a discernir las oportunidades y las amenazas que desde lo global nos afectan y dar respuestas globales a las mismas ya que son las únicas que se muestras efectivas. Al fin y al cabo, le pido al Presidente de la Xunta que abandone la actitud del gestor político volcado en el resultado a corto plazo (las elecciones) y se lance de lleno a los resultados a largo plazo, que quizás no le aseguren salir de nuevo elegido, pero le servirán para mostrarse como un gestor capaz, dotado, resolutivo y eficiente ante las exigencias de los nuevos tiempos.
No presione a las cajas de ahorro gallegas para que se fusionen, que sean ellas las que tomen la decisión si así lo creen conveniente por sus estrategias empresariales. No tenga miedo porque la fusión se realice con otra caja de otra comunidad diferente a la nuestra, no conozco a ninguna empresa que no preste un servicio a un cliente por cuestiones nacionalistas. Las necesidades de Galicia se verán cubiertas siempre y cuando las empresas presentes en ella sean eficientes, flexibles y capaces de adaptarse a esas necesidades cambiantes. Así lo hacen Inditex, Pescanova, Zeltia o Bluesens pero también Citroën, Coca Cola o Alcoa Inc.